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LECCIÓN 265

Solo veo la ternura de la Creación.

1. Ciertamente he malinterpretado el mundo porque primero proyecté mis «pecados» sobre él y luego vi cómo me devolvía la mirada.I

2¡Qué feroces parecían!

3Y qué engañado estaba al pensar que aquello que temía estaba en el mundo, en lugar de estar solo en mi propia mente.

4Hoy veo el mundo en la ternura celestial con la que refulge la Creación.

5Ya no hay miedo en él.

6Que ninguno de mis aparentes «pecados» oscurezca la Luz del Cielo que brilla sobre el mundo.

7Lo que aquí se refleja se halla en la Mente de Dios.

8Las imágenes que veo reflejan mis pensamientos.

9Pero mi mente es Una con la Mente de Dios.

10Y por eso puedo percibir la ternura de la Creación.

2. Quiero contemplar el mundo en la quietud

que tan solo refleja Tus Pensamientos,

y también los míos.

2Que recuerde siempre que son lo mismo,

y veré la ternura de la Creación.


I Mis «pecados» son las historias que yo me cuento acerca del mundo y de mí mismo. Son relatos teñidos por la culpa que me persigue y que me hacen creer en un personaje oscuro y limitado. Esas historias son irrelevantes en sí mismas, pues no describen nada real, solo proyecciones de una mente confundida que interpreta todo en clave de miedo. Sin embargo, como me las he creído, me afectan de manera absoluta, y así experimento dolor y condena.

Los pecados no son más que errores: el error de pensar que mis historias son verdad. Cuando dejo de darles crédito y me retiro de mis juicios, el mundo se me presenta bajo una luz completamente distinta: puro, inocente, amable. Entonces descubro que lo que llamaba «pecado» nunca existió, y que detrás de mis fábulas tenebrosas solo había un reflejo de la ternura de Dios.

El milagro consiste en no interferir. Lo único que se me pide es no añadir nada, no insistir en mis interpretaciones, no intentar mejorar ni corregir lo que ya es perfecto. Cuando ceso de aportar mis «contribuciones», el mundo se me muestra tal como es: un escenario transparente en el que puedo reconocer el Amor que lo sostiene todo.

¿Cómo no iba a amar semejante visión? Es el recuerdo de que soy inocente, de que mi hermano es inocente, y de que juntos seguimos siendo el Hijo amado de Dios.

Padre, enséñame hoy a dejar de inventar historias, y a contemplar solo la inocencia que Tú creaste.