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LECCIÓN 243

Hoy no juzgaré nada de lo que ocurra.

1. Hoy seré honesto conmigo mismo.I

2No pensaré que ya conozco lo que se encuentra más allá de lo que ahora puedo llegar a entender.

3No pensaré que comprendo la totalidad a partir de los fragmentos que percibo, los cuales son lo único que puedo ver.

4Hoy reconozco que esto es así.

5Y así quedo eximido de emitir juicios, lo cual, en realidad, no puedo hacer.

6De este modo, me libero a mí mismo y también a todo lo que contemplo, para estar en paz, tal como Dios nos creó.

2. Padre,

hoy dejo que la Creación sea lo que es.

2Hoy honro a todas y cada una de sus partes,

entre las que me incluyo.

3Somos uno porque cada parte contiene Tu recuerdo,

y la verdad debe resplandecer en todos nosotros como uno solo.


I La honestidad es la cualidad de quienes están dispuestos a concederse a sí mismos la verdad y nada más que la verdad. Si la verdad es algo deseable, ¿por qué la honestidad es tan poco común? La causa siempre es el miedo. Solo miente quien teme que la verdad salga a la luz, y el miedo es incompatible con la verdad. Si quieres conocerla, antes tendrás que dejar de temerla o, al menos, aprender a gestionar ese temor. Y solo temes cuando crees que puedes perder algo que amas; pero lo que puede perderse jamás es digno del Amor que procede de Dios.

Tu malestar emocional es un indicador valiosísimo. Cada vez que juzgas, inevitablemente te sientes mal. Esa incomodidad es una señal de alarma para que detengas el juicio antes de que se traduzca en palabras o actos que dañen tu relación con tu hermano. Cuanto más rápido reconozcas tu malestar y actúes para soltar el juicio, menos daño habrá y menos energía necesitarás para restablecer la paz. El tiempo aquí es crucial: cuanto más tardes en detenerte, más costosa y difícil será la reparación.

Para reaccionar con esa rapidez, has de volverte muy sensible a tus estados internos, tanto mentales como emocionales. La vigilancia ha de ser doble: un ojo atento a lo que piensa la mente y otro a lo que siente el corazón. Con la práctica, detectarás incluso las más leves ausencias de amor y podrás corregirlas al instante. Así protegerás no solo tu paz, sino también el vínculo con tus hermanos, evitando que un juicio momentáneo erosione una relación que, en verdad, es sagrada.

No juzgues hoy nada de lo que creas ver. Reconoce con humildad que no lo comprendes, y perdónalo. Lo que es real lo amarás, porque es como tú; lo que no lo es, no tiene poder sobre ti. Hoy, abandona el miedo, reviste tu mente de honestidad y da gracias a Dios por la certeza de que nada real puede perderse.

Hoy no juzgaré nada de lo que ocurra.

Permanezco en paz, dejando que Tu Creación sea tal como es.