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LECCIÓN 62
Mi función es perdonar porque soy la luz del mundo.
1. Tu perdón es lo que llevará este mundo de tinieblas a la luzI
2Tu perdón es lo que te permite reconocer la luz en la que ves.
3El perdón es la prueba de que eres la luz del mundo.
4Gracias a tu perdón vuelves a recordar la verdad acerca de ti mismo.
5Por lo tanto, en tu perdón encuentras tu salvación.II
2. Las ilusiones que albergas acerca de ti mismo y acerca del mundo son la misma cosa.III
2Por eso, todo perdón es un don que te concedes a ti mismo.IV
3Tu meta es descubrir Quién eres, ya que has negado tu identidad atacando a la Creación y a su Creador.
4Ahora estás aprendiendo cómo recordar la verdad.
5Para ello, debes reemplazar todo ataque por perdón, de modo que los pensamientos de vida puedan reemplazar a los de muerte.
3. Recuerda que cada vez que atacas estás invocando tu propia debilidad, mientras que cada vez que perdonas invocas la Fortaleza de Cristo en ti.V
2¿Empiezas entonces a comprender lo que el perdón puede hacer por ti?
3El perdón eliminará de tu mente toda sensación de debilidad, tensión y fatiga.
4Eliminará todo miedo, culpa y dolor.
5Y restaurará en tu conciencia la invulnerabilidad y el Poder que Dios otorgó a Su Hijo.
4. Alegrémonos de comenzar y terminar este día practicando la idea de hoy, y de recurrir a ella tanto como sea posible a lo largo del día.
2Esto hará que tu día sea tan feliz para ti como Dios quiere que sea.
3Y también hará que aquellos próximos a ti compartan esa felicidad contigo, al igual que los que parecen estar lejos de ti en el espacio y en el tiempo.VI
5. Tan a menudo como puedas, y cerrando los ojos si es posible, dite a ti mismo:
2Mi función es perdonar porque soy la luz del mundo.
3Quiero cumplir mi función para poder ser feliz.
4Luego, dedica uno o dos minutos a considerar tu función, y la felicidad y liberación que traerá consigo.
5Deja que te vengan pensamientos afines a la idea de hoy, pues tu corazón reconocerá esas palabras, y en tu mente se encuentra la conciencia de que son verdad.
6Y si te distraes, repite la idea y añade:
7Quiero recordar esto porque quiero ser feliz.
I Estás aquí para salvar el mundo… en tu mente, que es donde realmente se encuentra. Ese es el único mundo que «existe», y el único que necesita ser salvado. Y lo salvarás perdonándolo, abandonando todos los juicios que has hecho sobre él.
Es un mundo construido con ausencias de amor, pero recuerda: las ausencias no existen. En realidad, solo perdonas —abandonas— tus concepciones erróneas, precisamente porque no son ciertas, porque no te convienen y porque te perjudican. Tu corazón te lo recuerda constantemente. Escúchalo. Siempre que te «sientes» mal, es porque lo que estás pensando no es verdad.
¿Para qué vas a retener en tu santa mente todas esas mentiras?
Cuando perdonas, te sientes bien. El mundo se ilumina. ¿No te das cuenta? ¿No quieres ser feliz? ¿Prefieres insistir en concebir interpretaciones que te causan dolor?
Ya has visto en Lecciones previas, y ha quedado bastante claro, que solo te relacionas con tus propias interpretaciones, que eso que llamas «realidad» no significa nada en sí mismo. Tú eres quien le ha dado a todo el significado que tiene para ti. Y que esos significados parezcan coincidir con los de otros muchos no significa que sean válidos; eso solo indica que son fiables, porque así lo habéis decidido de manera conjunta.
Tú tienes un control absoluto sobre tu mente, pero no eres consciente de él porque reniegas de ello y usas ese poder para convencerte a ti mismo de que eres impotente. Puedes usar tu mente para interpretar como creas oportuno, y así vivir en el mundo que desees.
Por eso, desea bien. Desea ver de otra manera; pide una manera de ver el mundo que te haga feliz, y tu corazón te indicará que ahora sí estás usando tu mente correctamente.
Alíate con los dictados de tu corazón, no con los dictados del mundo; estos fueron concebidos para sostener la idea deprimente de que estás separado de todo, y eso no es verdad, pero, lamentablemente, sí puedes creerlo. De nuevo, eso no te conviene.
Confía en tu sentir, confía en tu corazón.
Al elegir perdonar y abandonar los juicios, estás liberando tu mente de las cadenas de la ilusión y permitiendo que la luz de la verdad brille a través de ti.
Este acto de perdón no solo transforma tu percepción del mundo, sino que también te acerca a la felicidad y la paz que son tu herencia natural.
Recuerda que el mundo que ves es un reflejo de tu mente, y al cambiarla, cambias todo lo que experimentas. Elige ver con los ojos del amor, y el mundo se convertirá en un lugar de luz y armonía.
II Quizás recuerdes estas palabras que aparecen en la Introducción del Texto: «Este Curso no tiene como objetivo enseñar el significado del amor, pues eso está más allá de lo que se puede enseñar. Pretende, sin embargo, despejar los obstáculos para tomar conciencia de la presencia del amor, que es tu herencia natural». Pues bien, perdonar es exactamente eso: despejar los obstáculos para tomar conciencia de la presencia del amor.
El perdón no es un acto de condescendencia ni de sacrificio; es un proceso de liberación mental. Al perdonar, no estás justificando ni aceptando lo que consideras errores o daños, sino que estás soltando los juicios que nublan tu visión y te impiden reconocer la verdad. Esos juicios son los obstáculos que te separan de la conciencia del amor, que es tu esencia y tu herencia divina.
Cuando perdonas, en realidad, te estás perdonando a ti mismo el haber condenado a tu hermano, pues ese ha sido tu «pecado»: pensar mal de él; ese es el único elemento de tu universo mental que tiene sentido llamar «pecado».
Estás diciendo: «Prefiero ver más allá de esta ilusión. Elijo liberar mi mente de las sombras del miedo y el resentimiento, para que la luz del amor pueda brillar sin impedimentos». Este acto de desapego no solo transforma tu percepción del mundo, sino que también te acerca a la experiencia directa del amor, que siempre ha estado presente pero que habías velado con tus interpretaciones erróneas.
El perdón, por tanto, no es algo que haces por los demás, sino por ti mismo. Es un regalo que te das, una decisión consciente de dejar atrás lo que te duele y te limita, para abrirte a la plenitud de tu Ser. Al perdonar, te alineas con la verdad de que el amor es lo único real, y que todo lo demás son meras ilusiones que puedes elegir soltar.
Así, el perdón se convierte en la llave que abre la puerta a la conciencia del amor, permitiéndote recordar quién eres realmente: un ser de luz, amor y paz, eternamente conectado a la Fuente de todo lo que es.
III Porque el mundo no es otra cosa que la proyección de la idea que tienes de ti mismo.
Esta afirmación es fundamental para comprender la naturaleza de tu experiencia. El mundo que percibes no es más que un espejo que refleja las creencias, juicios y percepciones que albergas en tu mente. Si te ves a ti mismo como separado, limitado, vulnerable o carente, el mundo que proyectas estará lleno de conflictos, miedos y escasez. Por el contrario, si reconoces tu verdadera identidad como el Hijo de Dios, pleno y perfecto, el mundo que experimentas comenzará a reflejar esa luz y esa paz.
El mundo, en sí mismo, no tiene significado propio. Es un lienzo en blanco sobre el que proyectas tus pensamientos y creencias. Por eso, Jesús enseña que «el mundo que ves es lo que tú has puesto ahí para ver». Cada situación, cada relación, cada circunstancia es una oportunidad para observar lo que hay en tu mente y elegir ver de otra manera.
Cuando tomas conciencia de que el mundo es una proyección de tu mente, comprendes que no necesitas cambiar el mundo externo para ser feliz. Lo que necesitas es cambiar la idea que tienes de ti mismo. Al liberarte de las creencias falsas y abrazar la verdad de tu Ser, el mundo que proyectas se transforma automáticamente.
Este es el poder del perdón: al soltar los juicios y las interpretaciones erróneas, despejas los obstáculos que te impiden ver la luz del amor en ti y en todo lo que te rodea. El mundo, entonces, deja de ser un lugar de conflicto y se convierte en un reflejo de la paz y la unidad que siempre han estado presentes en tu mente.
Recuerda: el mundo no es más que un sueño, una proyección temporal de la mente. Tu verdadera realidad está más allá de él, en la eternidad del amor. Al cambiar tu percepción, no estás cambiando el mundo en sí, sino despertando a la verdad de que el mundo nunca fue real. Y en ese despertar, encuentras la paz que siempre ha sido tu herencia.
IV Has construido una idea de ti mismo basada en limitaciones, y por eso lo limitas todo. Limitar es separar. Lo que está funcionando ahora en tu mente es simplemente la idea fragmentante de la separación, infinitamente fractalizada y proyectada fuera de ti. No es más que eso, y además, es falsa, pero, una vez más, sí puedes creer en ella y así brindarle una existencia espuria.
Cada vez que perdonas, es un don que te concedes a ti mismo, y tu corazón se alegra por ello. Tu mente está ahora confundida, porque es libre y puede pensar lo que le venga en gana. Puede pensar cualquier tontería, pero no puede hacer que eso sea verdad, y nunca lo será. Tu corazón no es libre, porque no es causa, sino efecto del pensar de tu mente. Tú eres libre para pensar, mas no para sentir. Siempre sentirás en función de cómo piensas; en eso no hay opción.
El perdón es un presente que le haces al Cielo y a ti mismo, y tu corazón simplemente te lo confirma. Al perdonar, estás eligiendo soltar las ilusiones que te atan y abrirte a la verdad de que eres libre, completo y eternamente unido a la Fuente de todo amor. Este acto de liberación no solo transforma tu percepción del mundo, sino que también te acerca a la experiencia directa de la paz y la felicidad que son tu herencia natural.
Recuerda: el perdón no es un acto de debilidad, sino de fortaleza. Es la decisión consciente de dejar atrás lo que te limita y abrazar la verdad de tu Ser. Al hacerlo, no solo te liberas a ti mismo, sino que también contribuyes a la sanación del mundo, pues al cambiar tu mente, cambias el mundo que proyectas.
Así, el perdón se convierte en un puente entre la ilusión y la verdad, entre el miedo y el amor. Es el regalo más grande que puedes darte a ti mismo y al mundo, porque al perdonar, estás recordando quién eres realmente: un ser de luz, amor y paz, eternamente conectado a la Fuente de todo lo que es.
V Esta es la fortaleza de la mansedumbre. Como se menciona en el Manual para Maestros, en M-5.IV.2:1-2: «… los maestros de Dios son absolutamente mansos. Necesitan la fortaleza que proporciona la mansedumbre, pues gracias a ella les resulta fácil cumplir su función de salvación». La mansedumbre no es debilidad, sino una poderosa cualidad que surge de la comprensión de que no hay necesidad de luchar, defenderse o imponerse. Al ser manso, reconoces que tu verdadera fortaleza no proviene de ti mismo, sino de Dios, y que es en la rendición donde encuentras tu poder más auténtico.
Recuerda también que, mediante tu perdón, invocas el Poder de Dios. Como se señala en M-5.I.1:5-8: «… (el mundo) está gobernado por un Poder que está en ellos, pero que no es de ellos. Este Poder es lo que mantiene todas las cosas a salvo. Mediante este Poder, los maestros de Dios contemplan un mundo perdonado. Una vez que se ha experimentado este Poder, es imposible confiar de nuevo en la insignificante fuerza de uno mismo».
El perdón es el medio a través del cual te conectas con este Poder divino. Al soltar los juicios, los resentimientos y las ilusiones, te abres a la presencia de Dios en tu mente y permites que Su amor y Su fuerza fluyan a través de ti. Este Poder no es algo que puedas generar por ti mismo; es un regalo que recibes cuando eliges alinearte con la verdad y dejar atrás las falsedades del ego.
La mansedumbre y el perdón van de la mano, pues ambos requieren que renuncies a la idea de que tú estás a cargo o que necesitas controlar algo. En lugar de confiar en tu propia fuerza limitada, confías en el Poder de Dios, que es infinito y siempre presente. Al hacerlo, te conviertes en un canal de Su amor y Su paz, y el mundo que percibes se transforma en un reflejo de esa luz.
Así, la mansedumbre se convierte en una expresión de tu verdadera fortaleza, y el perdón en la llave que te permite acceder al Poder divino. Juntos, te guían hacia la realización de tu función como maestro de Dios, ayudándote a ver un mundo perdonado y a recordar la unidad que siempre ha existido.
VI Es importante que te des cuenta de que el perdón tiene el poder sanador del milagro. El perdón, de hecho, es la antesala del milagro. Al deshacer las ilusiones, el perdón deja tu mente limpia y receptiva, permitiendo que la luz de la verdad obre el milagro. Por eso, el perdón no solo induce el milagro sanador en tu mente, sino también en la mente de aquellos que parecen estar separados de ti en el ámbito ilusorio del espacio-tiempo, porque, en definitiva, es la misma mente.
El perdón actúa como un puente entre la ilusión y la verdad. Al soltar los juicios, los resentimientos y las falsas percepciones, estás despejando el camino para que el amor y la luz de Dios fluyan libremente a través de ti. Este acto de liberación no solo te beneficia a ti, sino que también tiene un impacto profundo en la mente colectiva, pues en realidad no hay separación. Lo que sanas en ti, lo sanas en todos.
El milagro es la expresión natural de una mente que ha sido purificada por el perdón. No es un evento mágico o sobrenatural, sino un cambio de percepción que te permite ver más allá de las ilusiones y reconocer la verdad. Cuando perdonas, estás eligiendo ver con los ojos del amor en lugar de los del miedo, y eso es lo que hace posible el milagro.
Recuerda que el perdón no es un acto de condescendencia ni de sacrificio; es un regalo que te das a ti mismo y al mundo. Al perdonar, estás afirmando que prefieres la paz al conflicto, el amor al miedo, y la verdad a la ilusión. Y al hacerlo, estás contribuyendo a la sanación de la mente única que todos compartimos.
Así, el perdón se convierte en una herramienta poderosa para transformar no solo tu vida, sino también el mundo que percibes. Al elegir perdonar, estás eligiendo la luz sobre la oscuridad, la unidad sobre la separación, y el amor sobre el miedo. Y en esa elección, encuentras la paz y la felicidad que siempre han sido tu herencia.
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LECCIÓN 61
Soy la luz del mundo.
1. ¿Quién es la luz del mundo sino el Hijo de Dios? I
2Esto, entonces, no es más que declarar la verdad acerca de ti mismo.
3Es lo opuesto a una declaración de orgullo, arrogancia o autoengaño.
4No describe el concepto de ti mismo que tú has forjado.
5No se refiere a ninguna de las características con las que has dotado a tus ídolos.
6Se refiere a ti tal como fuiste creado por Dios.
7Simplemente afirma la verdad.
2. Para el ego, la idea de hoy es el epítome de la autoglorificación.
2Mas el ego no entiende la humildad, pues la confunde con el autodesprecio.
3La humildad consiste en aceptar tu papel en la salvación, y en no aceptar ningún otro.
4No es humildad insistir en que tú no puedes ser la luz del mundo si esa es la función que Dios te asignó.
5Afirmar que esa no puede ser tu función es solo arrogancia, y la arrogancia es siempre cosa del ego.II
3. La verdadera humildad requiere que aceptes la idea de hoy, porque es la Voz de Dios la que te dice que eso es verdad.III
2Este es un paso inicial para que aceptes tu verdadera función en la tierra.
3Es un paso gigantesco para ocupar el lugar que te corresponde en la salvación.IV
4Es una clara afirmación de tu derecho a ser salvado, y un reconocimiento del poder que se te ha otorgado para salvar a otros.
4. Hoy te conviene pensar en esta idea tan a menudo como sea posible.
2Es la respuesta perfecta a todas las ilusiones y, por lo tanto, a toda tentación.
3Esta idea lleva todas las imágenes que has concebido acerca de ti mismo ante la verdad, y te ayuda a partir en paz, sin cargas y seguro de tu propósito.V
5. Hoy deben realizarse tantas sesiones de práctica como sea posible, aunque cada una no necesita durar más de uno o dos minutos.
2Debieras comenzar diciéndote a ti mismo:
3Soy la luz del mundo.
4Esa es mi única función.
5Esa es la razón por la que estoy aquí.
6Luego, piensa en estas afirmaciones durante un rato, preferiblemente con los ojos cerrados si la situación lo permite.VI
7Deja que te vengan algunos pensamientos relacionados, y repite la idea para ti mismo si ves que tu mente divaga y se aleja del pensamiento central.VII
6. Asegúrate de empezar y terminar el día hoy con esta práctica.
2Así te despertarás reconociendo la verdad acerca de ti mismo, la reforzarás a lo largo del día, y te irás a dormir reafirmando tu función y tu único propósito aquí.
3Estas dos prácticas pueden ser más largas que las otras, si te resultan útiles y deseas prolongarlas.
7. La idea de hoy va mucho más allá de las mezquinas opiniones del ego sobre lo que tú eres y sobre cuál es tu función.
2Como portador de la salvación, esto, obviamente, es necesario.
3Este es el primero de una serie de pasos gigantescos que daremos a lo largo de las próximas semanas.
4Intenta hoy comenzar a construir una base firme para estos avances.VIII
5Eres la luz del mundo.
6Y Dios ha edificado Su plan para la salvación de Su Hijo sobre ti.
I Mateo 5:14 «Tú eres la luz del mundo. Una ciudad asentada en una colina no puede ocultarse».
Juan 8:12 «Entonces Jesús volvió a hablarles diciendo: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”».
Juan 9:5 «Cuando estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo».
La expresión «luz del mundo» aparece 42 veces en el Curso; 9 en el Texto y 33 en el Libro de Ejercicios.
En las siguientes Lecciones se abordarán de manera consecutiva los tres aspectos del Ser, conocidos como la célebre tríada divina: Luz (Lecciones 61, 62, 63 y 75), Amor (Lecciones 67 y 68) y Voluntad (Lecciones 73 y 74). El propósito de estas Lecciones es ayudarte a identificarte con estos tres aspectos de tu verdadero Ser.
II Ante este tipo de ideas, es posible que sientas la tendencia a buscar un curioso compromiso. Entiendes y aceptas la noción del «ego», y también, hasta cierto punto, comprendes el concepto de «Hijo de Dios», simpatizando con la idea de que esa es tu verdadera identidad. Sin embargo, sorprendentemente, concibes una tercera identidad, a la que no das nombre pero que consideras como «tú mismo». Este peculiar personaje oscila de manera incierta entre el nefasto ego —cuando te ves pensando o haciendo algo que consideras malo— y un estado mental «más neutro» o quizás «más bondadoso». Esto surge de la repugnancia que sientes al identificarte plenamente con tu ego, al que atribuyes cualidades esencialmente malignas.
En realidad, esto no es así. En primer lugar, es importante entender que el ego no es una entidad ni tiene existencia alguna. El término «ego» se utiliza en este Curso para referirse a un mal uso de la mente, y eso es una cuestión de grados. Jesús te explica que una parte de tu santa mente funciona mal; la llama «la parte inferior o errónea» de la mente, y también te dice que ese es el reino del ego, el ámbito de las ilusiones. Absolutamente toda tu experiencia humana ocurre en ese ámbito; en esa mente. Es el escenario del mundo, del tiempo y del espacio. Es la ilusión en la que se sumerge la mente del Hijo de Dios que cree en la idea de la separación. La idea en sí misma es una locura, y lo que esa mente experimenta no es verdad: es una alucinación.
Tú, Hijo de Dios, estás eternamente en el Corazón de Dios. Tú, como ser humano, estás siempre en el ego, en un estado de mentalidad errónea en mayor o menor grado. Cuando condenas, estás absolutamente equivocado; cuando perdonas, estás muchísimo menos confundido, pero sigues en tu ego. Y el Hijo de Dios ignora por completo lo que significa una cosa o la otra.
Este Curso es un entrenamiento mental para la mente egoica, para que funcione mejor, para que deje de experimentar pesadillas y finalmente despierte a su condición divina. La enfermedad mental que padeces es extraordinariamente insidiosa, y la identidad que has construido para ti mismo está completamente sumergida en ella, hasta el punto de que no tienes ninguna perspectiva válida; los peces no saben que viven en el agua. Tú no puedes salvarte a ti mismo. No sabes lo que más te conviene. Por eso, la Expiación no depende de ti.
Tú eres el Amor de Dios y no estás en este mundo, pero mientras creas que sí, te conviene verte a ti mismo como la luz del mundo, y así disipar un poco las sombras de este tenebroso lugar imaginario.
III La Lección de hoy es de una importancia capital, ya que abre el camino hacia la verdadera humildad, la humildad de tu ego, la única que realmente se necesita. La palabra humildad proviene del latín humus, que se refiere a la tierra fértil que resulta de la descomposición de las cosas vivas. Fíjate bien en el símbolo: el deshacimiento de aquello que parece vivo, de los aparentes «seres» vivos, propicia un ámbito fértil para que nazca la verdadera Vida, tu Ser.
Tú, sin duda, tienes un montón de opiniones acerca de ti mismo, y también es evidente que crees que esas definiciones son correctas, pues, de lo contrario, no las sostendrías. Ese carácter omnisciente que te atribuyes —creer que lo que piensas es verdad— es la arrogancia del ego que Jesús expone aquí. Tu ego, que no sabe nada, te dicta una definición de tu propia identidad que aceptas sin cuestionarla en absoluto, y a partir de esa idea demente de ti mismo proyectas un mundo igualmente demencial.
Esta Lección te ofrece una visión diferente de lo que tú eres. No es necesario que la creas de inmediato, pero sí es esencial que le des una oportunidad. Desde la humildad, abre tu mente e invita a esta nueva perspectiva a que se instale en ti. Luego, observa cómo te sientes al albergar a semejante invitado.
La verdadera humildad no consiste en menospreciarte, sino en reconocer que las definiciones que has aceptado sobre ti mismo son ilusorias y que, en tu esencia, eres algo mucho más grande y verdadero de lo que tu ego jamás podría concebir. Al abrirte a esta idea, permites que la luz de la verdad comience a disipar las sombras de la ilusión, preparando el terreno para que florezca la conciencia de tu Ser real.
IV Esta Lección es la primera de los «pasos gigantescos» del Libro de Ejercicios. Las otras Lecciones identificadas como pasos gigantescos son la 66, 94, 127, 130, 135 y 194.
V Lucas 2:29-30, 32 «Señor, deja que tu siervo parta en paz, según tu palabra, porque mis ojos han visto tu salvación […] luz para iluminar a los gentiles».
Esto lo expresa Simeón, quien, tras haber visto al niño Jesús —la luz del mundo—, declara que ya puede morir en paz. De manera similar, aquí, al haber reconocido que tu verdadera condición es ser la luz del mundo, puedes dar el primer paso gigantesco y comenzar a alejarte en paz de tu falsa identidad.
Al igual que Simeón, que encontró plenitud y paz al contemplar la luz divina, tú también puedes experimentar una profunda liberación al reconocer tu verdadera esencia. Este reconocimiento no es un mero acto intelectual, sino un despertar espiritual que te permite soltar las ataduras de la ilusión y avanzar hacia la verdad de tu Ser.
Este primer paso no implica un esfuerzo titánico, sino una rendición consciente a la verdad que ya reside en ti. Al dejar atrás la identidad falsa que has construido, te acercas a la paz que surge de saber quién eres realmente: la luz del mundo, un reflejo puro del amor y la perfección divina.
Así como Simeón pudo descansar en paz tras su encuentro con lo sagrado, tú también puedes encontrar tranquilidad y certeza al abrazar tu verdadera naturaleza. Este es el comienzo de un viaje transformador, en el que cada paso te aleja de las sombras de la ilusión y te acerca a la plenitud de tu Ser.
VI Esta práctica de reflexionar sobre los enunciados se asemeja, sin duda, a la práctica del Primer Repaso que acabas de completar. En ambos casos, se trata de un ejercicio mental en el que te invitas a ti mismo a adoptar las ideas presentadas, recordándote sus beneficios y respaldando tu decisión con razonamientos claros y conscientes.
Durante el Primer Repaso, te enfocaste en internalizar las ideas clave, recordando su significado y cómo pueden transformar tu percepción. De manera similar, al pensar en los enunciados que se te presentan ahora, estás reforzando tu compromiso con un nuevo marco mental, uno que te libera de las ilusiones del ego y te acerca a la verdad de tu Ser.
Este proceso no es meramente repetitivo, sino profundamente transformador. Al recordarte los beneficios de estas ideas y apoyar tu decisión de aceptarlas de manera racional, estás cultivando una mente más abierta y receptiva a la verdad. Cada vez que repasas estos conceptos, estás despejando un poco más el camino hacia la claridad y la paz interior.
En esencia, esta práctica es un entrenamiento mental que te prepara para vivir desde una perspectiva más elevada, donde las ilusiones pierden su poder y la luz de la verdad brilla con mayor intensidad. Así como el Primer Repaso sentó las bases para un cambio profundo, esta práctica continúa construyendo sobre ese cimiento, guiándote hacia una comprensión más plena de tu identidad verdadera.
VII Se trata de la práctica de dejar venir los pensamientos afines, que se introdujo formalmente en la Lección 42. Consulta esa Lección para obtener instrucciones detalladas.
VIII Lucas 6:48 «Es como un hombre que construye una casa, que cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Y cuando la inundación se produjo, la corriente golpeó con fuerza esa casa, y no pudo derribarla porque estaba fundada sobre la roca».
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LECCIÓN 60
Estas ideas son para el repaso de hoy: L-46 a L-50
1. L-46 «Dios es el Amor en el que perdono».
2Dios no perdona porque Él jamás ha condenado.
3Los que están libres de culpa no pueden culpar, y aquellos que han aceptado su inocencia no ven nada que perdonar.
4No obstante, el perdón es el medio por el que reconoceré mi inocencia.I
5El perdón es el reflejo del Amor de Dios en la tierra.
6El perdón me acercará tanto al Cielo que el Amor de Dios podrá descender hasta mí y elevarme a mi hogar.
2. L-47 «Dios es la Fortaleza en la que confío».
2No perdono por medio de mi propia fortaleza.
3Perdono por medio de la Fortaleza de Dios en mí, la cual recuerdo al perdonar.II
4Cuando comienzo a ver, reconozco Su reflejo en la tierra.
5Entonces, lo perdono todo, porque siento el despertar de Su Fortaleza en mí.
6Y empiezo a recordar el Amor que yo decidí olvidar, pero que no se olvidó de mí.
3. L-48 «No hay nada que temer».
2¡Qué seguro me parecerá el mundo cuando pueda verlo de verdad!
3No se parecerá en nada a lo que ahora imagino ver.
4Todo el mundo, y todo cuanto vea, se inclinará ante mí para bendecirme.
5Y en todos reconoceré a mi Amigo más querido.
6¿¡Qué podría temer en un mundo al que he perdonado y que me ha perdonado a mí!?III
4. L-49 «La Voz de Dios me habla durante todo el día».
2No hay un solo instante en el que la Voz de Dios no invoque mi perdón para salvarme.
3No hay un solo instante en el que Su Voz no dirija mis pensamientos, guíe mis actos y encamine mis pies.IV
4Camino con paso firme hacia la verdad.
5No hay ningún otro lugar al que pueda ir, porque la Voz de Dios es la única voz y la única guía que le ha sido dada a Su Hijo.
5. L-50 «El Amor de Dios me sustenta».
2Cuando escucho la Voz de Dios, Su Amor me sustenta.
3Cuando abro mis ojos, Su Amor ilumina el mundo para que yo lo vea.
4Cuando perdono, Su Amor me recuerda que Su Hijo está libre de pecado.
5Y cuando contemplo el mundo con la visión que Él me ha otorgado, recuerdo que yo soy Su Hijo.V
I Esta es una idea muy simple y perfectamente asequible, ya que es fácil de experimentar; funciona en toda circunstancia sin excepción. Siempre que perdonas de verdad, tu corazón da un brinco de alegría, liberándose de una pesada carga y alzándose ligero y feliz. Esto ocurre siempre, sin posibilidad de excepción. Si perdonas de verdad, tu corazón te confirmará con certeza que eso beneficia profundamente a tu alma.
¡Atención! Lo contrario también es cierto. Siempre que te sientas mal, cuando tu corazón esté compungido y grite de dolor, es porque estás pensando algo que no es verdad y te estás haciendo daño a ti mismo. Tu corazón es una guía certera hacia la verdad. Escúchalo. Presta atención a tus estados emocionales, pues están ahí precisamente para indicarte cómo estás usando la mente. No ignores sus advertencias. Elige siempre ser feliz. Y, cuando te sientas mal, cuando tu corazón te lo advierta, recuerda que aquello en lo que estabas pensando debe ser falso; busca una nueva manera de contemplarlo y rectifica tu mente.
La toma de conciencia de tus emociones y una sana vigilancia mental son requisitos imprescindibles para navegar con seguridad a través de un mundo de ilusiones. Usa bien estos recursos, porque, literalmente, te salvarán la vida.
II Estas dos líneas son fundamentales porque revelan la clave del perdón verdadero. Tú eres quien decide perdonar; esa es tu elección y tu papel en el proceso. Sin embargo, el perdón se lleva a cabo gracias a la Fortaleza de Dios en ti.
No puedes perdonar por ti mismo, lo cual es lógico, ya que tú fuiste quien condenó. Ahora, eres quien ha optado por el perdón, quien ha tomado una nueva decisión y ha elegido liberarse de la condena. Pero el perdón se hace efectivo a través de la Fortaleza de Dios en ti, que es infalible.
Por lo tanto, no hay justificación para decir que «no puedes perdonar». Sé sincero contigo mismo y admite, en todo caso, que «no quieres perdonar», porque lo único que se requiere de ti en este proceso es tu buena voluntad, nada más. Una vez que estés dispuesto, la Fortaleza de Dios se encargará del resto, liberándote del rencor y devolviéndote la paz.
Cuando Jesús menciona aquí la «propia fortaleza», se refiere a aquella que tú mismo te atribuyes, la fortaleza de tu ego. En realidad, tu verdadera y única fortaleza es la Fortaleza de Dios, pues Él te otorgó Su Propia Fortaleza al crearte. No posees otra fortaleza que esa, ya que la que ahora crees tener pertenece al ámbito de las ilusiones y solo existe en tu imaginación.
Siempre que pienses en alguna cualidad que te asignas, y que puedas medir o comparar con la de otros, date cuenta de que estás hablando de tu ego, y que aquello en lo que piensas no es real. Todas esas cualidades o virtudes que percibes en ti mismo o en los demás son solo imaginaciones tuyas; no tienen realidad. Puede que hables de cualidades excelsas que contemplas con complacencia, incluso esforzándote por cultivarlas para ser más humilde, generoso, confiado, valiente, amable, cortés o lo que sea; no importa. Todo eso es imaginario y se refiere a características de tu ego.
Y no hay nada malo en ello. No hay nada malo en querer ser una persona mejor. Pero date cuenta de un pequeño detalle: tú no eres una persona ni lo serás jamás; tú eres el Hijo de Dios, y eres perfecto tal como eres ahora mismo. No necesitas mejorar; solo necesitas reconocer tu legítima gloria.
Seguir fielmente lo que este Curso te propone puede parecer que te convierte en una mejor persona, más amorosa y menos crítica, pero eso se debe a que este Curso opera en el ámbito de la ilusión. Recuerda G-1.3:1: «Este Curso opera en el ámbito del ego, pues es ahí donde se necesita».
Tú, Hijo de Dios, no necesitas mejorar; fuiste creado perfecto… y lo sigues siendo en la Realidad. En verdad, lo único que necesitas es dejar de tomar en serio esa idea descabellada de que estás separado de tu Padre. No es verdad, y, además, te hace daño; te perjudica.
Fíjate en todas las ideas que repasas hoy: simplemente son declaraciones de la condición de tu verdadera identidad. Te hablan de características de diferentes aspectos de tu propio Ser, pero contemplados desde la perspectiva de la ilusión. Todo esto forma parte de tu entrenamiento mental, de la purificación de esa «parte inferior» de la mente en la que crees vivir y que te permitirá acceder a los milagros. Recuerda el Principio 7 de los milagros: «Todo el mundo tiene derecho a los milagros. Pero antes es necesaria una purificación». Esta purificación ocurre cuando estas ideas se convierten en tu manera habitual de pensar.
III El resultado del perdón verdadero es la aceptación total de aquello que has perdonado. Cuando perdonas de verdad, ofreces una aceptación sin reservas, y no existe poder más grande en este mundo que el de aceptar plenamente, porque tampoco hay anhelo más profundo en el corazón humano.
Nadie puede resistirse a tu aceptación, porque eso es precisamente lo que todos buscan en los demás y en sí mismos. En la aceptación genuina, el miedo no tiene cabida. Por eso, en un mundo perdonado no hay nada que temer, ya que la aceptación disuelve todo juicio y todo temor, revelando la paz que siempre ha estado presente.
IV Lucas 1:79 «Para alumbrar a los que viven en tinieblas y a la sombra de la muerte, para guiar nuestros pies por el camino de la paz».
La Voz de Dios me habla durante todo el día, eso es cierto, pero ¿le presto atención? ¿No será que, en realidad, mi mente está absorta en el incesante monólogo interno, en la voz del ego?
Para escuchar la Voz de Dios, es necesario aquietar la mente. Solo en el silencio interior se puede percibir Su guía.
Recuerda cómo Jesús reformula la cita bíblica: «Muchos son los llamados, pero pocos son elegidos». En realidad, debería decir: «Todos son llamados, pero pocos eligen escuchar» (T-3.VIII.19:2).
V Concluimos la Lección de hoy con este bello pensamiento, eco de los antiguos salmos bíblicos:
En la quietud de mi corazón, reconozco Tu Presencia.
En la luz de Tu Amor, encuentro mi verdadero Ser.
No hay oscuridad que pueda ocultar Tu Gloria, ni ilusión que pueda nublar mi visión.
Tú eres mi fortaleza, mi refugio y mi paz.
En Ti, todo temor se desvanece, y solo queda la certeza de Tu Amor eterno.
Hoy elijo recordar quién soy en Ti, y descansar en la seguridad de Tu Creación Perfecta.
Amén.
Esta oración, inspirada en la profundidad y el ritmo de los salmos, nos invita a conectar con la esencia divina que reside en nosotros, recordándonos que, más allá de las ilusiones del ego, nuestra verdadera identidad es eterna y perfecta en Dios.
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LECCIÓN 59
Estas ideas son para repasar hoy: L-41 a L-45 I
1. L-41 «Dios va conmigo dondequiera que yo voy».II
2¿Cómo puedo estar solo cuando Dios siempre va conmigo?
3¿Cómo puedo dudar y sentirme inseguro de mí mismo cuando en Él reside la perfecta certeza?
4¿Cómo puedo estar perturbado por algo cuando Él descansa en mí en absoluta paz?
5¿Cómo puedo sufrir cuando el amor y la dicha me rodean gracias a Él?
6Que no albergue ilusiones acerca de mí mismo.
7Soy perfecto porque Dios va conmigo dondequiera que yo voy.
2. L-42 «Dios es mi Fortaleza; la visión es Su Don».III
2Que hoy no recurra a mis propios ojos para ver.
3Que me muestre dispuesto a cambiar mi lamentable ilusión de ver por la visión que Dios me ha dado.
4La visión de Cristo es Su Don, y Él me la ha concedido.
5Que invoque hoy ese don para que este día me ayude a comprender la eternidad.
3. L-43 «Dios es mi Fuente; no puedo ver separado de Él».IV
2Yo puedo ver aquello que Dios quiere que vea.
3No puedo ver ninguna otra cosa.
4Más allá de Su Voluntad solo hay ilusiones.
5Eso es lo que elijo cuando pienso que puedo ver separado de Él.
6Eso es lo que elijo cuando trato de ver mediante los ojos del cuerpo.
7Mas se me ha dado la visión de Cristo para reemplazarlos.
8Hoy elijo ver por medio de esa visión.
4. L-44 «Dios es la Luz en la que veo».V
2No puedo ver en la oscuridad.
3Dios es la única Luz.
4Por lo tanto, si he de ver, debe ser por medio de Él.
5He tratado de definir lo que significa ver, y me he equivocado.
6Ahora se me ha otorgado la comprensión de que Dios es la Luz en la que veo.
7Que dé la bienvenida a la visión y al mundo feliz que me mostrará.
5. L-45 «Dios es la Mente con la que pienso».VI
2No tengo ningún pensamiento que no comparta con Dios.
3No tengo ningún pensamiento separado de Él, porque mi mente no está separada de la Suya.
4Al ser yo parte de Su Mente, mis pensamientos son Suyos y Sus Pensamientos son míos.
I Las cinco ideas de hoy son absolutamente ciertas, pero también es cierto que son absolutamente increíbles. Tú no las crees. Si las creyeras, no estarías aquí. De hecho, no lo estás, pero, como en lugar de creer la verdad que estas Lecciones expresan, has elegido creer otra cosa, ahora crees estar en este mundo, lo cual no es en absoluto cierto.
