Edición Gongarola | www.gongarola.com | ENG

LECCIÓN 84

Estas son las ideas para el repaso de hoy: L-67 y L-68

1. L-67. «El Amor me creó a semejanza de Sí Mismo».

2. Yo soy semejante a mi Creador.I

2No puedo sufrir, no puedo experimentar ninguna pérdida y no puedo morir.II

3Yo no soy un cuerpo.III

4Hoy quiero reconocer mi realidad.

5No adoraré a ningún ídolo, ni alzaré las ideas que yo tengo de mí mismo para reemplazar a mi Ser.IV

6Soy semejante a mi Creador.

7El Amor me creó como a Sí Mismo.

3. Puede que estas formas concretas te resulten útiles para aplicar la idea:

2Que no vea en esto una ilusión de mí mismo.

3Que recuerde a mi Creador al contemplar esto.

4Mi Creador no creó esto tal como yo lo veo.

4. L-68. «El Amor no alberga resentimientos».

5. Los resentimientos son completamente ajenos al amor.V

2Los resentimientos atacan al amor y oscurecen su luz.

3Si albergo resentimientos, estoy atacando al amor y, por tanto, a mi Ser.

4De ese modo mi Ser se convierte en algo ajeno a mí.

5Estoy decidido a no atacar a mi Ser hoy, para que así pueda recordar quién soy.VI

6. Estas formas específicas de aplicar esta idea pueden ser útiles:

2Esto no justifica que niegue mi Ser.

3No usaré esto para atacar al amor.

4No dejaré que esto me tiente a atacarme a mí mismo.


I Génesis 1:26 «Entonces dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza…”».

Mas bien, Dios dijo: «Hago a mi Hijo a mi imagen y semejanza», y así Dios creó a Su Hijo. Y luego dijo el ego: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza…», y entonces el hombre apareció en la mente dormida del Hijo de Dios.

II Sufrimiento, pérdida y muerte son tan solo ideas que mi Ser real jamás ha experimentado en la Realidad. Mi conciencia de ser ha sido siempre la misma y nunca ha cambiado, aunque es cierto que a esa pura conciencia de ser yo mismo le he sobrepuesto ideas de sufrimiento, pérdida y muerte, pero incluso en esos momentos, mi conciencia de ser ha seguido inalterable.

III A lo largo de mi vida personal mi cuerpo ha cambiado dramáticamente, pero mi conciencia de ser no. Lo que no cambia en mí tiene que ser real, y lo que cambia, una ilusión. La única solución plausible es que mi mente fragmentada concibe esas ideas de sufrimiento, pérdida, muerte y cuerpo; sin embargo, no son más que eso, ideas cambiantes que yo imagino y considero reales, pero que no son más que ilusiones.

IV Todas las ideas que mi mente personal concibe cambian: primero aparecen en mi mente; luego, con el tiempo, evolucionan y cambian; finalmente ya no las considero «existentes» y las llamo «recuerdos». Pero mientras están en mi mente las considero reales, verdaderas, y las tengo en gran estima, entonces, ¿por qué me engaño constantemente a mí mismo de esa manera?

¿Por qué llamo a eso vivir? ¿No será más bien que me encuentro ensimismado por una historia que yo me cuento a mí mismo?

V Los resentimientos son completamente ajenos a lo que yo soy: el Amor de Dios. ¿Por qué crees, si no, que los resentimientos te incomodan y te hacen sentir mal? Simplemente porque son antinaturales, ideas incompatibles con lo que eres.

No toleres el malestar. Sé sensible a toda perturbación y muéstrate intransigente con ella. No permitas que entre en tu mente; si ya se ha introducido, expúlsala rápidamente y, sobre todo, no la acojas ni la alimentes, porque estarás albergando a un extraño que se ha instalado en tu hogar con el único propósito de amargarte la vida.

Tú no te mereces eso. Has sido creado en la Felicidad y para la felicidad. Cualquier cosa que no sea una felicidad genuina es impropia de tu gloriosa condición y no la mereces.

No transijas con esto. Lo peor que le puede pasar a un ser humano es que familiarice con el sufrimiento y lo admita sin escándalo.

Aprende a escandalizarte con todas esas posiciones mentales que no le corresponden a un Hijo de Dios. Aprende a vivir como tu Padre, aprende a vivir como Dios.

VI La imagen que tengo de mí mismo —que acepto como verdadera con una mezcla de credulidad y arrogancia asombrosas— es tan distorsionada que me resulta casi imposible reconocerme como Amor y Luz. Sin embargo, comprendo perfectamente que los resentimientos son formas de ataque y que me hacen sentir profundamente mal. Es evidente que cuando guardo resentimientos, me estoy atacando a mí mismo, porque el único que sufre soy yo.
Si albergar resentimientos es una decisión mía, y si me hacen tanto daño, ¿por qué los mantengo?, ¿para qué los mantengo? Tal vez sea porque mi mente no está funcionando correctamente. Es urgente poner fin a esta locura. No quiero seguir sufriendo.