Todo el miedo se ha ido, y ahora aquí solo hay amor.
1. Todo miedo ha pasado porque su fuente ha desaparecido y todos sus pensamientos se han ido con ella.I
2El amor sigue siendo el único estado presente, y su Fuente está aquí por siempre jamás.
3¿Cómo voy a poder ver un mundo resplandeciente, puro, seguro y acogedor si todos mis errores del pasado lo oprimen y me muestran distorsionadas formas de dolor?
4Mas en el presente el amor es obvio, y sus efectos son evidentes.
5El mundo entero resplandece en el reflejo de su santa luz, y por fin percibo un mundo perdonado.
2. Padre,
que no deje de ver hoy Tu santo mundo.
2Ni que mis oídos sean sordos a todos los himnos de gratitud que el mundo entona tras los sonidos del miedo.
3Hay un mundo real que el presente mantiene a salvo de todos los errores del pasado.
4Y hoy solo quiero tener ese mundo ante mis ojos.
I La fuente de todos tus miedos es tu deseo de estar separado y solo. No es que quieras ser tú, sino que quieras ser solo tú, aislado y encapsulado en una definición estrecha y frágil. Si miras con honestidad en tu corazón lo verás: temes al amor porque el amor te disuelve, te expande, te devuelve a lo ilimitado. Y tú has preferido reducir tu ser a un personaje minúsculo al que llamas «yo», y del que te has enamorado hasta el extremo de protegerlo con todas tus fuerzas.
Pero esa fascinación tiene un precio altísimo: al escoger esa diminuta identidad, has renunciado a la infinitud de tu ser. Has contraído la totalidad a un punto minúsculo y lo defiendes, aunque cambie constantemente y aunque te haga sufrir. Eso es lo que genera el miedo. El mayor de todos es el terror de quedarte solo con tu ego, atrapado en un infierno de soledad absoluta. No hay pánico mayor que ese, porque es la negación radical de lo que eres: Amor compartido y eterno.
De ese gesto de contracción surge el mundo fragmentado que crees ver. Crees haber roto tu mente en pedazos y contemplas separación en todas partes. Pero la verdad es que tu mente sigue intacta, infinita, una con Dios. Despertar no es otra cosa que dejar de defender esa reducción absurda y volver a abrirte a la amplitud de tu verdadera condición: cordura, amor y felicidad.
Vivir es fácil. Ser feliz es facilísimo. No tienes que hacer nada para experimentar la alegría de existir. Solo agradece lo que ya tienes y tu gratitud encenderá tu corazón. Y compártela, porque compartir es la manera de conservar lo real. Cuando lo hagas, sentirás de inmediato que todo miedo ha desaparecido, porque su fuente —el deseo de estar separado y solo— se ha deshecho.
Padre, que hoy recuerde que no estoy solo y que mi verdadera identidad es la infinitud de tu Amor compartido.