Creer es pensar que lo que imaginas es verdad. Mas la verdad no la puedes imaginar; la verdad solo la puedes ser, porque tú eres la verdad. Pero eso también es increíble, porque tampoco lo puedes imaginar. Lo único que puedes imaginar son las ilusiones, porque eso es precisamente lo que las ilusiones son: imaginaciones. Las imágenes no son reales, porque la realidad es perfectamente abstracta, y tú eres real; por eso, no puedes imaginar lo que eres, solo lo puedes ser.
Creer es hacer un mal uso de la mente. Tu mente fue creada para crear, no para creer. Creer no sirve para nada bueno, así que no te preocupes en absoluto si no puedes creer en las cinco ideas de hoy; es algo perfectamente natural. Nunca podrás creer en ellas; son intrínsecamente increíbles porque son la verdad. No te preocupes. Eres el Hijo de Dios, aunque no lo creas, ni lo puedas creer. No pierdas el tiempo intentando creer; simplemente confía y trabaja.
Jesús no te pide que creas en las ideas que te propone. Hoy merece especialmente la pena que vuelvas a leer despacio la introducción a este Libro de Ejercicios:
«Algunas de las ideas expuestas te resultarán difíciles de creer, y otras te parecerán bastante sorprendentes. Todo eso no importa. Simplemente se te pide que las apliques a lo que ves. No se te pide que las juzgues, ni siquiera que las creas. Se te pide simplemente que las uses. Su uso es lo que hará que tengan sentido para ti y te demostrarán que son verdaderas. Recuerda solo esto: No es necesario que creas en las ideas que se te proponen. No es necesario que las aceptas. Y tampoco es necesario que las recibas de buen grado. Puede incluso que te opongas activamente a algunas de ellas. Nada de esto importa ni disminuye su eficacia. Pero no te permitas hacer ninguna excepción al aplicar las ideas que los ejercicios contienen. Cualquiera que sea tu reacción ante esas ideas, utilízalas. No se requiere nada más que eso».
II Este es un pensamiento sumamente poderoso. Cuanto más lo utilices, mayores serán sus efectos. Transformará tu vida y te llenará de confianza y seguridad. No basta con repetirlo; necesitas reflejarlo en cada una de tus acciones. Esfuérzate por encarnar esta idea poderosa en todo momento.
Para que el aprendizaje sea verdaderamente efectivo, debe experimentarse plenamente en sus dos dimensiones. La primera es receptiva: consiste en abrirse por completo a la idea que deseas arraigar en tu mente. La segunda, igual de importante o incluso más, es cuando interiorizas esa idea al compartirla con otros.
Por eso, no solo te repitas a ti mismo que Dios siempre te acompaña; actúa como alguien que realmente siente su presencia. Hazlo así y observa los resultados.
III Este pensamiento apela a la humildad. Con Dios lo puedes todo; sin Él, solo vivirás un sueño de miedo, soledad y muerte. Al vincular tu fortaleza con Dios, te haces invulnerable al desánimo, al peligro y a la tentación.
Aplica esta idea del mismo modo que la anterior: no te limites a repetirla; pon la Fortaleza de Dios en acción y utilízala en todo lo que hagas. Rechaza siempre cualquier pensamiento de debilidad y sé realista: Dios está contigo e infunde Su Fortaleza en todo lo que emprendas con fe.
IV Pensar que puedes ver algo significativo sin Dios es tan iluso como creer que puedes conocer la realidad mirando el televisor. Puedes convencerte de ello, pero no deja de ser una idea absurda. Siempre que el mundo te deprima o te atemorice, puedes estar absolutamente seguro de que no estás viendo nada real; simplemente estás soñando. Has caído en un profundo sopor hipnótico, y eso que crees ver no es más que una ilusión.
Los ojos del cuerpo no fueron hechos para ver la realidad, sino para soñar. El problema es que tu sistema de pensamiento está invertido y lo interpretas todo al revés. La Realidad no está fuera de ti; la Realidad es el Reino de Dios que reside en tu interior y que, en esencia, eres tú.
En este mundo, solo puedes vislumbrar «aspectos» de la Realidad en forma de reflejos de amor en todo aquello que contemplas. Estos destellos de amor son los ecos de la verdad que trascienden las ilusiones del mundo y te recuerdan tu origen divino. Cuando logras ver con los ojos del espíritu, reconoces la luz detrás de las apariencias y percibes la esencia divina que conecta a todo y a todos.
Aceptar esto requiere un cambio profundo en tu manera de ver y comprender. Se trata de una transformación interior que te lleva a mirar más allá de las formas y apariencias para reconocer lo eterno e inmutable. Al hacerlo, comienzas a despertar del sueño del mundo y a recordar tu verdadera identidad.
V Fíjate en que todo depende de qué es lo que quieres ver. Si usas la luz del mundo para interpretar lo que tienes ante ti, seguirás viendo el mundo triste y culpable que casi todos ven aquí, que es el que tú te has concedido hasta ahora. Pero, ¿es eso lo que quieres seguir viendo? ¿Es eso lo que quieres seguir sintiendo?
VI Reconoce que todavía no entiendes bien qué es la mente ni lo que significa pensar. Le llamas pensar a relacionar conceptos mediante funciones previamente establecidas. Eso no es pensar verdaderamente; eso solo es procesar datos.
El mundo distingue entre «inteligencia humana» e «inteligencia artificial» y se sorprende de que una máquina pueda «pensar» igual que un humano o mejor. El mundo todavía no se ha dado cuenta de que eso no tiene nada de sorprendente, de que la inteligencia humana también es artificial, y por eso las máquinas la pueden emular. Eso no es más que pensamiento algorítmico; aplicar determinadas funciones a determinados conceptos. Solo eso.
Pensar es crear, es engendrar Vida a partir de la Vida. Pensar es extender la existencia; es lo que haces cuando creas en la realidad celestial, y así es como engendras tus Creaciones, Hijo de Dios.
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LECCIÓN 58
Estas son las ideas para repasar hoy: L-36 a L-40
1. L-36 «Mi santidad envuelve todo lo que veo».I
2La percepción del mundo real proviene de mi santidad.
3Al haber perdonado, ya no me veo culpable.II
4Puedo aceptar la inocencia que es la verdad acerca de mí.
5Cuando miro al mundo con ojos que comprenden, únicamente veo su santidad, pues solo visualizo los pensamientos que albergo acerca de mí mismo.
2. L-37 «Mi santidad bendice al mundo».III
2La percepción de mi santidad no me bendice únicamente a mí.
3Todo el mundo y todas las cosas que veo en su luz comparten la dicha que mi santidad me brinda.
4No hay nada que esté excluido de esta dicha, porque no hay nada que no comparta mi santidad.
5Al reconocer mi propia santidad, la santidad del mundo resplandece para que todos la vean.
3. L-38 «No hay nada que mi santidad no pueda hacer».IV
2El poder de sanación de mi santidad es ilimitado, porque su poder de salvación también lo es.
3Mas ¿de qué he de salvarme sino de las ilusiones?
4¿Y qué son todas las ilusiones sino falsas ideas acerca de mí mismo?
5Mi santidad las deshace todas, afirmando la verdad acerca de mí .
6En presencia de mi santidad, la cual comparto con Dios Mismo, todos los ídolos se desvanecen.
4. L-39 «Mi santidad es mi salvación».V
2Puesto que mi santidad me salva de toda culpa, reconocerla es reconocer mi salvación.
3Y también es reconocer la salvación del mundo.
4Una vez que he aceptado mi santidad, nada puede atemorizarme.
5Al no tener miedo, todos comparten mi comprensión, que es el Don de Dios para mí y para el mundo.VI
5. L-40 «Soy bendito por ser un Hijo de Dios».VII
2En esto reside mi derecho a todo lo bueno, y solo a lo bueno.
3Soy bendito por ser un Hijo de Dios.
4Todo lo bueno es mío porque Dios lo destinó para mí.
5No puedo sufrir ninguna pérdida, privación o dolor por ser quien soy.
6Mi Padre me sustenta, me protege y me guía en todo.
7Su cuidado por mí es infinito, y por siempre me acompaña.
8Soy eternamente bendito por ser Su Hijo.VIII
I Mi santidad envuelve todo lo que veo porque ahora todo lo veo desde mi santidad. Siempre ha estado ahí, la diferencia es que ahora la reconozco en mí.
II El perdón y la oración son los únicos recursos de los que dispones en este mundo de ilusión. Caminas atemorizado y absorto en tus propios pensamientos de condena, pecado y muerte; los ves como si estuvieran fuera de ti mismo, sin darte cuenta de que son de tu propia factura. Esa falta de responsabilidad del mundo que crees ver es lo que te convierte en víctima de ti mismo. Perdona lo que crees ver, no con un sentido de superioridad moral y bondad, sino porque todo eso no es real; es fruto de tus propias alucinaciones, y tú no quieres seguir sufriendo.
La mayor dificultad con la que te vas a enfrentar para abordar tu propia liberación es que todavía no has decidido de verdad que, efectivamente, quieres dejar de sufrir. Has confundido el placer con el dolor, y los percibes de manera invertida. Fíjate en el perverso placer que encuentras en la culpa y la venganza, y te darás cuenta de que es así. Con frecuencia, el sufrimiento de otros te consuela; tu propio sufrimiento, a veces, lo encuentras redentor.
Lo que este Curso denomina «percepción verdadera» te liberará de esas interpretaciones erróneas. Todavía eso no es la visión verdadera, pero es lo que te conduce hacia ella. Es el necesario proceso de purificación por el que debes pasar para que puedas reclamar tu derecho a obrar milagros.
III Mi santidad bendice al mundo porque eso es lo que hace la santidad, esa es su condición. La santidad es la condición de la existencia; la existencia es santa y crea extendiéndose a sí misma. En el mundo, a esa extensión, a esa creación, se le llama «bendecir».
IV En realidad, la santidad solo puede hacer una cosa: extender lo que ella es. No le pidas a la santidad otra cosa, porque no puede dártela. No le pidas que “mejore” tus ilusiones ni que ajuste la realidad a tus expectativas, porque eso sería perpetuar el engaño. La santidad no acomoda ilusiones; simplemente las disuelve afirmando la verdad.
Lo que sí hará, sin embargo, es verse a sí misma en todo lo que contemple. Al reconocer su propia esencia en todo, deshace las falsas ideas acerca de ti mismo, liberándote de las ilusiones. El mundo no es real; es un espejo en el que ves reflejada la idea que tienes de ti. Pero cuando miras con santidad, ya no ves proyecciones distorsionadas, sino un reflejo de la verdad que compartes con Dios. Entonces, todos los ídolos se desvanecen, y lo único que permanece es lo que siempre ha sido: la santidad misma, tu verdadera condición.
V Mi santidad es mi salvación porque mi santidad es mi condición. Mi santidad es la verdad acerca de mí, la reconozca o no.
VI Desde este lado del espejo, aquí, en este mundo de ilusiones, los valores reales como la santidad te resultan incomprensibles. Has limitado tantísimo tu propia mente que solo eres capaz de manejar conceptos ilusorios; por eso, la noción de santidad se te hace inasequible. El ámbito en el que crees vivir es una perfecta inversión del Cielo, y esa es la razón por la que te resulta mucho más fácil tratar con conceptos negativos.
Dada tu triste situación, quizás entiendas mejor esta idea si dices: «Mi inocencia es mi salvación». La idea de inocencia la entiendes bien, porque es un concepto negativo. Proviene del latín innocens, término formado por el prefijo negativo in- y la palabra nocens, que viene del verbo nocere, «hacer daño». Por lo tanto, inocente significa «no dañino», y eso lo puedes comprender y aceptar.
Que no te extrañe, entonces, el carácter «negativo» de este Curso, que propugna conceptos tales como «perdonar» —NO tener en cuenta—, «meditar» —NO considerar tus propios pensamientos— o «escuchar la Voz del Espíritu Santo y seguir sus dictados» —NO decidir por ti mismo—. El Jesús evangélico ya lo advierte: «Mi Reino NO es de este mundo».
Cielo y mundo son conceptos antitéticos, como lo son Dios y yo. La inversión del sistema de pensamiento que este Curso propone te lleva a la realidad mediante la negación de lo ilusorio. Si estos postulados tan «negativos» te inspiran algún temor o pesadumbre, date cuenta de que esto es debido a que todavía albergas alguna esperanza de encontrar algo valioso en este mundo en el que crees vivir.
Mas date cuenta de dos cosas: esto NO es vida, y tus legítimas aspiraciones de ser feliz nunca las satisfarás en lo que cambia. No solo te mereces más de lo que crees que quieres; te lo mereces todo porque se te dio todo, y jamás te conformarás con menos que eso.
VII Soy bendito porque Dios me creó mediante su bendición. Esto es irremediable, como todo lo que Dios crea; esto tampoco puede cambiar. Yo puedo decirme a mí mismo lo que me plazca y creérmelo, pero eso es incapaz de cambiar la realidad. Lo único que pueden cambiar, y que de hecho cambian, son mis opiniones acerca de mí mismo y acerca de todo, lo cual demuestra su insustancialidad.
VIII Estas cinco Lecciones, tan inspiradoras, resultan, sin embargo, bastante difíciles de aceptar desde nuestra perspectiva humana de identificación con falsas identidades personales. Pero esa es precisamente la razón por la que estamos haciendo este Curso: para cambiar la idea que tenemos acerca de nosotros mismos.
Yo me sentiré tan santo como me lo permita, y tal como me vea, así veré todo lo demás. Lo que contemple con ojos benévolos confirmará la santidad que me he concedido. Es un círculo virtuoso de afirmaciones positivas fundamentado en una verdad que todavía me cuesta reconocer, pero que se hará más evidente a medida que la practique.
Si estas cinco ideas maximalistas te parecen excesivas porque confrontan demasiado la imagen que tienes de ti mismo, no te rindas. Úsalas, pero modéralas un grado: en lugar de leer «santidad», lee «bondad», y quizás así te resulten más aceptables. Recuerda: lo importante no es que llegues a verte santo —aunque lo eres—, sino que avances en esa dirección.
Si todavía no eres capaz de reconocer la santidad en ti, al menos mejora la opinión que tienes acerca de los demás y del mundo. Deja de pensar en ti y enfócate solo en lo bueno, en los aspectos positivos de todo lo que te rodea. Sé agradecido con Dios, con los demás y con la vida, y así, sin darte cuenta, acabarás congraciándote contigo mismo.
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LECCIÓN 57
Hoy vamos a repasar estas ideas: L-31 a L35
1. L-31 «No soy víctima del mundo que veo».I
2¿Cómo puedo ser víctima de un mundo que puede deshacerse por completo si así lo decido?
3Mis cadenas están sueltas.
4Puedo desprenderme de ellas solo con desearlo.
5La puerta de la prisión está abierta.
6Puedo abandonarla simplemente saliendo de ella.
7Nada me retiene en este mundo.
8Solo mi deseo de permanecer aquí me mantiene prisionero.
9Quiero renunciar a mis dementes deseos y salir, por fin, a la luz del sol.
2. L-32 «Yo mismo he inventado el mundo que veo».II
2Yo concebí la prisión en la que me veo.
3Basta con que reconozca esto, y seré libre.
4Me he engañado a mí mismo creyendo que es posible encarcelar al Hijo de Dios.
5Me equivoqué amargamente al creer esto, pero no quiero seguir creyéndolo.
6El Hijo de Dios no puede sino ser por siempre libre.
7Él es tal como Dios lo creó, y no lo que yo he querido hacer de él.
8Él se encuentra donde Dios ha dispuesto que esté, y no donde yo quise mantenerlo prisionero.
3. L-33 «Hay otra manera de ver el mundo».III
2Como la finalidad del mundo no es la que yo le atribuía, tiene que haber otra manera de contemplarlo.
3Todo lo veo al revés, y mis pensamientos son lo opuesto a la verdad.
4Veo el mundo como una prisión para el Hijo de Dios.
5El mundo, entonces, debe ser realmente un lugar donde él puede ser liberado.
6Quiero ver el mundo tal como es: un lugar donde el Hijo de Dios encuentra su libertad.
4. L-34 «Podría ver paz en lugar de esto».IV
2Cuando vea el mundo como un lugar de libertad, me daré cuenta de que refleja las Leyes de Dios en lugar de las normas que yo mismo he concebido para obedecerlas.
3Comprenderé que en él mora la paz, no la guerra.
4Y percibiré que la paz también mora en los corazones de todos los que comparten este lugar conmigo.
5. L-35 «Mi mente forma parte de la Mente de Dios. Soy muy santo».V
2Al compartir la paz del mundo con mis hermanos, empiezo a comprender que esta paz proviene de lo más profundo de mí mismo.
3El mundo que contemplo adquiere así la luz de mi perdón, y la irradia de vuelta a mí.
4En esta luz, empiezo a ver lo que ocultaban las ilusiones que yo albergaba acerca de mí mismo.
5Ahora comienzo a comprender la santidad de todos los seres vivos, incluida la mía, y la unidad que compartimos.
I Solo eres víctima de ti mismo: de tus propias interpretaciones, de las historias que te cuentas. Fíjate bien: te pasas todo el tiempo parloteando contigo mismo en tu mente. Sustentas tu particular descripción del mundo con esa charla incesante que te absorbe. Observa bien ese diálogo compulsivo e irrefrenable: nunca cesa. No puedes pararlo. Es una historia interminable que te repites todo el tiempo y que refleja los miedos y deseos de tu ego. Está plagada de pequeños o grandes rencores y venganzas, de pequeños o grandes gestos mediante los cuales tu ego expresa su sentido de grandiosidad, revancha y vanagloria. Nada de eso eres tú. Tan solo es una inmensa bobada que te mantiene hipnotizado en un mundo inexistente.
A eso es a lo que Jesús se refiere cuando dice en la Lección 10: «Mis pensamientos no significan nada». Quizá conozcas a alguna persona que padece logorrea y que habla incesantemente de manera compulsiva. No son conscientes de los demás y no usan sus palabras para comunicar nada a otros. Son totalmente insensibles a las necesidades o intereses de quienes tienen ante sí. Sus mentes funcionan muy, muy mal. Es el monólogo cansino y penoso de los borrachos.
Pues a ti te pasa exactamente lo mismo, solo que no sueles expresar en voz alta esa aburrida narrativa. Ten en cuenta que, mientras te dices todas esas tonterías —esas historias engendradas a partir de aparentes afrentas y deseos del pasado—, te estás perdiendo el presente que tienes ante ti. Por eso tu mente «está absorta en pensamientos del pasado»; por eso «tú has inventado el mundo que ves».
Parar el diálogo interno y ver con ojos inocentes lo que tienes ante ti es una proeza descomunal que tú eres totalmente incapaz de lograr; mas, si lo pides de corazón, se te concederá. Para abordarlo, puedes comenzar primero tomando conciencia de ese parloteo compulsivo, que en realidad es un monólogo. En cuanto lo hagas, cesará, pero, al cabo de un rato, y sin darte cuenta, volverá de nuevo. Entonces, vuelve a tomar conciencia de él, y volverá a detenerse. No te desesperes; todo lo contrario: alégrate. Simplemente estás comenzando a tomar conciencia de cómo funciona el ego en tu mente. Eso, sin duda, es una percepción desagradable, pero solo te afectará si te identificas con él. En realidad, estás comenzando a disociarte de esa manera enfermiza de usar tu mente.
Perdona ese diálogo que mantienes contigo mismo; déjalo pasar, no lo juzgues ni lo condenes: no es real. De hecho, esa voz que escuchas no tiene nada que ver contigo; eso no eres tú. Mas el discurso contiene, entretejido dentro de sí, la noción de que eso que oyes proviene de ti y son tus propios pensamientos. Y, en verdad, no es cierto; pero es la razón por la que te cuesta tanto abandonarlo.
II Mi mente solo conoce las historias que se cuenta a sí misma acerca de todo. El mundo no existe, pero mi mente se cuenta una historia acerca de un mundo que imagina, exactamente igual que lo hace mientras duerme y dice que sueña. Mi mente inventa mundos sin parar. A veces, reconozco que esos mundos que imagino son fantasías, pero la mayor parte del tiempo, las historias que me cuento llevan pegada una etiqueta donde pone: «Esto es real». Una vez que he leído esa etiqueta y he creído en lo que allí pone, estoy totalmente perdido para la verdad, y solo el sufrimiento me llevará a buscar una alternativa.
Sin embargo, sufrir no es necesario en absoluto. Entrena y disciplina tu mente para perdonar sistemáticamente la narrativa del ego.
III Ciertamente hay otra manera de ver el mundo, pero no me corresponde a mí decir cuál es. De hecho, me encuentro ahora en una situación penosa precisamente porque me he atribuido a mí mismo esa función de decidir cómo es el mundo. No lo sé, pero se me dirá. Es un conocimiento que aflorará en mi mente cuando, simplemente, yo lo permita.
IV ¡Por supuesto! La paz es un concepto absolutamente real; el conflicto, sin embargo, es una invención. Sé radical con esto. Es una realidad innegociable. Rehúsa siempre las interpretaciones conflictivas; son irreales y no las quieres.
V Esta es la única verdad. Atrévete a asumirla, aunque solo sea un instante, y habrás abierto las puertas de tu liberación. Familiarízate con esta idea, y no importa si no la crees todavía.
La mejor manera, la más rápida y la más eficaz para asumirla es atribuir la santidad a otros. Pon tu voluntad en ver santo a tu hermano, aunque tu mente y tus tripas rechacen esa idea. Insiste en ella con absoluta determinación.
Puedes estar seguro de que, con el tiempo, tus esfuerzos se verán recompensados y comenzarás a ver el mundo y a todos en él con ojos benévolos, y al final de todo, incluso a ti mismo.
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LECCIÓN 56
Nuestro repaso hoy incluye lo siguiente: L-26 a L-30
1. L-26 «Mis pensamientos de ataque están atacando mi invulnerabilidad».I
2¿Cómo puedo saber quién soy cuando me veo sometido a un ataque constante?
3El dolor, la enfermedad, la pérdida, la vejez y la muerte parecen acecharme.
4Todas mis esperanzas, deseos y planes parecen estar a merced de un mundo que no puedo controlar.
5Mas la seguridad perfecta y la completa plenitud son mi herencia.
6He tratado de intercambiar mi herencia por el mundo que veo.II
7Pero Dios la ha salvaguardado para mí.
8Mis propios Pensamientos reales me enseñarán cuál es mi herencia.
2. L-27 «Por encima de todo, quiero ver».III
2Al reconocer que lo que veo es un reflejo de lo que creo ser, me doy cuenta de que mi mayor necesidad es la visión.
3El mundo que veo da testimonio de la naturaleza temible de la imagen que he forjado de mí mismo.
4Si he de recordar quién soy, es esencial que abandone esa imagen de mí mismo.
5Cuando sea reemplazada por la verdad, con toda seguridad se me concederá la visión.
6Y con esa visión contemplaré el mundo y a mí mismo con caridad y amor.
3. L-28 «Por encima de todo, quiero ver las cosas de otra manera».IV
2El mundo que veo sustenta la imagen temible que tengo de mí mismo y garantiza su permanencia.
3Mientras siga viendo el mundo tal como lo veo ahora, no podré ser consciente de la verdad.
4Dejaré que se me abra la puerta que hay tras este mundo, para que pueda mirar más allá de él al mundo que refleja el Amor de Dios.
4. L-29 «Dios está en todo lo que veo».V
2Tras cada imagen que yo he concebido, la verdad permanece inalterable.
3Tras cada velo que he desplegado sobre el rostro del amor, su luz permanece intacta.
4Más allá de todos mis dementes deseos se encuentra mi voluntad unida a la Voluntad de mi Padre.
5Dios sigue estando en todas partes y en todas las cosas por siempre.
6Y nosotros, que somos parte de Él, miraremos más allá de todas las apariencias y reconoceremos la verdad que se encuentra tras todas ellas.
5. L-30 «Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente».VI
2En mi propia mente, tras todos mis descabellados pensamientos de separación y ataque, reside el conocimiento de que todo es uno por siempre.
3No he perdido el conocimiento de quién soy por haberlo olvidado.
4Ese conocimiento ha sido salvaguardado para mí en la Mente de Dios, Quien no ha abandonado a Sus Pensamientos.
5Y yo, que soy uno de Ellos, soy uno con Ellos y Uno con Él.
I Sentirse vulnerable, es decir, pensar que puedes perder o que se puede menoscabar algo que tiene un valor real para ti, socava los cimientos de la confianza, que es la característica fundamental de los maestros de Dios. No puedes perder nada real, porque todo lo real te fue dado por Dios para siempre, y eso no puede cambiar en toda la eternidad.
Sin embargo, es evidente que sí puedes estar confundido respecto a lo que eres y decirte a ti mismo otra cosa. De ahí que este Curso se resuma con el reconocimiento de que «Lo real no corre peligro». Recuerda que «solo tus propios pensamientos pueden afectarte», y tus pensamientos de ataque y condena —que son lo mismo— ciertamente ponen en peligro la idea que tienes de ti mismo en tu mente.
En realidad, tus ataques y condenas no pueden cambiar en absoluto tu verdadera condición de Hijo de Dios, pero sí afectan a tu identidad ficticia, que es todo lo que conoces mientras crees estar en el tiempo. El perdón, e incluso la oración tal como ahora la entiendes, sirven para sanar esa pequeña parte de tu santa mente en la que reside tu ego. Esa parte de tu mente es absolutamente real, pero lo que concibe no lo es.
El propósito de este Curso es precisamente sanar eso. La parte de tu mente donde mora el Espíritu Santo no necesita ninguna sanación.
II En Génesis 25:29-34 se narra la historia de Esaú, que entrega su herencia a cambio de un plato de lentejas.
En este caso, tu herencia es la «perfecta seguridad y la completa plenitud» del Cielo, de la que has intentado desprenderte a cambio del mundo que ahora contemplas.
III Esta es una declaración muy seria. Expresa la firme voluntad de anteponer la verdadera visión a todo a lo que otorgas valor en este mundo. Decir esto de corazón es la expresión de un anhelo profundo; es la verdadera «llamada espiritual». Con esto —como con todo— has de ser muy honesto.
La visión es algo que se le concede indefectiblemente a todo aquel que la desea de todo corazón, y en eso no hay excepciones. Si no ves verdaderamente el Amor de Dios subyacente en todo, es porque prefieres ver otra cosa. Tu falta de honestidad, tu resistencia a reconocer tus auténticas querencias, es lo que te lleva a atacar a este Curso, que es perfectamente honesto; tú no.
La honestidad es una característica básica de los maestros de Dios; de hecho, es la primera en el tiempo. Sin honestidad, no hay nada que hacer. Trabájala antes de nada y pregúntate a ti mismo si, de verdad, lo más importante para ti es la visión. Si no es así, probablemente lo mejor sea que te zambullas en el mundo e intentes alcanzar aquello que consideras más importante que ver. Pronto verás que fue un error, y comenzarás a entender la importancia de la visión para liberar tu mente del sufrimiento inevitable que encontrarás.
Siempre es mejor retroceder en tu camino con los ojos abiertos que avanzar con los ojos cerrados, engañándote a ti mismo. Pero eso no es necesario. En el fondo de tu corazón se encuentra un profundo anhelo por disfrutar de tu legítimo patrimonio. Persevera con humildad y confianza en encontrarlo, y no te será difícil, pues es lo que se halla detrás de todos tus deseos mundanos. Tú, en verdad, quieres eso, pero estás un poco confundido.
IV Esta es la idea que tiene que surgir en tu mente siempre que tu corazón te indique, con su malestar, que estás usando mal tu mente. Pides una nueva interpretación del sueño en el que estás inmerso porque la que tu ego te ha proporcionado te hace sufrir. Estás en tu perfecto derecho de hacer eso, y es lo que te conviene. Si no lo haces, lo que oirás a continuación será la propuesta del ego para «arreglar» esa situación, y eso, inevitablemente, te llevará al desastre… como siempre ha sido.
V Solo los inocentes, los que se saben sin pecado, pueden ver a Dios en todo. Los que se condenan a sí mismos tan solo ven sus propios «pecados» a su alrededor. No te condenes ni condenes; no merece la pena, te sienta mal y no sirve para otra cosa que para hacerte sufrir. Perdona, y verás a Dios.
VI Puedes tener la absoluta seguridad de que esto es así; el asunto es que has reservado una parte de tu mente solo para ti mismo. Lo que te ha llevado a eso es tu propio sentido de importancia personal. La idea que tienes de ti mismo no es importante, porque es absolutamente falsa; no la sostengas, apoyes ni defiendas. En el mismo instante en que abandones todo sentido de importancia personal, te volverás absolutamente inasequible al sufrimiento y disfrutarás de la seguridad y la paz de los verdaderamente humildes.
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LECCIÓN 55
El repaso de hoy incluye lo siguiente: L-21 a L-25 I
1. L-21 «Estoy decidido a ver las cosas de otra manera».II
2Lo que ahora veo no son sino signos de enfermedad, desastre y muerte.
3Esto no puede ser lo que Dios creó para Su amado Hijo.III
4El hecho mismo de que vea tales cosas demuestra que no entiendo lo que Dios es.
5Por tanto, tampoco entiendo lo que es Su Hijo.
6Lo que estoy viendo me confirma que no sé quién soy.IV
7Estoy decidido a ver los testigos de la verdad en mí en lugar de los que me muestran una ilusión de mí mismo.
2. L-22 «Lo que veo es una forma de venganza».V
2El mundo que veo no es precisamente la representación de pensamientos amorosos.
3Es una imagen en la que todo es atacado por todo.VI
4Es cualquier cosa menos un reflejo del Amor de Dios y del amor de Su Hijo.
5Son mis propios pensamientos de ataque los que dan lugar a esta imagen.
6Mis pensamientos amorosos me salvarán de esta percepción del mundo, y me darán la paz que Dios dispuso que yo tuviera.
3. L-23 «Puedo escapar del mundo si renuncio a mis pensamientos de ataque».
2En esto, y solo en esto, radica mi salvación.
3Sin pensamientos de ataque no podría ver un mundo de ataque.
4A medida que el perdón permita que el amor vuelva a mi conciencia, veré un mundo de paz, seguridad y dicha.VII
5Y esto es lo que elijo ver, en lugar de lo que contemplo ahora.
4. L-24 «No percibo lo que más me conviene».VIII
2¿Cómo voy a poder reconocer lo que más me conviene si no sé quién soy?
3Lo que yo creo que más me conviene simplemente me encadenaría aún más al mundo de las ilusiones.
4Estoy dispuesto a seguir al Guía que Dios me ha dado para descubrir qué es lo que más me conviene, pues reconozco que no puedo percibirlo por mí mismo.
5. L-25 «No sé para qué es nada».
2Para mí, el propósito de todas las cosas es demostrar que mis ilusiones acerca de mí mismo son reales.IX
3Con ese fin trato de utilizarlo todo y a todos.
4Yo creo que el mundo es para eso.
5Y esa es la razón por la que no reconozco su verdadero propósito.
6El propósito que yo le he atribuido al mundo me ha llevado a formarme una imagen aterradora de él.
7Que abra mi mente a su verdadero propósito retirando el que yo le he dado, y así aprender la verdad acerca del mundo.
I Las cinco ideas de los repasos pueden unirse para construir frases llenas de sentido, redactadas a tu gusto. Por ejemplo, hoy podrías decir: «Quiero verlo todo de manera diferente, porque es evidente que lo que veo ahora es una forma de venganza, pero estoy seguro de que puedo escapar de este mundo tan malvado que percibo simplemente renunciando a mis juicios de condena. También está clarísimo que nunca percibo lo que más me conviene, y esto debe ser así, porque, en verdad, no sé para qué es nada».
Formular las ideas de este Curso en tus propios términos, tal como tú las entiendes, es un recurso de aprendizaje muy poderoso; ayuda enormemente a hacerlas tuyas e incorporarlas a tu sistema de pensamiento. Este es un recurso que Jesús nos propone con frecuencia, y su efectividad radica en que, al hacerlo, en lugar de simplemente aprender el Curso, lo enseñas, aunque en este caso, a ti mismo. A lo largo del Curso se repite que enseñar y aprender son lo mismo, y que cuando enseñas una idea, la refuerzas en tu mente.
Conviene recordar que tus pensamientos están bajo la Guía de Cristo, pero no bajo su control. Esto significa que están única y exclusivamente bajo tu propio control. De hecho, solo tú controlas tu mente, y dado que aprender es cambiar la mente, solo tú puedes cambiar la tuya. Si lo ves con claridad, solo tú eres capaz de enseñarte a ti mismo. En definitiva, este Curso es un compendio de propuestas para cambiar tu manera de pensar.
Aunque el tercer volumen de esta obra se llama Manual para Maestros, en realidad, la totalidad del Curso es un verdadero manual para maestros; para ti, maestro de ti mismo. Por ello, todo esfuerzo que hagas tomando el contenido de este Curso y transformándolo, al ponerlo en tus propias palabras para ti mismo, elevará la calidad de tu aprendizaje y llevará la enseñanza a una nueva dimensión.
II Esta es la famosa frase que Bill le dijo a Helen y que dio lugar a la aparición de este Curso en el mundo.
Jesús encontró en las mentes de los escribas, unidas en un propósito compartido de salvación, el canal ideal para transmitir al mundo su verdadera enseñanza.
III Mateo 3:17 «Y he aquí una voz del Cielo que decía: “Este es mi amado Hijo, en quien me complazco”».
IV Veo lo que quiero ver, y «querer» es poner la voluntad en algo. Si existiera esa palabra en español, podríamos decir que «querer» es «voluntar». Y la voluntad es la función del alma responsable de crear, es decir, de extender la propia existencia. Por eso, cuando «creamos» en la ilusión, estamos proyectando la idea que tenemos acerca de nosotros mismos. De ahí que los que se creen inocentes extienden inocencia, y los que se sienten culpables proyectan su propia culpa y ven un mundo culpable.
V Proyecto afuera mi propia culpa y mis resentimientos. La mente, al no poder tolerar el peso de su propia culpa, la arroja hacia fuera, construyendo un mundo en el que esa culpa parece perseguirme. Esto es lo que el Curso llama la «venganza del mundo»: la proyección de mi propia maldad sobre todo lo que me rodea, que luego parece atacarme.
Es un ciclo cerrado: proyecto mi culpa y, al verla reflejada en el mundo, la percibo como una amenaza externa. Así justifico mi miedo y mi defensa, reforzando la creencia en un mundo hostil y peligroso. El mundo que veo no es, pues, más que un espejo de mis propios pensamientos de ataque. Por eso, tal como lo percibo, es «una imagen en la que todo es atacado por todo».
Este mecanismo de proyección es el mismo que ocurre en los sueños nocturnos. Al soñar, visualizo mis miedos y resentimientos, creyendo que me amenazan desde afuera, cuando en realidad son creaciones de mi propia mente. La diferencia es que, al despertar, reconozco que no eran reales, sino meras proyecciones de mi mente dormida.
De la misma manera, al practicar esta Lección, empiezo a despertar del sueño del mundo. Comienzo a darme cuenta de que la percepción de ataque y venganza no proviene del mundo en sí, sino de mis pensamientos de ataque proyectados afuera. Entonces comprendo que el problema no está en el mundo, sino en mi mente.
La solución, por lo tanto, no consiste en intentar cambiar el mundo o defenderme de sus aparentes ataques, sino en cambiar mis pensamientos. «Mis pensamientos amorosos me salvarán de esta percepción del mundo», porque al elegir pensamientos amorosos en lugar de pensamientos de ataque, proyecto amor en lugar de culpa.
Esto es lo que me permite experimentar la paz que Dios dispuso que tuviera. Al cambiar mi percepción, el mundo que veo deja de ser una amenaza y se convierte en un reflejo de mi propio amor. Así es como «lo que veo» deja de ser «una forma de venganza» y se convierte en un espejo del Amor de Dios y del amor de Su Hijo.
VI Porque antes me he atacado a mí mismo, definiéndome como culpable.
VII Mi perdón me hará ver un mundo perdonado: el mundo real, una ilusión que refleja el Amor de Dios a los ojos de una mente aún fragmentada.
VIII Lo que me conviene es lo que me merezco. El problema aquí es que Dios y yo tenemos ideas diferentes respecto a eso.
IX «No sé para qué es nada». Esta afirmación revela la raíz de mi ignorancia: he asignado significado y propósito a todo lo que veo para sostener mi identidad separada y falsa. Lo he hecho sin cuestionarlo, creyendo que el mundo está aquí para confirmar mis ilusiones acerca de mí mismo.
Mi propósito inconsciente es utilizarlo todo y a todos para demostrar que mi identidad como un «yo» separado es real. Así justifico mi existencia personal, reforzando mis creencias sobre lo que soy y cómo debería ser el mundo para mantener ese sentido de identidad. Todo y todos se convierten en medios para un fin: confirmar que mi visión de mí mismo y del mundo es correcta.
Este uso egocéntrico de todo lo que veo me lleva a percibir el mundo como una amenaza constante. ¿Por qué? Porque, al proyectar mi culpa y mi miedo, veo un mundo que parece conspirar contra mí, que parece atacarme y desafiar mi identidad constantemente. Así construyo una imagen aterradora del mundo, llena de competencia, conflicto, pérdida y muerte.
