No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues sigo siendo tal como Dios me creó.
1. L-187 «Bendigo al mundo porque me bendigo a mí mismo».
2La bendición de Dios refulge sobre mí desde el interior de mi corazón, donde Él habita.I
3No tengo más que dirigirme a Él y todo pesar se desvanece cuando acepto Su infinito Amor por mí.
4No soy un cuerpo.
5Soy libre.
6Pues sigo siendo tal como Dios me creó.
I Bendecir al mundo empieza por bendecirte a ti mismo. No como un gesto místico ni una pose espiritual, sino como un acto sencillo de honestidad: si puedes mirar dentro de ti sin encontrar culpa, entonces inevitablemente empezarás a ver inocencia fuera también.
Y si “bendecir” te suena demasiado solemne hoy, bájalo a tierra. Trátate con amabilidad. Habla contigo con menos dureza. Permítete un respiro. Y luego, extiende esa misma amabilidad al mundo que te rodea. No hay que empezar desde la cima.
Jesús siempre apunta alto, pero nunca pide que llegues de un salto. Solo te pide que empieces a andar, que tomes una dirección. A veces, lo más espiritual que puedes hacer es sonreír sinceramente. Porque cada paso en amor, por pequeño que sea, te acerca a recordar quién eres.
El Amor de Dios arde en mi corazón.
Estaba dormido, y he despertado.
Estaba ciego, y ahora veo.
Estaba muerto, y ahora vivo.
