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LECCIÓN 274

Este día le pertenece al Amor. Hoy no tendré miedo.

1. Padre,

hoy quiero que todas las cosas sean como Tú las creaste

y honrar a Tus Hijos tal como les corresponde por su impecabilidad:

con el amor de un hermano a su hermano y amigo.

2Por medio de esto soy redimido.

3Y por medio de esto,

también la verdad ocupará el lugar de las ilusiones,

la luz reemplazará toda oscuridad,

y Tu Hijo sabrá que él es tal como Tú lo creaste.

2. Hoy nos llega una bendición especial de Aquel que es nuestro Padre.

2Entrégale este día a Él y hoy no tendrás miedo, porque consagras el día al Amor.I


I Amar y temer son conceptos antitéticos que no pueden coexistir en tu mente. «El amor perfecto expulsa el miedo» (1 Juan 4:18). No hace falta ser evangelista para constatarlo: cuando amas de verdad, no conoces el miedo; y cuando sientes miedo, es porque no estás amando.

Honrar a tus hermanos, honrar la Creación, no es más que aprender a verlos como realmente son. Y eso significa verlos con la Visión de Cristo. Para lograrlo no necesitas grandes proezas, basta con algo muy sencillo: respeto. La palabra «respeto» proviene del latín re-specere, que significa «mirar dos veces», es decir, mirar con atención. En ese mirar atento, libre de prisas y prejuicios, nace la verdadera sabiduría.

Respeta todo lo que percibas. No mancilles nada con interpretaciones atolondradas. Todo lo que te rodea es puro en sí mismo y está ahí para que lo honres, para que aprendas de ello y lo ames, no para que lo juzgues y critiques. El respeto abre la puerta al amor. Y el amor expulsa todo miedo.

Abre los ojos y mira a tu hermano, pero míralo de verdad, sin filtros. Si lo haces de todo corazón, no podrás sino amarlo. Y al hacerlo, estarás honrando al Hijo de Dios, a tu Padre y a ti mismo.

La lección proclama: Este día le pertenece al Amor. Hoy no tendré miedo. Esa es la fórmula más simple y más segura: cuando decides consagrar tu día al Amor, el miedo desaparece. Porque ambos no pueden convivir.

El amor de un hermano a otro hermano es el camino de la redención. Al tratar a cada persona como hermano y amigo, no solo la honras a ella, sino que te redimes a ti mismo. La verdad ocupa el lugar de las ilusiones, la luz reemplaza la oscuridad y la confianza sustituye al temor.

Jesús nos recuerda que amar es la medicina contra el miedo. El miedo es la raíz de nuestra amargura y de nuestra confusión; pero cada vez que elegimos amar, nos liberamos de él. El pequeño esfuerzo de mirar con respeto y ternura a cada ser trae como recompensa la ausencia de miedo. Y con ello, la paz que tanto anhelamos.

Padre, consagro este día a Tu Amor.

Que todo lo que vea sea como Tú lo creaste, y que al honrar a mis hermanos encuentre mi paz.

Amén.