El propósito que le he dado al mundo es, por lo tanto, mantener mi sentido de separación. He decidido inconscientemente que el mundo está aquí para demostrarme que estoy solo, vulnerable y necesitado de defensa. Esto me obliga a vivir en un estado constante de alerta, viendo amenazas por todas partes.
Sin embargo, el mundo no tiene un propósito inherente; todo propósito que le atribuyo proviene de mi mente. Esta es una de las enseñanzas más liberadoras de Un Curso de Milagros: el propósito no está en las cosas, sino en la mente que las percibe. Al darme cuenta de esto, puedo elegir dejar de lado el propósito que he proyectado sobre el mundo.
«Que abra mi mente a su verdadero propósito retirando el que yo le he dado». Esta línea revela el camino hacia la libertad. Solo cuando dejo de proyectar mis propios propósitos sobre el mundo, puedo aprender la verdad acerca de él. Solo entonces puedo permitir que el Espíritu Santo me muestre el verdadero propósito de todas las cosas: reflejar el Amor de Dios.
La función del mundo, según Un Curso de Milagros, es ser un aula de aprendizaje. No está aquí para confirmar mis ilusiones ni para atacar mi identidad. Está aquí para que pueda aprender a ver de manera diferente, para aprender a perdonar, para aprender a amar. Al retirar el propósito que le he dado, permito que se me muestre su verdadero propósito, y al hacerlo, transformo mi percepción del miedo al amor.
Este cambio de propósito es el milagro que el Curso ofrece. Al dejar de usar el mundo para confirmar mi identidad separada y permitir que se convierta en un aula de perdón y amor, comienzo a recordar quién soy en realidad. Entonces el mundo deja de ser una prisión para convertirse en un puente hacia la paz de Dios.
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LECCIÓN 54
Estas son las ideas de repaso para hoy: L-16 a L-20
1. L-16 «No tengo pensamientos neutros».
2Es imposible tener pensamientos neutros porque todos los pensamientos tienen poder.
3Mis pensamientos, o bien construyen un mundo falso, o bien me conducen al mundo real.
4Pero los pensamientos no pueden dejar de tener efectos.I
5Tal como el mundo que veo surge de los errores de mi manera de pensar, igualmente el mundo real se alzará ante mis ojos cuando permita que mis errores sean corregidos.
6Mis pensamientos no pueden ser a la vez verdaderos y falsos.
7Deben ser una cosa o la otra.
8Lo que veo me muestra cómo son.
2. L-17 «No veo cosas neutras».II
2Lo que veo da testimonio de lo que pienso.
3Si no pensara, no existiría, pues la vida es pensamiento.III
4Que contemple el mundo que veo como la representación de mi propio estado mental.IV
5Sé que mi estado mental puede cambiar.
6Y por eso sé que el mundo que veo puede igualmente cambiar.V
3. L-18 «No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver».VI
2Si no tengo pensamientos privados, no puedo ver un mundo privado.
3Incluso la descabellada idea de la separación tuvo que ser compartida antes de que pudiera constituir la base del mundo que veo.
4Mas eso fue compartir lo que no es nada.VII
5Puedo invocar también mis Pensamientos reales, que comparten todo con todos.VIII
6Tal como mis pensamientos de separación apelan a pensamientos de separación en otros, igualmente mis Pensamientos reales despiertan Pensamientos reales en ellos.
7Y el mundo que mis Pensamientos reales me muestran despuntará ante su vista al igual que ante la mía.
4. L-19 «No soy el único que experimenta los efectos de mis pensamientos».
2No soy el único en nada.IX
3Todo lo que pienso, digo o hago afecta a todo el universo.X
4Un Hijo de Dios no puede pensar, hablar o actuar en vano.
5No puede ser el único en nada.
6Por lo tanto, tengo el poder de cambiar todas las mentes junto con la mía, pues mío es el Poder de Dios.
5. L-20 «Estoy decidido a ver».
2Reconociendo la naturaleza compartida de mis pensamientos, estoy decidido a ver.XI
3Quiero contemplar los testigos que me muestran que la manera de pensar del mundo ha cambiado.
4Quiero contemplar la prueba de que lo que ha ocurrido a través de mí ha permitido que el amor reemplace al miedo, la risa al llanto y la abundancia a la pérdida.
5Quiero contemplar el mundo real, y dejar que me enseñe que mi voluntad y la Voluntad de Dios son una.XII
I El efecto de un pensamiento es el contenido de ese pensamiento; la idea que expresa.
Contenido, causa y efecto son simultáneos y lo mismo.
Los pensamientos no pueden dejar de tener efectos porque son la expresión de la voluntad que los sustenta. Tú tienes los pensamientos que quieres tener porque tu voluntad es la causa de todo lo que percibes.
La cuestión aquí es: ¿cuál es tu voluntad, Hijo de Dios?
Recuerda, aun más que un Curso sobre el perdón, este es un Curso sobre la voluntad.
II No veo cosas neutras porque la voluntad nunca es neutra; siempre es positiva y asertiva.
Manifiesta aquello que quiere manifestar.
III Esto es una referencia al famoso principio de Descartes: «Pienso, luego existo», solo que aquí se formula en negativo: «Si no pensara, no existiría».
Jesús comenta que esto tuvo un efecto positivo en Descartes: «Ya no cuestionó realmente la realidad de lo que percibía, porque CONOCÍA que él estaba allí» (T-3.XI.11:6).
«La vida es pensamiento». Esta idea es muy difícil de captar porque es muy simple. No se puede comprender, pero sí se puede conocer y experimentar.
Vivir es pensar; pensar es vivir. No hay vida sin pensamiento, pues sin pensamiento no hay realidad; no hay nada.
Y esto no lo entiende la mente que cree en lo físico, si bien, a estas alturas, tú ya has aprendido que todo eso que llamas «físico» no es otra cosa que haber conferido atributos «no ideales» a una idea que está en la propia mente.
Lo «físico», lo «material», no existe aparte de la mente que lo concibe, y la mente particular no ha podido concebirlo, pues ella no deja de ser también una idea en la mente confundida del Hijo de Dios.
Ser, Existir, Dios, Vida… es todo lo mismo: una idea.
Esta idea se puede considerar desde diferentes perspectivas e interpretar como diferentes aspectos, pero, desde un punto de vista estrictamente ontológico, todo Ello es lo mismo, y la negación de esa idea es la no existencia, lo que no existe.
IV Esta otra idea, sin embargo, es plenamente funcional.
El mundo está en mi mente y es de mi propia factura, pero el ego siempre elude asumir esa responsabilidad.
No obstante, asumirla confiere a la mente el poder natural del milagro: el poder de transformar la ilusión para que refleje el Amor de Dios subyacente en todo lo que existe.
La mente todo lo puede porque la mente es todo lo que hay, lo único que existe.
V Recuerda: percibir es proyectar, así que verás aquello que quieras ver.
Entender y ejercer este principio exige una honestidad radical.
VI No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver porque esos «otros» que creo ver también son la expresión de mi voluntad, y los veo como los veo porque quiero verlos así.
VII Compartir una idea que no tiene un contenido real no es un verdadero compartir, y es lo que da pie a la noción de que los pensamientos son privados y las mentes son particulares.
No es cierto, pero sí lo puede creer aquella parte de la mente que lo considera cierto.
No se puede compartir una idea que no tiene contenido y, en consecuencia, no tiene causa y carece de efectos reales.
Ese tipo de idea solo puede operar en el ámbito de la ilusión.
VIII Mis Pensamientos reales, o verdaderos, son los que comparto con Dios y con todas las Almas que conforman el Cuerpo Crístico. Esos Pensamientos son las Creaciones del Hijo de Dios y son semejantes al Hijo y al Padre.
Sin embargo, esta idea, entendida en el ámbito del mundo ilusorio, significa que solo los pensamientos amorosos se pueden compartir de manera efectiva, porque solo el amor es real.
Por otra parte, mis pensamientos ilusorios, carentes de amor, no se pueden compartir, pero sí se pueden «contagiar». En ese caso, no se comparte nada, aunque se puede albergar la ilusión de que así ha sido.
Las mentes particulares pueden albergar ilusiones privadas similares, pero siempre serán interpretaciones propias, diferentes y exclusivas. Parecerá que estoy comunicando algo cuando lo hago, pero, en realidad, solo estoy suscitando en ese aparente otro las mismas ausencias que yo experimento, aunque, en este caso, son las suyas propias.
Por eso, en la siguiente línea se usa la palabra «apelan».
IX Esta línea en inglés, «I am alone in nothing», también se puede traducir como «Jamás estoy solo», y eso es cierto, pues, en verdad, no me he separado de Dios ni de nada.
X No solo «afecta», sino que «conforma» el universo en el que creo vivir.
Ya se ha visto eso en la cuarta línea del segundo párrafo.
XI Es decir, quiero ver la Realidad que tengo ante mí, la expresión del Amor de Dios subyacente a este sueño de miedo que ahora creo contemplar. No quiero imaginar las ausencias de amor que la voz del ego suscita en mí. Ver es Conocer, y es Ser y Amar. El hecho de compartir una sola mente es lo que hace posible la visión verdadera, el conocimiento de lo real, el amor que compartimos.
XII Estas cinco Lecciones de hoy son una invitación a vigilar nuestra mente y estar atentos a lo que pensamos, ya que son nuestros pensamientos los que dan forma a la realidad que percibimos y a la imagen que tenemos de nosotros mismos. Sin embargo, esta tarea no es agotadora; todo lo contrario, es una práctica energizante, porque te libera de aferrarte a una visión limitada y deprimente de la realidad. Lo que realmente agota es prestar atención a los cansinos y repetitivos pensamientos del ego.
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LECCIÓN 53
Hoy repasaremos lo siguiente: L-11 a L-15
1. L-11 «Mis pensamientos sin significado me están mostrando un mundo sin significado».
2Debido a que los pensamientos de los que soy consciente no significan nada, el mundo que me muestran tampoco puede tener ningún significado.I
3Lo que está dando lugar a este mundo es una locura, y así es el mundo que produce.II
4La realidad no es una locura, y yo tengo tanto Pensamientos reales como dementes.III
5Por lo tanto, puedo ver un mundo real si recurro a mis Pensamientos reales como guía para ver.IV
2. L-12 «Estoy disgustado porque veo un mundo que no significa nada».V
2Los pensamientos dementes son perturbadores, y producen un mundo en el que no hay orden en ninguna parte.
3Solo el caos gobierna un mundo que representa una manera caótica de pensar, y el caos no tiene leyes.
4Yo no puedo vivir en paz en un mundo así.
5Estoy agradecido de que este mundo no sea real y de que no necesite verlo en absoluto, a menos que elija otorgarle valor.VI
6Y yo elijo no darle valor a lo que es totalmente demencial y no tiene ningún significado.
3. L-13 «Un mundo sin significado engendra temor».
2Lo que es totalmente demente engendra temor, porque es del todo imprevisible y no inspira ninguna confianza.VII
3En la locura, nada es fiable.
4No ofrece ninguna seguridad ni ninguna esperanza.
5Mas un mundo así no es real.
6Yo le he otorgado la ilusión de realidad, y he sufrido por haber creído en él.
7Elijo ahora dejar de creer en él y depositar mi confianza en la realidad.VIII
8Al elegir esto, escaparé de todos los efectos de un mundo temible, porque estoy reconociendo que ese mundo no existe.
4. L-14 «Dios no creó un mundo sin significado».IX
2¿Cómo va a existir un mundo sin significado si Dios no lo creó?
3Él es la Fuente de todo significado, y todo lo que es real está en Su Mente.
4También está en mi mente, porque Él lo creó conmigo.
5¿Por qué he de seguir sufriendo los efectos de mis propios pensamientos dementes, cuando mi hogar es la perfección de la Creación? X
6Que recuerde el poder de mi decisión, y reconozca dónde habito realmente.
5. L-15 «Mis pensamientos son imágenes que yo mismo he fabricado».
2Todo lo que veo refleja mis pensamientos.XI
3Son mis pensamientos los que me dicen dónde estoy y qué soy.
4El hecho de que vea un mundo en el que hay sufrimiento, pérdida y muerte me demuestra que solo estoy viendo la representación de mis propios pensamientos dementes, y que no estoy permitiendo que mis Pensamientos reales proyecten su benéfica luz sobre lo que veo.XII
5Mas el camino de Dios es seguro.
6Las imágenes que yo mismo he fabricado no pueden prevalecer contra Él, porque no es mi voluntad que lo hagan.XIII
7Mi voluntad es la Suya, y no antepondré otros dioses a Él.XIV
I Para comprender esto, es clave recordar que percibir es proyectar. Lo único que veo, a lo que llamo «mundo», no son más que mis propios pensamientos proyectados sobre la pantalla de la conciencia. Y dado que esos pensamientos, en realidad, no tienen significado, lo que creo ver —el mundo— tampoco lo tiene. Esa es la verdad. Sin embargo, si soy honesto conmigo mismo, debo admitir que mi mente no funciona así en la práctica. Para mí, el mundo está lleno de significado, y aunque estoy dispuesto a reconocer —con gran esfuerzo— que soy yo quien ha puesto esos significados, el mundo en el que vivo sigue pareciéndome profundamente significativo.
Piensa en esto: vas en el autobús, de pie, leyendo en tu móvil la Lección del día de este bendito Curso, que resulta ser la Lección 11: «Mis pensamientos sin significado me están mostrando un mundo sin significado». Crees entenderla y estás dispuesto a aceptar que lo que dice es verdad. Pero entonces, alguien te empuja, se te cae el teléfono al suelo y, de repente, te llenas de ira. Cinco segundos antes, habías asumido que el mundo no significa nada, y sin embargo, un pequeño incidente basta para que tu viejo sistema de pensamiento se active al instante, reconociendo implícitamente que, en realidad, hasta la más mínima nimiedad tiene una enorme importancia para ti.
Por eso, al practicar estas Lecciones, es fundamental ser honesto y realista. Comprende y acepta la enorme distancia que existe entre conocer el enunciado de la verdad y asumirla plenamente. Esa distancia se llama aprendizaje, y como todo proceso, requiere tiempo, paciencia, confianza y una determinación inquebrantable.
Tu principal desafío con este Curso no es entender lo que dice, ni siquiera reconocerlo como cierto, sino encontrar la motivación para aplicarlo en todo momento y en toda circunstancia. Pero recuerda esto: solo los logros construyen certeza, y esa certeza es esencial para consolidar tu aprendizaje.
II Mis pensamientos dementes, que lo son porque están generados sin amor, dan lugar a un mundo demencial, igualmente desprovisto de amor.
Lo contrario también es cierto: mis pensamientos amorosos me harán ver un mundo lleno de amor. Mis pensamientos son la causa, y el mundo es el efecto.
III La Realidad son los Pensamientos que pienso con Dios, mis Creaciones.
IV Cuando recurro a mis Pensamientos reales para interpretar la realidad, solo veo amor, belleza y paz, que es lo que he creado con Dios.
V Me perturba profundamente ver un mundo que no tiene ningún significado porque eso está en absoluto desacuerdo con mi verdadera identidad como Hijo de Dios, que es puro significado, amor y paz infinita.
VI Darle valor al mundo que contemplo es lo que lo hace real, pero solo para mí mismo, pues, en sí, ese mundo que veo no tiene ninguna realidad; es solo fruto de mi imaginación.
Lo he inventado yo, el Hijo de Dios, del mismo modo que he inventado una personalidad espuria para mí mismo.
VII La falta de significado es lo opuesto al conocimiento, al igual que el miedo es lo opuesto al amor.
VIII Esto es lo mismo que decir que, de ahora en adelante, elijo únicamente pensar los Pensamientos que comparto con Dios, y sabré distinguirlos de los otros porque me inspiran paz, amor y seguridad.
IX Solo un dios demente podría haber creado un mundo que no significa nada, pero eso ni siquiera sería posible, porque eso no sería crear, sino creer; fabricar ilusiones.
Así opera la parte de la mente del Hijo de Dios que cree haberse separado de su Padre; ese es su dios demente en una ecuación imposible.
X Desde luego, eso no tiene ningún sentido y sería una locura; no obstante, así es como piensan quienes se aferran obstinadamente a sus falsas identidades, separadas e independientes de la realidad de Dios: las personas que han venido a morar en un mundo demente.
XI Mis pensamientos conforman ese diálogo interno incesante con el que me cuento a mí mismo una historia fantástica de carencias, pecados, culpas, rencores, deseos y venganzas.
Si bien, de vez en cuando, también se cuela entre ellos algún pensamiento amoroso, y entonces respiro aliviado.
XII Sin embargo, en esa situación desesperada, a veces despunta algún pensamiento de perdón; en algunas ocasiones contemplo a mis hermanos con ternura y misericordia, y entonces mi corazón da un brinco de alegría: la luz ha llegado y el mundo refleja tímidamente el Amor de Dios.
No me hace falta más guía que esa para saber que, en esos momentos, me encuentro en mi Mente Correcta; la locura se ha disipado y ahora puedo ver verdaderamente.
¿Qué otra guía que esa necesito?
XIII Mateo 16:18 «Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y los poderes del infierno no prevalecerán contra ella».
XIV Éxodo 20:3 «No antepondrás a otros dioses a Mí».
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LECCIÓN 52
El repaso de hoy abarca estas ideas: L-6 a L-10
1.L-6 «Estoy disgustado porque veo lo que no está ahí».I
2La realidad nunca da miedo.II
3Es imposible que me disguste.
4La realidad brinda solo perfecta paz.
5Cuando estoy disgustado es siempre porque he reemplazado la realidad por ilusiones que yo he imaginado.
6Las ilusiones son perturbadoras porque yo les he otorgado realidad; por ello, contemplo la realidad como una ilusión.
7Nada en la Creación de Dios se ve afectado en modo alguno por esta confusión mía.
8Siempre estoy disgustado por algo que no es nada.III
2.L-7 «Solo veo el pasado».IV
2Cuando miro a mi alrededor, condeno el mundo que contemplo.
3Y a eso le llamo ver.
4Uso el pasado en contra de todos y de todo, y así es como los convierto en mis «enemigos».
5Cuando me haya perdonado a mí mismo y recuerde quién soy, bendeciré a todos y a todo lo que vea.
6No habrá pasado, y, por lo tanto, tampoco «enemigos».
7Y contemplaré con Dios todo aquello que antes era incapaz de ver.
3.L-8 «Mi mente está absorta en pensamientos del pasado».V
2Solo veo mis propios pensamientos y mi mente está absorta en el pasado.
3¿Qué puedo ver, entonces, tal como es?
4Permite que recuerde que contemplo el pasado para evitar que el presente aflore en mi mente.VI
5Que comprenda que estoy tratando de usar el tiempo en contra de Dios.VII
6Que aprenda a desprenderme del pasado, dándome cuenta de que al hacerlo estoy renunciando a lo que no es nada.
4.L-9 «No veo nada tal como es ahora».VIII
2Si no veo nada tal como es ahora, verdaderamente se puede decir que no veo nada.
3Solamente puedo ver lo que está aquí ahora.
4La elección no es entre ver el pasado o el presente; es, simplemente, entre ver o no ver.
5Lo que he elegido ver me ha costado la visión.
6Ahora quiero elegir de nuevo, para poder ver.
5.L-10 «Mis pensamientos no significan nada».IX
2Yo no tengo pensamientos privados.
3Sin embargo, solo soy consciente de mis pensamientos privados.
4¿Qué pueden significar esos pensamientos?
5No existen; luego, no significan nada.
6Pero mi mente es parte de la Creación y parte de su Creador.
7¿No sería preferible que me uniera al pensamiento del universo, en vez de ensombrecer todo lo que realmente es mío con mis lamentables pensamientos «privados» que no significan nada?
I Veo «lo que no está ahí» porque, en verdad, solo me relaciono con mis propias interpretaciones, las historias que me cuento a mí mismo, que no están en otro lugar que en mi mente, pues, al ser ideas, nunca han abandonado la fuente de la que provinieron. Ahí fuera no hay nada, porque no hay nada fuera de mi mente, ya que mi mente, que es la de Dios, es todo lo que existe. Lo que me disgusta no es nada que esté ahí «fuera», sino la historia que me acabo de contar, que es la historia de un disgusto.
II Eso todavía no lo sé, porque no recuerdo lo que es «la Realidad», y esto se debe a que la he olvidado al sustituirla por la voz del ego, eso a lo que he llamado «mis pensamientos». Ahora mi mente se encuentra en una especie de estado «hipnótico», contemplando imágenes que estoy proyectando en la pantalla de la conciencia. Algo parecido a ver una película en el cine.
La Realidad es la Existencia, una abstracción perfecta que podemos interpretar en sus tres aspectos de Amor, Verdad y Poder, la tríada divina. Existir es una condición absolutamente satisfactoria que no inspira miedo, sino certeza, amor y poder en modo infinito.
III No es nada porque es una ilusión que no tiene entidad en sí misma; es el símbolo de una idea imposible: la noción de ser una entidad individual separada de Dios. Y eso que digo ver no es más que la «historia» que me estoy contando a mí mismo.
IV «Solo veo el pasado» porque mi mente solo se relaciona con significados que otorgué en el pasado, y las formas que creo ver son símbolos de esos significados antiguos. Es exactamente lo mismo que ocurre en los sueños nocturnos, donde todo lo que veo no son más que formulaciones de significados que yo mismo atribuí en el pasado.
V El original en inglés de la Lección 8 es: «My mind is preoccupied with past thoughts». El verbo «preocuparse» es muy peculiar, pues pre-ocuparse es ocuparse de algo antes de ocuparse de ello, lo cual es absurdo. Es un concepto que hace referencia al estado mental anterior a tomar la decisión de actuar.
Que la mente esté absorta en esa «pre-ocupación» implica la conciencia de que algo debe ser cambiado porque está «mal», o al menos podría estar «mejor». La percepción de esa necesidad de cambiar algo siempre conlleva un cierto desasosiego e incomodidad —la motivación— que puede llegar a ser muy aguda.
En verdad, pre-ocuparse no es otra cosa que sufrir al contemplar con miedo e impotencia una demanda de respuesta de la vida que excede aquello de lo que te consideras capaz.
VI Es importante entender que la mente no puede manejar dos cosas simultáneamente: o se ocupa del pasado, o se ocupa del presente. Hay que elegir entre esas dos únicas opciones.
Tienes la tendencia a elegir el pasado porque ahí es donde se encuentran el pecado y la culpa, y tratar con ellos es el perverso placer del ego. En la inocencia del presente, el ego se disuelve. La culpa es lo que garantiza la continuidad del ego.
La inocencia del presente es el precio que pagas por ensimismarte en el pasado.
VII El tiempo, en sus aspectos imaginarios de pasado y futuro, es el gesto que hace la mente para separarse de conceptos a los que se niega a sí misma el acceso.
Dios es real y solo existe en el aspecto real del tiempo: el presente.
VIII Las características fundamentales del presente son la inocencia y la paz; la perfecta ausencia de culpa y de amenaza.
El presente es siempre perfectamente satisfactorio. Si no lo es, es síntoma indudable de que estás contemplando el pasado o previendo el futuro, los aspectos inexistentes del tiempo.
IX De nuevo se repite la idea de la Lección 4. Se trata de una idea crucial en el paradigma de este Curso. Tal es su importancia que es imposible ser demasiado consciente de ella, pues se olvida constantemente.
Date cuenta de que la mente fue creada para contemplar la verdad; por eso, considera cierta cualquier cosa que aparezca ante ella, no importa si es realidad o ilusión. La mente siempre tiende a considerar veraz aquello que contempla; de ahí que perdonar sea el deshacimiento de ese impulso mental.
Perdonar, en el fondo, es deshacer un error comprensible, pues la mente ha de lidiar con formas extrañas e impropias que surgen de una idea primordial absolutamente falsa: que estás separado de Dios. Una vez que tu mente ha aceptado ese error monumental, es inevitable que de él surjan fantasmas, y tu pobre mente, acostumbrada a la verdad, inevitablemente se engaña con esos engendros de la locura.
Así que, siempre que algo te perturbe, recuerda que el pensamiento que ha motivado ese malestar —la voz del ego en ti— realmente no significa nada. Perdónalo, no lo tengas en cuenta y contempla el presente con el amor que se merece.
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PRIMER REPASO y LECCIÓN 51
Introducción
1. Hoy comenzaremos una serie de sesiones de repaso.I
2Cada una de ellas abarcará cinco de las ideas ya presentadas, comenzando por la primera y terminando con la quincuagésima.
3A cada idea le sigue un breve comentario que debes tener en cuenta al repasarla.
4Los ejercicios deben practicarse de la siguiente manera:
2. Comienza el día leyendo las cinco ideas y los comentarios.
2Después, no es necesario seguir ningún orden concreto al considerarlas, aunque cada una debe practicarse al menos una vez.
3Dedica dos minutos o más en cada periodo de práctica a pensar en la idea y en los comentarios correspondientes.
4Hazlo con la mayor frecuencia posible durante el día.
5Si alguna de las cinco ideas te atrae más que las otras, concéntrate en ella.
6Pero asegúrate de repasarlas todas una vez más al final del día.
3. No es necesario abordar los comentarios de forma literal o exhaustiva en los periodos de práctica.
2Trata, más bien, de destacar el punto central de cada idea y piensa en él.II
3Estos ejercicios de repaso deben hacerse con los ojos cerrados y, si es posible, cuando estés solo en un lugar tranquilo.
4. Esto es especialmente importante para los repasos en tu actual estadio de aprendizaje.
2Sin embargo, es importante que aprendas a no necesitar ningún entorno especial para aplicar lo que has aprendido.
3De hecho, necesitarás aún más aplicar lo que has aprendido en situaciones que te parezcan perturbadoras que en aquellas que parezcan tranquilas y apacibles.
4El propósito de tu aprendizaje es permitirte llevar la quietud contigo dondequiera que vayas y sanar la angustia y la agitación.
5Esto no se consigue eludiendo las situaciones complicadas ni buscando un refugio para aislarte.
5. Aprenderás que la paz forma parte de ti y que solo se requiere que tú estés presente para que tu paz envuelva cualquier situación en la que te encuentres.
2Finalmente, aprenderás que no importa en absoluto dónde te encuentres para ver tu paz reflejada en todo, tal como está en ti.III
6. Observarás que, en el repaso, las ideas no siempre se presentan en la forma original en que fueron enunciadas.
2Utilízalas como se dan ahora.
3No es necesario que vuelvas a las formulaciones originales ni que apliques las ideas como se sugirió entonces.
4Ahora hacemos hincapié en la manera en que se relacionan entre sí estas primeras cincuenta ideas que hemos considerado y en la consistencia del sistema de pensamiento al que te conducen.
I Fíjate en la pedagogía que está aplicando Jesús en este Libro de Ejercicios. En primer lugar, la repetición. Cuando se presenta por primera vez la idea a practicar durante el día, te pide que la repitas, trayéndola a tu mente con una determinada frecuencia a lo largo del día. La razón de esto es que, en sentido figurado, para que un determinado estímulo se convierta en una respuesta específica, en un comportamiento o interpretación concreta, debe recorrer un determinado camino a través de la jungla impenetrable de tu mente. Por eso, es necesario abrir un sendero entre esos dos puntos y mantenerlo abierto, accesible y conocido recorriéndolo muchas veces. De esta manera, transitar a través de él se vuelve fácil y familiar.
Ahora, con este repaso, volvemos a transitar de nuevo a través de ese sendero por el que no habíamos pasado en varias semanas, y así nos aseguramos de que conocemos bien el trayecto. Pero en esta ocasión el recorrido lo hacemos de manera algo diferente. Ahora Jesús añade un nuevo recurso: utilizamos diferentes vehículos para transitarlo, usamos palabras levemente diferentes e, incluso, nos anima a que usemos las que se nos ocurran a nosotros. Así aprendemos que la formulación de la idea no es una especie de conjuro mágico, sino que lo que realmente importa es el concepto que las palabras transmiten. Así aprendemos a distinguir entre forma y contenido.
II Quizás esto sea lo más importante del ejercicio: trata de comprender la esencia de lo que Jesús intenta transmitirte con cada idea. Intenta expresarlo con tus propias palabras o, mejor aún, intenta llegar al concepto en cuestión sin que cruce ninguna palabra por tu mente; intenta llegar a la esencia de la idea a través de un sentimiento. Si eres capaz de comprender la idea sin palabras, es que la has comprendido de verdad.
A partir de ahí, no trates la idea como una declaración o una formulación; quédate con la pura comprensión y entiende que esa comprensión es la verdad. Esta es la manera más efectiva de incorporarla a tu sistema de pensamiento como algo funcional.
Entiende que un sistema de pensamiento no es un conjunto de ideas que deben ser necesariamente formuladas de una determinada manera. Es cierto que se puede describir de esa manera, pero también de muchas otras.
Un sistema de pensamiento, en sí mismo, es una «posición» específica de la mente, un paradigma mental; es una manera de usar la mente o, más bien, la manera en que tu mente afronta lo que percibe o concibe.
III Ten muy en cuenta estas últimas líneas. Recuerda que este es un Curso de entrenamiento mental. En realidad, es un entrenamiento para la parte «inferior» de tu mente; la otra parte no necesita ningún entrenamiento, pues es la morada del Espíritu Santo y funciona perfectamente en la eternidad. Lo que estás haciendo ahora es simplemente limpiar y ordenar la casa en la que habita el ego, aunque quizás sería más apropiado decir que lo que estás haciendo con estas prácticas es expulsar al ego de esa parte de tu santa mente en la que se había instalado de manera desvergonzada. No tiene ningún derecho a estar ahí. Simplemente te estás deshaciendo de un inquilino extraordinariamente molesto y perturbador.
También puedes interpretar la situación de una manera aún más apropiada. Entiende que el ego, en realidad, no existe; no es nadie ni es nada, solo es una mala manera de usar tu mente. En este Curso se usa el término «ego» con un propósito puramente didáctico y como un recurso de aprendizaje, pero el ego no tiene ninguna entidad en absoluto. Por eso, cuando leas que se habla de «mentalidad incorrecta», en realidad se está haciendo referencia al ego: la manera incorrecta de usar tu santa mente. Lo que ocurre es que, por ahora, es la única que conoces; la otra manera casi no la recuerdas en absoluto, pero ciertamente la añoras.
En este proceso de «limpiar y ordenar» tu casa, es fundamental que uses los recursos que se te proponen con la mayor frecuencia posible y, sobre todo, siempre que te enfrentes a una situación perturbadora, un problema o un disgusto. Recuerda la introducción del Capítulo 30: «Estos pasos no son algo nuevo para ti, pero aún no son más que ideas, y no las normas que rigen tu manera de pensar. Por lo tanto, tenemos que practicarlas por un tiempo hasta que se conviertan en las reglas que gobiernen tu vida. Lo que andamos buscando es que esas reglas se conviertan en hábitos y las tengas a tu disposición para CUALQUIER necesidad» (T-30.I.1:6-8).
LECCIÓN 51
El repaso de hoy abarca las siguientes ideas: L-1 a L-5 I
1. L-1 «Nada de lo que veo significa nada».
2La razón de que esto sea así es que veo lo que no es nada, y lo que no es nada no tiene ningún significado.II
3Es necesario que reconozca esto para poder aprender a ver.
4Lo que creo estar viendo ahora ocupa el lugar de la visión.
5Debo abandonarlo al darme cuenta de que no significa nada, para que así la visión ocupe su lugar.
2.L-2 «Yo soy quien le ha dado significado a todo lo que veo».III
2He juzgado todo lo que contemplo.
3Y es eso y solo eso lo que veo.
4Eso no es ver.
5Es simplemente una ilusión de realidad, porque he hecho mis juicios totalmente al margen de la realidad.
6Estoy dispuesto a reconocer la falta de validez de mis juicios porque quiero ver.
7Mis juicios me han hecho daño, y no quiero seguir viendo a través de ellos.
3.L-3 «No entiendo nada de lo que veo».
2¿Cómo voy a poder entender lo que veo si lo he juzgado erróneamente?
3Lo que veo es la proyección de mis propios errores de pensamiento.
4No comprendo lo que veo porque no es comprensible.IV
5No tiene sentido tratar de entenderlo.
6Sin embargo, está totalmente justificado abandonarlo para dejar espacio a lo que sí se puede ver, entender y amar.V
7Puedo cambiar lo que ahora veo por eso, simplemente estando dispuesto a hacerlo.
8¿No es acaso esta una elección mejor que la que antes hice?
4.L-4 «Estos pensamientos no significan nada».VI
2Los pensamientos de los que soy consciente no significan nada porque estoy tratando de pensar sin Dios.
3Lo que yo llamo «mis» pensamientos no son mis Pensamientos reales.VII
4Mis Pensamientos reales son los Pensamientos que pienso con Dios.
5No soy consciente de ellos porque he permitido que «mis» propios pensamientos ocupen su lugar.
6Estoy dispuesto a reconocer que «mis» pensamientos no significan nada y a abandonarlos.
7Elijo reemplazarlos por aquello que ellos pretendían sustituir.
8«Mis» propios pensamientos no significan nada, pero toda creación reside en los Pensamientos que pienso con Dios.VIII
5.L-5 «Nunca estoy disgustado por la razón que creo».
2Nunca estoy disgustado por la razón que creo porque estoy constantemente tratando de justificar «mis» propios pensamientos.
3Estoy constantemente intentando hacer que sean verdad.
4Hago de todas las cosas mis «enemigos» para justificar así mi ira y mis ataques.IX
5No me he dado cuenta de hasta qué punto he hecho un mal uso de todo lo que veo al asignarle ese papel a mis propios pensamientos.
6Lo he hecho para defender un sistema de pensamiento que me ha hecho daño y que ya no quiero.
7Estoy dispuesto a abandonarlo.
I Helen era una editora algo maniática y le disgustaba la idea de repetir los subtítulos de las Lecciones de repaso. Por eso, Jesús le ofreció una formulación distinta para cada uno.
II Esta línea explica muy bien lo que está ocurriendo en tu mente. Nada de lo que ves significa nada porque, en realidad, no estás viendo absolutamente nada; solo estás proyectando imágenes en la pantalla de tu conciencia, y a eso lo llamas «ver». Lo que crees ver no es más que una ilusión, solo que tu mente ha etiquetado como «algo» o «cosas» lo que ha concebido. También les ha puesto las etiquetas de «exterior a mí» y «realidad». Y, para completar, les ha adscrito una etiqueta aún más larga que describe su función: «para qué sirve» esa cosa.
Lo que aparece en todas esas etiquetas no es exactamente «falso», sino más bien «ficticio», de carácter completamente caprichoso y arbitrario. De todas las etiquetas, la que más daño te hace es la que dice «real», porque es precisamente la que te tiene totalmente confundido y la que más te perjudica. Si no hubieras puesto esa etiqueta, nada podría afectarte o perturbarte, y comprenderías que todo es fruto de tu fecunda imaginación, de tu capacidad para crear mundos imaginarios; una especie de producción artística.
III Esto debería resultar evidente, incluso para ti, que estás comenzando a estudiar este Curso. Seguramente te das cuenta de que interpretas el momento presente de manera muy diferente a la persona que tienes a tu lado, aún más distinta que el perro que te acompaña y, ni hablar, de la hormiga que acabas de pisar, por poner un ejemplo. En realidad, no te relacionas con otra cosa que con tus propias interpretaciones de lo que percibes.
Es más, lo que percibes ni siquiera está «fuera» de ti; está en tu mente, al igual que eso que llamas «mi cuerpo» y la idea que tienes de ti mismo. Aunque esto pueda asustarte un poco, todo ello es ficticio. Sin embargo, no hay motivo para temer; si sientes miedo, es señal de que estás haciendo bien los ejercicios.
No obstante, si trabajar con estas ideas no te provoca al menos un cierto desasosiego, es posible que aún no estés comprendiendo del todo su significado. No te preocupes por ello, pero procura profundizar en el verdadero sentido de lo que se te propone.
IV ¡Por supuesto que no entiendes nada de lo que ves! De hecho, ni siquiera comprendes lo que significa «entender», ya que lo confundes con «recordar» tus propias interpretaciones y juicios. Sin embargo, si haces un pequeño ejercicio de honestidad, notarás que, al quitarle a lo que ves todas las «etiquetas» que tú mismo has puesto ahí, tu mente queda en blanco. Entonces, lo que contemplas no te evoca nada que no provenga de ti.
En realidad, el único componente genuino de los contenidos de tu mente es el amor que contienen.
V Para entender esta línea, quizá te convenga echar un rápido vistazo a la Lección 29.
VI La magnitud de lo que esta idea implica es tal que difícilmente se puede expresar con palabras, pues la idea en sí niega y desvirtúa las palabras mismas. Además, si lo recuerdas, la idea se reitera y refuerza en la Lección 10 con una declaración similar. Esta es una de las muchas declaraciones devastadoras para el ego que el estudiante de este Curso suele admitir y aceptar a la ligera, sin mayores consecuencias en su vida personal.
