Nuestro repaso de hoy trata estas ideas: L-73 y L-74
1. L-73 «Mi voluntad es que haya luz».
2. Hoy usaré el poder de mi voluntad.I
2No es mi voluntad andar a tientas en las tinieblas, temiendo a las sombras y asustado por cosas invisibles e irreales.
3Hoy mi guía será la luz.
4La seguiré allí donde me lleve, y solo contemplaré lo que ella me muestre.
5Hoy experimentaré la paz de la verdadera percepción.
3. Las siguientes presentaciones de esta idea te resultarán útiles para aplicaciones específicas:
2Esto no puede ocultar la luz que es mi voluntad ver.
3Tú estás conmigo en la luz, (nombre).
4En la luz, veré esto de otra manera.
4. L-74 «La única voluntad que existe es la de Dios».II
5. Hoy estoy a salvo porque no hay más voluntad que la Voluntad de Dios.
2Solo puedo tener miedo cuando creo que hay otra voluntad.
3Solo intento atacar cuando tengo miedo.
4Y solo cuando intento atacar puedo creer que mi eterna seguridad está amenazada.
5Hoy reconoceré que nada de eso ha ocurrido.
6Estoy a salvo porque no hay más voluntad que la Voluntad de Dios.
6. A continuación, algunas formas útiles de esta idea para aplicaciones concretas:
2Quiero percibir esto de acuerdo con la Voluntad de Dios.
3La Voluntad de Dios es que tú, (nombre), seas Su Hijo, y esa también es mi voluntad.
4Esto forma parte de la Voluntad de Dios para mí, no importa cómo yo lo vea.
I La voluntad es uno de los tres aspectos del Ser que aprendimos en el Texto (T-3.IX.1:2): «Las verdaderas funciones del Alma son conocer, amar y crear». La voluntad es el aspecto por el cual el Ser crea. Crear es la función de la voluntad. En estas Lecciones se mencionan los tres aspectos relacionados entre sí, pues son consustanciales al Ser. La luz de la que aquí se habla es el símbolo del conocimiento.
Cuando el ser humano integra su mente, utiliza sus funciones de manera armoniosa en el ámbito de la percepción y pone su voluntad en ver el amor que la luz le muestra. Es fundamental destacar el papel crucial de la voluntad en este proceso, ya que percibiremos aquello que sea nuestra voluntad percibir.
También es importante comprender que lo que vamos a ver no es algo que debamos decidir nosotros. Nuestra función es poner la voluntad en que haya luz, en nada más. Sin embargo, nuestro primer impulso será poner la voluntad en alcanzar nuestras expectativas, lo cual no es más que la voz del ego manifestándose una vez más.
Recuerda que no sabes qué es lo que más te conviene. Solo pide luz; solo pide comprensión.
Ahora reflexiona: ¿quién está aquí pidiendo luz? Obviamente, quien no la tiene. Esta Lección no trata sobre la luz en sí misma, sino sobre la voluntad. Es una Lección para trabajar la voluntad, el aspecto más básico del Ser. Primero está la voluntad de Ser, que se extiende a Sí Mismo en su amar y se realiza en el conocimiento de su propia creación.
En la tradición esotérica y espiritual del hinduismo y el yoga, la voluntad está representada por el chakra Manipura, situado en el plexo solar, encima del ombligo y justo debajo del diafragma, marcando la frontera con los chakras superiores. Por encima de él se encuentra Anahata, que simboliza el amor, y más arriba Ajna, que representa la luz del conocimiento. Esta disposición sugiere una progresión natural: desde la voluntad, que es la base, pasando por el amor, hasta alcanzar la luz del conocimiento.
Este carácter fundamental de la voluntad es la razón por la que este Curso insiste tanto en ella como aspecto esencial del Ser. A partir de la voluntad se manifiestan los siguientes aspectos en una progresión ascendente. Por ello, es imprescindible rescatar la voluntad de las garras del ego, pues actualmente se encuentra confundida, secuestrada y perdida en caminos que no la conducirán a ninguna parte.
II Esto no es un mandamiento ni una orden, sino la afirmación de un hecho: la Voluntad de Dios es el aspecto del Ser que crea la realidad. Y la Realidad es aquello que es, aquello que existe. Su cualidad esencial es la inmutabilidad. «Ser» e «inmutable» son, en última instancia, sinónimos. Cambiar implica dejar de ser algo para convertirse en otra cosa. Por lo tanto, lo cambiante es lo que simultáneamente es y no es, una imposibilidad ontológica, un absurdo.
En este mundo —el ámbito de lo ilusorio— se confunde el «ser» con el «parecer ser». Se llama «ser» a todo aquello que solo parece existir, pero que en realidad no es, porque cuando lo observas atentamente, ya se ha transformado en otra cosa. Las ilusiones reciben ese nombre precisamente porque son ilusiones de ser: aparentan existencia, pero no son nada, no son reales y, por lo tanto, no existen, aunque parezcan hacerlo.
El tiempo pertenece al reino de la ilusión, porque es la conciencia del cambio, la percepción de que lo imposible —el devenir de lo inmutable— parece posible. La mente humana, que opera dentro del tiempo, proyecta así concepciones ilusorias, y todas sus relaciones de causa y efecto son igualmente ilusorias.
La conciencia del cambio genera un profundo miedo en la mente humana, pues introduce la idea de la pérdida del ser: la noción de la muerte. Pero eso es imposible, porque lo que existe verdaderamente no puede dejar de existir. La Voluntad de Dios solo crea lo real: lo que no cambia, lo que es, lo que permanece.
Cuando la mente humana se alinea con la Voluntad de Dios, el miedo desaparece. Pero para que eso ocurra, debe superar su problema de autoría: la creencia de que ella misma se ha creado, que está separada de Dios y que actúa de forma autónoma. Esa idea es la raíz del miedo, pues engendra la sensación de estar solo, separado y carente de Amor.
En última instancia, se trata de una falsa concepción de la libertad: la creencia de que la voluntad humana puede “crear” lo imperfecto, lo limitado o lo carente, es decir, algo intrínsecamente distinto de su Autor —el Ser—, lo único que verdaderamente existe.
La mente humana no puede concebir lo real en sentido estricto, porque ella misma es una ilusión demente. Sin embargo, puede alinearse con la Realidad y llegar a percibir con precisión. Tampoco puede sanarse a sí misma, ya que ella es, por naturaleza, una contradicción existencial. Su redención consiste en despertar a la conciencia de su verdadera identidad; pero incluso eso trasciende la noción de conciencia, pues ocurre cuando se alcanza el conocimiento directo de ser.
Los seres humanos no se salvan de nada, porque las ilusiones no pueden salvarse. Simplemente se disipa la ilusión de ser humano. Eso, que aterra al ego, es al mismo tiempo motivo de una alegría inmensa para ti.
