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LECCIÓN 244

Jamás corro peligro en ningún lugar donde me encuentre.

1. Tu Hijo está a salvo dondequiera que se encuentre,I

pues Tú estás allí con él.

2Solo tiene que invocar Tu Nombre

y recordará su seguridad y Tu Amor,

pues son uno solo.

3¿Cómo puede temer, dudar,

o no darse cuenta de que no puede sufrir,

ni estar en peligro ni ser infeliz,

cuando te pertenece a Ti,

y es amado y amante,

en la seguridad de Tu paternal abrazo?

2. Y ahí es donde en verdad nos encontramos.

2Las tormentas no pueden entrar en el santo refugio de nuestro hogar.

3En Dios estamos seguros.

4Pues ¿qué puede venir a amenazar al mismo Dios, o atemorizar a lo que por siempre será parte de Él?


I Este mundo es una ilusión y tu vida personal es un sueño. Tu verdadera vida es la que tienes en Dios, donde creas eternamente, pues vivir es crear, extenderse, darse y amar. Esa es la razón por la que, en realidad, jamás corres peligro: tu condición perfecta es inalterable.

Sin embargo, eres libre de formarte cualquier opinión sobre ti mismo, y esas opiniones —siempre cambiantes— determinan tus estados de ánimo. El aparente conflicto surge entre la imagen que fabricas de ti y la verdad que Dios sabe de ti. El propósito de la Expiación es unir tu voluntad a la de Dios porque, en realidad, son la misma. El Curso solo te pide que dejes de contarte historias que no son verdad. Tarde o temprano tendrás que elegir entre «tener razón» y «ser feliz».

La frase «Jamás corro peligro en ningún lugar donde me encuentre» es tan cierta ahora como lo ha sido siempre. Si lo lees en pasado —«Jamás he corrido peligro en ningún lugar donde me he encontrado»— verás que se cumple: lo que eres realmente está intacto. Lo único que alguna vez estuvo «en peligro» fueron las ideas falsas que tenías sobre ti: tus definiciones, tus atributos, tus circunstancias… Todo eso es mudable y, por lo tanto, destinado a desaparecer.

Tú, en cambio, permaneces invariable. Lo único real en ti —tu Ser— nunca ha sido amenazado y nunca lo será. Cuanto antes dejes de identificarte con lo transitorio, antes reconocerás que tu seguridad es absoluta. Cree que estás a salvo y lo experimentarás. Cree lo contrario, y vivirás en miedo, ira y ataque. El mundo que ves es un sueño que refleja tus creencias: contrólalas y concédete la paz, incluso en este escenario ilusorio.

Hoy recuerda que nada real puede ser amenazado, y que tú eres, por siempre, parte inseparable de Dios.

Jamás corro peligro en ningún lugar donde me encuentre.

En Tu abrazo, Padre, vivo seguro y sin temor.