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LECCIÓN 304

Que mi mundo no me oculte la visión de Cristo.

1. Mi santa vista se nubla solo cuando entrometo mi mundo en ella.I

2Y a menos que use la visión de Cristo no podré ver las santas escenas que Él contempla.

3La percepción es un espejo, no un hecho.

4Y lo que contemplo es mi propio estado mental reflejado fuera.

5Quiero bendecir al mundo al verlo a través de los ojos de Cristo.

6Y entonces veré señales evidentes de que todos mis pecados me han sido perdonados.

2. Padre,

Tú me guías de las tinieblas a la luz,

del pecado a la santidad.

2Haz que perdone y así reciba la salvación para el mundo.

3Ese es Tu Don, Padre mío,

que me has dado para que se lo ofrezca a Tu santo Hijo,

y así él pueda volver a encontrar el recuerdo de Ti,

y de Tu Hijo tal como Tú lo creaste.


I El mundo que crees ver no es más que la proyección de tus miedos y deseos ante tus ojos. En sí mismo no es nada; solo cuando interpones en él tus significados y expectativas, se convierte en un obstáculo que te impide ver con la visión de Cristo. Eso no significa que ignores los requerimientos prácticos del mundo, pero sí que nunca olvides lo que en verdad es: un sueño. Y cuando lo tratas como tal, sabes cómo manejarlo: perdonando, dejando que se desvanezcan tus definiciones falsas, y presentando tu verdadera Identidad: el amor que eres.

Perdonar y amar es tu única tarea aquí. Si eso lo percibes como un esfuerzo, es porque te parece fatigoso ser feliz. En realidad, cuando perdonas, no haces nada: simplemente dejas de engañarte con juicios ilusorios. Y cuando amas, no te impones nada: te limitas a ser quien eres, a expresar tu naturaleza. Si amar te supone un esfuerzo, no es amor, sino ego.

Recuerda siempre que este mundo es tu sueño. No dejes que tus sueños te arrebaten la paz: no tiene sentido y solo te daña. La regla es simple: cuando pierdes la paz, es porque estás soñando. Entonces, el ego aparecerá con mil excusas convincentes para justificar tu ira o tu miedo. Todas serán falsas. No les hagas caso.

La visión de Cristo, en cambio, ilumina la mente y alegra el corazón. Y esa visión solo se nubla cuando interpones “tu mundo”: tus interpretaciones, tus definiciones, tu diálogo interno incesante que describe la realidad según el ego. Lo que has de perdonar no es lo que ves ahí fuera, sino la historia que te cuentas acerca de ello.

La percepción es un espejo, no un hecho. Todo lo que contemplas refleja el estado de tu mente. Cuando eliges ver con los ojos de Cristo, reconoces que tus pecados ya han sido perdonados, porque en la visión de Cristo nunca existieron. Así, perdonar significa soltar tu manera de definir las cosas, dejar de repetir los viejos juicios y abrirte a ver “esto de otra manera”. Ese es el ejercicio más sano: entregar tu definición y dejar que Cristo te muestre la luz donde antes veías tinieblas.

Padre, ayúdame hoy a callar mi voz interna y a soltar mis definiciones, para que la visión de Cristo ilumine todo lo que contemplo.