Quizá te consideres estudiante de Un Curso de Milagros, quizá digas que aceptas sus postulados y estés dedicado a su lectura; incluso puede que intentes practicarlo con toda la honestidad de la que eres capaz, pero probablemente hayas notado que los problemas siguen surgiendo. Tu antiguo sistema de pensamiento tiene su propia inercia y se resiste a cambiar. Y eso es normal. No te preocupes por ello. Persevera y confía.
Entiende que, si bien el cambio podría ser instantáneo, lo habitual es que implique un proceso que se despliega a lo largo del tiempo. Piensa también que, en última instancia, tu antiguo sistema de pensamiento no se va a cambiar a sí mismo. Eso es imposible. Jesús te dice que el paso final lo da Dios. A ti te corresponde hacer lo posible por crear las condiciones para que eso se produzca cuanto antes, nada más.
VII Date cuenta de que eso que llamas «mis» pensamientos no es otra cosa que la voz del ego en tu mente. No temas dejar de lado esa voz insidiosa y desistir de esos pensamientos «tuyos». No seas posesivo, pues esa pulsión codiciosa es precisamente el efecto del ego en tu mente. Tú no puedes perder nada real; no lo olvides.
VIII «Los pensamientos que pienso con Dios» son precisamente la Creación, toda la Creación; lo único que existe: la Realidad.
IX No te juzgues a ti mismo con dureza por pensar así y operar de esa manera. Tienes que darte cuenta de que haces eso porque, aunque no lo reconozcas, estás muy asustado; tienes mucho miedo. El terror profundo que sientes, pero que te ocultas a ti mismo, te resulta tan intolerable que no lo soportas dentro de ti y tratas de liberarte de él proyectándolo fuera en formas iracundas. Tus ataques hacia tus hermanos, y los de ellos hacia ti, no son más que eso: la proyección de un miedo intolerable. Tanto ellos como tú, en realidad, estáis pidiendo ayuda en esa difícil situación. Perdónate a ti mismo por eso y perdónalos a ellos también. Solo el perdón y la oración os salvarán. Recuerda que no importa dónde te encuentres; lo único que importa es adónde te diriges.
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LECCIÓN 50
El Amor de Dios me sustenta.
1. He aquí la respuesta a todos los problemas que afrontes hoy, y mañana, y a lo largo del tiempo.
2Tú crees que lo que te sustenta en este mundo es cualquier cosa menos Dios.
3Depositas tu fe en los símbolos más triviales y descabellados: en píldoras, dinero, ropa «protectora», «influencia», «prestigio», caer bien a otros, conocer a la gente «correcta», y en una lista interminable de formas que no son nada a las que atribuyes poderes mágicos.
2. Todas esas cosas son tus sustitutos del Amor de Dios.I
2Les das valor a todas esas cosas para asegurar la identificación con el cuerpo.
3Son himnos de alabanza al ego.
4No pongas tu fe en lo que carece de valor; eso no puede sustentarte.
3. Solo el Amor de Dios te protegerá en toda circunstancia.
2Te sacará de todas las dificultades y te elevará por encima de todos los peligros que percibes en este mundo hasta un clima de perfecta paz y seguridad.
3Te llevará a un estado mental en el que nada puede amenazarte, perturbarte o interferir con la calma eterna del Hijo de Dios.
4. No deposites tu fe en ilusiones.
2Te fallarán.
3Deposita toda tu fe en el Amor de Dios dentro de ti, eterno, inmutable y por siempre infalible.
4Esa es la respuesta a todo lo que tengas que afrontar hoy.
5Gracias al Amor de Dios en ti, puedes resolver todas las aparentes dificultades sin esfuerzo y con absoluta confianza.
6Repítete esto a menudo hoy.
7Es una declaración de liberación de la creencia en ídolos.
8Es tu reconocimiento de la verdad acerca de ti.II
5. Deja que la idea de hoy se sumerja profundamente en tu conciencia durante diez minutos dos veces, una por la mañana y otra por la noche.
2Repítela, reflexiona sobre ella, deja que vengan pensamientos relacionados que te ayuden a reconocer su verdad y permite que la paz te envuelva como un manto protector.III
3No permitas que ningún pensamiento vano e insensato se introduzca para perturbar la santa mente del Hijo de Dios.
4Pues así es el Reino de los Cielos.IV
5Así es el lugar de descanso donde tu Padre te ha ubicado para siempre.
I El mundo es una patética parodia del Reino de los Cielos. En el mundo no hay nada que sea intrínsecamente nuevo y original. Todo lo que encontrarás en él es una versión infinitamente disminuida de lo que disfrutas en el Cielo. Cuando la loca idea de estar separado de Dios cruzó fugazmente por la mente del Hijo de Dios, no creó nada en absoluto, pues es imposible crear separado de Dios; de hecho, es imposible estar separado de Dios. En vez de crear, aquel que se creyó humano comenzó a creer en ilusiones; la primera, su propia identidad: el ego.
Esa versión de sí mismo —también infinitamente disminuida y cualitativamente distinta, pues es limitada y carente— tiene que ser satisfecha con lo único que ahora conoce: ilusiones. Y las ilusiones sustitutorias que persigue, forzosamente y debido a su absoluta falta de creatividad, tienen que emular lo que el Hijo de Dios conoce y disfruta en el Reino de Dios.
Por eso, y en cierta manera, se podría decir que el mundo es la triste analogía del Cielo, donde lo abstracto se ha vuelto concreto, lo ilimitado, limitado, y lo eterno, temporal. No obstante, y aun así, lo mundano inevitablemente conserva un paralelismo con lo divino. Todo lo que aquí anhelas y persigues lo tienes en el Cielo en medida infinita. Aquí no encontrarás nada intrínsecamente original; todo es una mala copia de lo que ya tienes y disfrutas en la casa de tu Padre.
II El Amor de Dios es algo que tú, ego, no comprendes; sin embargo, tú, Hijo de Dios, no conoces otra cosa que eso. Y fíjate en que aquí se habla de «aparentes» dificultades, porque, en realidad, no hay ninguna dificultad en absoluto. Date cuenta también de que este es un Curso para ti, ego, porque el Hijo de Dios no necesita ningún Curso en absoluto, ¡faltaría más! El Amor de Dios, en realidad, no resolverá nada, porque no hay nada que resolver, mas, cuando sientas el Amor de Dios dentro de ti, ciertamente todas las dificultades se desvanecerán. El problema con tus problemas es que son importantes para ti y, de nuevo, el único problema que realmente tienes es la importancia que les concedes. Cambia tu mente, perdona, prioriza el Amor de Dios por encima de todo y verás lo que ocurre.
III Esta línea es muy importante. Ese dejar que te vengan pensamientos afines es lo que va a hacer que tu mente se «coloree» con el «color» del Amor de Dios y resuene con esa experiencia. Esto se debe a que, como ya se ha comentado antes, la mente es como un camaleón: tiene el potencial de mimetizarse con aquello que evoca y se convierte en eso mismo. Pensar o leer algo que traiga a tu mente la idea de que el Amor de Dios te protege y te cuida te llevará a vivir esa experiencia.
Lo que te va a conducir al Amor de Dios es tu anhelo de Él, no las cábalas y elucubraciones que hagas en tu mente sobre semejante concepto. Tu anhelo, de hecho, es una forma de oración. Anhela de corazón y confía. No hace falta nada más. La experiencia de Su Amor se te concederá.
IV Mateo 3:2: «Arrepentíos, pues el Reino de los Cielos está a mano». Esto se ha entendido a menudo como «confiesa tus pecados porque el fin del mundo ocurrirá pronto». Otra forma de entenderlo, más plausible cuando miramos el original griego en la Biblia y lo examinamos a la luz de este Curso, es: «Cambia tu mente; el Cielo está tan cerca de ti como tu mano».
Mateo 19:14: «Pero Jesús dijo: “Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque el Reino de los Cielos es de los que son como ellos”».
La expresión «Reino de los Cielos» aparece 32 veces en la Biblia, todas ellas en el Evangelio según Mateo, y también aparece 20 veces en los siete volúmenes de este Curso. En otros lugares se usa la expresión «Reino de Dios», como en Marcos 1:15.
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LECCIÓN 49
La Voz de Dios me habla durante todo el día.
1. Es muy posible escuchar la Voz de Dios durante todo el día sin interrumpir en absoluto tus actividades habituales.I
2La parte de tu mente en la que mora la verdad está en constante comunicación con Dios, seas o no consciente de ello.
3Es la otra parte de tu mente, la que opera en el mundo y obedece sus leyes.
4Esa es la parte que está constantemente distraída, desorganizada y muy insegura.
2. La parte que está escuchando la Voz de Dios es serena y tranquila, siempre en reposo, y se siente totalmente segura.
2Es la única parte de tu mente que verdaderamente existe.
3La otra es una ilusión salvaje, frenética y perturbada, pero carece de realidad.
4Intenta no escucharla hoy.
5Intenta identificarte con la parte de tu mente donde la quietud y la paz reinan eternamente.
6Intenta oír la Voz de Dios que te llama amorosamente, recordándote que tu Creador no ha olvidado a Su Hijo.
3. Hoy necesitaremos al menos cuatro sesiones de práctica de cinco minutos, y más si es posible.
2Hoy intentaremos oír verdaderamente la Voz de Dios que te recuerda a Él y a tu Ser.II
3Nos acercaremos con confianza a este pensamiento, el más feliz y santo, sabiendo que al hacerlo estamos uniendo nuestra voluntad a la Voluntad de Dios.
4Él quiere que oigas Su Voz.
5Te la dio para que la oyeras.
4. Escucha en profundo silencio.
2Permanece muy quedo y abre tu mente.III
3Deja atrás los gritos estridentes y las imaginaciones enfermizas que ocultan tus verdaderos pensamientos y oscurecen tu vínculo eterno con Dios.
4Sumérgete profundamente en la paz que te aguarda más allá de los frenéticos y alborotados pensamientos, y de las vistas y sonidos de este enloquecido mundo.
5Tú no vives en ese mundo.
6Estamos intentando llegar a tu verdadero hogar.
7Estamos intentando llegar al lugar donde eres realmente bienvenido.
8Estamos intentando llegar a Dios.
5. No te olvides de repetir la idea de hoy con frecuencia.IV
2Hazlo con los ojos abiertos cuando sea necesario, pero ciérralos cuando sea posible.
3Y asegúrate de sentarte en la quietud, repitiendo la idea de hoy siempre que puedas, cerrando los ojos al mundo y reconociendo que estás invitando a la Voz de Dios a hablarte.
I Así es. Eso es simplemente un hecho, aunque tú probablemente no lo entiendas así. La razón por la que no la oyes también es muy simple: no la escuchas. No pones tu voluntad en escucharla, y eso hace que no la oigas. Quizá no seas consciente tampoco del hecho de que el poder de tu mente para bloquear la Voz de Dios es tan grande como el Poder de Dios para hacerse oír, porque el poder de tu mente es precisamente el Poder de Dios. Mediante ese Poder Él te creó y te lo dio completamente a ti, así como la libertad para usarlo como fuera tu voluntad.
No puedes escuchar dos voces a la vez. Tu mente siempre elige una de ellas y descarta la otra. Eso es inevitable. Este Curso te dice que una es la voz del ego y la otra, la del Espíritu Santo. Y quizá esto te tenga un tanto confundido, porque no ves con claridad a qué voces se refiere. En realidad, es muy simple. La voz del ego es esa que tú conoces como tu propia voz. Es ese diálogo interno que mantienes de manera incesante contigo mismo y también esas palabras que aparecen en tu boca cuando hablas, sin saber muy bien cómo se te ocurren o de dónde vienen. Todo eso es la voz del ego, y es algo que en realidad no tiene nada que ver contigo, aun cuando eres testigo de ella. Lo que ocurre es que se da la triste circunstancia de que tú confundes ser testigo con ser autor y te apropias de eso que escuchas y dices que es tuyo. La verdad es que no es así, pero tú lo crees.
La voz del Espíritu Santo también ocurre en ti, proviene de Dios y es la respuesta perfecta para cualquier asunto que consideres. En este caso, no se trata de una voz compulsiva, como la del ego, sino de una voz que tienes que «activar» por medio de tu invitación a escucharla. En realidad, el Espíritu Santo no tiene un discurso propio: es la respuesta de tu Padre a todas tus peticiones, nada más, pero tampoco nada menos que eso.
Escuchar la voz del Espíritu Santo es lo mismo que querer oírla y creer que te va a decir lo que te conviene y necesitas, porque, en definitiva, es una creencia que descansa sobre una realidad. Por ello, oírla requiere que involucres tu voluntad y tu confianza. Date cuenta de que este, en verdad, es un Curso en el ejercicio de la voluntad, y recuerda que la confianza es la característica primordial de los maestros de Dios.
II Esta es la cuarta vez en que se te exhorta a que intentes prestar atención a la parte de tu mente donde reside la Voz de Dios. El de hoy es un ejercicio de pura voluntad que requiere una gran determinación y honestidad, pero también una gran candidez y confianza. Date cuenta de que vas a hacer el ejercicio desde la parte inferior de tu mente que rige el ego, pero, si lo haces bien, te encontrarás con sorpresa en la otra parte, en tu mente superior, pues ambas son tú.
III Salmos 46:10 «Permanece muy quedo y conoce que Yo soy Dios. ¡Seré exaltado entre las naciones, seré exaltado en la tierra!».
IV El que te acuerdes de hacerlo te dará una indicación de lo que verdaderamente demanda tu corazón. No tengas miedo. No vas a oír una altisonante declaración celestial; vas a oír exactamente lo que más te conviene para ese preciso momento. El contenido de lo que oirás lo determinará la posición de tu corazón en ese instante. Si estás ocupado con trivialidades, oirás una sabia respuesta a esa trivialidad. Si estás angustiado por cualquier motivo, recibirás un mensaje de consuelo, seguridad y paz. Intenta acordarte a lo largo del día de lo que verdaderamente te conviene; escucha.
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LECCIÓN 48
No hay nada que temer.I
1. La idea de hoy simplemente afirma un hecho.
2Para quienes creen en las ilusiones, no lo es.
3Pero las ilusiones no son hechos.
4En realidad, no hay nada que temer.II
5Esto es algo muy fácil de reconocer.
6Mas para los que quieren que las ilusiones sean verdad es muy difícil reconocerlo.III
2. Las prácticas de hoy serán breves, sencillas y frecuentes.
2Simplemente repite la idea tan a menudo como sea posible.
3Puedes hacerlo con los ojos abiertos en cualquier momento, y en cualquier situación.
4Aunque se recomienda encarecidamente que siempre que sea posible te tomes un minuto para cerrar los ojos y repetir la idea en silencio lentamente varias veces.
5Es particularmente importante que utilices la idea de inmediato si algo perturba tu paz mental.
3. La presencia del miedo es una señal segura de que estás confiando en tus propias fuerzas.IV
2La conciencia de que no hay nada que temer muestra que, en algún lugar de tu mente, aunque no lo reconozcas todavía, has recordado a Dios y permitido que Su Fortaleza reemplace la tuya.
3En el instante en que te muestras dispuesto a hacer esto, dejas de temer.
I Esta breve Lección es una de las más queridas para muchos estudiantes de este Curso, y con razón.
Esta Lección es profundamente apreciada por su simplicidad y su profunda capacidad de consuelo. «No hay nada que temer» habla directamente al corazón, ofreciendo una sensación de paz y tranquilidad en medio de los desafíos de la vida diaria. Su mensaje atraviesa la complejidad de nuestras preocupaciones y ansiedades, recordándonos que el miedo es una ilusión arraigada en el ego.
La idea de que siempre estamos a salvo en la presencia del amor de Dios, más allá de las ilusiones del mundo, aporta un inmenso alivio. Su verdad universal resuena en todos, convirtiéndola en un poderoso mantra para momentos de duda, ansiedad o angustia.
II Recuerda las célebres líneas introductorias de este Curso: «Este Curso puede, por lo tanto, resumirse muy simplemente de esta manera: Lo real no corre peligro, y lo que corre peligro no es real. En eso radica la Paz de Dios».
Esta afirmación encapsula la esencia de su enseñanza: «No hay nada que temer».
Si la interpretamos de un modo más libre, poniendo estas palabras en labios de Jesús, podrían decir algo así: «Hermano mío, disfruta de la Paz de Dios y no temas, porque lo que es real en ti no corre ningún peligro. Todo aquello que crees que podrías perder, en verdad no existe y nunca ha sido real».
Este es un Curso acerca de la sanación, y como señala el Texto: «Sanar es quitar miedo».
El mensaje evangélico de Jesús siempre ha sido: «No temas, alégrate, pues tu verdadera realidad reside en Dios y por ello es inmutable».
Eso es todo. Es lo que el hermano despierto le dice al hermano que sigue soñando, mientras lo ve sufrir en sus pesadillas: «No hay nada que temer».
Ahora bien, nuestra experiencia en el mundo parece mostrarnos lo contrario. Sentimos que el peligro nos acecha continuamente, tememos los desastres que imaginamos a la vuelta de la esquina y vivimos pendientes de perder algo valioso para nosotros. Además, la certeza de nuestra muerte futura no deja de acecharnos. Así es como la mayoría de nosotros percibimos la «realidad».
La pregunta es: ¿es eso realmente cierto? ¿Hemos perdido alguna vez algo que sea verdaderamente real? Sin duda, con el paso del tiempo hemos visto cómo cambia todo aquello que considerábamos «nuestro»: cuerpo, empleo, relaciones o ideas. Todo va transformándose. En rigor, el tiempo parece destruir cualquier cosa que creamos poseer.
Pero hay algo que nunca cambia: nuestra consciencia de ser.
Cuando Jesús nos dice que no hay nada que temer porque lo real en nosotros no corre peligro, se refiere a esa consciencia inmutable, a nuestro verdadero Ser. Todo lo demás pertenece al ámbito de la ilusión. Y no solo es que podamos perderlo: en verdad, jamás ha existido. Era una ilusión.
La Paz de Dios protege lo que Él ha creado, no las ilusiones que nuestra mente egoica fabrica. Todo miedo a perder nace de la devoción inconsciente que seguimos brindando a nuestras fantasías, a esa historia de miedos, deseos y supuestas carencias que hemos levantado a nuestro alrededor, aun siendo nosotros Hijos gloriosos de Dios.
Reconozcamos que, en última instancia, lo que nos asusta es despertar de una pesadilla, y conviene plantearnos: ¿acaso es razonable tener miedo a dejar de temer y volver a la realidad?
III Lee esta línea con mucha atención. Piensa detenidamente en ella, y luego reflexiona si es ese tu caso.
IV 2 Corintios 12:9 «Y me ha dicho: “Mi Gracia te basta; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”».
Aquí, Pablo reconoce una profunda paradoja espiritual: es precisamente al reconocer nuestra fragilidad humana cuando nos abrimos a la fortaleza divina. Cuando dejamos de confiar en nuestras capacidades limitadas y, en su lugar, descansamos en la gracia de Dios, descubrimos un poder que no es propio, sino infinitamente mayor. Esto se alinea perfectamente con la enseñanza del Curso, que sostiene que el miedo surge de confiar en nuestra propia fuerza, mientras que la paz proviene de confiar en la fortaleza de Dios dentro de nosotros.
De manera similar, Filipenses 4:13 afirma:«Todo lo puedo en Cristo, que me fortalece». Esto no es un llamado a logros personales impulsados por el ego, sino una invitación a reconocer que, a través de nuestra unión con Cristo—símbolo de nuestro verdadero Ser—tenemos acceso a una fortaleza ilimitada. No hay situación que no podamos afrontar, ni miedo que no podamos disolver, porque no lo enfrentamos solos.
Ambos versículos desplazan suavemente nuestro enfoque de la autosuficiencia a la dependencia de lo divino. Cuando realmente abrazamos esta verdad, el miedo pierde su poder. Después de todo, si «Mi gracia te basta» y «Todo lo puedo en Cristo», ¿qué podría quedar por temer?
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LECCIÓN 47
Dios es la Fortaleza en la que confío.I
1. Si confías en tus propias fuerzas, tienes todos los motivos para estar aprensivo, ansioso y asustado.
2¿Qué puedes predecir o controlar?
3¿Qué hay en ti con lo que puedes contar?
4¿Qué te puede dar la capacidad de ser consciente de todas las facetas de cualquier problema y resolverlas de tal manera que solo pueda resultar algo bueno?
5¿Qué hay en ti que te permita reconocer la solución correcta y garantice que se logre?
2. Por ti mismo no puedes hacer ninguna de estas cosas.II
2Creer que puedes es depositar tu confianza donde no está justificada, lo que da lugar al miedo, la ansiedad, la depresión, la ira y el pesar.
3¿Quién puede poner su fe en la debilidad y sentirse seguro?
4¿Y quién puede poner su fe en la fortaleza y sentirse débil?
3. Dios es tu refugio seguro en toda circunstancia.
2Su Voz habla por Él en todas las situaciones y en todos los aspectos de cada situación, diciéndote exactamente lo que tienes que hacer para invocar Su Fortaleza y Su protección.
3En esto no hay excepciones, porque Dios no tiene excepciones.III
4Y la Voz que habla por Él piensa como Él.
4. Hoy trataremos de ir más allá de tu debilidad para alcanzar la Fuente de la verdadera fortaleza.
2Hoy son necesarios cuatro periodos de práctica de cinco minutos, y se insta a que sean más largos y frecuentes que eso.
3Cierra los ojos y empieza como siempre repitiendo la idea del día.
4Luego, dedica uno o dos minutos a buscar situaciones de tu vida que hayas investido de miedo, y descarta cada una de ellas diciéndote a ti mismo:
5Dios es la Fortaleza en la que confío.
5. Ahora, intenta dejar de lado todas las preocupaciones relacionadas con tu propia sensación de incapacidad.
2Es obvio que cualquier situación que te preocupe está vinculada a la creencia de que no estás a la altura de las circunstancias, pues, de lo contrario, creerías que puedes afrontar la situación con éxito.
3Confiando en ti mismo no aumentará tu confianza.
4Mas la Fortaleza de Dios en ti triunfará en todo.IV
6. Reconocer tu fragilidad es un paso necesario para corregir tus errores.
2Pero no es suficiente para ganar la confianza que necesitas y a la que tienes derecho.
3También debes tomar conciencia de que tu confianza en tu verdadera fortaleza está plenamente justificada con respecto a todo y en toda circunstancia.V
7. En la última parte de la práctica, trata de llegar muy hondo dentro de tu mente, a un lugar de verdadera seguridad.
2Reconocerás que lo has alcanzado si sientes una profunda paz, aunque sea breve.
3Deja ir las trivialidades que bullen en la superficie de tu mente y desciende por debajo de ellas hasta llegar al Reino de los Cielos.
4Hay un lugar en ti donde hay una perfecta paz.
5Hay un lugar en ti donde nada es imposible.
6Hay un lugar en ti donde reside la Fortaleza de Dios.
8. Repite a menudo la idea de hoy.
2Úsala como respuesta a cualquier perturbación.
3Recuerda que la paz es tu derecho porque confías en la Fortaleza de Dios.
I Fíjate cómo estas últimas Lecciones tratan de los tres aspectos del Ser, la triada divina de Conocer, Amar y Crear.
L-44: Dios es la Luz en la que veo. (Ver-Ajna/Yo comprendo)
L-45: Dios es la Mente con la que pienso. (Mente-Sahasrara/Yo soy)
L-46: Dios es el Amor en el que perdono. (Amar-Anahata/Yo amo)
L-47: Dios es la Fortaleza en la que confío. (Poder-Voluntad-Manipura/Yo puedo)
II Reconocer esto no es más que un ejercicio de simple honestidad; es algo que ni siquiera el Hijo de Dios, por sí mismo, puede hacer, pues el Hijo de Dios, por sí mismo, no es más que un humano.
Tal como nos lo recuerda Jesús: «Respondiendo, Jesús les dijo: “En verdad os digo que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace también lo hace el Hijo de igual manera”» (Juan 5:19).
III Aquí Jesús nos recuerda nuevamente que la Voz del Espíritu Santo siempre está a nuestro alcance. Nos habla en toda circunstancia, pues habita en la parte correcta de la mente, a la que a veces se refiere como la “mente superior”. Si en ocasiones no la escuchamos, no es que la Voz no esté presente, sino que para oírla necesitamos estar dispuestos a escuchar y detener por un momento nuestro diálogo interno. Al fin y al cabo, ¿cómo podríamos oír la Voz del Espíritu Santo si no le damos un espacio y seguimos conversando con nosotros mismos sin cesar?
IV En tu situación actual, es natural que esta afirmación —por más bella y gozosa que te parezca— no te resulte del todo creíble. Tal vez la leas con buena disposición, pero la consideres apenas una historia bienintencionada, un tanto idealista.
Escucha con atención y abre tu mente a la verdad: ¡nada está más cerca de la verdad que esto! Albergar la idea de Dios en tu mente —pensar en tu Padre, aunque solo sea un instante— te hace absolutamente invulnerable bajo cualquier circunstancia. Recordarlo, aunque sea por un breve momento, te sitúa más allá de cualquier amenaza en este sueño ilusorio de muerte y destrucción. Pensar en Dios te colma de un poder y una alegría tales que, aunque no te separen físicamente de este mundo, te protegen con un manto de cordura y te resguardan de todo mal.
¿No te das cuenta de que evocar a Dios es llevar la Realidad a la ilusión, el Amor al temor, la Verdad al error y la Fortaleza a la debilidad? Pero no confíes solo en estas palabras: ¡compruébalo por ti mismo! Piensa en Dios cuando sientas miedo, cuando te asalten las dudas o cuando no sepas qué camino tomar… y observa con atención lo que sucede. Te sorprenderá.
V «La verdadera fortaleza» alude a la Fortaleza de Dios que mora en ti, no a la que tu ego pretende atribuirse.
Recuerda, además, que la confianza es la primera y más importante característica de los maestros de Dios, y se fundamenta precisamente en esa Fortaleza. Tal como afirma el Curso:
«Los maestros de Dios confían en el mundo porque han aprendido que no se rige por las leyes que el mundo ha inventado. Está gobernado por un Poder que está en ellos, pero no es de ellos» (M-5.1.1:4-5).
Ese Poder, en última instancia, es la Fortaleza de Dios.
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LECCIÓN 46
Dios es el Amor en el que perdono.
1. Dios no perdona, porque Él nunca ha condenado.
2Y antes de que el perdón sea necesario, debe haber habido previamente condena.
3El perdón es la mayor necesidad de este mundo, pero eso es porque este es un mundo de ilusiones.
4Los que perdonan se liberan de las ilusiones; los que no perdonan, se atan a ellas.I
5Tal como tú en verdad solo te condenas a ti mismo, igualmente, solo te perdonas a ti mismo.
2. Aunque Dios no perdona, Su Amor es, no obstante, la base del perdón.
2El miedo condena, y el amor perdona.II
3El perdón deshace lo que el miedo ha fabricado, devolviendo a la mente la conciencia de Dios.
4Por esta razón, al perdón se le puede llamar verdaderamente salvación.
5El perdón es el medio por el que desaparecen las ilusiones.
3. Los ejercicios de hoy requieren al menos tres sesiones completas de cinco minutos, y tantas aplicaciones más cortas como sea posible.
2Comienza las prácticas largas repitiendo para tus adentros la idea de hoy, como de costumbre.
3Cierra los ojos mientras lo haces, y dedica uno o dos minutos a buscar en tu mente a aquellos a quienes no has perdonado.
4No importa «cuánto» no los has perdonado.
5O bien los has perdonado completamente, o no los has perdonado en absoluto.III
4. Si haces bien los ejercicios no deberías tener ninguna dificultad para encontrar bastantes personas a las que no has perdonado.
2Es una regla segura considerar que cualquiera que no te caiga bien es un sujeto adecuado.
3Menciona a cada uno por su nombre y di:
4Dios es el Amor en el que te perdono, [nombre].
5. El propósito de la primera parte de la práctica es prepararte mejor para perdonarte a ti mismo.IV
2Después de haber aplicado la idea de hoy a todas las personas que te han venido a la mente, dite a ti mismo:
3Dios es el Amor en el que me perdono a mí mismo.
4Dedica luego el resto de la práctica a añadir ideas afines, tales como:
5Dios es el Amor con el que me amo a mí mismo.
6Dios es el Amor en el que soy bendito.
6. La forma de estas aplicaciones puede variar considerablemente, pero no hay que perder de vista la idea central.
2Podrías decir, por ejemplo:
3No puedo ser culpable, porque soy un Hijo de Dios.
4Ya he sido perdonado.
5No es posible albergar miedo en una mente a la que Dios ama.
6No hay necesidad de atacar, porque el amor me ha perdonado.
7No olvides que la práctica debe concluir repitiendo la idea de hoy en su forma original.
7. Las aplicaciones más breves pueden consistir en una repetición de la idea en su forma original, en una forma relacionada si lo prefieres, o en aplicaciones más específicas si son necesarias.
2Estas aplicaciones específicas serán necesarias en cualquier momento del día en que te des cuenta de que experimentas algún tipo de reacción negativa hacia alguien, tanto si esa persona está presente como si no.
3En ese caso, repite en silencio:V
4Dios es el Amor en el que te perdono.
I Mateo 16:19: «Y yo os daré las llaves del Reino de los Cielos, y todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el Cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el Cielo».
Juan 20:23: «Si perdonáis los pecados a alguno, le son perdonados; si se los retenéis, le son retenidos».
Esta es la clave del perdón. Cuando perdonas, te estás diciendo a ti mismo que eso no es importante, precisamente porque es una ilusión. Además, date cuenta de que este no es solo un proceso mental, pues tu corazón también te implora, con su malestar, que cambies tu manera de pensar.
Perdonar es saludable para tu Alma; siempre que perdonas, tu Alma se regocija, y eso no es ninguna fantasía, pues lo sientes en todo tu ser. Recuperar tu salud espiritual repercute también en tu cuerpo, que también sana.
Recuerda que tu cuerpo no es más que una idea en tu mente acerca de ti mismo, y cuando fuerzas a esa idea a convivir con otras ponzoñosas de condena, entra en sintonía con esas ideas malignas y enferma.
La condena es el juicio que te ata inevitablemente a la ilusión, no tanto por su carácter negativo, sino porque la hace ineludiblemente real para ti. Solo condenas aquello que consideras cierto y real.
Este es el gran embrujo de la condena: dar carácter de realidad a lo ilusorio. De la misma manera, pero en sentido perfectamente opuesto, el fundamento del perdón es precisamente el reconocimiento de que aquello que se considera no es real, y por eso se perdona, se deja pasar.
¿Quién se entretendría con una ilusión si supiera que lo es?
II Esta afirmación contiene una luz extraordinaria y un enorme poder de liberación.
Si tomas conciencia de que todo juicio condenatorio, en el fondo, no es más que una expresión de miedo, no te dedicarías con tanto ahínco a tu actividad favorita: culpar.
Los humanos culpan alegremente porque, al condenar, se ven a sí mismos como dignísimos jueces en posesión de la verdad. Sin embargo, si tomaran conciencia de que, con esa condena, en realidad simplemente están expresando su miedo, serían mucho más cautos en sus juicios, pues difícilmente encontrarían dignidad alguna en estar asustados.
III Esta, como prácticamente todas las declaraciones de este Curso, es maximalista y verdadera, en claro contraste con los planteamientos relativistas del mundo, fundamentados en compromisos.
El perdón, o es total, o no es perdón en absoluto, porque perdonar es soltar, dejar ir, y esto solo ocurre cuando se suelta por completo.
Si retienes algo, aunque sea en su forma más leve, eso sigue estando totalmente contigo. No ver esto es como no entender por qué te estás electrocutando cuando tocas el cable eléctrico «solo un poco».
Así como el error implica separarse de la verdad, el perdón implica separarse del error. Y la separación es un concepto absoluto: o bien es, o bien no es.
IV El ejercicio de hoy es extraordinariamente práctico y efectivo, y, si se hace de todo corazón, conlleva una gran liberación y sanación.
Pero para hacerlo bien se requiere una absoluta honestidad. La manera de formular la propuesta no tiene mayor importancia; lo que sí es fundamental es que exista una verdadera voluntad de perdonar y olvidar los juicios pasados.
V … y de todo corazón:
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LECCIÓN 45
Dios es la Mente con la que pienso.
1. La idea de hoy contiene la clave para entender cuáles son tus verdaderos pensamientos.I
2No son nada de lo que tú piensas que piensas, tal como nada de lo que piensas que ves está relacionado con la visión de ningún modo.II
3No hay ninguna relación entre lo que es real y lo que tú piensas que es real.
4Nada de lo que tú consideras tus pensamientos reales se parece en nada a tus verdaderos pensamientos.
5Nada de lo que tú piensas que ves se parece en nada a lo que la visión te mostrará.
2. Tú piensas con la Mente de Dios.
2Por tanto, compartes tus pensamientos con Él, tal como Él comparte los Suyos contigo.
3Son los mismos pensamientos, porque los piensa la misma Mente.
4Compartir es hacer semejante, o hacer uno.
5Los pensamientos que piensas con la Mente de Dios tampoco salen de tu mente, porque los pensamientos no abandonan su fuente.III
6Por tanto, tus pensamientos están en la Mente de Dios, tal como lo estás tú.
7Tus pensamientos también están en tu mente, donde Él está.
8Tal como tú eres parte de Su Mente, del mismo modo tus pensamientos son parte de Sus Pensamientos.
3. ¿Dónde se encuentran entonces tus pensamientos reales?
2Hoy intentaremos llegar a ellos.
3Tendremos que buscarlos en tu mente, porque es ahí donde se encuentran.
4Aún deben estar ahí, porque no pueden haberse ido.
5Lo que la Mente de Dios piensa es eterno, pues forma parte de la Creación.
4. Nuestras tres sesiones de práctica de hoy, de cinco minutos cada una, adoptarán la misma forma general que utilizamos al aplicar la idea de ayer.
2Hoy intentaremos abandonar las ilusiones y buscar lo real.
3Hoy negaremos el mundo en favor de la verdad.
4No permitiremos que las creencias del mundo nos detengan ni nos hagan pensar que lo que Dios quiere es imposible.
5. En vez de eso, trataremos de reconocer que solo lo que Dios quiere que hagamos es posible.
2También intentaremos comprender que solo lo que Dios quiere que hagamos es lo que queremos hacer.
3Y también trataremos de recordar que no podemos fracasar al hacer lo que Él quiere que hagamos.
4Hay muchas razones para confiar en que hoy tendrás éxito.
5Ya que esa es la Voluntad de Dios.
6. Comienza los ejercicios de hoy repitiendo la idea para tus adentros con los ojos cerrados.
2Luego, dedica un tiempo bastante breve a considerar algunos de tus propios pensamientos que consideres relevantes, y mantén en tu mente la idea de hoy mientras lo haces.
3Una vez que hayas añadido unos cuatro o cinco pensamientos tuyos, repite la idea de nuevo, y dite a ti mismo tranquilamente:
4Mis Pensamientos reales están en mi mente.
5Me gustaría encontrarlos.
6Trata entonces de ir más allá de todos los pensamientos irreales que cubren la verdad en tu mente, y ve hacia lo eterno.IV
7. Bajo todos los pensamientos sin sentido y todas las ideas insensatas con las que has abarrotado tu mente, se encuentran los pensamientos que pensaste con Dios antes del principio de los tiempos.
2Esos pensamientos se encuentran en tu mente ahora mismo, completamente inalterados.
3Siempre estarán en tu mente, idénticos a como siempre han estado.
4Todo lo que tú has pensado desde entonces cambiará, pero los cimientos sobre los que descansan son absolutamente inmutables.
5Los ejercicios de hoy se dirigen a estos cimientos.
6Ahí es donde tu mente está unida a la Mente de Dios.
7Ahí es donde tus pensamientos son uno con los Suyos.
8. Para este tipo de práctica solo se necesita una cosa.
2Que te acerques a ella como si se tratara de un altar consagrado en el mismo Cielo a Dios Padre y a Dios Hijo.
3Pues ese es el lugar al que intentas llegar.
4Es probable que aún no comprendas cuán alto estás intentando elevarte.
5Pero, incluso con la poca comprensión que ya has adquirido, deberías ser capaz de entender que no se trata de un juego vano, sino de un ejercicio de santidad y un intento de alcanzar el Reino de los Cielos.
9. Al aplicar la idea de hoy de forma más breve, intenta recordar cuán importante es para ti comprender la santidad de la mente que piensa con Dios.
2Cuando repitas la idea a lo largo del día, tómate uno o dos minutos para tomar conciencia de la santidad de tu mente.
3Deja a un lado, aunque sea brevemente, todos los pensamientos indignos de Aquel de Quien eres anfitrión.
4Y dale las gracias por los pensamientos que Él está pensando contigo.
I La práctica de hoy es un ejercicio de respeto hacia tu propia mente. La palabra respeto proviene del latín respectus, participio del verbo respicere, compuesto del prefijo re- y el verbo specere, que significa mirar. Respetar, en su sentido etimológico, es mirar dos veces, mirar con atención.
Eso es lo que este ejercicio te propone: que contemples con atención tu mente y tomes conciencia de su intrínseca santidad, yendo más allá de eso que tú llamas «mis pensamientos», que no es otra cosa que la voz del ego en ti.
