Dios es solo Amor, por lo tanto, eso es lo que soy yo.
1. L-155 «Me haré a un lado y dejaré que Él me guíe».I
Dios es solo Amor, por lo tanto, eso es lo que soy yo.
2. L-156 «Camino con Dios en perfecta santidad».II
Dios es solo Amor, por lo tanto, eso es lo que soy yo.
I Mi única responsabilidad es escuchar la Voluntad de mi Padre.
«Me haré a un lado y dejaré que Él me muestre el camino» y «Camino con Dios en perfecta santidad». Dos ideas que desarman la arrogancia del ego: no se trata de construir el camino, ni de entenderlo, ni siquiera de elegirlo. Se trata de hacerse a un lado. El verdadero acto de poder espiritual es apartarse.
El ego quiere liderar el viaje, controlar la narrativa, corregir el guion. Pero el camino no se inventa: ya está trazado en la memoria de Dios, y caminarlo no requiere habilidad, sino rendición. Por eso Jesús no dice: «Encuentra el camino», sino «permite que se te muestre». El guía ya está designado, y solo espera que se le deje espacio.
La segunda parte es aún más radical: no solo caminamos con Dios, sino que lo hacemos «en perfecta santidad». Esa frase no es una aspiración, es una descripción. No dice que llegaremos a ser santos, sino que ya lo somos. Pero mientras se siga creyendo que el hogar está afuera —en relaciones, logros o comprensión— se seguirá errando el camino.
Estas ideas no prometen un futuro mejor: revelan un presente olvidado. Y para recordarlo, solo hace falta soltar el papel de guía, de juez y de protagonista. El hogar no se construye, se recuerda. Y ese recuerdo comienza cuando se está dispuesto a dejar de buscarlo.
II Soy el santo Hijo de Dios.
