El repaso de hoy abarcará estas ideas: L-69 y L-70
1. L-69. «Mis resentimientos ocultan la luz del mundo en mí».I
2. Mis resentimientos me muestran algo que no está ahí y me ocultan lo que quiero ver.
2Si reconozco esto, ¿para qué quiero mis resentimientos?
3Mis resentimientos me mantienen en la oscuridad y me ocultan la luz.
4Los resentimientos y la luz no pueden coexistir, pero la luz y la visión han de unirse para que yo pueda ver.
5Para poder ver debo desprenderme de todos mis resentimientos.
6Yo quiero ver, y así es como lo lograré.II
3. Las aplicaciones concretas de esta idea podrían ser así:
2Que esto no me impida ver.
3La luz del mundo hará que todo esto desaparezca con su fulgor.
4No tengo necesidad de esto; lo que yo quiero es ver.
4. L-70. «Mi salvación procede de mí».
5. Hoy reconoceré dónde está mi salvación.
2Está en mí, porque es ahí donde se encuentra su Fuente.
3Mi salvación no ha abandonado su Fuente, por lo tanto, no puede haber salido de mi mente.
4Dejaré de buscarla fuera de mí mismo.
5No es algo que se encuentre fuera y tenga que traerse adentro.
6Sino que se extenderá desde mi interior hacia afuera, y todo lo que vea reflejará la luz que resplandece en mí y en lo que contemplo.III
6. Estas formas de expresar la idea son adecuadas para aplicaciones más específicas:
2Que esto no me tiente a buscar mi salvación fuera de mí mismo.
3No dejaré que esto interfiera en mi conciencia de ser la Fuente de mi propia salvación.
4Esto no tiene el poder de privarme de la salvación.
I Hoy no te pondrás a pensar si tus resentimientos están justificados o no, porque, si lo haces, la voz del ego en ti te proporcionará una infinidad de falsos argumentos para justificarlos que te abrumarán. Sé sabio y humilde. Simplifica. Céntrate en los efectos que esos resentimientos están teniendo en ti y toma conciencia de que te perjudican, te duelen y te enferman.
No discutas nunca con tu ego, porque tienes todas las de perder. El ego es ingenioso y perverso; tú eres inocente, y tu ámbito natural no es el ingenio, sino la verdad. Así que no lo escuches, mira con candidez dentro de ti, consulta a tu corazón y no te quedará ninguna duda sobre lo que debes hacer con tus resentimientos.
Este es un camino de opciones sobre las que hay que elegir. A unas hay que decir sí, a otras hay que decir no, y el contraste entre ambas es tan grande que la elección no puede resultar difícil, a menos que permitas que el ego te enrede con sus argucias.
II Tengo clarísimo que quiero ver un mundo luminoso que inunde mi corazón de dicha y mi mente de paz, mas eso no es lo que veo. Ahora contemplo otra cosa. Veo un mundo triste, oscuro, carente de amor y peligroso.
Pero ¿estoy viendo realmente? ¿No será que no estoy viendo lo que realmente está ahí? ¿Qué estoy viendo entonces?
¿Qué significa albergar resentimientos? ¿Qué pasa en mi mente cuando estoy resentido? ¿Cuándo y por qué ocurre eso?
Para albergar resentimientos, es imprescindible que yo haya condenado algo o a alguien. Es imprescindible que yo afirme que algo está mal. También es imprescindible que yo crea firmemente que mi evaluación de esa cosa es absolutamente cierta y apropiada. Para albergar resentimientos es necesario que yo tenga una fe absoluta en mis propios juicios.
Si tengo absoluta fe en mis juicios, es evidente que estoy absolutamente loco. Además, la mía no es una locura cualquiera, es el estado demencial de un loco furioso que se ataca a sí mismo, pues solo se cuenta historias que lo hacen sufrir.
Cuando miro al mundo, lo único que veo son mis resentimientos. Mas, en realidad, no estoy viendo nada, simplemente estoy escuchando las opiniones de mi ego; por cierto, las opiniones de un loco. No es de extrañar que no vea ahí fuera un mundo luminoso.
Para que esa condición terrible de mi mente alucinada cambie, es incuestionable que tengo que dejar de seguir prestando atención a historias aterradoras sobre el mundo, sobre la gente y sobre mí mismo.
Simplemente tengo que dejar de pensar que cualquier bobada que acude a mi mente es cierta. Tengo que abrir mi mente a la posibilidad de que los juicios que escucho acerca de todo lo que contemplo sean erróneos, de que en realidad no sé nada acerca de ninguna cosa.
Tengo que parar mi mente y pedir que se me conceda una manera de ver mejor. La que ahora estoy usando me está sentando fatal, y para eso, más vale no tener ninguna. Voy a quedarme quieto a ver qué pasa.
III La verdad es que no estoy completamente convencido de que mi salvación se encuentre en mí. Si lo estuviera, ya habría ido a mi interior, habría asumido que estoy salvado y no estaría haciendo este Curso.
Lo que sí tengo clarísimo es que mi salvación no está fuera de mí, porque llevo muchísimo tiempo buscándola ahí fuera y no he encontrado ni rastro de algo que pudiera llamarse una verdadera salvación. Es más, eso no es algo que me pase solo a mí, no conozco absolutamente a nadie que la haya encontrado fuera de sí mismo.
Sin embargo, sí he leído algunos testimonios bastante fiables de gente que afirma haberla encontrado, y todos coinciden en lo mismo: encontraron una dicha inmensa yendo a su interior, y ahí experimentaron algo que no podían explicar con palabras, algo más real que cualquier otra cosa que hubieran conocido jamás.
Por otra parte, y pensándolo mejor, en cierta medida a mí también me ha pasado. Ha habido ocasiones en las que, sin saber cómo ni por qué, me he sentido muy feliz. No he tenido que hacer nada para lograrlo; simplemente ha ocurrido. Creo que es algo que todo el mundo, hasta cierto punto, también ha experimentado.
Además, también es bastante lógico que la salvación se encuentre en el interior, porque, evidentemente, es ahí donde se experimentan sus frutos. Lo que resulta bastante sorprendente es que, después de este simple razonamiento, asequible a cualquiera, todo el mundo siga insistiendo en buscar la dicha y la paz fuera de sí mismos. No deja de ser chocante.
Creo que merece la pena, al menos por un tiempo, invertir la dirección de mis afanes. A partir de ahora, voy a prestar poca atención y voy a poner poco interés en lo que ocurre fuera de mí, solo lo imprescindible; y voy a viajar tranquilamente en silencio al interior de mí mismo con una mente callada, con los ojos muy abiertos y sin esperar nada.