Jesús nos habla aquí de nuestros «verdaderos pensamientos», nuestros pensamientos «reales», y nos dice que no tienen nada que ver con eso a lo que nosotros llamamos «pensar». La diferencia entre ambos es que unos son forma y los otros contenido, entendiendo el contenido como la «sustancia» de la realidad en sus tres aspectos: amor, verdad y poder creador.
Estos conceptos son abstractos e inaprensibles para la mente humana egoica, que es ilusoria, limitada y solo conoce lo concreto. Los pensamientos humanos, por otra parte, son historias insustanciales elaboradas con ausencias de amor, que es la sustancia de la Realidad. Unos son lo opuesto de los otros.
Para entenderlo, considera esta alegoría: imagina una pizarra blanca en la que hay algo escrito con tinta negra. Cuando la miras, tu mente se fija exclusivamente en esos símbolos y elabora una historia. En realidad, lo único que estás considerando es la ausencia de luz que la tinta negra provoca en el fondo de tu retina, pues desprecias la luz subyacente.
Piensa que la pizarra es la Realidad y que esa luz es el Amor de Dios, tus pensamientos reales. Los otros, eso que tú llamas «mis pensamientos», son las historias que la tinta negra te ha llevado a construir considerando las ausencias de luz que ocasiona al manchar la pizarra.
En realidad, lo único que hay allí es luz; sin embargo, lo que tú ves son sombras. Y a eso lo llamas «pensar».
II Piensas que ves y que vives en un mundo de formas, pero la visión espiritual considera esas figuras que percibes como símbolos de causas que así se te manifiestan.
La visión espiritual interpreta el «sueño del mundo» de forma análoga a como Freud propone en su célebre tratado La interpretación de los sueños. Esas figuras que conforman tu percepción son símbolos, efectos cuya causa radica en la propia naturaleza del ego en ti.
Tus miedos y tus deseos aparecen en esa «realidad» como formas en un mundo que imaginas, Hijo de Dios. El mecanismo de ese «ver» es el mismo que da lugar a los escenarios que contemplas en tus sueños nocturnos.
III Esta es una noción fundamental en el paradigma de este Curso. Las ideas no abandonan la fuente que las concibió para ser consideradas «cosas» en un «espacio» externo a la mente que las piensa.
Date cuenta de que eso a lo que llamas «cosas» no son sino ideas cuyo contenido es, precisamente, ser una cosa externa a ti. Esas ideas, al igual que todo lo que crees que existe en un imaginado mundo exterior, se encuentran en tu mente.
Los pensamientos reales, que son lo mismo que tú y cuya verdadera naturaleza escapa completamente a tu actual comprensión porque no recuerdas Quién eres, también siguen estando en tu mente, que es una con la Mente de Dios.
IV El propósito de esta parte del ejercicio es darte cuenta del contraste entre tus pensamientos habituales y tus pensamientos reales, que son perfectamente abstractos y eternos. Más adelante, a estos pensamientos se les llamará las «Creaciones del Hijo de Dios».
Es importante que te des cuenta de que eso que tú llamas «mis pensamientos» no tiene absolutamente nada que ver contigo y no son «tuyos» en absoluto. Eso es, precisamente, la voz del ego, que tú suscribes cuando, confundido, los llamas «mis pensamientos».
Tú simplemente eres testigo de las historias que esa voz te cuenta, elaboradas con fantasmas de viejas afrentas y deseos provenientes de esa vocación egoica de sentirse especial y carente. Nada de eso es tuyo, pero la falsa identidad con la que te has identificado —el ego como efecto— ha heredado el carácter codicioso de su progenitor —el ego como causa—.
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LECCIÓN 44
Dios es la Luz en la que veo.
1. Hoy continuamos con la idea de ayer, añadiéndole otra dimensión.
2Tú no puedes ver en la oscuridad, ni tampoco puedes fabricar luz.
3Puedes fabricar oscuridad y luego pensar que ves en ella, pero la luz refleja la vida, y es, por tanto, un aspecto de la Creación.
4La Creación y la oscuridad no pueden coexistir, pero la luz y la vida deben ir juntas, pues no son más que diferentes aspectos de la Creación.
2. Para ver tienes que reconocer que la luz está dentro de ti, no fuera.
2Tú no ves nada fuera de ti mismo.I
3Lo que te permite ver no está fuera de ti.
4Una parte esencial de lo que te permite ver es la luz.
5Y la luz siempre está contigo, haciendo posible la visión en toda circunstancia.II
3. Hoy vamos a tratar de alcanzar esa luz.III
2Para ello, utilizaremos una manera de practicar que ya hemos sugerido una vez, y que usaremos cada vez más.IV
3Es una práctica especialmente difícil para la mente indisciplinada, y representa una de las principales metas de entrenamiento mental.
4Esta práctica requiere precisamente aquello de lo que carece una mente no entrenada.
5Sin embargo, si quieres ver, debes realizar este entrenamiento.
4. Practica hoy al menos tres veces, cada una de ellas de tres a cinco minutos.
2Se recomienda encarecidamente que sean de mayor duración, pero solo si ves que el tiempo transcurre con poca o ninguna sensación de esfuerzo.
3La manera de practicar que utilizaremos es tan natural y fácil para una mente entrenada como antinatural y difícil para una no entrenada.
5. Pero tu mente ya está algo entrenada.
2Ya estás bastante preparado para aprender la forma de la práctica de hoy, aunque puede que encuentres una fuerte resistencia.
3La razón es muy simple.
4Cuando practicas de esta forma, dejas atrás todas las creencias y pensamientos que te has inventado.
5Esto es, en esencia, la liberación del infierno.
6Mas, a los ojos del ego, esto representa la pérdida de la identidad personal y el descenso a los infiernos.
6. Si puedes apartarte del ego, aunque sea mínimamente, reconocerás que sus miedos no tienen sentido.
2Tal vez te resulte útil decirte a ti mismo de vez en cuando que llegar a la luz es escapar de la oscuridad, aunque creas lo contrario.
3Dios es la Luz en la que ves.
4Y estás tratando de llegar a Él.
7. Comienza la práctica repitiendo la idea de hoy con los ojos abiertos, y luego ciérralos lentamente repitiendo la idea varias veces más.
2A continuación, trata de sumergirte en tu mente, dejando ir todo tipo de interferencias e intrusiones, descendiendo tranquilamente más allá de ellas.
3No hay nada que le impida a tu mente hacer esto, excepto tú mismo.
4Tu mente simplemente está siguiendo su curso natural.
5Trata de observar los pensamientos que te lleguen sin involucrarte, y deslízate tranquilamente más allá de ellos.V
8. Aunque este ejercicio no requiere ningún enfoque en particular, sí es necesario que consideres importante lo que estás haciendo, su inestimable valor para ti, y que seas consciente de que estás intentando algo muy sagrado.
2La salvación es tu logro más dichoso y el único que tiene un verdadero significado porque es el único que te beneficia.
9. Si experimentas cualquier tipo de resistencia, haz una pausa para repetir la idea de hoy con los ojos cerrados, a menos que sientas miedo.
2En ese caso, probablemente te tranquilice abrir brevemente los ojos.
3Trata, sin embargo, de reanudar el ejercicio lo antes posible.
10. Si practicas correctamente, deberías experimentar una cierta relajación, una sensación de acercarte a la luz, e incluso de adentrarte en ella.
2Deja atrás los pensamientos del mundo y trata de pensar en una luz sin forma ni límites.
3Y no olvides que no pueden retenerte en él a menos que tú les concedas ese poder.VI
11. Repite la idea de hoy a menudo a lo largo del día, tanto con los ojos abiertos como cerrados, según te venga mejor en ese momento.
2Y, por supuesto, no la olvides.
3Por encima de todo, proponte firmemente no olvidarla hoy.VII
I Tú no ves nada fuera de ti mismo porque fuera de ti no hay nada. Todo lo que percibes está dentro de ti y lo has hecho tú; lo que ocurre es que te has convencido de que eso que has concebido está fuera de ti.
La Lección de hoy es para que aprendas a dejar de asociar la idea de ver con la experiencia de percibir «cosas». Eso no es ver, eso es imaginar, porque en esa experiencia no estás conociendo nada; simplemente estás proyectando imágenes en la pantalla de la conciencia, y a eso lo llamas «ver».
La verdadera visión es una relación directa con la verdad, y como la verdad es precisamente lo que tú eres, cuando ves algo de verdad tienes la sensación de que te has convertido en eso que estás viendo, de que «eres eso». Lo cual, si lo piensas bien, tiene mucho sentido, porque Conocer es uno de los tres aspectos del Ser, es decir, Conocer y Ser es lo mismo.
Por eso, en el ámbito del Conocimiento, no hay distinción entre el que conoce y lo conocido. Solo existe la unidad. Lo que llamamos «visión» en el Curso es el comienzo del regreso a esa unidad. No se trata de percibir diferentes objetos con una nueva claridad, sino de experimentar la esencia detrás de todas las apariencias, reconociendo que lo que ves no está separado de ti.
Cuando realmente «ves», ya no hay una sensación de distancia entre tú y lo que percibes. No existe un «observador» y un «observado». En su lugar, hay una experiencia directa e inmediata de unidad. Por eso la verdadera visión se describe a menudo como un estado de paz profunda, porque no hay conflicto en la unidad: no hay división, ni oposición, ni «otro».
Esto es radicalmente diferente de la percepción del ego, que se construye sobre la dualidad: sujeto y objeto, yo y otro, dentro y fuera. La «visión» del ego siempre está filtrada por el juicio, la comparación y la interpretación. Pero la visión real trasciende todo eso. No interpreta; simplemente reconoce lo que es.
La práctica de la Lección de hoy consiste en empezar a aflojar el control de la forma de ver del ego. Se te invita a notar que lo que crees ver «ahí fuera» es, en realidad, una proyección desde tu interior. Y al cuestionar la realidad de estas apariencias externas, abres tu mente a la posibilidad de otro tipo de visión, una que revela la verdad que siempre ha estado ahí, dentro de ti.
II El término «luz», que este Curso utiliza tan profusamente, es un símbolo que representa la comprensión, el entendimiento y el conocimiento de los aspectos de la realidad que se reflejan y se perciben en la ilusión.
En el contexto del Curso, la «luz» no es simplemente una metáfora de la claridad visual, sino un símbolo de la conciencia espiritual: el reconocimiento de la verdad más allá de las apariencias. Representa el cambio de percibir a través de la distorsionada lente del ego a percibir mediante la visión de Cristo, que ve más allá de la forma hacia la esencia eterna de todas las cosas.
La luz representa el estado mental en el que la oscuridad de la ignorancia, el miedo y la separación ha sido disipada. No es algo externo que debamos buscar, sino una presencia interior que siempre ha estado ahí, esperando ser reconocida. El Curso nos recuerda que la luz no está fuera de nosotros porque nada está fuera de nosotros.
Esta luz interior no revela las ilusiones del mundo, sino la realidad inmutable que existe más allá de ellas. Es la conciencia de que lo que creíamos oculto siempre ha estado presente, y que nuestra verdadera naturaleza no está definida por las formas que percibimos, sino por la verdad inmutable que se encuentra más allá de la percepción.
Por lo tanto, cuando el Curso nos invita a «alcanzar la luz», no nos está pidiendo que logremos algo nuevo, sino que recordemos lo que ya somos. Se trata de eliminar las barreras que hemos colocado en nuestra mente—las creencias y juicios falsos—que bloquean nuestra conciencia de esta luz siempre presente.
En este sentido, la luz es sinónima de conocimiento, no en el sentido intelectual, sino como un saber directo y experiencial: el tipo de certeza que no necesita pruebas porque surge del reconocimiento de lo que es eternamente verdadero.
III La luz que vamos a tratar de alcanzar hoy es el Conocimiento, uno de los tres aspectos de tu Ser (Conocimiento-Amor-Voluntad) ya mencionados, en concreto, la luz del Conocimiento.
Si este fuera un tratado de tantra yoga, diría que vas a trabajar el «chakra ajna».
Esta referencia al ajna chakra, conocido a menudo como el «tercer ojo», es simbólica de la visión interior y la percepción superior, cualidades estrechamente alineadas con lo que el Curso denomina la verdadera visión o la visión espiritual. Así como el ajna chakra representa la capacidad de percibir más allá de los sentidos físicos, la luz del Conocimiento en el Curso apunta a una conciencia que trasciende las limitaciones de la percepción basada en el ego.
Sin embargo, aunque el Curso no emplea el mismo marco que el tantra yoga, ambas tradiciones señalan la misma verdad esencial: el cambio de una percepción externa y fragmentada hacia una conciencia interior y unificada. En el Curso, este proceso no consiste en activar centros de energía, sino en eliminar los bloqueos mentales que nos impiden reconocer la luz que siempre ha estado dentro de nosotros.
IV La práctica de hoy es una variación del ejercicio de meditación que se enseña en la Lección 41.
En cierta manera, podría decirse que este Curso reúne y requiere la práctica de diversos «yogas». Fundamentalmente, es un extraordinario manual de gnana yoga —el yoga del conocimiento— por sus principios de carácter ontológico y gnoseológico, que se pueden encontrar en la versión más pura del vedanta advaita. También es una impecable propuesta de karma yoga —el yoga de la acción— por el énfasis que pone en el desapego de los asuntos del mundo y en el perdón.
Es indudable que el bhakti yoga —el yoga de la devoción— es omnipresente a lo largo del Curso. Pero las diferentes prácticas de meditación que se proponen en el Libro de Ejercicios son planteamientos propios del raja yoga, el yoga de las técnicas mentales.
Esta convergencia de principios yóguicos dentro del Curso ilustra su enfoque integral hacia el despertar espiritual. Al igual que el gnana yoga, guía a la mente a cuestionar creencias e ilusiones profundamente arraigadas, conduciéndonos hacia el reconocimiento de la verdad última. Como el karma yoga, enfatiza el poder transformador del perdón como medio para trascender los apegos del ego. El elemento bhakti se expresa en el llamado recurrente del Curso a rendirse al amor divino, fomentando un sentido profundo de devoción hacia Dios y hacia nuestro verdadero Ser.
Por su parte, las prácticas meditativas reflejan las disciplinas del raja yoga, entrenando a la mente para silenciar su incesante parloteo y abrirse a la quietud interior. Esta síntesis permite que el Curso resuene con buscadores de diversos caminos, ya que no se limita a un solo método, sino que integra la sabiduría de múltiples tradiciones para apoyar el proceso de recordar nuestra unidad con Dios.
V Este importantísimo ejercicio de hoy es una meditación formal guiada, en la que se enuncia la idea «Dios es la luz en la que veo» y luego, con la mente absolutamente relajada, se evoca la pura idea de la luz.
Es normal que surjan pensamientos que te distraigan; cuando eso ocurra, simplemente descártalos sin concederles la menor importancia. Lo único que importa es la firme determinación de evocar la luz e ir hacia ella.
Esta práctica no consiste en controlar la mente ni en forzarla a estar en silencio, sino en redirigir suavemente tu atención cada vez que surjan distracciones. Cada vez que notes que tu mente se desvía, regresa con calma a la idea de la luz, como si siguieras una corriente suave de regreso a su fuente.
Permite que el concepto de luz se expanda en tu mente, no como un fenómeno físico, sino como una presencia interior, un resplandor silencioso que ya está ahí, esperando ser reconocido. No necesitas crear la luz; solo necesitas eliminar el velo de pensamientos que parecen ocultarla.
Aborda esta meditación con paciencia y una actitud de apertura. Incluso breves momentos de claridad, cuando sientas la conexión con la luz interior, son invaluables. Con el tiempo, estos destellos se profundizarán y la experiencia de la luz se volverá más natural y constante.
Recuerda, el objetivo no es alcanzar un resultado específico, sino cultivar la disposición a experimentar la verdad. La luz siempre está ahí porque es lo que eres. Este ejercicio es simplemente una forma de recordar ese hecho eterno.
VI Si la práctica de la meditación no es nueva para ti, no experimentarás miedo en absoluto. El miedo en este ejercicio proviene del vértigo que siente el ego al perder el control sobre la mente. Por eso, es importante que no te tomes el ejercicio como algo personal, pues no se trata de eso en absoluto, sino más bien de todo lo contrario.
Estás intentando trascender la mente inferior —el ámbito del ego— e ir hacia la parte superior de tu mente. Y es fundamental que te des cuenta de que no estás yendo a ningún lugar ajeno a ti mismo; esa parte de tu mente es más tú que ese «yo» que crees ser. Sin embargo, esto aún no lo sabes con claridad, pues, más que algo que se aprende, es una experiencia.
Este proceso no se trata de enfrentar algo ajeno o desconocido; más bien, se trata de regresar a lo que siempre ha estado dentro de ti, pero que ha sido olvidado. El ego puede resistirse porque percibe este cambio como una amenaza para su identidad, pero en verdad, nada real está en riesgo. Hacia lo que te estás dirigiendo es tu verdadero Ser: la conciencia eterna e inmutable que nunca ha sido afectada por las ilusiones de la separación, el miedo o el tiempo.
Durante el ejercicio, si sientes alguna incomodidad, simplemente obsérvala sin juzgar. Reconoce que el miedo no es tuyo; es solo una reacción temporal del ego, que intenta mantener su ilusión de control. No necesitas luchar contra él ni analizarlo. Solo reconoce su presencia, regresa suavemente tu atención a la práctica y permite que la resistencia se disuelva por sí sola.
La clave es abordar la meditación con confianza, apertura y disposición a soltar los patrones de pensamiento familiares que han definido tu identidad hasta ahora. La luz que estás buscando no está fuera de ti: eres tú. La práctica es simplemente una invitación a recordar esa verdad.
VII El ejercicio de hoy es muy importante y tiene un enorme poder transformador, porque une dos ideas fundamentales absolutamente reales y verdaderas: la idea de Dios y la idea de la luz en ti.
Evocarlas conjuntamente no es imaginar ninguna fantasía, es comenzar a ver la realidad. Recuerda que percibes aquello que quieres ver, por eso tu querencia de luz es esencial para que este ejercicio tenga éxito.
Esta práctica no es un ejercicio intelectual; es una apertura del corazón y la mente al reconocimiento de lo que siempre ha estado presente. La luz no es algo que necesites crear o alcanzar; es la esencia de tu ser. Cuando llevas la idea de Dios a esta conciencia, no estás invocando algo separado de ti, sino reconociendo la Fuente de esa luz en tu interior.
La clave de este ejercicio es la disposición. Incluso si sientes resistencia o dudas, tu deseo sincero de experimentar la luz te guiará suavemente más allá de esas barreras. El Curso nos recuerda que no necesitamos una fe perfecta para comenzar; solo necesitamos la más pequeña disposición para permitir que la verdad se revele.
Cuando te sientes en silencio con la idea «Dios es la luz en la que veo», no intentes forzar una experiencia. Simplemente sostén el pensamiento con suavidad en tu mente, como una invitación silenciosa. Si surgen distracciones, regresa a la idea con paciencia y confianza. Con el tiempo, puede que notes cambios sutiles: una sensación de paz, una sensación de expansión o una alegría serena que surge sin causa externa.
Estos destellos son señales de que estás comenzando a ver con la luz de la verdad en lugar de con los ojos del ego. Cuanto más practiques, más natural se volverá esta visión, hasta que deje de ser algo que buscas para convertirse en algo que vives.
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LECCIÓN 43
Dios es mi Fuente; no puedo ver separado de Él.
1. La percepción no es un atributo de Dios.I
2El ámbito de Dios es el Conocimiento.
3Mas Dios ha creado al Espíritu Santo como Mediador entre el Conocimiento y la percepción.
4Sin este vínculo con Dios, la percepción habría reemplazado al Conocimiento en vuestras mentes para siempre.II
5Gracias a este vínculo con Dios la percepción cambiará tanto, y se purificará de tal manera, que conducirá al Conocimiento.
6Esa es la función de la percepción tal como la ve el Espíritu Santo.
7Por tanto, esa es su verdadera función.
2. En Dios no puedes ver.
2La percepción no tiene ninguna función en Dios, y no existe.III
3Mas en la salvación, que es el deshacimiento de lo que nunca fue, la percepción tiene un poderoso propósito.
4Concebida por el Hijo de Dios para un propósito profano, ahora debe transformarse en el medio para restaurar la conciencia de su santidad.
5La percepción no tiene ningún significado en sí misma.
6Sin embargo, el Espíritu Santo le da un significado muy próximo al de Dios.
7Una percepción sanada se convierte en el medio por el que el Hijo de Dios perdona a su hermano, y así se perdona a sí mismo.IV
3. Tú no puedes ver separado de Dios porque no puedes estar separado de Dios.
2Todo lo que haces ocurre en Él.
3Todo lo que piensas lo piensas con Su Mente.
4Si la visión es real –y lo es en la medida en que comparte el propósito del Espíritu Santo– entonces no puedes ver separado de Dios.
4. Hoy se requieren tres periodos de práctica de cinco minutos.
2Uno lo más temprano posible, y otro lo más tarde que puedas.
3El tercero debe realizarse en el momento más conveniente, según las circunstancias y tu disposición.
5. Al comienzo de la práctica, repite en silencio la idea con los ojos abiertos.V
2Luego mira a tu alrededor aplicando la idea de hoy específicamente a lo que veas.
3Para esta fase de los ejercicios son suficientes cuatro o cinco temas.
4Di, por ejemplo:
5Dios es mi Fuente.
6No puedo ver este escritorio separado de Él.
7Dios es mi Fuente.
8No puedo ver ese cuadro separado de Él.
9Aunque esta parte del ejercicio debe ser bastante corta, asegúrate de seleccionar al azar los temas sin excluir ni incluir ninguno de manera consciente.
6. Para la segunda fase del ejercicio, que es más larga, cierra los ojos, repite de nuevo la idea de hoy, y luego deja que cualquier pensamiento relevante que se te ocurra se incorpore a la idea como te parezca oportuno.
2Pensamientos tales como:
3Veo a través de los ojos del perdón.
4Veo un mundo bendito.
5El mundo puede mostrarme a mí mismo.
6Veo mis propios pensamientos, que son como los de Dios.
7Cualquier pensamiento que esté más o menos relacionado con la idea de hoy es adecuado.
8No es necesario que los pensamientos guarden una relación evidente con la idea, pero tampoco deben estar en desacuerdo con ella.
7. Si ves que tu mente divaga, si empiezas a ser consciente de pensamientos que están claramente en desacuerdo con la idea de hoy, o si no se te ocurre nada, abre los ojos, repite la primera fase, y vuelve a intentar la segunda.
2No te permitas quedarte atrapado en pensamientos irrelevantes.
3Para evitarlo, vuelve a la primera fase tantas veces como sea necesario.
8. Al aplicar la idea de hoy en los periodos de práctica más cortos, puedes variar la forma según las circunstancias y situaciones en las que te encuentres durante el día.
2Cuando estés con alguien, recuerda decir en silencio:
3Dios es mi Fuente.
4No puedo verte separado de Él.
5Esta variación es igualmente aplicable tanto a desconocidos como a aquellos que conoces bien.
6De hecho, evita hacer distinciones de este tipo.
9. Aplica también la idea de hoy a lo largo del día a las diversas situaciones y acontecimientos que puedan presentarse, sobre todo a lo que te perturbe de algún modo.
2Para este tipo de aplicación utiliza esta forma:
3Dios es mi Fuente.
4No puedo ver esto separado de Él.
10. Si no se te ocurre ningún tema en particular, limítate a repetir la idea en su forma original.
2Trata de que no pase mucho tiempo sin recordar la idea de hoy, pues hacer eso es recordar tu función.
I La mente es un potencial abstracto de creación; por sí misma no hace nada ni crea nada. Debe unirse a algo para generar una propuesta.
Por otra parte, percibir es construir historias a base de enlazar símbolos mediante una determinada sintaxis. Pero la mente, por sí sola, no puede construir ninguna historia ni percibir. Para ello necesita un socio, un consejero, un guía, un autor que utilice su potencial creador neutro para elaborar una propuesta significativa.
Y en ese escenario solo hay dos posibles candidatos: el ego y el Espíritu Santo. No hay ninguno más; no te equivoques con eso.
Tú no eres el tercer candidato; tú eres la mente. No elaboras historias ni interpretas lo que percibes. Solo suscribes una determinada interpretación, y tu única libertad es elegir a quién le vas a ofrecer tu potencial creador para que elabore una historia a la que llamarás «percibir».
Al haber elegido separarte de Dios para tener una identidad individual —lo cual solo es posible en el mundo ilusorio—, tu percepción a lo largo del tiempo estaría por siempre vinculada a la autoría del ego si no fuera por la presencia del Espíritu Santo en ti. En tal caso, experimentarías un permanente sueño de miedo, culpa y muerte.
Sin embargo, las historias —las interpretaciones de lo percibido— que construimos de la mano del Espíritu Santo están alineadas con la verdad y nos llevan hacia el Conocimiento, que es uno de los tres aspectos del Ser. Estos se reflejan en las tres funciones del Alma: Conocer, Amar y Crear (T-3.IX.1:2).
En esta Lección se nos recuerda que, en el ámbito de Dios, no existe la percepción tal como la entendemos, sino el Conocimiento: la certeza de la Unidad y el Amor perfectos.
Sin embargo, ante la mente que se ha identificado con la separación, el Espíritu Santo actúa como intérprete iluminado, reconduciendo la percepción hacia su verdadera función: no reforzar la separación, sino llevar de vuelta a la plenitud del Conocimiento.
Sin este vínculo divino, la percepción —concebida por el Hijo de Dios pródigo para sostener la ilusión de lo separado— habría reemplazado permanentemente al Conocimiento. Ahora, gracias a la intervención del Espíritu Santo, la percepción se purifica y se transforma en un instrumento de salvación.
En la realidad de Dios no se requiere ver, porque allí nada está separado. En cambio, dentro del proceso de liberación de la mente dormida, la percepción cobra un propósito poderoso: convertirse en la vía del perdón.
El Espíritu Santo le otorga un significado cercano al de Dios, esto es, el del Amor que reconoce la inocencia en todas las cosas. De ese modo, la percepción sanada brinda al Hijo de Dios la oportunidad de perdonar a su hermano y, así, recordarse a sí mismo como parte de esa misma inocencia.
Esta reinterpretación de la percepción es la esencia del camino del Curso: no se trata de negar lo que vemos, sino de reinterpretarlo a través de la lente del perdón. Donde el ego ve culpa, el Espíritu Santo revela inocencia. Donde el ego proyecta miedo, el Espíritu Santo descubre amor. Y, a través de este cambio, la percepción deja de ser una herramienta de separación para convertirse en un puente de regreso a la conciencia de nuestra unidad con Dios.
II Esa intervención divina, esa Respuesta a la idea de la separación, es lo que garantiza la sanación definitiva de la mente del Hijo de Dios.
En la eternidad, eso ocurrió de manera instantánea, pero en el tiempo se le llama la Expiación y transcurre a lo largo de toda la historia del tiempo mismo. Ese es el guion que ya está escrito y que el Texto menciona, pues está escrito en la eternidad, aunque en el tiempo parezca que aún ha de ocurrir.
La Expiación no es un proceso de corrección que ocurre porque algo real haya salido mal. Más bien, es el deshacimiento de lo que nunca ocurrió en verdad: la creencia en la separación. Desde la perspectiva de la eternidad, el problema fue corregido en el mismo instante en que pareció surgir. El Espíritu Santo fue dado como la Respuesta en el instante exacto en que se concibió la ilusión de la separación.
Sin embargo, dentro de la ilusión del tiempo, esta corrección parece desarrollarse como un proceso. Por eso experimentamos aprendizaje, crecimiento y etapas de sanación, aunque, en realidad, ya estamos sanados. El viaje que percibimos es simplemente el reconocimiento gradual de lo que siempre ha sido verdad.
«El guion está escrito», no porque nuestras vidas estén predeterminadas por alguna fuerza externa, sino porque el tiempo mismo es una ilusión: una proyección de la mente que intenta explorar cómo sería estar separado de Dios. Desde fuera del tiempo, todo ya ha sucedido; todo el arco de la historia percibida existe simultáneamente.
Lo que estamos haciendo en este Curso no es reescribir el guion, sino elegir cómo lo experimentamos. Los acontecimientos pueden parecer desarrollarse de cierta manera, pero el significado que les damos, la percepción que sostenemos, es donde reside nuestra libertad. Este es el papel del Espíritu Santo: reinterpretar el guion de un modo que nos conduzca de nuevo a la paz, cambiando nuestra percepción del miedo al amor.
Así, la Expiación no es solo la corrección de un error pasado, sino el reconocimiento de que nunca ocurrió un error real. Es la aceptación de que la separación nunca sucedió en verdad y, por lo tanto, nada real se ha perdido.
A través de esta aceptación, no estamos cambiando el mundo, sino cambiando nuestra mente acerca del mundo. Y al hacerlo, despertamos del sueño, dándonos cuenta de que el viaje no fue más que un sueño desde el principio, y de que nunca abandonamos el Hogar.
III En Dios, la pura Existencia, no hay percepción, sino un perfecto, continuo y pleno existir. Dios es real, la percepción no lo es.
Percibir es considerar que existe algo diferente del perceptor y que, además, ese algo cambia o puede cambiar, es decir, que puede dejar de ser y convertirse en otra cosa, que puede morir y volver a la existencia con una forma diferente, siempre limitada.
La percepción implica inherentemente dualidad: sujeto y objeto, observador y observado, yo y otro. Se basa en la ilusión de la separación, que es el fundamento del sistema de pensamiento del ego. En contraste, Dios es Uno, una totalidad indivisible donde no existe ningún «otro» que deba ser percibido. Solo existe el Ser: inmutable, eterno y completo.
Por eso, en Dios, la percepción no tiene función. No hay necesidad de percibir lo que ya se conoce perfectamente. En el ámbito del Conocimiento—que es el dominio de Dios—no existe la relación sujeto-objeto, porque todo forma parte de la misma realidad unificada.
La percepción surge únicamente como un sustituto del Conocimiento cuando la mente elige creer en la separación. En esta ilusión, la percepción se convierte en el mecanismo a través del cual la mente intenta dar sentido a un mundo fragmentado que ella misma ha imaginado. Busca otorgar significado a las apariencias, sin darse cuenta de que el significado que asigna proviene de su propio interior.
Sin embargo, la percepción es inestable porque se basa en el cambio. Cambia constantemente, influida por emociones, juicios y experiencias pasadas. Lo que percibimos hoy, podemos verlo de manera diferente mañana, no porque la realidad haya cambiado, sino porque nuestra interpretación lo ha hecho. Esta es una señal clara de que la percepción no puede revelar la verdad, porque la verdad no cambia.
El papel del Espíritu Santo es purificar la percepción, transformándola de una herramienta de separación en un puente de regreso al Conocimiento. A través del perdón, aprendemos a ver más allá de las apariencias y a reconocer la esencia inmutable detrás de las formas. Comenzamos a percibir no a través de los ojos del cuerpo, sino mediante la visión de Cristo: una percepción que refleja la unidad y la inocencia que aún existen bajo la ilusión de la separación.
En última instancia, el objetivo no es perfeccionar la percepción, sino trascenderla por completo. Cuando la mente esté completamente sanada, la percepción ya no será necesaria, porque la ilusión de la separación habrá sido deshecha. Lo que permanece es la experiencia directa e incuestionable de la Verdad, más allá de la necesidad de «verla», porque simplemente seremos esa Verdad.
En este sentido, la salvación no consiste en cambiar el mundo que percibimos, sino en deshacer la creencia en la realidad de la percepción misma. Y, en su lugar, brillará sin obstáculos lo que siempre ha sido verdad: la realidad perfecta, eterna e ilimitada de Dios.
IV Este Curso tiene un propósito y una estrategia para lograrlo. El perdón es el remedio que Jesús nos propone para despertar del sueño de muerte de la percepción egoica.
En el contexto del Curso, el perdón no es lo que comúnmente entendemos por este término. No se trata de absolver a otros por sus supuestos errores u ofensas. Más bien, es el reconocimiento de que nunca hubo nada que perdonar, porque las ofensas que percibimos son ilusiones, proyecciones de la creencia de nuestra propia mente en la separación.
La percepción del ego se basa en el juicio, la culpa y el miedo. Busca constantemente validar la ilusión de la separación haciendo que otros sean responsables de nuestro dolor o reforzando la creencia de que nosotros mismos somos culpables e indignos de amor. Esta dinámica crea un ciclo interminable de sufrimiento, ya que continuamente proyectamos y percibimos culpa tanto dentro como fuera de nosotros.
El perdón, tal como lo enseña el Curso, rompe este ciclo. Es el proceso de mirar más allá de las apariencias para reconocer la verdad: que nada real ha sido dañado, que no se ha cometido ningún pecado y que el Hijo de Dios permanece inocente e íntegro.
Este cambio de percepción no es algo que logremos únicamente con nuestros propios esfuerzos. Requiere la guía del Espíritu Santo, quien reinterpreta cada situación, persona o recuerdo a través del lente del amor en lugar del miedo. Cuando permitimos que el Espíritu Santo «juzgue» por nosotros, comenzamos a ver con la visión de Cristo, una visión que no depende de los ojos del cuerpo, sino del reconocimiento de nuestra divinidad compartida.
El perdón, entonces, no se trata de cambiar a los demás ni siquiera a nosotros mismos. Se trata de liberar la creencia de que algo ha salido mal. Es la realización de que lo que pensábamos que era real—conflicto, pérdida, traición, culpa—fue simplemente una percepción errónea, un sueño del que podemos despertar.
La estrategia del Curso es guiarnos a través de prácticas diarias que nos ayudan a deshacer el sistema de pensamiento del ego. Cada Lección nos invita a:
1) Reconocer las creencias falsas que sostenemos.
2) Cuestionar la realidad de estas creencias con la ayuda del Espíritu Santo.
3) Elegir de nuevo: ver a través de los ojos del perdón en lugar del juicio.
A través de la práctica constante, comenzamos a experimentar momentos de verdadera paz, destellos de la realidad más allá del sueño. Estos momentos crecen a medida que nuestra confianza se profundiza y, eventualmente, el perdón se convierte no solo en una práctica, sino en nuestra forma natural de ver.
En última instancia, el perdón nos lleva a la Expiación, que es la aceptación total de que la separación nunca ocurrió. Cuando alcanzamos este reconocimiento, el sueño se disuelve y despertamos a la verdad de lo que somos: el Hijo eterno y amado de Dios, en paz para siempre en Su Amor.
V La versión FIP en español aquí dice «con los ojos cerrados» en todas sus ediciones, pero eso es un error. La versión FIP en inglés dice with eyes open, «con los ojos abiertos», al igual que el Urtext y las Notas. Este es uno de los poquísimos deslices de la traducción de la FIP en español.
Esta discrepancia es significativa porque altera la práctica prevista en la Lección. En el Curso, la indicación de mantener los ojos abiertos o cerrados durante un ejercicio no es un detalle trivial; a menudo refleja el propósito específico de la práctica.
Cuando la instrucción es mantener los ojos abiertos, suele estar relacionada con la integración de la Lección en el mundo exterior, aplicando la enseñanza a lo que percibimos a nuestro alrededor. Simboliza la idea de que el perdón y la sanación no se limitan a estados meditativos de quietud, sino que deben extenderse a nuestras experiencias diarias y conscientes.
Por el contrario, las prácticas con los ojos cerrados suelen ser más introspectivas, centradas en la reflexión interna, la quietud y la comunión directa con el Espíritu Santo.
Corregir este detalle ayuda a alinear la práctica con su propósito original: tender un puente entre la conciencia interior y la percepción externa, reforzando la idea de que la Presencia de Dios no está limitada a momentos de soledad, sino que nos acompaña en todo momento, incluso en medio del mundo que vemos.
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LECCIÓN 42
Dios es mi fortaleza; la visión es Su Don.
1. La idea de hoy combina dos pensamientos muy poderosos, ambos de gran importancia.I
2También establece una relación de causa y efecto que explica por qué tus esfuerzos para alcanzar el objetivo de este Curso no pueden fracasar.
3Verás porque esa es la Voluntad de Dios.
4Es Su Fortaleza, no la tuya, la que te da poder.
5Y es Su Don, y no el tuyo, el que te ofrece la visión.
2. Dios ciertamente es tu fortaleza.II
2Y lo que Él da es verdaderamente concedido.
3Esto significa que puedes aceptarlo y recibirlo en cualquier momento y lugar, sin importar las circunstancias.III
4Tu tránsito por el tiempo y el espacio no es casual.
5No puedes sino estar en el lugar adecuado en el momento adecuado.
6Tal es la Fortaleza de Dios.
7Tales Sus Dones.
3. Hoy tendremos dos prácticas largas, de tres a cinco minutos cada una.
2La primera lo antes posible cuando te despiertes, y la otra lo más cerca posible de cuando te vayas a dormir.
3Es mejor esperar a que estés listo para sentarte tranquilamente a solas que preocuparte demasiado por la hora exacta.
4. Comienza repitiendo lentamente la idea de hoy mientras miras a tu alrededor.
2Luego, cierra los ojos y repite la idea de nuevo aún más despacio.
