Se me ha dado la Palabra de Dios para que la comparta.
1. ¿Cuál es la Palabra de Dios?
2«Mi Hijo es tan santo y puro como Yo Mismo».
3Y así fue como Dios se convirtió en el Padre del Hijo que ama, pues así fue como lo creó.I
4Esta es la Palabra que Su Hijo no creó con el Padre, pues nació con Ella.
5Aceptemos Su Paternidad, y todo se nos concederá.
6Pero si negamos que fuimos creados en Su Amor, negamos nuestro propio Ser y dejamos de saber quiénes somos, Quién es nuestro Padre y para qué hemos venido.
7Sin embargo, tan solo reconociendo a Aquel que nos dio Su Palabra al crearnos, recordamos de nuevo a nuestro Padre, y así recordamos nuestro propio Ser.
2. Padre,
he hecho mía Tu Palabra.
2Y eso es lo que quiero transmitir a todos mis hermanos,
que me fueron confiados para que los amara como a mí mismo, tal como Tú me amas, me bendices y me salvas.
I La mente fragmentada —la mente personal— cree que conoce, pero creer y conocer son dos cosas absolutamente distintas que no se pueden confundir. Creer es elaborar una historia, tomarla como cierta y vivir como si lo fuera. Conocer, en cambio, es experimentar directamente la verdad, sin interpretaciones.
Puedes creer en Dios, en el amor o en lo que enseña este Curso, pero mientras solo lo creas, seguirá siendo una historia que te cuentas. Y, sin embargo, toda creencia revela tu voluntad: crees lo que quieres creer. La mente personal no puede dejar de creer, porque su misma existencia se sostiene en esa dinámica de inventar y sostener ficciones.
Este Curso no ataca tus creencias, sino que las encauza. Te invita a pasar del terreno movedizo de las creencias al terreno firme del conocimiento. Su propuesta es un entrenamiento mental para que un día puedas dejar de creer y simplemente conocer. La verdad no es una creencia, es un hecho. Y conocerla te hará libre de todas las fantasías.
Por eso hoy se te recuerda que tú y tus hermanos sois tan santos como Dios mismo. Aún no conoces esa verdad, pero puedes empezar por creerla. Y aunque siga siendo una creencia, es una creencia alineada con lo real, capaz de acortar extraordinariamente el tiempo que te queda para abandonar toda creencia y entrar en el conocimiento.
La lección afirma: Se me ha dado la Palabra de Dios para que la comparta. ¿Y cuál es esa Palabra? La misma que resuena en toda la enseñanza de Jesús: “Eres tal como Dios te creó.” Ese es el evangelio en una sola frase, la buena noticia que disuelve todo temor y toda culpa.
Aceptar la Palabra de Dios es reconocer tu verdadera identidad y la de todos tus hermanos. Negarla es perderte en la confusión del ego, que fabrica mil historias para distraerte de tu ser real. Pero cada vez que recuerdas que fuiste creado santo, igual que Dios mismo, la confusión se disipa y la paz retorna.
Este Curso pavimenta el camino con creencias transitorias que, aunque no son la verdad definitiva, apuntan hacia ella. Y la más poderosa de todas ellas es esta: Soy tal como Dios me creó. Aférrate a ella. Cree en ella ahora, hasta que el conocimiento brille y no tengas que creer más.
Padre, he recibido Tu Palabra y hoy quiero compartirla.
Que recuerde en todo lo que vea que soy tal como Tú me creaste, y que todos mis hermanos comparten conmigo Tu misma santidad.
Amén.
