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LECCIÓN 297

El perdón es el único don que doy.

1. El perdón es el único don que doy porque es el único don que quiero, y todo lo que doy me lo doy a mí mismo.I

2Esta es la sencilla fórmula de la salvación.

3Y yo, que quiero salvarme, la adoptaré para que rija mi vida en un mundo que necesita salvación, y que se salvará cuando yo acepte la Expiación para mí mismo.

2. Padre, cuán certeros son Tus caminos,

cuán seguro su resultado

y cuán perfectamente Tu Gracia ha dispuesto y logrado cada paso de mi salvación.

2Gracias te doy por Tus Dones eternos,y gracias también, Padre mío, por mi Identidad.


I En un mundo de ilusiones, ¿qué otra cosa podrías dar sino tu perdón?
Las ilusiones son insustanciales: tanto cuando las das como cuando las ganas o las pierdes estás tratando con nada. El perdón, en cambio, es sustancioso: está lleno de contenido y lleva consigo el aroma del milagro.

Perdona a tu hermano, perdona a la vida, perdónate a ti mismo, y verás cómo tu corazón se alimenta y tu mente se apacigua. Reflexiona y date cuenta de que el perdón siempre se refiere a ti. Puede que el marco de tu perdón parezca externo, pero ¿qué hay ahí fuera o aparte de ti? Por eso el perdón sana: porque siempre te lo concedes a ti mismo.

Alégrate de tener en tus manos los medios de tu salvación, pues el perdón no depende de nadie más que de ti. Está siempre a tu disposición para liberarte de lo que nunca fue. Sin las gafas del pasado, podrás descubrir los dones del presente, que siempre habían estado ahí, esperando a que los reconocieras.

La palabra perdonar proviene del latín per-donare: dar totalmente. Perdonar es dejar pasar, soltar, liberar. Su función se entiende muy bien si la piensas como la de una tubería: todo lo que entra por un extremo, lo entrega por el otro sin retener nada. Perdonar es exactamente eso: dejar fluir, darlo todo sin quedarte con nada. Cuando lo haces, la vida entera se convierte en un cauce limpio por el que corre la gracia de Dios, y tu propia mente se descubre libre.

Padre, que hoy mi perdón sea total, como el Tuyo, y que lo que dejo ir me devuelva la paz que nunca perdí.