Hoy solo busco el don de Cristo.
1. ¿Qué otra cosa sino la visión de Cristo querría usar hoy, cuando puede ofrecerme un día en el que veo un mundo tan semejante al Cielo que un recuerdo ancestral retorna a mí?
2Hoy puedo olvidar el mundo que yo hice.
3Hoy puedo ir más allá de todo miedo, y ser restaurado al amor, la santidad y la paz.
4Hoy soy redimido, y vuelvo a nacer en un mundo misericordioso que cuida de mí.I
5Un mundo de amorosa bondad que goza de la Paz de Dios.
2. Y así, Padre nuestro,
regresamos a Ti,
recordando que nunca nos fuimos;
recordando los santos dones que nos concediste.
2Vamos a Ti con gratitud,
con las manos vacías y con nuestras mentes y nuestros corazones abiertos,
pidiendo tan solo lo que Tú concedes.
3No podemos hacer una ofrenda digna de Tu Hijo.
4Mas Tu Amor le concede el don de Cristo.
I Lee la Lección de hoy con mucha atención y fíjate bien en lo que dice: la visión de Cristo puede ofrecerme… porque yo puedo olvidar lo que hice… y así voy a ser restaurado al Amor, la Santidad y la Paz…, voy a ser redimido y voy a nacer de nuevo. Tú nos concediste Tus Dones… y nosotros vamos agradecidos… con nuestras manos vacías y nuestras mentes y corazones abiertos…, porque nosotros solo pedimos lo que Tú nos concedes…, ya que nosotros no podemos hacer nada por nuestra cuenta.
Date cuenta de cuál es tu papel en el Plan de Dios para la salvación y cuál es el Suyo. Se te pide muy poco, tan solo que tengas una buena disposición y que te sientas agradecido; nada más. El resto le corresponde a Él. Lo único que se te pide es renunciar a tu arrogancia, a ese empeño en querer hacerlo todo por ti mismo. Pues no hay mayor arrogancia que pretender salvarte a ti mismo, como si conocieras lo que realmente necesitas y tu poder personal fuese capaz de lograrlo. La paz de Cristo te pide tan solo este pequeño gesto de humildad: aceptar que no sabes, abrirte a recibir, y confiar.
Vigila muy de cerca tu propensión a intervenir en tu «propia vida», pues te has arrogado la titularidad de su propiedad.
En el derecho romano, «arrogar» es el acto de prohijar, o recibir como propio al hijo ajeno que no estaba bajo la patria potestad, por haber salido de ella o por no tener padre.
Eso es lo que tú has hecho, sin ser consciente de ello, con eso que llamas tu «vida personal». Tu ego se la ha arrogado para sí mismo, pues te ha convencido de que tu vida no está bajo la patria potestad de tu verdadero Padre.
Toda vida es de Dios, por eso tú eres de Él, tú eres Su Hijo. Esa es tu dignidad y tu gloria, que es la Suya. Y Suya también es tu verdadera voluntad, pues no hay otra.
Tan solo estás confundido, y por eso sientes temor. No te preocupes, tu papel es muy sencillo y lo vas a cumplir perfectamente, pues, si hoy solo buscas el don de la visión de Cristo, lo encontrarás. Está ahí, aguardando tranquilamente a que olvides lo que creíste y recuerdes a Quien te creó.
El mundo que ves no es más que la proyección de la idea que tienes acerca de ti mismo. Como en lo profundo te consideras culpable, lo que percibes es un mundo temible, cargado de miedo. Pero hoy puedes olvidar ese mundo que hiciste y, al aceptar tu inocencia, ser redimido y renacer a un mundo misericordioso y lleno de amorosa bondad. Ese mundo no ha cambiado en sí, lo que ha cambiado es tu interpretación, porque al transformar la visión que tienes de ti mismo, se transforma también lo que ves fuera.
Reconocer tu inocencia es el verdadero renacimiento. Lo que parecía miedo se convierte en refugio, lo que parecía castigo se convierte en consuelo, lo que parecía muerte se revela como vida. Así se cumple la promesa de Cristo: lo único que necesitas para ver el mundo real es soltar tus juicios arrogantes y aceptar con gratitud el don que ya te ha sido dado.
Padre, que hoy renuncie a la arrogancia de salvarme por mí mismo y, con humildad y gratitud, reciba el don de Cristo que me devuelve a mi verdadera inocencia.
