Mi visión va en busca de la Faz de Cristo.
1. Te pido que hoy bendigas mi visión.
2Es el camino que Tú has elegido como medio para mostrarme mis errores
y mirar más allá de ellos.
3Se me ha concedido poder encontrar una nueva percepción mediante el Guía que Tú me diste.
4Y por medio de Sus lecciones superar la percepción y regresar a la verdad.
5Pido esa ilusión que trasciende todas las que yo he hecho.
6Hoy elijo ver un mundo perdonado,I
en el que todo lo que veo me muestra la Faz de Cristo,
me enseña que lo que contemplo me pertenece,
y que nada es real
salvo Tu santo Hijo.
2. Hoy nuestra vista es ciertamente bendita.
2Compartimos una misma visión al contemplar la Faz de Aquel que es nuestro Ser.
3Somos uno por razón de Aquel que es el Hijo de Dios.
4Aquel que es nuestra propia Identidad.
I Mi percepción siempre obedece a mi voluntad, pues es un efecto de ella: mi voluntad es la causa de todo lo que veo. Y mi voluntad es santa, porque yo soy el Amor de Dios, el Conocimiento de Dios y la Voluntad de Dios. Esa es la Verdad y esa es la Realidad de la Creación.
Sin embargo, la mente fragmentada del Hijo durmiente de Dios solo percibe fantasías. Sueños teñidos de miedo, culpa y separación que parecen reales hasta que despierto y reconozco que jamás me dormí. Hoy quiero soñar que ya he despertado y que mis sueños reflejan la Verdad: un mundo inocente, perdonado, visto con los ojos de Cristo.
Esta es la función del Espíritu Santo en mi mente: reinterpretar cada una de mis percepciones y devolverme la visión verdadera. Cuando le entrego mi manera de ver y le pido ayuda, mi visión se convierte en el camino que Él ha elegido para mostrarme mis errores y llevarme más allá de ellos. Así, poco a poco, cada situación se transforma en una oportunidad de sanar y cada encuentro en un recordatorio de la luz de Cristo.
El mundo real es ese reflejo bendito que surge cuando retiro mis juicios y dejo que el Espíritu Santo me muestre otra manera de mirar. No es algo abstracto ni inalcanzable: comienza en lo concreto, cuando decido ver de otra manera una relación, una dificultad o un miedo, y espero en silencio la nueva interpretación. Cada vez que hago esto, mi mente se entrena para la visión verdadera, hasta que acaba por adquirir el hábito de ver automáticamente con la claridad del Espíritu Santo.
Mi visión va, pues, en busca de la faz de Cristo. Y cada vez que elijo perdonar y mirar con amor, esa visión bendita me pertenece.
Padre,bendice hoy mi visión.
Que al contemplar a mi hermano vea Tu faz y recuerde que mi voluntad es una con la Tuya.
