No hay nada que temer.I
1. La idea de hoy simplemente afirma un hecho.
2Para quienes creen en las ilusiones, no lo es.
3Pero las ilusiones no son hechos.
4En realidad, no hay nada que temer.II
5Esto es algo muy fácil de reconocer.
6Mas para los que quieren que las ilusiones sean verdad es muy difícil reconocerlo.III
2. Las prácticas de hoy serán breves, sencillas y frecuentes.
2Simplemente repite la idea tan a menudo como sea posible.
3Puedes hacerlo con los ojos abiertos en cualquier momento, y en cualquier situación.
4Aunque se recomienda encarecidamente que siempre que sea posible te tomes un minuto para cerrar los ojos y repetir la idea en silencio lentamente varias veces.
5Es particularmente importante que utilices la idea de inmediato si algo perturba tu paz mental.
3. La presencia del miedo es una señal segura de que estás confiando en tus propias fuerzas.IV
2La conciencia de que no hay nada que temer muestra que, en algún lugar de tu mente, aunque no lo reconozcas todavía, has recordado a Dios y permitido que Su Fortaleza reemplace la tuya.
3En el instante en que te muestras dispuesto a hacer esto, dejas de temer.
I Esta breve Lección es una de las más queridas para muchos estudiantes de este Curso, y con razón.
Esta Lección es profundamente apreciada por su simplicidad y su profunda capacidad de consuelo. «No hay nada que temer» habla directamente al corazón, ofreciendo una sensación de paz y tranquilidad en medio de los desafíos de la vida diaria. Su mensaje atraviesa la complejidad de nuestras preocupaciones y ansiedades, recordándonos que el miedo es una ilusión arraigada en el ego.
La idea de que siempre estamos a salvo en la presencia del amor de Dios, más allá de las ilusiones del mundo, aporta un inmenso alivio. Su verdad universal resuena en todos, convirtiéndola en un poderoso mantra para momentos de duda, ansiedad o angustia.
II Recuerda las célebres líneas introductorias de este Curso: «Este Curso puede, por lo tanto, resumirse muy simplemente de esta manera: Lo real no corre peligro, y lo que corre peligro no es real. En eso radica la Paz de Dios».
Esta afirmación encapsula la esencia de su enseñanza: «No hay nada que temer».
Si la interpretamos de un modo más libre, poniendo estas palabras en labios de Jesús, podrían decir algo así: «Hermano mío, disfruta de la Paz de Dios y no temas, porque lo que es real en ti no corre ningún peligro. Todo aquello que crees que podrías perder, en verdad no existe y nunca ha sido real».
Este es un Curso acerca de la sanación, y como señala el Texto: «Sanar es quitar miedo».
El mensaje evangélico de Jesús siempre ha sido: «No temas, alégrate, pues tu verdadera realidad reside en Dios y por ello es inmutable».
Eso es todo. Es lo que el hermano despierto le dice al hermano que sigue soñando, mientras lo ve sufrir en sus pesadillas: «No hay nada que temer».
Ahora bien, nuestra experiencia en el mundo parece mostrarnos lo contrario. Sentimos que el peligro nos acecha continuamente, tememos los desastres que imaginamos a la vuelta de la esquina y vivimos pendientes de perder algo valioso para nosotros. Además, la certeza de nuestra muerte futura no deja de acecharnos. Así es como la mayoría de nosotros percibimos la «realidad».
La pregunta es: ¿es eso realmente cierto? ¿Hemos perdido alguna vez algo que sea verdaderamente real? Sin duda, con el paso del tiempo hemos visto cómo cambia todo aquello que considerábamos «nuestro»: cuerpo, empleo, relaciones o ideas. Todo va transformándose. En rigor, el tiempo parece destruir cualquier cosa que creamos poseer.
Pero hay algo que nunca cambia: nuestra consciencia de ser.
Cuando Jesús nos dice que no hay nada que temer porque lo real en nosotros no corre peligro, se refiere a esa consciencia inmutable, a nuestro verdadero Ser. Todo lo demás pertenece al ámbito de la ilusión. Y no solo es que podamos perderlo: en verdad, jamás ha existido. Era una ilusión.
La Paz de Dios protege lo que Él ha creado, no las ilusiones que nuestra mente egoica fabrica. Todo miedo a perder nace de la devoción inconsciente que seguimos brindando a nuestras fantasías, a esa historia de miedos, deseos y supuestas carencias que hemos levantado a nuestro alrededor, aun siendo nosotros Hijos gloriosos de Dios.
Reconozcamos que, en última instancia, lo que nos asusta es despertar de una pesadilla, y conviene plantearnos: ¿acaso es razonable tener miedo a dejar de temer y volver a la realidad?
III Lee esta línea con mucha atención. Piensa detenidamente en ella, y luego reflexiona si es ese tu caso.
IV 2 Corintios 12:9 «Y me ha dicho: “Mi Gracia te basta; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”».
Aquí, Pablo reconoce una profunda paradoja espiritual: es precisamente al reconocer nuestra fragilidad humana cuando nos abrimos a la fortaleza divina. Cuando dejamos de confiar en nuestras capacidades limitadas y, en su lugar, descansamos en la gracia de Dios, descubrimos un poder que no es propio, sino infinitamente mayor. Esto se alinea perfectamente con la enseñanza del Curso, que sostiene que el miedo surge de confiar en nuestra propia fuerza, mientras que la paz proviene de confiar en la fortaleza de Dios dentro de nosotros.
De manera similar, Filipenses 4:13 afirma:«Todo lo puedo en Cristo, que me fortalece». Esto no es un llamado a logros personales impulsados por el ego, sino una invitación a reconocer que, a través de nuestra unión con Cristo—símbolo de nuestro verdadero Ser—tenemos acceso a una fortaleza ilimitada. No hay situación que no podamos afrontar, ni miedo que no podamos disolver, porque no lo enfrentamos solos.
Ambos versículos desplazan suavemente nuestro enfoque de la autosuficiencia a la dependencia de lo divino. Cuando realmente abrazamos esta verdad, el miedo pierde su poder. Después de todo, si «Mi gracia te basta» y «Todo lo puedo en Cristo», ¿qué podría quedar por temer?
