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LECCIÓN 266

Mi santo Ser mora en ti, Hijo de Dios.

1. Padre,

me has dado a todos Tus Hijos para que sean mis Salvadores y mis consejeros para ver;

ellos son los portadores de Tu santa Voz para mí.

2En ellos Te reflejas,

y en ellos Cristo me contempla desde mi Ser.

3No dejes que Tu Hijo olvide Tu Santo Nombre.

4No dejes que Tu Hijo olvide su santa Fuente.

5No dejes que Tu Hijo olvide que su Nombre es el Tuyo.

2. En este día entramos en el ParaísoI invocando el Nombre de Dios y el nuestro propio, reconociendo nuestro Ser en cada uno de nosotros y unidos en el santo Amor de Dios.II

2¡Cuántos salvadores nos ha dado Dios! III

3¿Cómo vamos a poder perder el camino hacia Él cuando Dios ha llenado el mundo de esos que apuntan hacia Él, y nos ha dado la vista para poder contemplarlos?  


I Lucas 23:43 «Jesús le dijo: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso”».

II Lección 183 «Invoco el Nombre de Dios y el mío propio».

III Tus hermanos no son cuerpos que compiten contigo por los recursos de este mundo. Tus hermanos son oportunidades: espejos en los que puedes reconocer lo que eres, puentes por los que puedes llegar a ti mismo.

Tú no sabes cómo amarte, no sabes cómo darte amor, pero puedes recibirlo a través de tus hermanos. Ellos son canales a través de los cuales el Amor de Dios fluye hacia ti, y al mismo tiempo esperan que lo ofrezcas para poder recordarlo juntos. Dar y recibir es lo mismo: cuando das amor, enseñanza o paz, en ese mismo instante ya lo recibes.

Por eso, tus hermanos son tus salvadores. Mirar en ellos la luz es la forma más segura de no equivocarte respecto a ti mismo. Al contemplar el Amor de Dios en ellos, tu visión se purifica y tu mente se vuelve clara. Cuando intentas ver directamente tu propia luz, el ego puede entrometerse y apropiarse de esa experiencia. Pero cuando ves a Cristo en tu hermano, ya no hay error posible.

Cada encuentro es, entonces, una oportunidad sagrada: reconocer que no estás separado, que no compites con nadie y que el camino de regreso a Dios está lleno de compañeros que te recuerdan lo que eres.

Padre, ayúdame hoy a ver a mis hermanos como mis salvadores, y que al contemplar Tu luz en ellos, recuerde también la mía.