3Después, céntrate solo en los pensamientos que se te ocurran en relación con la idea de hoy.IV
4Podrías pensar, por ejemplo:
5La visión debe ser posible.
6Dios da de verdad.
O bien:
7Debo tener los Dones de Dios, pues Él me los otorgó.
5. Cualquier pensamiento que esté claramente relacionado con la idea de hoy es adecuado.
2De hecho, quizás te asombre la gran comprensión de las enseñanzas de este curso que reflejarán algunos de los pensamientos que se te ocurren.
3No impidas que te lleguen, a menos que te des cuenta de que simplemente estás divagando, y has dejado que se entrometan pensamientos que son claramente irrelevantes.
4Si llegas a un punto en el que no se te ocurre nada, abre los ojos y repite la idea mientras miras lentamente a tu alrededor.
5Luego, cierra los ojos, repítela una vez más, y sigue buscando en tu mente pensamientos afines a la idea de hoy.
6. Recuerda que no debes esforzarte por encontrar pensamientos adecuados.
2Simplemente, deja que lleguen.
3Si te resulta difícil, es mejor que pases la práctica alternando repeticiones lentas de la idea con los ojos abiertos y con los ojos cerrados, pero no te esfuerces por encontrar pensamientos adecuados; deja que te lleguen.
7. Puedes hacer todas las prácticas breves que desees; serán muy beneficiosas.
2La idea de hoy es un primer paso para unificar tus pensamientos y enseñarte que este curso presenta un sistema de pensamiento integrado, sin carencias ni contradicciones.
8. Cuanto más a menudo repitas la idea durante el día, más estarás recordándote a ti mismo que el objetivo de este curso es importante para ti, y que no lo has olvidado.
I Muchos caminos espirituales, incluido este Curso, reconocen la tríada sagrada, los tres aspectos del Ser (existencia): Fortaleza (crear/voluntad), Visión (comprender/conocimiento) y Amor (amar/dicha). Esta Lección trata de los dos primeros.
El Curso introduce la idea de Dios como tu Fortaleza y la Visión como Su Don. Aquí, «Fortaleza» no es una fuerza personal ni un recurso que se obtiene a base de esfuerzo, sino la inquebrantable fortaleza del Amor y la Verdad. «Visión» alude a la forma de percepción verdadera que se nos otorga cuando dejamos de ver con los ojos del ego y permitimos que el Espíritu Santo mire a través de nosotros.
La relación de causa y efecto que se menciona es que la Voluntad de Dios es la Causa, y nuestra nueva forma de ver (la Visión) es el efecto. Como esa es Su Voluntad, no puede fracasar. Esto responde a la lógica central del Curso: lo que nace del Amor infinito ya está hecho, porque en la Mente de Dios no hay oposición real.
Esta es la clave para entender por qué nuestros esfuerzos en este Curso están destinados a tener éxito: no por nuestra fuerza personal o disciplina, sino porque simplemente nos estamos alineando con una Voluntad que ya ha sido cumplida. No estamos intentando crear la visión; estamos abriéndonos a recibir lo que ya nos ha sido dado.
«Dios es mi fortaleza; la visión es Su regalo». Esto no es una promesa de algo que ha de venir; es una afirmación de lo que ya es. Nuestra práctica, entonces, no se trata de esforzarnos, sino de recordar; no se trata de alcanzar, sino de permitir.
Cuando dejamos de lado los intentos frenéticos del ego por controlar, arreglar y comprender a través de su limitada lente, creamos espacio para que emerja algo mucho más grande: la claridad sin esfuerzo de la Visión, impulsada no por nosotros, sino por la propia Fuente de todo lo que es verdadero.
II 2 Samuel 22:33 «Dios es mi fortaleza y mi poder, y él hace perfecto mi camino».
Este versículo refleja de manera hermosa la esencia de la Lección de hoy: «Dios es mi fortaleza; la visión es Su regalo». Refleja la verdad atemporal de que la verdadera fortaleza no proviene del esfuerzo personal, sino de nuestra conexión con lo Divino. Dios es la fuente de todo poder real, no como una fuerza que debamos adquirir, sino como el fundamento mismo de nuestro ser.
«Él hace perfecto mi camino» alude al mismo principio que enseña el Curso: cuando nos rendimos a la Voluntad de Dios—cuando dejamos de intentar controlar, juzgar y forzar nuestro camino—descubrimos que siempre hemos estado guiados. La perfección no consiste en evitar desafíos, sino en reconocer que cada paso, cada Lección e incluso cada aparente error forman parte de un diseño más grande y amoroso.
Esto se alinea con la enseñanza del Curso de que nuestro recorrido por el tiempo y el espacio no es aleatorio: «No puedes sino estar en el lugar correcto en el momento adecuado. Tal es la fortaleza de Dios. Tales son Sus dones.» (L-42.2:5-7)
Tanto el versículo bíblico como el Curso nos recuerdan que nunca estamos solos, nunca desprovistos de apoyo. Nuestra fortaleza no es frágil porque no depende de nosotros mantenerla; es la fortaleza de Dios en nosotros, inmutable y eterna.
Cuando confiamos en esta verdad, dejamos de luchar por perfeccionar nuestro camino a través del esfuerzo. En su lugar, permitimos que la perfección que ya está presente se despliegue ante nosotros, confiando en que Su visión nos guiará allí donde nuestros ojos no pueden ver.
III Esta afirmación es crucial. Créela y haz tuyo su contenido, pues redefine el paradigma de tu vida personal. Créela e iluminará tu vida.
Ahora todo cobra sentido; hasta el más ínfimo detalle de lo que te ocurre tiene propósito. La vida es perfecta, pues es una Lección permanente de lo que tienes que aprender, es decir, de todo lo que debes cambiar en tu mente para que llegues a verlo así.
Todo lo que te sucede y te disgusta simplemente te está incitando a perdonarlo y a verlo de otra manera, de la manera correcta, que es la que le confiere su verdadero significado. Y cuando esto ocurre, tu corazón te lo confirma, porque entonces te «sientes» bien; entonces tu mente está pensando algo que es verdad.
No le tengas miedo a la vida. En ella todo juega a tu favor, aunque tú no lo creas. Constantemente se te están proporcionando las oportunidades óptimas de aprender algo imprescindible para tu felicidad.
No seas arrogante pensando que sabes mejor que la infinita sabiduría divina qué es lo que más te conviene. Ciertamente no es así, y a estas alturas eso ya debiera resultarte evidente. No te disgustes jamás; agradece siempre.
Los Dones de Dios te rodean por doquier, y tu Padre está en ti, tal como tú estás en Él, sin importar lo que tu ego te diga. Esa agria voz siempre te ha engañado, y con esto también lo hará.
No estás solo; eres constantemente guiado por medio de la vida misma, tu gran maestra del cambio.
Recuerda esto y no lo olvides jamás: la medida de tu disgusto es siempre la medida exacta de lo que tienes que aprender en un momento dado.
Nuestro tránsito por el tiempo y el espacio no es casual. La Fortaleza de Dios, Su plan amoroso, garantiza que, en cada instante, se nos brinde la oportunidad de recordar la Verdad. Incluso cuando nos sentimos perdidos, estamos en el escenario perfecto para llevar a cabo el aprendizaje que nos corresponde.
Esta comprensión no solo cambia la forma en que interpretamos los desafíos; redefine el propósito completo de nuestra vida. En lugar de ver los problemas como obstáculos, comenzamos a reconocerlos como regalos, cada uno diseñado para despertarnos y guiarnos de regreso a la conciencia de quiénes somos realmente.
Nada está en tu contra. Todo está a tu favor. La pregunta no es: «¿Por qué me está sucediendo esto?», sino más bien: «¿Qué está aquí para enseñarme esto?»
Cuando adoptas esta perspectiva, la vida deja de sentirse como una lucha y comienza a convertirse en un aula sagrada, donde cada momento, cada encuentro y cada emoción forman parte de un currículo divino diseñado para tu despertar.
IV Esta es la presentación formal, tras una breve aparición en la Lección 38, de dejar que vengan libremente pensamientos relacionados con la idea del día. Es una práctica en la que primero repetimos la idea y luego nos quedamos en silencio mental, permitiendo que surjan espontáneamente pensamientos afines.
Se trata de un ejercicio muy importante que fomenta y desarrolla en gran medida la creatividad, abriéndote las puertas de una parte de tu mente que desconocías y que tiene un potencial inmenso.
El ejercicio en sí tiene la estructura de una oración, pues comienzas invocando con fe la idea que se te propone y luego te quedas en silencio, aguardando la respuesta. La clave de toda esta práctica reside en la confianza con la que la llevas a cabo y en el silencio mental que proteges de las intrusiones del ego.
Si lo haces bien, serás inspirado con pensamientos llenos de luz que provendrán de la parte superior de tu mente. Este es un ejercicio que, de manera consciente o inconsciente, utilizan todas las personas creativas capaces de traer a este mundo ideas del más allá, pues es la fuente de la creatividad. Y, como dice la Lección, sus resultados te sorprenderán.
La mente es camaleónica; se convierte en aquello que evoca y cree cierto. Así, si llega a ella la idea de la debilidad, se debilita; si trae la de la fortaleza, se fortalece. Y esto ocurre con todo aquello en lo que piense.
Ahora bien, ¿puedes concebir ideas más poderosas que la Fortaleza y la Visión de Dios? Entonces, imagina el efecto que tendrá traerlas a tu mente, abrazarlas y reposar en ellas.
Esta práctica no consiste en forzar comprensiones ni en perseguir revelaciones profundas. Se trata de crear un espacio: una apertura silenciosa donde la verdad pueda surgir suavemente sin interferencias. No estás intentando controlar el proceso; estás permitiendo que se desarrolle de forma natural, confiando en que la luz de la inspiración llegará, no porque la exijas, sino porque ya está ahí, esperando ser recibida.
Piénsalo como abrir una ventana en una habitación oscura. No tienes que crear la luz del sol; simplemente eliminas la barrera y la luz entra por sí sola. De la misma manera, cuando despejas la mente del desorden y permites que la idea del día se asiente, las comprensiones surgen sin esfuerzo, como ondas en el agua quieta.
Esta es la puerta tanto a la paz interior como a la verdadera creatividad.
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LECCIÓN 41
Dios va conmigo dondequiera que yo voy.
1. Con el tiempo, la idea de hoy te permitirá superar por completo la sensación de soledad y abandono que experimentan todos los separados.I
2La depresión es una consecuencia inevitable de la separación.
3Y también es inevitable sentir ansiedad, preocupación, albergar una profunda sensación de impotencia, sentirse miserable, sufrir y tener un intenso miedo a perder.
2. Los separados han inventado muchas, muchas «curas» para lo que ellos creen que son «los males de este mundo».
2Pero lo único que no hacen es cuestionar la realidad del problema.
3Sin embargo, sus efectos no se pueden curar porque el problema no es real.II
3. La idea de hoy tiene el poder de acabar con todo este desatino para siempre.
2Pues eso es lo que es: una tontería, a pesar de las formas graves y trágicas que parezca adoptar.
3En lo más profundo de tu ser se encuentra todo lo que es perfecto, listo para irradiar a través de ti hacia el mundo entero.
4Esto curará todo pesar y dolor, todo miedo y carencia, porque sanará la mente que pensaba que esas cosas eran reales y sufría por serle fiel a esas creencias.
4. Jamás se te puede privar de tu perfecta santidad, porque su Fuente va contigo dondequiera que tú vas.
2Jamás puedes sufrir, porque la Fuente de toda dicha va contigo dondequiera que tú vas.
3Jamás puedes estar solo, porque la Fuente de toda vida va contigo dondequiera que tú vas.
4Nada puede perturbar tu paz mental porque Dios va contigo dondequiera que tú vas.III
5. Comprendemos que no creas todo esto.IV
2¿Cómo ibas a creerlo, cuando la verdad está oculta en lo más profundo de tu ser, bajo una espesa nube de pensamientos dementes, densos y oscuros, y que constituyen todo lo que tú ves?
3Hoy intentaremos por primera vez superar esa espesa nube oscura, atravesándola hasta alcanzar la luz que se encuentra más allá.V
6. Hoy solo habrá una sesión de práctica prolongada.
2Por la mañana, si es posible en cuanto te despiertes, siéntate en silencio de tres a cinco minutos con los ojos cerrados.
3Al principio, repite muy lentamente la idea de hoy.
4Luego, no te esfuerces en pensar en nada.
5Trata de sentir que vas hacia tu interior, más allá de todo vano pensamiento.
6Trata de llegar hasta lo más profundo de tu mente, sin ningún pensamiento que pueda distraerte.VI
7. Si te resulta útil, puedes repetir la idea de hoy ocasionalmente.
2Pero, sobre todo, intenta sumergirte profundamente en tu interior, lejos de los insensatos pensamientos del mundo.
3Estás tratando de trascender todas esas cosas.
4Estás tratando de dejar atrás las apariencias para acercarte a la realidad.
8. Es perfectamente posible llegar a Dios.
2De hecho, es muy fácil, porque es la cosa más natural del mundo.
3Podrías decir incluso que es lo único natural en este mundo.
4Si crees que eso es posible, el camino se abrirá ante ti.
5Este ejercicio puede producir resultados asombrosos, incluso la primera vez que se intenta, y tarde o temprano acaba por tener éxito.
6A medida que avancemos, profundizaremos en este tipo de práctica.VII
7Pero nunca fallará por completo, y es posible tener un éxito instantáneo.
9. Usa a menudo la idea de hoy a lo largo del día, repitiéndola muy despacio y preferiblemente con los ojos cerrados.
2Piensa en lo que estás diciendo, en el significado de las palabras.
3Concéntrate en la santidad que te atribuyen, en la compañía infalible que te acompaña y en la completa protección que te rodea.
10. Pues ciertamente puedes permitirte el lujo de reírte de los pensamientos de miedo, recordando que Dios va contigo dondequiera que tú vas.
I Se podría decir que esta Lección es, en cierto sentido, muy «especial», pues es particularmente poderosa. Es a la vez una invocación y una afirmación de la verdad. En eso, y al haber incluido a Dios en la idea, radica su poder.
Esa sensación de soledad, de abandono, esa depresión, son claramente efectos de la separación. Pero, ¿en qué consiste exactamente esa idea? ¿En qué se basa? ¿Qué la alimenta? Piénsalo bien y te darás cuenta de que no es una idea anónima. En realidad, es la «voluntad de estar separado» lo que la nutre. Te sientes separado, crees que lo estás porque eso es exactamente lo que quieres: quieres ser tú, punto.
Del reconocimiento de esa premisa deriva la solución al problema: el abandono de tu falsa identidad, el perdón de la idea que tienes de ti mismo y la apertura a experimentar tu realidad sin las condiciones impuestas por la interpretación de tu ego. Es decir, debes desprenderte de esa historia acerca de ti mismo que te has contado para experimentar tu realidad de manera directa.
Recuerda: tú no eres ninguna historia; tú eres real, tú eres la Realidad Misma.
Este es el verdadero poder de la Lección de hoy: te llama más allá de la narrativa, más allá de los roles e identidades que has construido, hacia la experiencia directa de lo que siempre ha sido verdad. «Dios va conmigo dondequiera que yo vaya» no es solo una frase reconfortante; es una afirmación de la realidad absoluta. No estás, ni has estado jamás, separado. No estás solo porque no puedes estarlo.
La creencia en la separación es solo eso: una creencia. No tiene fundamento en la verdad. En el momento en que dejas de alimentarla con tu atención y tu deseo, comienza a disolverse. Lo que permanece es lo que siempre ha estado ahí: la presencia de Dios, la realidad de tu ser, el simple e innegable hecho de que eres, y que en tu existencia, Dios está plenamente presente.
Esto no es algo que necesites alcanzar. Es algo que necesitas recordar. Y la Lección de hoy es una invitación suave pero poderosa para hacerlo.
II Cuando tomamos la separación (y todas sus manifestaciones) como algo real, intentamos «resolverla» dentro de un sistema de pensamiento que, en lugar de corregirla, la refuerza.
El ego trata de encontrar mil y una soluciones dentro del mundo para atajar males como la depresión, la ansiedad o la soledad, pero parte de la premisa de que la separación es real. Este Curso propone un enfoque radical: reconocer que el problema no existe en la realidad de Dios, sino que reside en una ilusión de la mente. Cuando la ilusión se expone, el problema se deshace en su origen.
El «problema del mal» en el mundo ha perseguido a la mente enjuiciadora a lo largo de la historia. Decimos que algo está «mal» cuando no colma nuestras expectativas, cuando no se ajusta a nuestra definición de cómo han de ser las cosas. Lo realmente sorprendente es que, de manera sistemática, cuestionamos la realidad, pero jamás ponemos en duda la validez de nuestras premisas.
Con nuestra mente, nuestras emociones y nuestro comportamiento manifestamos que nuestro juicio es certero y oportuno, y que la vida es un lamentable error. ¿Te das cuenta de la arrogancia que encierra semejante actitud?
Es como si estuviéramos diciendo: «La realidad se equivocó, pero yo sé cómo debería ser». Este es el sello distintivo del ego: se posiciona como juez y jurado de la existencia, asignando significado basado en su perspectiva limitada y distorsionada. Y, sin embargo, el ego nunca cuestiona su propia autoridad para emitir tales juicios.
El Curso nos invita a hacer precisamente eso: cuestionar los mismos cimientos de nuestro sistema de pensamiento. ¿Y si el problema no está ahí fuera, en el mundo? ¿Y si el problema es el lente a través del cual estamos mirando? ¿Y si el verdadero problema no son los supuestos «males» que vemos, sino nuestra creencia de que estamos separados de la Fuente de toda paz, amor e integridad?
Cuando cuestionamos la validez de nuestras premisas, abrimos la puerta a un cambio profundo. Comenzamos a ver que el problema nunca fue real en primer lugar. Fue un malentendido, una creencia errónea. Y en el momento en que dejamos de defender esa creencia, la ilusión se derrumba.
La realidad no necesita cambiar. Solo nuestra percepción.
III Cuando leas estas cuatro afirmaciones, permítete a ti mismo pensar que son verdad, aunque puedas creer otra cosa.
Piensa en esto: lo que tú creas o dejes de creer no va a cambiar en absoluto la verdad; lo que sí va a cambiar es tu estado de ánimo. Tu corazón te dice que lo que te conviene es sentirte bien, experimentar dicha en tu interior.
Por eso, y aunque solo sea durante un breve tiempo, deja de lado tu mente enjuiciadora y date la oportunidad de pensar únicamente en aquello que te da paz y te hace sentir bien.
De nuevo, por un tiempo, no te preguntes si es verdad o no; simplemente dales la bienvenida en tu mente y abrázalas.
Llegará un momento en que te darás cuenta, con absoluta claridad, de que tu mente, por ahora, es incapaz de distinguir la verdad del error. Tu corazón, sin embargo, conoce la diferencia perfectamente.
Esta es la esencia de soltar: liberar la necesidad de analizar, diseccionar o confirmar con la lógica. En su lugar, te permites sentir la resonancia de la verdad, no como una conclusión intelectual, sino como una certeza silenciosa, un reconocimiento interior que no necesita defensa.
La verdad no necesita de tu creencia para ser verdad. Pero encontrarás la paz cuando dejes de resistirte a ella.
IV Por supuesto que no lo crees. Si lo creyeras, no pensarías que estás aquí o que tienes que aprender un Curso que te devuelva la paz mental.
La mente egoica funciona por medio de creencias. Aquellas que están alineadas con la verdad la acercan a experimentar su Ser, mientras que las erróneas la alejan de esa experiencia y la deprimen.
Por esa razón, y dentro del tiempo, la pedagogía de este Curso se basa en elegir entre creencias, en escoger aquellas que te llevarán más allá de todo creer, hasta la experiencia de tu verdadero Ser.
Esta es la clave: el objetivo no es acumular «mejores» creencias ni reemplazar pensamientos negativos por positivos como si se tratara de apilar ladrillos. El objetivo es reconocer que la creencia en sí misma es una herramienta temporal, un peldaño. Eventualmente, superas incluso las creencias más hermosas, porque la verdad no es algo en lo que se deba creer; es algo que se debe conocer, algo que se debe experimentar, que se debe encarnar.
Las creencias son como un andamio alrededor de un edificio. Son útiles durante la construcción, pero una vez que la estructura está completa, el andamio se retira. De manera similar, el Curso te invita a usar estas ideas, no para aferrarte a ellas para siempre, sino para permitir que te lleven hasta un punto en el que la creencia ya no sea necesaria porque has llegado al conocimiento.
La paz no proviene de creer en la paz. Proviene de reconocer que la paz es lo que ya eres.
V Esta «espesa nube de pensamientos dementes» es lo que el Curso llama el sistema de pensamiento del ego: la constante actividad mental que refuerza nuestra identidad separada y da lugar al miedo, la culpa o la carencia.
El ejercicio propuesto en esta Lección —sentarse en silencio y tratar de sumergirse «en lo más profundo de tu mente»— es un modo de ir más allá de la superficie confusa y llegar a ese «espacio interior» donde la unicidad con Dios puede experimentarse con mayor claridad.
El Curso, especialmente en la segunda mitad del Libro de Ejercicios, da mucha importancia a los momentos de quietud y escucha interna. Esta Lección es un anticipo de lo que, con la práctica, nos permitirá reconocer la Voz de Dios en nosotros con mayor nitidez.
El ego prospera en el ruido mental, en el incesante parloteo de juicios, comparaciones y narrativas. Nos mantiene ocupados con preocupaciones superficiales para que nunca nos detengamos el tiempo suficiente para cuestionar su validez. Pero la verdad no grita; susurra en los espacios de silencio donde la voz del ego comienza a desvanecerse.
Estos momentos de silencio no son solo pausas entre Lecciones; son las Lecciones en sí mismas. En la quietud, no estás tratando de lograr algo, sino creando las condiciones para recibir lo que siempre ha estado ahí. No estás intentando hacer que la Voz de Dios hable; estás dándote cuenta de que nunca ha dejado de hacerlo.
La quietud no es la ausencia de actividad; es la presencia de la conciencia. Y es en esa conciencia donde recordarás quién eres realmente.
VI Repetir lentamente «Dios va conmigo dondequiera que yo voy» no es una fórmula mágica, sino una forma de anclar la mente en un pensamiento verdadero que contradice frontalmente la sensación de estar solos y separados.
El ejercicio sugiere no forzar la mente con pensamientos, sino permitir que se aquiete. En ese silencio, vamos soltando la identificación con la corriente incesante de ideas y preocupaciones propias del ego.
Esta experiencia de ir hacia adentro es esencial en el Curso: se nos invita a descubrir lo que está más allá del ruido mental, donde resplandece la luz de la Verdad.
Esta práctica no consiste en crear paz; se trata de descubrirla. La paz ya está ahí, bajo las capas de miedo, culpa y distracción. La repetición de la idea es como apartar suavemente las nubes para revelar el sol que nunca se fue; solo estaba oculto.
Cada vez que regresas a la frase, no estás intentando convencerte de algo nuevo, sino recordar lo que siempre ha sido verdad. No estás pidiendo la presencia de Dios; la estás reconociendo. No estás buscando conexión; estás dándote cuenta de que la separación nunca fue real.
De este modo, la práctica deja de ser solo palabras para convertirse en una experiencia: una experiencia de quietud, de apertura, de sentirte sostenido en una verdad que no necesita defensa. Y a medida que la mente se aquieta, el corazón recuerda: nunca estuviste solo.
VII Este es el primer ejercicio de meditación propiamente dicho del Libro de Ejercicios, y las indicaciones que se dan son fundamentales para las prácticas de meditación futuras.
El texto nos recuerda que no necesitamos largas demoras para reconocer la Presencia de Dios. En cualquier momento, si de verdad estamos dispuestos, la nube de pensamientos puede abrirse repentinamente para dejarnos entrever la paz que ya mora en nosotros.
Sin embargo, es frecuente que el ego se resista a esa experiencia, pues implica el cuestionamiento de su propia existencia. Por ello, la práctica diaria, disciplinada pero no forzada, va habituando a la mente a soltar el ruido constante del ego.
Esta Lección nos enseña que el problema central —la creencia en la separación— no se soluciona buscando «remedios» en el mundo, sino reconociendo que tal problema no es real en la Mente de Dios. Al practicar el recogimiento interior y el recordatorio constante —«Dios va conmigo dondequiera que yo voy»—, empezamos a desmontar la creencia en la separación y, con ello, a deshacer la raíz del miedo, la depresión y la soledad.
Lo fundamental es: no necesitamos «lograr» estar con Dios, porque ya lo estamos. Lo que sí podemos practicar es la disposición a recordar esta Verdad. Cada vez que lo hacemos, ya sea con la mente serena o en medio de la turbulencia, estamos abriendo un espacio de sanación en nosotros. Y aunque a veces la experiencia de la paz perfecta no parezca llegar de inmediato, el Curso afirma que la práctica, tarde o temprano, «nunca falla por completo», pues nada puede anular la verdad de que somos uno con Dios.
En suma, esta Lección nos invita a ir más allá de la apariencia de separación y a sumergirnos en el reconocimiento de nuestra inseparabilidad de la Fuente, de la compañía infalible y de la protección perfecta que esto supone. Así, la experiencia de la soledad se corrige al recordar que, allí donde vayamos, Dios y Su Amor nos acompañan siempre.
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LECCIÓN 40
Soy bendito por ser un Hijo de Dios.
1. Hoy comenzaremos a afirmar algunas de las cosas felices a las que tienes derecho por ser lo que eres.I
2Hoy no se requieren largas sesiones de práctica, pero sí muchas cortas y frecuentes.
3Lo ideal sería una cada diez minutos, y se te insta a que intentes hacerlo así y te ciñas a esta frecuencia siempre que sea posible.II
4Si te olvidas, inténtalo de nuevo.
5Si hay interrupciones largas, inténtalo de nuevo.
6Siempre que te acuerdes, inténtalo de nuevo.
2. No es necesario que cierres los ojos durante el ejercicio, aunque probablemente te resulte más provechoso hacerlo.
2Sin embargo, es posible que durante el día estés en situaciones donde cerrar los ojos no sea apropiado.
3No pierdas ningún momento de práctica por este motivo.
4Puedes practicar bastante bien en casi cualquier circunstancia si realmente quieres hacerlo.
3. Los ejercicios de hoy requieren poco tiempo y ningún esfuerzo.
2Repite la idea de hoy y luego añade varios de los atributos que asocias con ser un Hijo de Dios, aplicándotelos a ti mismo.
3Una práctica podría consistir, por ejemplo, en lo siguiente:
4Soy bendito por ser un Hijo de Dios.
5Soy feliz, pacífico, amoroso, y me siento satisfecho.III
6Otra podría ser así:
7Soy bendito por ser un Hijo de Dios.
8Estoy tranquilo y sereno; me siento seguro y confiado.
4. Si dispones de poco tiempo, basta con que te digas a ti mismo que eres bendito por ser un Hijo de Dios.
I Tu bendita condición de ser un Hijo de Dios no es un desiderátum, simplemente es la verdad. Eres un Hijo de Dios porque Dios te creó, y por eso eres bendito. Sin embargo, eso no es algo obvio para ti. Piensas algo muy diferente y la opinión que tienes acerca de ti mismo es bastante mala. No solo no te amas, sino que sientes una profunda aversión hacia ti mismo. La idea que albergas de ti es tan terrible que te da pánico y una vergüenza insoportable compartirla con otros. Por eso no quieres abrir tu mente y comunicarte de verdad, y la guardas para ti como algo exclusivamente privado, aun cuando lo que contiene no te gusta en absoluto.
Lo más curioso de esta situación es que nunca te has preguntado si todo eso que piensas acerca de ti mismo es verdad. Nunca has puesto en duda esa opinión. Crees que la evaluación que haces de ti mismo es perfectamente honesta, pero no cuestionas tu capacidad para hacerla.
Tu confusión acerca de tu propia identidad proviene de que ciertamente has sido testigo de terribles pensamientos que han pasado por tu mente, en ocasiones cargados de odio, crueldad y una absoluta falta de piedad. Sin embargo, nunca has cuestionado su paternidad; has dado por sentado que esos eran «tus» pensamientos, y eso no es cierto. Lo que has escuchado en tu interior ha sido la voz de tu ego, pero tú no eres tu ego. En tu confusión, has suscrito esos pensamientos temibles y los has asumido como propios. Ese ha sido tu error.
Tú eres el santo Hijo de Dios, el Amor puro de tu Padre, absolutamente inocente y más allá de toda idea de pecado. Pero en tu interior puedes oír dos voces que te presentan enseñanzas totalmente opuestas. La Voz del Espíritu Santo siempre te dice la verdad, y el ego siempre miente. Tú no tienes una voz propia, pues no tienes nada que decir; eres el Hijo de Dios y tu función es crear, no hablar.
Por eso, en este sueño del mundo, y en tu confusión al creer que eres una persona, tu única libertad es elegir qué voz quieres escuchar. Pero entiende que nunca serás eso que el ego dice de ti; incluso si decides escuchar y atender a su voz, seguirás siendo el santo Hijo de Dios.
Hoy, antes de comenzar la práctica, abre tu mente a la posibilidad de que has estado absolutamente equivocado. No es necesario que lo reconozcas de forma perfecta, simplemente sé receptivo a esa posibilidad, comienza la práctica y confía.
II Fíjate en que se te está pidiendo que repitas la idea de hoy unas cien veces a lo largo del día.
La Lección de hoy es para trabajar la voluntad, la voluntad de considerarte bendito. Aquí no se te pide que creas que eres bendito por ser el Hijo de Dios; lo que se te está pidiendo es que sea eso lo que quieras creer. Con eso basta. Es lo máximo que puedes hacer. No se te puede exigir que creas algo, pero sí que quieras creerlo. Con estas repeticiones se te está pidiendo que hagas una profesión de fe.
Muchos estudiantes se consideran deshonestos cuando practican esta Lección (y otras similares) porque no sienten lo que están diciendo. Lo que deben entender es que no hace falta que lo crean o lo sientan, pero sí es fundamental que sea eso lo que quieran creer y sentir.
Recuerda la Introducción de este Libro de Ejercicios: «No es necesario que creas en las ideas que se te proponen. No es necesario que las aceptes. Y tampoco es necesario que las recibas de buen grado. Puede incluso que te opongas activamente a algunas de ellas. Nada de eso importa ni disminuye su eficacia. Pero no te permitas hacer ninguna excepción al aplicar las ideas que contienen estos ejercicios. Cualquiera que sea tu reacción ante esas ideas, utilízalas. No se requiere nada más que eso». (L-In.7)
Esta es la clave: la práctica no consiste en alcanzar un estado mental determinado de forma instantánea. Se trata de abrir la puerta, aunque sea un poco, a la posibilidad de que lo que dice el Curso sea verdad. La repetición no tiene el propósito de convencerte por la fuerza, sino de crear un espacio en tu mente donde una nueva percepción pueda asentarse suavemente.
Cada vez que repites la idea, aunque no la sientas ni la creas, estás plantando una semilla. Con el tiempo, con paciencia y disposición, esa semilla crecerá, no porque la hayas forzado, sino porque lo has permitido. La disposición es el terreno fértil donde arraigan los milagros.
III En la próxima Lección encontrarás esta advertencia: «Piensa en lo que estás diciendo, en el significado de las palabras» (L-41.9:2). Esta indicación es especialmente importante cuando haces afirmaciones acerca de ti mismo. No basta con comprender intelectualmente lo que dicen las palabras; es esencial también sentir lo que expresan. Solo cuando el pensamiento y la emoción se unen, la práctica se vuelve verdaderamente transformadora.
¿No es cierto que cuando te reprochas algo te sientes mal? Eso ocurre porque el pensamiento y la emoción se han alineado, pero en una dirección negativa. De igual modo, cuando introduces en tu mente una idea positiva sobre ti —una idea verdadera—, esta debe ir acompañada del sentimiento que le corresponde y de la certeza interior de que eso es real.
Podemos entender estas declaraciones como la integración de tres elementos fundamentales:
SIGNIFICADO + EMOCIÓN + CERTEZA
Así, cuando te digas, por ejemplo: «Soy pacífico», has de comprender claramente qué significa vivir desde la paz, permitirte sentir la calma y la amplitud que la paz genera, y afirmarte con convicción en esa verdad, al menos en ese instante. Solo entonces la idea dejará de ser una frase para convertirse en una experiencia viva.
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LECCIÓN 39
Mi santidad es mi salvación.
1. Si la culpa es el infierno, ¿cuál es su opuesto?
2Al igual que el Texto para el que está escrito este Libro de Ejercicios, las ideas que se utilizan para estas lecciones son muy simples, muy claras y totalmente inequívocas.
3No nos interesan las proezas intelectuales ni los divertimentos lógicos.
4Nos ocupamos únicamente de lo muy obvio, de lo que ha sido pasado por alto en las nubes de complejidad en las que piensas que piensas.
2. Si la culpa es el infierno, ¿cuál es su opuesto?
2Es evidente que no se trata de una pregunta difícil.
3Las dudas que puedas experimentar al responderla no se deben a la ambigüedad de la pregunta.
4Sin embargo, ¿crees de verdad que la culpa es el infierno? I
5Si lo creyeras, verías inmediatamente lo directo y sencillo que es el Texto, y no necesitarías un Libro de Ejercicios en absoluto.
6Nadie necesita practicar nada para conseguir lo que ya tiene.
3. Ya hemos dicho que tu santidad es la salvación del mundo.II
2¿Y qué hay de tu propia salvación?
3No puedes dar lo que no tienes.
4Un salvador debe ser alguien que ya se ha salvado.
5¿De qué otro modo puede, si no, enseñar lo que es la salvación?
6Los ejercicios de hoy solo son aplicables a ti, reconociendo que tu salvación es crucial para la salvación del mundo.
7Al aplicar los ejercicios a tu propio mundo, el mundo entero saldrá beneficiado.
4. Tu santidad es la respuesta a toda pregunta que ya se ha hecho, se hace ahora o se hará en el futuro.
2Tu santidad significa el fin de la culpa, y, por lo tanto, el fin del infierno.
3Tu santidad es la salvación del mundo, y tu propia salvación.
4¿Cómo podrías tú, que eres santo, estar excluido de la salvación?
5Dios no conoce lo que no es santo.
6¿Es posible que no conozca a Su Hijo?
5. Hoy se te pide que dediques cinco minutos completos a las cuatro prácticas más largas, y se recomienda que las sesiones sean incluso más largas y frecuentes que eso.
2Si quieres superar los requisitos mínimos, es preferible hacer más sesiones en lugar de sesiones más largas, aunque ambas opciones son recomendables.
6. Comienza los periodos de práctica como de costumbre, repitiendo la idea de hoy en silencio.
2Luego, con los ojos cerrados, busca en tu mente pensamientos que denoten falta de amor en cualquier forma en que aparezcan, ya sea como inquietud, depresión, ira, miedo, preocupación, ataque, inseguridad, etc.
3No importa la forma que adopten, si no son amorosos, son temibles.
4Y esta es la razón por la que necesitas salvarte de ellos.
7. Las situaciones, acontecimientos o personas específicas que asocies con cualquier tipo de pensamiento carente de amor son temas adecuados para los ejercicios de hoy.
2Es imperativo para tu propia salvación que los veas de manera diferente.
3Y bendecirlos es lo que te salvará y te dará la visión.
8. Lentamente, sin hacer una selección consciente, y sin poner un énfasis indebido en ninguno en particular, busca en tu mente todo pensamiento que se interponga entre tú y tu salvación.
2Aplica la idea de hoy a cada uno de ellos de esta manera:
3Mis pensamientos carentes de amor acerca de ____ me mantienen en el infierno.
4Mi santidad es mi salvación.
9. Tal vez encuentres estas prácticas más fáciles si las alternas con periodos cortos en los que simplemente repites la idea de hoy lentamente en silencio unas cuantas veces.
2También puede que te resulte útil incluir algunos intervalos cortos para relajarte y no pensar en nada.
3Al principio es muy difícil mantener la concentración.
4Pero te resultará mucho más fácil a medida que tu mente se vuelva más disciplinada y menos distraída.
10. Mientras tanto, puedes introducir cierta variedad en tus prácticas, si te parece conveniente.
2Mas no cambies la idea central al variar la manera de aplicarla.
3No importa cómo decidas aplicarla; lo importante es que refleje que tu santidad es tu salvación.
4Termina cada sesión de práctica repitiendo la idea en su forma original una vez más y añadiendo:
5Si la culpa es el infierno, ¿cuál es su opuesto?
11. En las aplicaciones más cortas, que deben hacerse unas tres o cuatro veces por hora, y más si es posible, puedes hacerte esta pregunta, o repetir la idea de hoy, pero mejor ambas cosas.
2Si surgen tentaciones, una forma particularmente útil de la idea es:
3Mi santidad es mi salvación de esto.
I Es evidente que no crees que la culpa sea el infierno. De hecho, crees exactamente lo contrario; piensas que la culpabilidad que sientes en ti mismo, y que luego también proyectas en los demás, es redentora, es tu salvación. La culpa es la manera en la que el ego expía sus «pecados».
