La libertad de la Creación garantiza la mía propia.
1. Se me ha prometido el final de los sueños, porque el Amor del Padre no ha abandonado a Su Hijo.
2Solo en sus sueños el Hijo parece estar encarcelado, esperando una libertad posible en el futuro.I
3Mas, en la realidad, sus sueños han desaparecido y la verdad ocupa su lugar.
4Y ahora la libertad ya es suya.
5¿Por qué he de seguir esperando mi libertad encadenado, cuando ya he sido liberado de mis cadenas y Dios me ofrece la libertad ahora?
2. Padre,
hoy aceptaré Tus promesas
y depositaré en ellas mi fe.
2Mi Padre ama al Hijo que creó igual que Él.
3¿Cómo vas a negarme los dones que ya me diste?
I El mundo es una ilusión, y los cuerpos de tus hermanos también lo son. Sin embargo, no desconfíes de ellos ni del mundo. Son neutros en sí mismos. De lo único que debes desconfiar es de tus interpretaciones, porque incluso las más “santas” buscan engañarte, ya que nacen de la mente que se cree separada.
Vigila tu mente con serenidad. No temas su incesante parloteo ni te incomodes por las dudas que produce. Perdona ese pensar descabellado que te acosa, y no le concedas la más mínima importancia. No la tiene. Es nada. Solo ruido mental. Y como todo lo que carece de realidad, acabará cesando. La paz es inevitable para una mente que sabe perdonar.
No se te pide gran cosa: únicamente que no te dejes engañar… por ti mismo.
La lección proclama: “La libertad de la creación garantiza la mía propia.” La libertad no es algo futuro ni condicional, es un hecho consumado. Solo en sueños parezco encadenado, esperando liberación. Pero en la realidad los sueños han desaparecido y la libertad es ya mía.
Entonces, ¿por qué sigo esperando, como si aún me quedaran cadenas por romper, cuando Dios me ofrece la libertad ahora mismo? Esta es la pregunta central. La dificultad no está en la verdad, sino en mi resistencia a aceptarla. El ego teme la libertad, porque su vida depende de mantener viva la ilusión de esclavitud.
Sin embargo, la práctica es simple. Ante cada pensamiento que me roba la paz, tengo el poder de soltarlo de inmediato. La libertad no requiere tiempo: ocurre ahora, en este instante, cuando me niego a dar realidad a lo que me atormenta. Tal vez no pueda aceptar todavía la libertad absoluta y definitiva, pero sí puedo experimentar la libertad con respecto a cada pensamiento que me oprime. Y esa práctica concreta, repetida una y otra vez, me conduce a la libertad total.
El único requisito es no imponer condiciones ni decidir cómo ha de producirse la liberación. Solo pedirla y quererla ahora. El cómo pertenece a Dios, y en su amor siempre ocurre de la manera más benévola y perfecta.
Padre, hoy acepto Tu promesa de libertad.
Que no espere más, ni me encadene con pensamientos que me hieren.
Enséñame a soltar mis ideas y a confiar en que Tu amor me libera ahora.
Amén.
