Hoy no utilizaré los ojos del cuerpo.
1. Padre, me has dado el don de la visión de Cristo,I
esa manera de ver que tiene el poder de traducir todo lo que los ojos del cuerpo contemplan en la visión de un mundo perdonado.
2¡Cuán glorioso y misericordioso es este mundo!
3Sin embargo, cuánto más podré ver en él que lo que me muestran los ojos del cuerpo.
4Un mundo perdonado significa que Tu Hijo reconoce a su Padre,
deja que sus sueños sean llevados ante la verdad
y aguarda con expectación el último instante que aún le queda al tiempo,
que concluye para siempre cuando el recuerdo de Ti retorna a él.
5Y ahora su voluntad es una con la Tuya.
6Ahora su única función es la Tuya,
y todo pensamiento salvo el Tuyo desaparece.
2. La quietud de hoy bendecirá nuestros corazones, y a través de ellos la paz llegará a todo el mundo.
2Hoy vemos con los ojos de Cristo.
3Y mediante Su visión ofrecemos sanación al mundo a través de Él, el santo Hijo que Dios creó pleno.
4El santo Hijo a quien Dios creó uno.
I Yo no veo, yo juzgo.
Ver y juzgar son cosas bien diferentes. La visión antecede al juicio, y es lo único genuino; mis juicios han sido siempre mi engañosa aportación.
Un extraño juez se ha interpuesto entre mi santa mente y la Realidad. Es un impostor taimado, invisible y traicionero. Siempre trata de convencerme de que él soy yo, y lo peor es que casi siempre lo consigue. Sus «explicaciones» se cuelan en mi mente con la apariencia de ser mis propios pensamientos, pero en realidad son los suyos. Y lo cierto es que sus interpretaciones nunca me traen paz, sino disgusto y condena.
Hoy no me dejaré arrastrar por esa voz que pretende decirme lo que significa lo que ven mis ojos. Sí, usaré los ojos del cuerpo —faltaría más, no quiero tener un accidente—, pero me negaré a dar crédito a las historias que ese juez corrupto inventa sobre lo que veo. No acudiré al pasado para interpretar el presente, ni permitiré que mi mente se pierda en fantasías de futuro. Quiero vivir el presente sin juicios, quiero ver el mundo de otra manera.
Mis ojos del cuerpo solo ven efectos: cuerpos, formas, sombras. Pero la Visión de Cristo ve causas, y me recuerda que lo único real es la Luz de Dios detrás de esas formas. Cuando escucho a Cristo, el mundo deja de ser una amenaza y se convierte en un mundo inocente y perdonado, un sueño más luminoso que me acerca al despertar.
Yo no necesito entender nada con mi juicio, sino desear ver con la Visión de Cristo. Ese deseo basta para que el Espíritu Santo me ofrezca otra manera de ver. Y cuando lo consigo, no veo cuerpos ni enemigos, sino hermanos. No veo pecados ni faltas, sino inocencia. No veo miedo, sino un mundo que refleja la paz de Dios.
Mi mente está sedienta de historias, pero hoy quiero la única historia verdadera: que somos el Cristo, el Hijo único de Dios, en perfecta unión con nuestro Padre.
Padre, no quiero seguir engañándome con juicios vacíos.
Dame hoy la Visión de Cristo para ver con Tus ojos y descansar en Tu Paz.