Cuando te sientes culpable o cuando culpas a los demás de algo, es porque estás usando el criterio del ego para interpretar la realidad. Antes de nada, debes darte cuenta de que el ego no es un «algo» que está en tu mente. El ego no es nadie ni nada. Simplemente es una manera errónea de usar tu santa mente, nada más.
Esa manera de pensar es el resultado inevitable de albergar una creencia falsa y extraordinariamente perjudicial. Piensas que te has separado de Dios y que tú te has creado a ti mismo. Es obvio que eso es una locura, pero es precisamente lo que la parte enferma de tu santa mente piensa. La otra parte de tu mente, la parte sana, sigue unida a su Creador, conoce perfectamente su identidad y es como siempre ha sido y será.
Eso es lo único real; el resto son las ilusiones delirantes que crees que te afectan. En realidad, no es así, pero el poder de la creencia les ha otorgado la condición de veracidad… para ti.
El juicio de culpabilidad que has emitido contra ti mismo, en tu arrogancia de pensar que has logrado efectivamente separarte de Dios, es una de tus creencias más queridas. No estás dispuesto a abandonarla y te atrae con una fuerza irresistible. La culpabilidad es una droga que provoca un placer perverso en la mente enferma.
Esa es la razón por la que no estás dispuesto a soltarla: porque te proporciona placer. Si racionalizas la situación, lógicamente encontrarás esa posición insostenible y, con toda seguridad, negarás que esa manera de atacarte a ti mismo ha sido querida y voluntaria.
Pero míralo bien y hazte una pregunta muy simple: ¿para qué te sientes culpable o para qué culpas a otros? ¿Cuál es el propósito de eso? ¿Qué pretendes conseguir?
La culpa es la opción que has elegido para resolver una evidente ausencia de amor. ¿Crees de verdad que un ataque como ese puede ser el remedio?
Examínalo con atención y toma conciencia de que ese no es el camino; tu verdadera salvación es tu santidad.
Deja de sentirte culpable ahora mismo, porque la culpa, además de no servir para nada, duele. Sentirte culpable es masoquismo, y culpar a otros, sadismo. No justifiques lo injustificable, no protejas ni fomentes esas enfermedades mentales.
Reconoce que la culpa no tiene un propósito que te sirva. No corrige ni redime; solo perpetúa la ilusión de la separación. En el momento en que liberas la culpa, recuperas la conciencia de tu santidad inherente, la verdad que nunca se ha perdido.
Tu santidad es tu salvación.
II L-37.3:1 «Tu santidad es la salvación del mundo».
Esta afirmación revela una verdad profunda: tu santidad no es solo un atributo personal; es la clave para la salvación del mundo. Esto se debe a que el mundo que percibes es una proyección de tu mente. Cuando reconoces tu propia santidad, dejas de ver a través del lente de la culpa, el miedo o la separación. En su lugar, ves el mundo tal como es en realidad: inocente, íntegro y sanado.
La salvación no consiste en cambiar el mundo exterior, sino en transformar la forma en que lo percibes. Cuando tu mente está sanada, el mundo refleja esa sanación de vuelta hacia ti. Así, tu paz interior se convierte en la paz del mundo, tu perdón se convierte en la liberación del mundo y tu amor se convierte en la luz que disipa todas las ilusiones.
Por eso tu santidad es la salvación del mundo. No necesitas arreglar el mundo; solo necesitas reconocer la verdad en tu interior. Al hacerlo, le ofreces al mundo el mayor de los dones: el reflejo del amor y la inocencia que siempre han estado allí.
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LECCIÓN 38
No hay nada que mi santidad no pueda hacer.
1. Tu santidad invierte todas las leyes del mundo.I
2Está más allá de cualquier restricción de tiempo, espacio, distancia o límites de cualquier tipo.
3El poder de tu santidad es totalmente ilimitado porque te establece como un Hijo de Dios, en unidad con la Mente de su Creador.
4Por medio de tu santidad el Poder de Dios se manifiesta.
5Por medio de tu santidad el Poder de Dios se pone a tu disposición.
6Y no hay nada que el Poder de Dios no pueda hacer.
2. Tu santidad, entonces, puede eliminar todo dolor, acabar con todo sufrimiento y resolver todos los problemas.
2Puede hacer eso con respecto a ti y con cualquiera.
3Puede ayudar de la misma manera a cualquiera, porque su poder para salvar a todo el mundo es el mismo.
4Si tú eres santo, también lo es todo lo que Dios ha creado.
5Tú eres santo porque todas las cosas que Él creó son santas.
6Y todas las cosas que Él creó son santas porque tú lo eres.
3. En los ejercicios de hoy aplicaremos el poder de tu santidad a todo tipo de problema, dificultad o sufrimiento que se te ocurra que padeces tú, o cualquier otra persona.
2No haremos distinciones porque no las hay.
4. En las cuatro sesiones de práctica más largas, cada una de ellas preferiblemente de cinco minutos, repite la idea de hoy, cierra los ojos y busca en tu mente cualquier sensación de pérdida o infelicidad de cualquier tipo, tal como la percibas.
2Trata de hacer la menor distinción posible entre las situaciones difíciles para ti y las difíciles para otros.
3Identifica la situación de manera específica, y nombra también a la persona en cuestión.
4Aplica la idea de hoy de la siguiente manera:
5En la situación referente a ____ en la que me veo, no hay nada que mi santidad no pueda hacer.
6En la situación referente a ____ en la que ____ se ve, no hay nada que mi santidad no pueda hacer.
5. De vez en cuando puede que quieras variar el procedimiento y añadir algunos pensamientos propios que te parezcan oportunos.
2Puede que desees, por ejemplo, incluir pensamientos tales como:
3No hay nada que mi santidad no pueda hacer porque en mi santidad reside el Poder de Dios.
4Introduce cualquier variación que consideres adecuada, pero mantén los ejercicios enfocados en la idea principal: «No hay nada que mi santidad no pueda hacer».
5El propósito de los ejercicios de hoy es comenzar a inculcarte la noción de que tienes dominio sobre todas las cosas por razón de lo que eres.II
6. En las aplicaciones más breves y frecuentes, usa la idea en su forma original, salvo que surja un problema específico para ti o para alguien más.
2En ese caso, aplica la idea de forma específica a ese problema.
I Las «leyes de este mundo» son el resultado de haber malentendido tu propia identidad. Son la consecuencia natural de considerarte separado de Dios y de culparte por ello. Son la proyección fuera de ti de esta culpa, que ahora parece amenazarte.
Eso no es verdad. Es una situación que imaginas y sostienes en tu mente con el poder de tu creencia. Te has encarcelado a ti mismo con esa descripción de ti mismo que has aceptado como cierta. De nuevo, eso no es cierto.
La verdad es que eres santo, porque sigues siendo tal como Dios te creó, aun cuando tú, en tu arrogancia y confusión, pienses otra cosa y te castigues por ello. Tu santidad tiene el poder de deshacer todo eso por la sencilla razón de que es la verdad.
Para ejercer ese poder, para que sea efectivo en tu conciencia y pueda enderezar la pesadilla en la que vives, simplemente tienes que creer de otra manera. Mientras eso no ocurra, no podrás hacer efectivo el poder de tu santidad, que, si bien es omnímodo, no puede restringir la libertad que Dios te dio para crear como te plazca.
No hay nada que el poder de tu santidad no pueda hacer, pero también es verdad que no hay nada que el poder de tu creencia no pueda hacerte creer. Si bien no tienes el poder de cambiar lo que eres —el perfecto Hijo de Dios—, sí tienes el poder de creer lo que quieras.
II Génesis 1:28: «Y Dios los bendijo, y les dijo: “Fructificad y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla, y tened dominio sobre los peces del mar y sobre las aves de los cielos y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”».
La palabra «dominio» aquí no se refiere al dominio sobre personas o cosas, sino sobre tus propios pensamientos de ataque, que conforman el mundo tal como lo percibes: «… todo tipo de problema, dificultad o sufrimiento que se te ocurra…» (3:1).
«… tienes dominio sobre todas las cosas por ser lo que eres»; el creador en tu mente de tus propios pensamientos.
Recuerda que el mundo en el que crees vivir es de tu propia creación, pues lo has creado para ti mismo creyendo en él.
Esta reinterpretación desplaza el enfoque de un sentido externo de control hacia un dominio interno de la mente. El «someter» no se trata de imponer la voluntad sobre el mundo exterior, sino de reclamar con suavidad la autoridad sobre los pensamientos que generan ilusiones de miedo, separación y conflicto.
El «dominio» otorgado en el Génesis es, por lo tanto, un reflejo de tu poder creativo innato: la capacidad de elegir los pensamientos en los que crees, de discernir entre la verdad y la ilusión. Este es el verdadero significado de la creación: no moldear el mundo externo mediante la fuerza, sino dar forma a tu mundo interior a través del reconocimiento de tu santidad.
Al comprender esto, el pasaje bíblico trasciende su interpretación tradicional y se alinea con la enseñanza central del Curso: «Tienes dominio sobre todas las cosas por lo que eres». Este dominio no se refiere al poder sobre otros, sino a la soberanía de la mente que recuerda su unidad con Dios.
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LECCIÓN 37
Mi santidad bendice al mundo.I
1. Esta idea contiene los primeros destellos de tu verdadera función en el mundo: la razón por la que estás aquí.
2Tu propósito es ver el mundo a través de tu santidad.
3Así, tú y el mundo sois bendecidos conjuntamente.
4Nadie pierde; no se le quita nada a nadie.
5Todos ganan por medio de tu visión santa.
6Esto significa el fin del sacrificio, porque ofrece a cada quien lo que legítimamente le corresponde.
7Y todos tenemos derecho a todo, porque ese es nuestro derecho inalienable como Hijos de Dios.
2. No hay otra manera de eliminar para siempre la idea del sacrificio del pensamiento del mundo.
2Cualquier otra manera de ver inevitablemente exigirá el pago a alguien o de algo.II
3En tal caso, y como resultado, el que así percibe perderá.
4Y no tendrá ni idea de por qué está perdiendo.III
5Sin embargo, por medio de tu visión santa, su plenitud retornará a su conciencia.
6Tu santidad lo bendice sin pedirle nada a cambio.
7Los que se ven a sí mismos plenos no piden nada.IV
3. Tu santidad es la salvación del mundo.
2Te permite mostrarle al mundo que es uno contigo, sin necesidad de predicar o decir nada, simplemente por medio de tu callado reconocimiento de que en tu santidad todas las cosas son bendecidas junto contigo.V
4. Las cuatro prácticas largas de hoy, cada una de tres a cinco minutos, comienzan repitiendo la idea de hoy, seguida de un minuto más o menos de mirar a tu alrededor mientras aplicas la idea a cualquier cosa que veas:
2Mi santidad bendice esta silla.
3Mi santidad bendice esa ventana.
4Mi santidad bendice este cuerpo.
5Luego, cierra los ojos y aplica la idea a cualquier persona que se te ocurra, empleando su nombre y diciendo:
6Mi santidad te bendice, [nombre].
5. Si quieres, puedes continuar la práctica con los ojos cerrados.
2También puedes abrir los ojos y aplicar la idea a lo que ves a tu alrededor.
3Puedes alternar entre aplicarla a lo que ves a tu alrededor, y a lo que imaginas; puedes usar cualquier combinación de estas dos maneras de aplicarla que prefieras.
4La práctica debe concluir con una repetición de la idea con los ojos cerrados, seguida de otra con los ojos abiertos.
6. Los ejercicios más cortos consisten en repetir la idea tan frecuentemente como puedas.
2Es particularmente útil aplicarla en silencio a cualquier persona que conozcas, nombrándola mientras lo haces.
3Y es esencial que uses esta idea si te enfadas con alguien.
4Ofrécele inmediatamente la bendición de tu santidad, para que así aprendas a conservarla en tu conciencia.
I En esta Lección, nos situamos en la culminación del proceso de aprendizaje de este Curso. Hemos sanado nuestra mente —o, más bien, hemos reconocido que nuestra mente es sagrada— y ahora proclamamos nuestra santidad y bendecimos al mundo.
Este cambio refleja una transformación profunda: ya no somos buscadores que se esfuerzan por encontrar la paz fuera de nosotros; en su lugar, reconocemos que la paz siempre ha residido en nuestro interior. Al reconocer nuestra santidad innata, extendemos de forma natural ese reconocimiento hacia el exterior, no mediante gestos grandiosos o palabras, sino a través de la bendición silenciosa y poderosa que emana del simple hecho de ser conscientes de nuestra verdadera naturaleza.
Bendecir al mundo no es un acto de superioridad ni de condescendencia. Es un acto de recuerdo. Al ver el mundo a través del lente de nuestra santidad, disolvemos las ilusiones de separación, culpa y miedo. No bendecimos para cambiar el mundo; bendecimos porque el mundo ya es completo, y al reconocerlo, reafirmamos nuestra propia plenitud.
Así, esta Lección no es solo una práctica; es una declaración: mi santidad bendice al mundo porque esa es la función natural de la santidad: extenderse sin esfuerzo, iluminando todo con la luz de la verdad.
II Siempre que no ves santidad en lo que contemplas, es porque eres incapaz de verla en ti mismo. Estás mirando en el sitio equivocado. En lugar de contemplar a tu verdadero Ser, te has creído lo que el ego te ha dicho que eres.
Tú no eres eso. No eres la opinión que tienes acerca de ti mismo; eres tal como Dios te creó. Pero, al creerte esa falacia y, en tu disgusto, proyectas fuera de ti los «pecados» que has visto en tu falsa identidad y piensas que hay algo que debe cambiar y «mejorar» en el mundo.
Todo cambio conlleva algún sacrificio e implica un cierto sentido de pérdida, aun cuando solo sea la pérdida de la condición que se disfrutaba antes. Toda «mejora» tiene un coste que alguien o algo ha de pagar.
Esta es la lógica del ego, arraigada en la escasez, el conflicto y la creencia de que el valor solo puede obtenerse a expensas de algo más. Sin embargo, la verdad es que la transformación real no requiere sacrificio, porque no se trata de cambiar lo que es, sino de recordar lo que siempre ha sido verdad. La santidad no es algo que se alcanza; es lo que se revela cuando caen las ilusiones de carencia y separación.
Cuando reconoces tu propia santidad, ya no ves un mundo que necesita ser arreglado, sino un mundo que refleja la plenitud dentro de ti. No hay nada que perder, nada que sacrificar ni ningún precio que pagar, solo el gozoso reconocimiento de lo que siempre ha sido, intacto y eterno.
III Quien percibe falta de santidad en lo que contempla perderá, porque lo que está viendo, en definitiva, es un contenido de su propia conciencia, a la que precisamente le está exigiendo una «mejora», un cambio, un sacrificio y, en consecuencia, un pago. Ese pago, en realidad, se lo está exigiendo a sí mismo, pues todo lo que le haces a otros se lo haces a tu propia mente, a ti mismo. Para entender esto, te conviene recordar que percibir es proyectar.
Muchos que emprenden caminos espirituales lo hacen con el ánimo de llegar a ser «mejores personas», más buenos, más amorosos, más santos. Nunca intentes «mejorar»; es imposible. Tú fuiste creado perfecto por un Padre perfecto. La idea de mejorar Su Obra es una insensatez, y pensar que esa es una tarea para la que estás capacitado —perfeccionar lo que tu Padre creó— es el colmo de la arrogancia.
Este Curso no tiene nada que ver con el comportamiento y todo que ver con la sanación de la mente. Vuelve a leer T-18.VIII «No necesito hacer nada».
El hacer es cosa del ego; es el sustituto de crear, y crear es extender el propio ser. Bendecir al mundo desde mi santidad es lo más próximo a crear que puedo hacer en este sueño.
Si quieres incidir en el mundo de manera real, debes darte cuenta de que toda realidad es abstracta, mientras que el hacer, el comportamiento, es concreto y específico. La bendición, en cambio, no lo es; es abstracta, es real, y por eso es lo único que puede incidir «realmente» en el mundo.
Quédate con esta idea y no la olvides, porque encierra un poder sanador ilimitado: «Bendecir es lo más próximo a crear en este mundo». Aquí solo puedes crear bendiciendo.
No intentes mejorar; esa no es tu función. Tú no cambias ni despiertas por tus propios esfuerzos; eso es algo que se te concede y ocurre en ti. Tu función, más bien, es desear de corazón una mente corregida y no interferir en el proceso de corrección. Si no atiendes a la voz del ego, reconocerás lo que se te ha dado, lo que ya tienes y eres.
Cuando tomes conciencia de alguna tendencia, algún aspecto en ti, algún vicio o debilidad que te disguste, te haga infeliz y claramente contradiga la Voluntad de Dios, haz lo siguiente: imagina un «buzón celestial» en el que depositar tus aspiraciones. Formula claramente tus peticiones y déjalas ahí. Luego, vuelve tranquilamente a tus asuntos y despreocúpate totalmente de su resolución.
Deja tus problemas en Mejores Manos y confía. Los cambios que anhelas ocurrirán en ti sin tu intervención. Esa es la única manera de lograr una verdadera transformación. Y si no ves que esos cambios se producen, quédate tranquilo y sigue enviando cartas al Cielo con determinación. Ten fe, confía, no tienes que hacer nada más.
Siempre que pretendas «mejorar», relee con atención la sección «Reglas para tomar decisiones» (T-30.I).
IV Sin embargo, cuando ves santidad, plenitud e inocencia en otros, estás obrando un milagro y sanas simultáneamente la mente de quien recibe tu milagro y la tuya propia. Además, estás percibiendo correctamente, pues en ese caso tan solo percibes la verdad, la perfección y el amor que están ahí, y que son lo único que existe. Ver otra cosa que no sea eso no es más que contemplar ausencias, que, por definición, no existen.
Pensar que este es un bello discurso, pero poco realista, responde a un sesgo cognitivo humano tan absolutamente generalizado en todo el mundo y tan fiable en su expresión que resulta extremadamente difícil constatar que carece totalmente de validez. Percibir es proyectar. Es tu manera imperfecta de ver la que te lleva a percibir un mundo imperfecto. La visión verdadera, o santa, solo ve santidad y perfección.
No se trata de negar los aparentes defectos o luchas que observamos en el mundo, sino de comprender que esas percepciones son reflejos de nuestras propias proyecciones mentales. No son hechos objetivos; son interpretaciones moldeadas por los filtros del ego. Cuando pasamos de esta lente distorsionada a una basada en la conciencia de nuestra santidad compartida, el mundo mismo parece cambiar, no porque el mundo haya cambiado, sino porque nosotros lo hemos hecho.
La verdadera visión no requiere esfuerzo ni imposición; surge de forma natural cuando dejamos de insistir en interpretar la realidad a través de los juicios del ego. Cuando elegimos ver con los ojos del amor, presenciamos el milagro, no solo en los demás, sino también en nosotros mismos.
V Este es uno de los cimientos de este Curso y, probablemente, uno de los más difíciles de entender, aceptar y aplicar por sus estudiantes, aun cuando ya se formula en su misma introducción. Esta enseñanza repite incansablemente una misma idea: tu misión es salvar el mundo… en tu mente. Es decir, salvar el mundo es sanar la mente que lo concibió.
No tienes necesidad de hacer más que eso: perdonar todo a todos… en tu mente. No necesitas evangelizar a nadie ni cambiar o «mejorar» nada de lo que crees ver fuera de ti; basta con ver santidad y bendecir. Mientras eso no ocurra, es mejor que no intentes nada, pues estás enfermo y has de sanar tú mismo antes de tratar de arreglar algo.
Si el mundo es una ilusión, un sueño, intentar «arreglar» algo en él solo te adentrará más profundamente en la pesadilla y la consolidará, porque estarás dando realidad a lo que tu mente delirante te dice que es verdad. No necesitas cambiar nada fuera de ti porque no hay nada fuera de ti. Y recuerda: lo real no corre peligro y lo irreal nunca ha existido.
Ver santidad y perfección, por otra parte, no es una idea tan extraña a tu sistema de pensamiento. De hecho, es lo que ocurre cuando te «enamoras». La persona amada parece perfecta ante tus ojos; todo lo que hace, dice o piensa está bien. Además, esa persona no solo es «santa» ante tus ojos, sino que también cambia la visión que tiene de sí misma cuando corresponde a tu amor.
Esto muestra cuán poderosa es en realidad la percepción. Cuando eliges ver a alguien a través del lente del amor, no solo transforma tu experiencia, sino que, a menudo, también transforma la de esa persona. Este es un atisbo de cómo funciona la sanación: no mediante la corrección, la crítica o los intentos de cambiar a los demás, sino a través del simple y radical acto de verlos tal como son en verdad: inocentes, plenos y sagrados.
El Curso nos invita a extender esta forma de ver más allá de las relaciones especiales, más allá de las condiciones, más allá de las limitaciones del ego. Nos pide que reconozcamos que la santidad que percibimos en una persona puede verse en todas, porque no está en ellos, sino en nosotros, reflejada hacia el exterior a través de la claridad de una mente sanada.
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LECCIÓN 36
Mi santidad envuelve todo lo que veo.I
1. La idea de hoy extiende la idea de ayer del sujeto que percibe a aquello que percibe.
2Tú eres santo porque tu mente forma parte de la Mente de Dios.
3Y, como eres santo, tu visión también debe ser santa.
4«Impecable» significa sin pecado.
5No puedes estar libre de pecado solo un poco.
6O bien eres impecable, o no lo eres.
7Si tu mente forma parte de la de Dios debes ser impecable, o una parte de Su Mente sería pecaminosa.
8Tu visión es debida a Su Santidad, no a tu ego, y, por lo tanto, no a tu cuerpo.
2. Hoy se requieren cuatro sesiones de práctica de tres a cinco minutos cada una.
2Trata de distribuirlas de manera uniforme y realiza aplicaciones breves con frecuencia para protegerte a lo largo del día.
3Las prácticas más largas deben hacerse de esta forma:
3. Primero, cierra los ojos y repite la idea de hoy varias veces lentamente.
2Luego, abre los ojos y mira bastante despacio a tu alrededor, aplicando la idea de manera específica a cualquier cosa que observes en una inspección casual.
3Di, por ejemplo:
4Mi santidad envuelve esa alfombra.
5Mi santidad envuelve esa pared.
6Mi santidad envuelve estos dedos.
7Mi santidad envuelve esa silla.
8Mi santidad envuelve ese cuerpo.
9Mi santidad envuelve este bolígrafo.
10Cierra los ojos y repite la idea para ti mismo varias veces durante estos periodos de práctica.
11Luego, abre los ojos y sigue nombrando objetos como antes.
4. Durante las aplicaciones breves, cierra los ojos y repite la idea, mira a tu alrededor mientras la repites de nuevo, y concluye con una repetición más con los ojos cerrados.
2Todas las aplicaciones deben hacerse muy lentamente, sin esfuerzo y con la menor premura posible.
I Las Lecciones anteriores se han centrado en la naturaleza de nuestra mente y su identidad real: somos parte de la Mente de Dios, y esto nos hace santos. Ahora, esta Lección da un paso más allá y aplica esa santidad —que primero reconocimos en nosotros— a todo lo que vemos.
Si el que ve (la mente) es santo, lo que percibe no puede sino verse cubierto por esa santidad. Es la misma lógica de causa y efecto: la causa (nuestra mente en comunión con la Mente de Dios) produce un efecto (una visión santa y libre de pecado).
«Mi santidad envuelve todo lo que veo» implica, ante todo, reconocer que nuestra santidad no depende de méritos personales, sino de la unión de nuestra mente con la Mente de Dios. Esa raíz divina nos define como impecables desde el mismo acto de la Creación, de modo que la fuente de nuestra visión no es el ego, sino el Espíritu Santo. Al provenir de esta fuente, todo cuanto contemplamos queda inevitablemente iluminado por esa santidad intrínseca. A la vez, ello nos libera de la necesidad de buscar pecado o error en el exterior, pues el verdadero punto de partida es la certeza de que ya somos inocentes. Desde ahí, la mente deja de proyectar culpa sobre el mundo y comienza a descubrir la misma inocencia en todo lo que ve.
Para practicar la idea de hoy tienes que desvincularte de la idea que ahora tienes de ti mismo perdonándola, reconocer que no sabes quién eres, y abrirte a una nueva interpretación de ti mismo. Pero, para lograr eso, vas a necesitar una firme voluntad y un poco de fe. No sabes bien lo que es la fe, no sabes cómo incrementarla ni sabes usarla. No te preocupes, todo eso se resuelve precisamente con fe.
Practica con fe la Lección de hoy. No te hagas ninguna pregunta al respecto, simplemente hazlo de todo corazón, y mira lo que pasa. Te vas a sorprender. Tú, que no tienes fe, y ni siquiera sabes lo que es, vas a hacer milagros… por medio de la fe. La fe solo existe en la acción y en el presente. Se manifiesta repentinamente en el presente y lo transforma todo con su ilimitado poder. La fe va a permitir que tu santidad envuelva todo lo que ves y lo transforme con su poder sanador. Simplemente, ten fe y mira al mundo con ojos nuevos.
Esta Lección refuerza la idea de que lo santo no puede ser percibido parcialmente. Al afirmar «Mi santidad envuelve todo lo que veo», declaramos que no hay nada ni nadie excluido de la visión del Amor. Es una visión total, porque la santidad no se divide ni se «dosifica».
Con esta práctica, nos entrenamos en reconocer la santidad en nuestro interior y en extenderla a todo lo que contemplamos, deshaciendo la tendencia a separar lo «sagrado» de lo «profano», pues todo se ve envuelto en la misma Luz. Al mismo tiempo, integramos mente y percepción externa, cultivando la experiencia de ser uno con Dios y, por ende, con toda la Creación.
El Curso nos invita, así, a un cambio de mentalidad radical: dejar de ver el mundo como algo separado o potencialmente pecaminoso y empezar a contemplarlo como una extensión de la misma santidad que habita en nosotros.
De este modo, la Lección se convierte en un ejercicio práctico de unificación y perdón, recordándonos el poder que tenemos para ver el mundo desde la visión amorosa que procede de nuestro verdadero Ser.
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LECCIÓN 35
Mi mente forma parte de la Mente de Dios. Soy muy santo.
1. La idea de hoy no describe cómo te ves a ti mismo ahora.I
2Sin embargo, sí describe lo que la visión te mostrará.
3Es difícil para todo aquel que piensa que está en este mundo creer esto de sí mismo.
4No creerlo es precisamente la razón por la que piensa que está en este mundo.
2. Creerás que formas parte del lugar donde piensas que estás.
2Eso es porque te rodeas del entorno que deseas, y lo quieres para proteger la imagen que has forjado de ti mismo.II
3Esa imagen también forma parte de ese entorno.
4Lo que ves mientras crees que estás ahí lo ves a través de los ojos de esa imagen que has forjado de ti mismo.
5Eso no es ver.
6Las imágenes no pueden ver.III
3. La idea de hoy te muestra una visión muy diferente de ti mismo.
2Al establecer tu Fuente, establece también tu identidad, y te describe como realmente debes ser.
3Hoy aplicaremos la idea de una manera un poco diferente, porque pondremos más énfasis en el sujeto que percibe que en aquello que percibe.
4. Repite primero la idea de hoy para tus adentros en cada una de las tres sesiones de cinco minutos, luego, cierra los ojos y busca en tu mente diferentes términos que piensas que te describen.
2Incluye todos los atributos basados en el ego que te atribuyes, tanto positivos como negativos, deseables o indeseables, grandiosos o denigrantes.IV
3Todos ellos son igualmente irreales, porque no te ves a ti mismo a través de los ojos de la santidad.
5. En la primera parte de tu búsqueda mental, probablemente enfatizarás lo que consideras tus aspectos más negativos.
2En la última parte del periodo de ejercicio, sin embargo, es muy posible que se te ocurran términos descriptivos más halagadores.
3Trata de comprender que no importa el sentido de las fantasías que tengas sobre ti mismo.
4Las ilusiones no tienen ningún sentido en la realidad.
5Simplemente no son verdaderas.
6. Una lista adecuada para aplicar la idea para hoy podría ser la siguiente:
2Me veo sujeto a obligaciones.
3Me veo deprimido.
4Me veo fracasado.
5Me veo en peligro.
6Me veo indefenso.
7Me veo triunfador.
8Me veo perdedor.
9Me veo caritativo.
10Me veo virtuoso.
7. No debes pensar en estos términos de una manera abstracta.
2Se te ocurrirán a medida que crucen por tu mente situaciones, personas y eventos en los que tú apareces.
3Escoge cualquier situación específica que se te ocurra, identifica el término o términos descriptivos que consideres aplicables a tus reacciones ante esa situación, y úsalos para aplicar la idea de hoy.
4Después de nombrar cada uno, añade:
5Pero mi mente forma parte de la Mente de Dios.
6Soy muy santo.
8. Durante las sesiones más largas, puede haber intervalos en los que no se te ocurra nada específico.
2No te esfuerces en pensar en cosas específicas para llenar ese tiempo, simplemente relájate y repite la idea de hoy lentamente hasta que se te ocurra algo.
3Si bien no debes omitir nada de lo que se te ocurra en los ejercicios, tampoco debes «encontrar» nada a la fuerza.
4No debes usar la fuerza ni la discriminación.
9. Tan a menudo como sea posible durante el día, toma un atributo o atributos específicos que te estés asignando en ese momento y aplícales la idea de hoy, agregando la frase en la forma indicada anteriormente.V
2Si no se te ocurre nada en particular, simplemente repite la idea en tu interior con los ojos cerrados.
I ¡Claro que tu mente es parte de la Mente de Dios! ¿Cómo no iba a ser así? ¿Cómo crees que viniste a la existencia? No sabes lo que es tu mente porque no la reconoces. Vives en una parte diminuta de ella y has renunciado a su totalidad. Has decidido «crear» un pequeño reino en un rincón infinitesimal de la Mente de Dios, solo para ti. ¿No encuentras esto un poco patético, como mínimo?
Te ves a ti mismo extremadamente limitado en el tiempo, en el espacio y en capacidades que, sin embargo, anhelas. Y ciertamente no te consideras santo. Esa es tu opinión. Pero la cuestión es: ¿es eso verdad? Ni siquiera estás en condiciones de responder a esa pregunta porque estás algo confundido. Incluso crees que no sabes quién o qué eres. Y esto es esperable, ya que no estás usando tu mente de manera adecuada. Si lo estuvieras haciendo, serías feliz. La prueba de que usas tu mente mal es que no lo eres.
La razón de lo que te está pasando podría explicarse de muchas maneras diferentes. Por ejemplo, podrías decirte que estás siguiendo al guía equivocado, que te has identificado con tu ego, o podrías elaborar un sinfín de explicaciones. Pero, en el fondo, la verdadera razón de que te veas a ti mismo tal como te ves es muy simple: tú te ves a ti mismo así porque eso es exactamente lo que quieres.
Sé honesto. ¿No es cierto, acaso, que tú quieres ser tú? Míralo bien, y luego, vuélvelo a mirar, porque eso es lo que está pasando aquí: tú eres tal como te ves porque eso es lo que verdaderamente quieres. Y, ¿sabes? Tu voluntad se cumple siempre porque eres el Hijo de Dios.
Fíjate bien: incluso cuando dices que quieres cambiar y ser diferente, ser mejor, en realidad, lo que quieres, más bien, es ser aquel que dice que quiere cambiar, no lo que ese cambio produciría en ti. Pues, en ese caso, tú desaparecerías para convertirte en esa cosa nueva, y tú no quieres desaparecer. Reflexiona sobre eso porque ahí es precisamente donde se encuentra toda la resistencia al cambio.
No te preocupes. Cambiarás, porque la idea que tienes de ti mismo es una ilusión, y si hay algo que define a las ilusiones es el cambio. Ahora, lo único que se te pide es que tengas una pequeña disposición a cambiar de manera de pensar y confíes. No interfieras, y el cambio acontecerá naturalmente.
II Aquí se te da una clara indicación de por qué percibes lo que crees tener ante ti: porque, de esta manera, proteges la idea que tienes de ti mismo. Es decir, has hecho, de la nada, un mundo a tu imagen y semejanza.
¿No será, entonces, que ese dios del Génesis no es otro que el ego?
Date cuenta de que, en el fondo, toda tu experiencia humana está relacionada con tu falsa identidad; proviene de lo que crees ser. Por eso, cambia la idea que tienes de ti mismo y el mundo que contemplas cambiará en consecuencia.
Esa es la razón por la que has sido llamado a ser el salvador del mundo, pues eso no es otra cosa que tu propia salvación.
III Claro, las imágenes solo pueden imaginar. Si piensas que eres ingeniero, verás el mundo a través de los ojos de un ingeniero. Si piensas que eres poeta, verás un mundo poético. Diferentes conceptos de uno mismo conducen a diferentes interpretaciones de la realidad.
El asunto es que la idea que tienes de ti mismo es absolutamente caprichosa y arbitraria. Sin embargo, es evidente que tú no la consideras así y fundamentas esa idea en poderosas «razones». No te engañes. La prueba de que esa idea de ti mismo es falsa es que cambia constantemente con el tiempo. ¿Cómo iba a ser verdad algo que cambia sin cesar?
IV Fíjate en cómo aquí se equipara personalidad con ego.
V Date cuenta de que, si bien cuando te cuestionas honestamente tu identidad eres incapaz de concluir qué o quién eres, cuando esa sincera actitud cuestionadora se relaja comienzas a asignarte un sinfín de atributos que crees ser. Da la impresión de que, a lo largo del día, tienes una opinión muy precisa sobre ti mismo, pues te juzgas constantemente.
Lo cual, si te paras a pensar, debería sorprenderte, pues el mismo ser que afirma humildemente desconocer su verdadera identidad no tiene ningún reparo en calificarse, juzgarse, premiarse o condenarse, y no solo a sí mismo, sino también a todos y a todo lo que contempla. Aún más, esos calificativos cambian sin cesar a lo largo del tiempo, y el último siempre parece ser el más válido y certero.
¿No ves que tu mente simplemente está ejecutando un programa barato y miserable escrito por tu ego? ¿Cómo puedes ser tan ingenuo y suscribir sus sentencias? ¿Y qué te hace pensar que esos pensamientos son «tuyos»? Ciertamente, tú sí eres testigo de todo ese delirio, pero puedes tener por seguro que «eso» no eres tú.
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LECCIÓN 34
Podría ver paz en lugar de esto.I
1. La idea de hoy comienza a describir las condiciones que prevalecen en la otra manera de ver.
2La paz mental es claramente un asunto interno.
3Debe comenzar en tus propios pensamientos y luego extenderse hacia afuera.
4La percepción pacífica del mundo proviene de tu paz mental.II
2. Se requieren tres periodos de práctica más largos para los ejercicios de hoy.
2Se aconseja uno por la mañana, otro por la tarde y uno adicional en cualquier momento que parezca más propicio entre ambos.
3Todas las aplicaciones deben hacerse con los ojos cerrados.
4La idea de hoy aplica a tu mundo interno.
3. Cada sesión larga requiere unos cinco minutos de búsqueda mental.
2Busca en tu mente pensamientos de miedo, situaciones que provoquen ansiedad, personas «ofensivas» o cualquier otra cosa sobre la que estés albergando pensamientos poco amorosos.
3A medida que los veas surgir en tu mente, obsérvalos sin poner énfasis en ninguno de ellos mientras repites la idea de hoy lentamente, y deja que cada uno sea reemplazado por el siguiente.
4Si comienzas a tener dificultad para pensar en temas específicos, continúa repitiéndote la idea en silencio, sin prisa y sin aplicarla a nada en particular.
5Asegúrate, sin embargo, de no excluir nada de manera específica.
4. Las aplicaciones más cortas deben ser frecuentes y hacerse siempre que sientas que tu paz mental se ve amenazada de alguna manera.
2El objetivo es protegerse de la tentación a lo largo del día.
3Si surge en tu conciencia una tentación específica, haz el ejercicio de esta forma:
4Podría ver paz en esta situación en lugar de lo que ahora veo en ella.
5Si los ataques contra tu paz mental adoptan la forma de emociones adversas más generalizadas, como la depresión, la ansiedad o una vaga sensación de preocupación, usa la idea en su forma original.III
5. Si encuentras que necesitas más de una aplicación de la idea de hoy para ayudarte a cambiar de opinión en cualquier contexto específico, trata de tomarte varios minutos y dedícalos a repetir la idea hasta que sientas alguna sensación de alivio.
2Te ayudará decirte a ti mismo lo siguiente:
3Puedo reemplazar mis sentimientos de depresión, ansiedad o preocupación —o mis pensamientos sobre esta situación o esta persona— por paz.
I ¡Por supuesto que puedes ver paz en lugar de lo que ahora estás viendo! Puedes ver lo que desees porque puedes interpretar tu percepción como te venga en gana. Pero, una vez más, ¿quieres realmente ver de manera diferente? ¿De verdad quieres la paz? Sé completamente sincero contigo mismo al responder esta pregunta.
Antes de hacerlo, plantéate otra cuestión fundamental: ¿por qué estás interpretando tu percepción de manera dolorosa? O, de forma más simple: ¿para qué estás interpretando la situación así? ¿Con qué propósito?
