¿Cómo van a poder las ilusiones satisfacer al Hijo de Dios?
1. Padre,
la verdad me pertenece.
2Tu Voluntad y la mía establecieron mi hogar en el Cielo.
3¿Cómo podrían contentarme los sueños?I
4¿Cómo podrían brindarme felicidad las ilusiones?
5¿Qué otra cosa sino Tu recuerdo podría satisfacer a Tu Hijo?
6No aceptaré menos de lo que Tú me has dado.
7Tu Amor me rodea,
por siempre sereno,
por siempre tierno,
y por siempre seguro.
8El Hijo de Dios será por siempre como Tú lo creaste.
2. Hoy dejamos pasar las ilusiones.
2Y si oímos que la tentación nos llama a entretenernos con un sueño, nos detendremos y nos preguntaremos si nosotros, los Hijos de Dios, vamos a contentarnos con sueños cuando podemos elegir el Cielo tan fácilmente como el infierno y permitir que el Amor reemplace felizmente todo temor.
I No eres absolutamente feliz. No disfrutas de una paz total. No te sientes perfectamente seguro. No tienes una certeza sin sombra de duda. No puedes crear con el Poder ilimitado de Dios. No estás completo.
Y todo eso es porque estás soñando. Sueñas que eres una persona concreta, limitada, que vive en un mundo azaroso, y esa idea falsa te perturba. Ese personaje que crees ser no puede salvarte, pues es precisamente el sueño y la raíz del problema. Tú, Hijo de Dios, no necesitas ser salvado de nada, pero tu «yo personal» sí parece tener problemas.
Este es un Curso para la salvación de ese yo imaginario, el cual no existe en verdad, mediante el reconocimiento de la Verdad. La solución más benévola para resolver esta situación imposible es que ese «yo personal» sea feliz y se alinee con su verdadera Identidad. Para ello ha de dejar de temer, dejar de culpar y culparse, y aprender a perdonar sus fantasías. Ese es el final de un sueño que nunca ocurrió.
La instrucción es clara: no te intereses por lo que no es nada. No temas ni dejes que tus vanas imaginaciones te confundan. Gestiona tu sueño por medio del perdón, y así recordarás Quién eres. No despreciando el mundo —pues despreciar es atacar y dar realidad a lo que no la tiene—, sino simplemente no apreciando sus ilusiones. No pongas tu corazón en ellas, no busques en ellas tu salvación, y de ese modo se desvanecerán sin resistencia.
¿Cómo podrían las ilusiones satisfacer al Hijo de Dios? Padre, la Verdad me pertenece. Tu Voluntad y la mía establecieron mi hogar en el Cielo. ¿Cómo habrían de contentarme los sueños? ¿Cómo habrían de brindarme felicidad las ilusiones?
El mundo no puede darme lo que ya me diste: tu Amor eterno, que me rodea por siempre sereno, por siempre seguro. Hoy renuncio a la vana pretensión de encontrar paz en las sombras. No desprecio al mundo, simplemente no deposito en él mi fe ni mi esperanza. No me engaño con lo que no puede darme nada.
La diferencia es decisiva: si maldigo el mundo, me ato a sus sombras; si dejo de apreciarlas, me libero. Y entonces puedo volver la mirada hacia lo que sí es real, lo que siempre ha estado conmigo, lo que nunca me ha abandonado: Tu Amor.
La lección me recuerda que es posible elegir. Hoy elijo no dejarme confundir por lo que cambia y se desmorona, y abrirme a lo que permanece. Hoy elijo no buscar fuera de mí lo que solo está en Ti.
Padre, no aceptaré menos de lo que Tú me has dado.
Que no ponga mi corazón en sueños ni ilusiones, y que en su lugar recuerde Tu Amor eterno, mi único hogar y mi única alegría.
Amén.