Si eres capaz de sumergirte en las profundidades más oscuras de tu mente, descubrirás, con sorpresa e incomodidad, que la razón detrás de tus interpretaciones dolorosas es el «placer» que encuentras en ellas. Puede que esta idea te escandalice y la rechaces de inmediato. Cuidado. Míralo bien. No hay nada que hagas en tu vida que no esté encaminado a buscar placer o a mejorar tu condición percibida. Lo que sucede es que no sabes distinguir entre el placer y el dolor. Estás completamente confundido y, evidentemente, no sabes lo que te conviene.
Vives tu vida de manera desordenada, guiándote por tu propio criterio, y el resultado es el desastre. A pesar de ello, te resulta extremadamente difícil renunciar a ese criterio. Tu ego te ha guiado mal.
Podrías ver paz en lugar de esto, y eso sí que te conviene absolutamente, porque la paz es de Dios, al igual que tú. Eres libre de ir a favor de las Leyes de Dios o en su contra: puedes elegir. Sin embargo, sé muy honesto cuando te preguntes a ti mismo qué estás buscando en realidad.
Elige bien y elige pronto. O no. Pero recuerda que tienes todo el poder para hacer con tu vida lo que realmente quieras.
II La paz mental es claramente un asunto interno; depende totalmente de ti y de la historia que elijas contarte. Tus estados mentales y emocionales son exclusivamente de tu propia creación.
Repite el ejercicio de visualización propuesto ayer, pero avanza un poco más: siéntate, cierra los ojos y comienza a fantasear, imaginando que eres el protagonista heroico de una historia cualquiera en la que traes paz a una situación de conflicto. Implícate en esa fantasía de cualquier manera que se te ocurra y deja que la historia se despliegue por sí misma en términos favorables y benéficos. Resuelve con desparpajo problemas en ese mundo imagi-nario y, si lo haces bien, acabarás emocionado, lleno de buenos sentimientos y con una cierta sensación de poder. Luego, procurando conservar ese estado mental y emocional, levántate y relaciónate con alguien cercano a ti en esos mismos términos, llevándole la paz que has desarrollado en tu fantasía.
La historia con la que has fantaseado es una ilusión, al igual que lo son el mundo que contemplas cuando abres los ojos o el cuerpo de tu hermano. Sin embargo, la paz y el amor que has experimentado y que eres capaz de transmitir a otros son absolutamente reales. La paz mental es claramente un asunto interno y depende de tu voluntad de tenerla.
El propósito de este ejercicio no es otro que tomar conciencia de que tu paz mental depende de cómo interpretes lo que percibes. En realidad, no necesitas contarte a ti mismo historias fantásticas para encontrar la paz, pues esta ya está en ti. Pero sí debes mostrarte dispuesto a escuchar en tu mente una narrativa más benévola del Espíritu Santo, en lugar de la interpretación que tu ego te sugiere. Como dice la enseñanza: «Podría haber paz en vez de esto».
III Date cuenta de que una vaga sensación de preocupación, la ansiedad o la depresión son diferentes grados de intensidad de lo mismo: ataques de egoísmo. El pánico y las depresiones profundas representan ataques de egoísmo en su grado máximo, pero ten la certeza de que todo malestar que sientas proviene de la obra del ego en tu mente.
La depresión es un agujero negro en la conciencia que devora la luz de tu ser y te sumerge en la oscuridad. Su fuerte atracción nace de un sentido desmesurado de importancia personal que revierte la dirección natural y expansiva del amor hacia un negro adentro donde no hay nada. La experiencia de esa nada resulta profundamente pavorosa.
Recuerda que ego significa «yo» en latín, mientras que su opuesto es alter, «el otro». Por lo tanto, lo contrario del egoísmo es el altruismo. La salvación siempre la encontrarás en tu hermano; no la busques en ti mismo.
Las depresiones se curan con altruismo. Si estás deprimido, deja de pensar en ti mismo. Deja de enfocarte en tu infelicidad, tu miedo, tu angustia o tu depresión. No te preocupes por la búsqueda de la paz o por la salvación de tu alma inmortal. Olvida todo eso.
Lo real en ti no corre ningún peligro. Tu alma inmortal está perfectamente a salvo en el Corazón de Dios. Deja de sentirte importante. Olvídate de ti mismo e intenta hacer algo por tus hermanos. Verás cómo pronto sales de la oscuridad.
Invocar la paz ciertamente te ayudará a salir de tus angustias y depresiones, pero llevar la paz a otros instalará esa paz en tu mente de manera definitiva. No lo dudes.
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LECCIÓN 33
Hay otra manera de ver el mundo.I
1. La idea de hoy es un intento de reconocer que se puede cambiar la percepción del mundo en sus aspectos externos e internos.
2Se deben dedicar cinco minutos completos a las aplicaciones de la mañana y la tarde.
2. En estos periodos de práctica, la idea debe repetirse tan a menudo como te resulte cómodo, aunque es esencial que las aplicaciones no se hagan apresuradamente.
2Alterna la observación de tus percepciones externas e internas, pero procura no cambiar de unas a otras de manera abrupta.
3Mira tranquilamente a tu alrededor el mundo que percibes como algo externo a ti mismo.
4Luego, cierra los ojos y examina tus pensamientos con la misma tranquilidad.
5Procura considerarlos con igual desapego en ambos casos y mantén también ese desapego cuando repitas la idea a lo largo del día.
3. Las prácticas más cortas deben ser tan frecuentes como sea posible.
2Las aplicaciones específicas de la idea de hoy también deben hacerse inmediatamente cuando surja cualquier situación que te perturbe.
3En esas ocasiones, di:
4Hay otra manera de ver esto.II
4. Acuérdate de aplicar la idea de hoy en el momento en que te des cuenta de que estás en apuros.
2Puede que necesites sentarte un minuto más o menos y repetir la idea varias veces en silencio.
3Cerrar los ojos probablemente te ayudará en este tipo de aplicación.
I ¡Por supuesto! ¿Cómo no iba a haberla? Es evidente que puedes interpretar tu percepción como te dé la gana; eso está clarísimo. Sin embargo, el asunto fundamental no es ese. La pregunta básica es: ¿quieres? ¿Quieres de todo corazón ver el mundo de otra manera? Si de verdad lo deseas, ciertamente lo verás. Y si no lo ves, pregúntate muy seriamente hasta qué punto estás dispuesto a perdonar, a abandonar tus anteriores interpretaciones y a renunciar a tener «razón», tu «razón».
En esencia, el ego no es más que el «criterio personal». Dicho así, suena bastante inocente, e incluso puede parecer un concepto que encierra cierta dignidad. ¡Cuidado! No es ni inocente ni digno. El ego es un usurpador de las funciones de Dios, pero no se presenta como tal.
El ego intentará convencerte no solo de que estás perfectamente capacitado para interpretar la realidad según tu propio criterio, sino también de que esa es tu obligación y tu responsabilidad. No lo es. Aún no te has dado cuenta de esto porque todavía crees que lo que contemplas es la realidad.
Hay dos maneras de llegar a una toma de conciencia profunda de esta gran verdad. La manera simple y fácil es el discernimiento: la luz de lo evidente. Pero solo los que no son arrogantes pueden caminar por esa senda, y en este mundo hay muy pocos de esos.
El otro camino es duro y doloroso. Es el camino de la claudicación y la renuncia, que solo sobreviene cuando el sufrimiento se vuelve tan grande que resulta imposible de manejar o asumir. La buena práctica de los ejercicios de este Libro permite una transición gozosa hacia la luz y sin sufrimiento, pero exige una gran voluntad de cambiar. El cambio ocurrirá en la medida en que esa voluntad sea sincera. Recuerda: no tienes nada que perder y todo que ganar. Aprovecha esta oportunidad.
En ese cine que constituye tu mente individual, se puede proyectar cualquier tipo de película: tanto películas siniestras de culpa y condenación que te estremecen, como películas felices de amor y perdón. Lo que ocurre es que tiendes a escribir guiones de las primeras y necesitas ayuda para escribir guiones felices que te lleven al despertar. Ese Ayudante es el Espíritu Santo, y esa es exactamente su función: ofrecerte una interpretación alternativa a la tuya de los símbolos que proyectas.
En definitiva, lo que aparece en la pantalla de la conciencia no deja de ser una ilusión, pero, ¿qué prefieres? ¿Salir del cine riendo o llorando? Si eso que llamas «mi vida personal» no es más que una historia que te cuentas a ti mismo —y esto es un hecho evidente—, más vale que seas cuidadoso al elegir a quién le pides ayuda para escribir esa historia.
II Resulta difícil expresar en palabras la necesidad que tienes de hacer esto. Sin embargo, si aspiras a lograr algo con este Curso, deberías recordar esta invocación casi constantemente: necesitas hacerlo.
Te darás cuenta de ello con absoluta claridad cuando experimentes tu primer instante santo, pues en ese momento descubrirás, con cierta sorpresa, que ya no necesitas ver el mundo de otra manera. Pero hasta que eso ocurra, recuerda que tienes en tus manos la herramienta perfecta para enderezar tu percepción.
Decir: «Hay otra manera de ver esto, y quiero encontrarla» es invocar al Espíritu Santo para que abra tus ojos y te muestre un mundo impecable. Ese mundo siempre ha estado ahí, pero tú no sabías verlo.
Ten la absoluta certeza de que Él siempre responderá a tu petición. Solo necesitas limpiar tu mente de toda expectativa, confiar en Él y estar dispuesto a escuchar Su Respuesta.
Para evidenciar el carácter subjetivo y arbitrario de tu interpretación de la realidad, puedes practicar la siguiente técnica de visualización. Busca un lugar tranquilo donde puedas sentarte cómodamente y sin interrupciones. Cierra los ojos e imagina una fantasía en la que tú eres el o la protagonista. Permite que tu mente construya una narrativa en la que interactúas con otras personas, reales o ficticias. Estas interacciones pueden ser dramáticas, felices, tristes o conflictivas, sin importar el contenido específico. Lo esencial es dejar que la historia fluya de manera natural, sin intentar controlarla demasiado.
Mientras la historia se desarrolla en tu imaginación, presta atención a tus emociones. Observa cómo tu estado emocional varía en función de los acontecimientos que estás imaginando, de manera similar a lo que ocurre cuando ves una película. Al finalizar la práctica, reflexiona sobre lo siguiente: esa narrativa que has creado y las emociones que ha generado no son diferentes de lo que llamas «la realidad». Ambas son manifestaciones de tu mente interactuando con estímulos—ya sean externos o internos—y otorgándoles significado.
Si lo deseas, puedes utilizar esta técnica para cambiar deliberadamente tu estado emocional. Por ejemplo, puedes imaginar una historia que evoque emociones positivas o tranquilizadoras cuando te sientas angustiado o ansioso. Esto te permitirá comprender que tus emociones no son fijas, sino moldeables. Esta práctica no solo fomenta la autoconciencia sobre cómo nuestra mente da forma a la percepción de la realidad, sino que también proporciona una herramienta útil para el manejo emocional y la transformación de estados internos.
Cuando le pides al Espíritu Santo: «Quiero ver esto de otra manera», la técnica adopta una dinámica diferente. En este caso, no estás creando tú la narrativa, sino que estás invitando al Espíritu Santo a ser el guionista de la historia con la que te vas a relacionar. Además, le permites utilizar elementos de tu percepción para construir Su interpretación de la circunstancia que estás viviendo.
Puedes tener la certeza de que la interpretación que Él pondrá en tu mente será aquella que producirá el mejor resultado posible para todas las personas involucradas. Será también la más adecuada para el plan divino de tu salvación. De este modo, no solo transformas tu percepción de la situación, sino que permites que se alinee con un propósito superior, confiando plenamente en que el Espíritu Santo sabe cómo utilizar cada experiencia en beneficio de tu crecimiento espiritual y el de quienes te rodean.
Sé honesto y reconoce que tu identificación con tu propio personaje es absoluta. Tienes una idea de ti mismo, y eso es lo que crees ser, por mucho que te repitas que eres el Hijo de Dios. No puedes hacerte santo a ti mismo; eso es imposible y, además, no es tu labor.
Tu trabajo consiste en poner tu voluntad al servicio de crear las condiciones necesarias para tu despertar; nada más. Para que eso ocurra, es imprescindible que veas el mundo de otra manera: un mundo perdonado.
Esa es la razón fundamental por la que necesitas pedir al Espíritu Santo una interpretación que suscite en ti los sueños felices que te conducirán al mundo real, la antesala del despertar.
La dificultad que ahora afrontas, junto con todos tus problemas y sufrimientos, deriva de la importancia que concedes a las historias que te cuentas, lo cual es, a su vez, una proyección de tu propio sentido de importancia personal. Esas narrativas que aparecen en tu mente —tu interpretación de lo percibido y la idea que tienes de ti mismo— son falsas, pero se vuelven vigentes y causales porque crees que son verdaderas e importantes. No lo son, pero has forzado a tu mente a pensar que sí.
La palabra «importante», del latín importans (que lleva adentro, que introduce), designa aquello que aporta algo que se convierte en fundamental. Date cuenta de que esa importancia no es más que un gesto gratuito de la mente, patrocinado por el ego. El hecho en sí, lo percibido, no tiene ningún significado ontológico intrínseco; ese significado es tu propia aportación.
La respuesta cuerda a esa alucinación de la mente es el perdón: el benévolo gesto mental que te libera de esa perniciosa fantasía. Este Curso trata precisamente de eso.
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LECCIÓN 32
Yo mismo he inventado el mundo que veo.
1. Hoy seguimos desarrollando el tema de causa y efecto.
2No eres la víctima del mundo que ves porque lo inventaste tú.I
3Puedes renunciar a él tan fácilmente como lo concebiste.
4Lo verás o no lo verás, según desees.
5Mientras lo quieras, lo verás; cuando ya no lo quieras, dejarás de verlo.II
2. La idea de hoy, al igual que las anteriores, se aplica tanto a tu mundo interno como al externo, que en realidad son el mismo.
2Sin embargo, como tú consideras que son diferentes, los periodos de práctica para hoy incluirán también dos fases: una dedicada al mundo que ves fuera de ti y la otra al mundo que ves en tu mente.
3En los ejercicios de hoy, trata de introducir el pensamiento de que ambos están en tu propia imaginación.
3. De nuevo, comenzaremos las sesiones de práctica de la mañana y la tarde repitiendo la idea de hoy dos o tres veces mientras miras a tu alrededor al mundo que ves fuera de ti mismo.
2Luego, cierra los ojos y examina tu mundo interno.
3Procura tratar a ambos de igual manera.
4Repite la idea de hoy sin prisa para ti mismo tantas veces como quieras, mientras observas las imágenes que tu imaginación presenta a tu conciencia.
4. Para los dos periodos de práctica más largos se recomiendan de tres a cinco minutos, y se requieren al menos tres.
2Si encuentras los ejercicios cómodos, puedes hacer más de cinco.
3Para facilitar esto, elige un momento en el que preveas pocas distracciones y en el que tú mismo te sientas razonablemente preparado.
5. Estos ejercicios también deben continuarse durante el día, tan a menudo como sea posible.
2Las aplicaciones más cortas consisten en repetir la idea lentamente mientras observas tu mundo interno o el externo.
3No importa cuál elijas.
6. La idea de hoy también debe aplicarse inmediatamente a cualquier situación que pueda perturbarte.
2Aplica la idea diciéndote a ti mismo:
3Yo he inventado esta situación tal como la veo.
I Sigues en el cine, embelesado por la película que estás viendo, y ríes o lloras porque has olvidado que tú mismo fuiste el guionista y el director de la historia. Pero, como también eres el protagonista, para interpretar bien el papel decides olvidar ese pequeño detalle.
Date cuenta de que no tienes reparo en aceptar que esto es exactamente lo que sucede en tus sueños nocturnos: cuando despiertas, sabes con certeza que todas las fantasías que experimentaste mientras dormías eran producto de tu propia mente. Pues bien, como nos dice Jesús en el Texto, cuando crees que despiertas por la mañana, en realidad sigues profundamente dormido, soñando un sueño de separación creado por ti mismo.
«TODO TU TIEMPO LO DEDICAS A SOÑAR. Tu sueños nocturnos y los diurnos adoptan formas diferentes, pero eso es todo. SU CONTENIDO ES EL MISMO. Son la manera en la que protestas CONTRA la Realidad, y representan tu deseo fijo y demente de CAMBIARLA a tu conveniencia». (T-18.III.6:6-9)
II Esto es verdad, pero no lo aceptas porque no quieres aceptarlo; prefieres sentirte víctima de un mundo hostil antes que asumir que eres responsable de semejante monstruosidad. Sin embargo, ese «tú» que fabrica mundos imaginarios no es la diminuta mente personal con la que te identificas, tan proclive a culpar y culparse por todo lo que percibe, incluso por esto. El mundo no existe, y esa mente personal tampoco tiene otra entidad que la de ser un delirio dentro de la santa mente del Hijo de Dios. No obstante, dada tu identificación con el ego, es inevitable que te lo tomes todo a la tremenda y como algo personal.
El mundo que has inventado, santo Hijo de Dios, es un símbolo compuesto por una miríada de símbolos menores que reflejan la imaginaria separación de tu Padre. Tus deseos y tus temores aparecen en ese sueño en formas definidas que consideras reales, pero esto no debería extrañarte, ya que reconoces su inconsistencia en manifestaciones similares de tus anhelos y miedos. ¿No aparecen acaso esas figuras cuando cierras los ojos por la noche? ¿No las ves en tu imaginación cuando sueñas despierto? Crees en ellas mientras las contemplas, y precisamente por eso las concibes. Sin embargo, sabes que no son ciertas cuando recobras un poco de cordura o despiertas por la mañana.
Ninguna de esas figuras es real; ninguna forma puede serlo. La realidad es como tú, como Dios: una idea perfectamente abstracta. La mente del Hijo de Dios puede crear —como su Padre— extendiendo su amorosa existencia, pero también puede creer en ilusiones. Sin embargo, no puede hacerlas reales ni crear nada que sea diferente de su propia naturaleza. Esa es la Ley de Dios.
Tu mente personal cree que no puede cambiar las formas que ve ni transgredir las supuestas leyes que las gobiernan. Esta limitación existe porque la mente misma se ha impuesto esa creencia; se ha definido a sí misma como limitada. Cambiar una creencia es tan doloroso y difícil para esa mente como matar a un hijo, porque las creencias son fruto de profundas querencias. Cambiarlas requiere querer algo diferente con la misma intensidad que pusiste al concebirlas o aún mayor.
Este es un Curso sobre la voluntad, y en él se te insta a querer de manera diferente. Por eso es tan importante y se enfatiza tanto en la honestidad de tu buena disposición para cambiar. La razón por la que el cambio te resulta tan difícil es que no te dices la verdad acerca de lo que realmente deseas. Dices que quieres una cosa, pero no es cierto. Lo cierto es que quieres algo diferente: exactamente lo que estás viendo, lo que te estás concediendo a ti mismo.
El Texto también te lo recuerda: «Esta es la razón por la que es necesario responder a la pregunta: “¿Qué quieres?”. La estás contestando cada minuto y cada segundo, y lo que decides es un juicio que INEVITABLEMENTE tiene efectos. Los efectos de la decisión siguen de forma automática HASTA QUE SE CAMBIA LA DECISIÓN. […] Repito esta afirmación porque no la has aprendido. Pero una vez más: cualquier decisión puede ser REVOCADA de la misma manera en que una vez fue tomada» (T-5.IX.10:3-7).
La razón por la que percibes dolor, amenaza o carencia es muy profunda y también muy difícil de aceptar. Esto se debe a que, en tu fuero interno, te sientes culpable por tu identidad individual, exclusiva y separada de todo. Pretendes expiar esa culpa castigándote a ti mismo. Ves pecado en ti y lo proyectas en tus percepciones.
Esta idea, como todas las que contiene este Libro de Ejercicios, no tiene que ser creída, pero es fundamental que la respetes y consideres con atención. Una observación cuidadosa te mostrará que es verdad, y entonces estarás listo para perdonarte y despertar de tus pesadillas.
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LECCIÓN 31
No soy víctima del mundo que veo.
1. La idea de hoy es la introducción a tu declaración de liberación.I
2Una vez más, esta idea debe aplicarse tanto al mundo que percibes fuera como al que experimentas dentro de ti.
3Al aplicar la idea de hoy, lo haremos de una manera que se utilizará cada vez más, con algunos ajustes que se irán indicando.
4En términos generales, esta forma de práctica incluye dos aspectos: uno en el que se aplica la idea de manera más prolongada, y otro que consiste en aplicaciones frecuentes a lo largo del día.
2. Se requieren dos períodos largos de práctica con la idea de hoy: uno por la mañana y otro por la noche.
2Se recomiendan entre tres y cinco minutos para cada sesión.
3Durante ese tiempo, mira lentamente a tu alrededor mientras repites la idea dos o tres veces.
4Luego, cierra los ojos y aplica la misma idea a tu mundo interno.
5Escaparás de ambos a la vez, porque el mundo interno es la causa del externo.
3. Al observar tu mundo interno, permite que los pensamientos que crucen por tu mente lleguen a tu conciencia.
2Considera cada uno de ellos por un momento y luego reemplázalo por el siguiente.
3Procura no establecer jerarquías entre ellos.
4Observa cómo vienen y van tan desapasionadamente como sea posible.
5No te detengas en ninguno en particular; más bien, deja que su flujo discurra de manera uniforme y tranquila, sin esfuerzo especial por tu parte.
6Sentado, observa en silencio tus pensamientos mientras repites lentamente la idea de hoy tantas veces como desees, pero sin prisa.
4. Además, repite la idea de hoy tan a menudo como sea posible durante el día.
2Recuerda que estás haciendo una declaración de independencia en nombre de tu propia libertad.II
3En tu libertad radica también la libertad del mundo.
5. La idea para hoy es particularmente útil como respuesta a cualquier forma de tentación.
2Es la declaración de que no cederás a ella ni te encadenarás a ti mismo.
I Siguiendo con la alegoría del cine, esta Lección enfatiza el hecho de que tú, como espectador, no te ves afectado por lo que ocurre en la película. Tu cuerpo, quizá sí, pero debes tener en cuenta que este también forma parte de la película y, por lo tanto, no es real. El problema radica en que tú, el espectador, te has identificado con ese cuerpo que ves actuar en la película, y entonces todo lo que le sucede a ese cuerpo te afecta. Este es el clásico efecto de la proyección de identidad, que nos hace sentir interés e impacto por las películas que vemos en el cine, las novelas que leemos, las noticias de la televisión o las historias que otros nos cuentan. Proyectamos nuestra propia identidad sobre esos personajes; creemos ser ellos y sufrimos o reímos con ellos.
Pero ten cuidado y no tomes esto a la ligera: tu identificación con tu cuerpo es enorme. Aunque puedas aceptar intelectualmente que no eres tu cuerpo, tendrás serias dificultades para perdonar los daños que este sufra, ya sea por ataques externos o por las enfermedades que tú mismo te infliges. Prepárate para afrontar esta situación.
Quizá te digas a ti mismo que desentenderte completamente de lo que percibes y perdonarlo de manera absoluta es impropio de ti, ya que ello implicaría desprenderte de tu propia humanidad. Tienes razón, pero recuerda: tú no eres humano. Eres el Hijo de Dios, y te estás permitiendo de manera inapropiada una experiencia humana que tanto te duele. ¿Por qué crees, si no, que te resulta tan difícil aceptar este Curso y renunciar al mundo?
El criterio básico de la realidad es la permanencia: la imposibilidad de cambiar. Todo lo que cambia o puede cambiar es ilusorio. Sin embargo, tú, que eres real, nunca has cambiado; siempre has sido tú. La conciencia de ser es el único componente real de la idea que tienes de ti mismo; es lo único que no ha cambiado a lo largo de tu vida personal. Tú no eres víctima del mundo —la película— porque tú eres real, y lo que crees ver fuera de tu mente no lo es. En tu identificación con el personaje, la conciencia de ser, de existir, es la única experiencia directa que tienes de tu verdadero Ser.
Además, si soy yo quien le da a todo el significado que tiene para mí, ¿cómo puedo sentirme víctima de lo que veo? Solo percibo mis propias interpretaciones. Lo que llamo «mi vida personal» no es más que una historia que me cuento a mí mismo. A veces me digo que soy feliz porque consigo lo que creo necesitar y desear, y en esos momentos suelo albergar una idea exaltada de mí mismo. Pero otras veces me siento desgraciado y frustrado porque el mundo no responde a mis expectativas.
Esa extraña idea —el mundo está mal, pero mis expectativas son apropiadas—, basada en la más profunda arrogancia, me provoca un dolor emocional inaceptable cuando algo las frustra. En lugar de cambiarlas y reorientar mis interpretaciones, proyecto ese dolor fuera de mí, ataco lo que percibo y lo culpo de mi sufrimiento: me siento víctima del mundo que veo.
¿Te han ofendido? ¿No será más bien que te has dicho a ti mismo que eso es ofensivo? ¿Qué libertad tienes si tus estados de ánimo y tu comportamiento dependen de otros?
La verdad es que tu mente solo responde a sí misma; no atiende a otra cosa que a aquello que ella misma se concede. Es ciega a todo lo demás porque, en realidad, no hay nada aparte de ella misma. Tu mente solo se relaciona con sus propias proyecciones ilusorias.
Tu mente personal es incapaz de cambiar directamente el mundo proyectado; no puede hacer milagros. Sin embargo, la verdad es que tu mente no es personal. Aprender que no eres víctima del mundo que ves es el primer paso para regresar al reconocimiento de tu verdadera identidad.
Ahora no puedes cambiar lo que has proyectado, pero está perfectamente a tu alcance cambiar cómo lo interpretas. Puedes encontrar paz y felicidad incluso en este mundo, simplemente aceptando con honestidad y lucidez que solo eres víctima de tus propias interpretaciones. Para ello debería bastarte tomar conciencia de que, en realidad, no conoces otra cosa que esas historias que te cuentas a ti mismo sobre un mundo externo a ti.
II Esta es otra referencia a la Declaración de Independencia de los Estados Unidos (mira T-4.V.2:11 para la primera). En este contexto, la declaración de independencia de Estados Unidos respecto de Gran Bretaña se convierte en un símbolo para que tú declares tu independencia de la tiranía del mundo.
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LECCIÓN 30
Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente.
1. La idea de hoy es el trampolín hacia la visión.
2Por medio de esta idea, el mundo se abrirá ante ti, y al contemplarlo verás en él algo que nunca antes habías percibido.I
3Lo que solías ver ya no será siquiera vagamente visible para ti.II
2. Hoy nos enfocamos en utilizar un nuevo tipo de proyección.III
2No intentamos deshacernos de lo que no nos gusta viéndolo fuera de nosotros.IV
3En lugar de eso, intentamos ver en el mundo lo que está en nuestra mente y reconocer que ciertamente está ahí.V
4De este modo, buscamos unirnos a lo que vemos, en lugar de mantenerlo separado de nosotros.VI
5Esta es la diferencia fundamental entre la visión y tu forma habitual de ver.VII
3. La idea de hoy debe practicarse con la mayor frecuencia posible a lo largo del día.
2Repítela lentamente para tus adentros cada vez que la recuerdes, mientras miras a tu alrededor e intentas darte cuenta de que esta idea es aplicable a todo lo que ves ahora, o podrías ver si estuviera al alcance de tu vista.
3La visión verdadera no está limitada por conceptos como «cerca» y «lejos».
4Para ayudarte a acostumbrarte a esta idea, al aplicar la lección de hoy intenta incluir tanto cosas que están más allá de lo que tus ojos pueden ver como aquellas que puedes observar directamente.
4. La visión verdadera no solo no está limitada por el espacio o la distancia, sino que tampoco depende en absoluto de los ojos del cuerpo.
2Su única fuente es la mente.VIII
3Para facilitar tu adaptación a esta idea, aplícala también con los ojos cerrados, enfocándote en cualquier tema que se te ocurra y mirando hacia tu interior en lugar de hacia afuera.
4La idea de hoy es igualmente aplicable de ambas maneras.
I Imagina que tu mente es un cine, una sala donde se proyecta una película que se titula “Mi vida personal”. En este cine hay un proyector con una potente lámpara que emite una luz (el Amor de Dios) que atraviesa una película compuesta de fotogramas (momentos de presente) con unas manchas (juicios) que ocultan parcialmente esa luz. El resultado es la proyección de la película (mi vida personal) sobre una pantalla (la conciencia), con la que yo, el espectador sentado en el patio de butacas (la idea que tengo de mí mismo), me identifico por completo. Y así, según sean las escenas de la película, a veces río y a veces lloro. En realidad, los ojos del espectador solo contempla un juego de luces y de sombras, ausencias de luz, ausencias del Amor de Dios.
La Lección de hoy nos propone descartar (perdonar) esas ausencias, que por su propia condición ausente no tienen entidad real, y fijarnos únicamente en el Amor de Dios subyacente a todo lo que percibimos.
Date cuenta de que sin ausencias de luz, sin ausencias de amor, no se configura ninguna historia en la pantalla; no hay película. Eso es lo que significa “el mundo no existe”, pues el mundo es precisamente la historia que surge en la conciencia al considerar ausencias de realidad. El “mundo real”, ese mundo feliz del que Jesús nos habla, que veremos justo antes de despertar a nuestra verdadera identidad y que es el resultado de ver un mundo perdonado, aparece en nuestra mente cuando retiramos de la historia que estamos interpretando sus componentes de miedo y de culpa, que son la “tinta negra” que oscurece los fotogramas de la película que creemos ver.
Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente, y eso es lo único real que ahí se encuentra. El resto son solo fantasías concebidas al considerar inexistentes ausencias.
II Esto no significa que mientras creas estar en el mundo dejarás de ver formas —ilusiones—. Lo que significa es que las perdonarás y dejarás de interpretarlas en los términos en que lo has hecho hasta ahora, y entonces verás un mundo perdonado, un mundo que aparece ante ti apenas perfilado por una “tinta gris” casi transparente, «el mundo real». Ahora toda tu atención está puesta en la luz subyacente, lo único real de esa escena.
Cuando tomes plena conciencia de tu verdadera identidad como Hijo de Dios, finalmente dejarás también de ver las formas y el mundo desaparecerá, pues solo era una ilusión, el sueño de que el Hijo de Dios podía estar separado de su Padre.
III Las ideas que se nos han presentado en las primeras Lecciones nos han enseñado que el mundo que creemos ver es tan solo una «proyección» de los deseos y temores de nuestra mente: todo eso no es real; nada de lo que proyectamos lo es. En esta Lección vamos a intentar «proyectar» algo real por primera vez, de hecho, lo único que es verdaderamente real: el Amor de Dios.
IV Esta es una formulación esencial sobre la visión: creemos ver fuera de nosotros lo que es impropio de nuestras santas mentes —las formas— y que en realidad no queremos, y la prueba de que no lo queremos es precisamente verlo fuera. En verdad no amamos las ilusiones, las rechazamos al considerarlas algo ajeno a nosotros mismos al verlas en un ámbito exterior imaginario. No queremos siquiera nuestro propio cuerpo, por eso lo hemos expulsado de nuestra mente. En verdad, no queremos nada del mundo de las formas.
V No hay palabras que puedan describir la experiencia de albergar la idea de Dios en la mente. Simplemente, no hay palabras. Es una experiencia tan sumamente reconfortante y absoluta que disuelve toda preocupación, e incluso el sentido de identidad personal: el ego.
VI La «proyección» es un recurso de la mente para separarse de algo que concibe asignándole el atributo de estar fuera de ella misma. Ahora, sin embargo, esta nueva forma de proyectar reconoce que lo que vemos es real y se encuentra en nuestro interior, de hecho, es lo que somos. A esta «proyección» el Curso la llama «extensión», y es la dinámica propia de la Creación.
VII La visión de los ojos del cuerpo no es otra cosa que constatar que aquello que ves es diferente a ti, pero la verdadera visión da fe de que todo lo que ves eres tú, y a eso el Curso lo llama «Conocer».
VIII Lo que se entiende como «ver» con los ojos del cuerpo, en realidad, no es otra cosa que creer que se ve, y creer es pensar que lo que imaginas es real. Hoy, por primera vez, vamos a imaginar algo que sí es verdad porque es real: la presencia de Dios.
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LECCIÓN 29
Dios está en todo lo que veo.
1. La idea de hoy explica por qué puedes ver el propósito de todo en cualquier cosa.I
2Explica por qué nada está separado, ni existe por sí mismo o en sí mismo.II
3Y también explica por qué nada de lo que ves significa nada.III
4De hecho, esta idea esclarece todas las lecciones anteriores y sustenta todas las que vendrán.
5Es el pilar fundamental de la visión.
2. Es probable que esta idea aún te resulte difícil de comprender.
2Puede que la consideres absurda, irreverente, carente de sentido, incluso divertida o cuestionable.
3Ciertamente, Dios no está en una mesa, al menos no como tú la percibes.
4Sin embargo, ayer enfatizamos que una mesa comparte el propósito del universo.
5Y lo que comparte el propósito del universo también comparte el propósito de su Creador.IV
3. Esfuérzate hoy por comenzar a mirar todas las cosas con amor, aprecio y una mentalidad abierta.V
2Porque, tal como las percibes ahora, no las estás viendo realmente.
3¿Acaso sabes qué hay en las cosas que observas?
4Nada es lo que parece ser para ti.
5Su santo propósito está más allá de tu limitado entendimiento.VI
6Cuando la visión te muestre la santidad que ilumina el mundo, comprenderás plenamente la idea de hoy.
7Y no entenderás cómo alguna vez pudiste encontrarla difícil.
4. Hoy realizaremos seis prácticas de dos minutos cada una, siguiendo un patrón ya conocido:
2Comienza repitiendo la idea en tu interior, y luego aplícala a objetos escogidos al azar a tu alrededor, nombrándolos expresamente.
3Evita la tentación de seleccionar los temas por ti mismo, algo que puede resultar especialmente atractivo debido a la naturaleza totalmente ajena de esta idea para ti.
4Recuerda que cualquier orden que impongas también es ajeno a la realidad.
5Por lo tanto, tu lista de temas debe ser tan aleatoria como sea posible, sin influencia de tus propios criterios.
5. Una lista adecuada podría incluir:
2Dios está en este perchero.
3Dios está en esta revista.
4Dios está en este dedo.
5Dios está en esta lámpara.
6Dios está en ese cuerpo.
7Dios está en esa puerta.
8Dios está en esa papelera.
6. Además de los periodos de práctica asignados, repite la idea de hoy al menos una vez por hora.
2Mientras lo haces, mira lentamente a tu alrededor, pronunciando las palabras sin prisa.
3Al menos una o dos veces deberías experimentar una sensación de descanso al hacerlo.
I L-28.6:1: «Al usar la mesa como tema para aplicar la idea para hoy, estás por lo tanto realmente pidiendo ver el propósito del universo».
Esta declaración encapsula la profundidad de los ejercicios en la Lección 28, donde incluso el objeto más mundano —como una mesa— se eleva como símbolo del propósito universal. Subraya el concepto de que todo, independientemente de su aparente simplicidad, comparte el propósito unificado del universo y refleja la intención divina detrás de toda existencia. Al practicar esta idea, estás aprendiendo a trascender las percepciones superficiales y a abrirte a la profundidad infinita y la santidad presentes en todas las cosas, alineando así tu mente con la visión de Dios.
II L-28.2:3-4: «Sin embargo, ¿qué existe por sí mismo? ¿Y qué significa “en sí mismo”?»
Estas líneas desafían la idea de la existencia independiente, un concepto profundamente arraigado en el marco del ego. Te invitan a cuestionar la validez de percibir las cosas como separadas y autosuficientes. Según el Curso, nada existe «por sí mismo» porque todo está interconectado y comparte un único propósito establecido por su Creador. La expresión «en sí mismo» se refiere a la tendencia del ego a definir los objetos y experiencias como aislados del todo. Al plantear estas preguntas retóricas, el Curso te anima a abandonar la creencia en la separación y a reconocer la unidad inherente y el propósito compartido de todas las cosas en el universo.
III L-1: «Nada de lo que veo en esta habitación… significa nada».
Esta primera Lección introduce el principio fundamental de que el significado no es inherente a las cosas que percibimos. La percepción del mundo es subjetiva, basada en las proyecciones de la mente. Por lo tanto, todo lo que crees ver no tiene un significado intrínseco, sino únicamente el que tú le has asignado. La Lección no pretende que comprendas completamente esta idea de inmediato, sino que empieces a cuestionar tus supuestos sobre el mundo que ves. Es un primer paso hacia la desconstrucción de las creencias que refuerzan la ilusión de la separación.
IV Es crucial interpretar esta línea de forma adecuada, ya que no implica que Dios creó el universo tal como tú lo percibes. Dios es la Existencia Misma y crea todo lo que existe extendiendo Su Propio Ser; esa es la verdadera Creación de Dios: el Amor de Dios, la Realidad.
El universo perceptual, en cambio, es una interpretación fragmentada de la mente afectada por la idea de la separación.
La presencia de Dios en todo no significa que Él haya creado las ilusiones del mundo perceptual. Más bien, señala la verdad de que, más allá de tu percepción fragmentada, todo comparte el propósito sagrado de reflejar el Amor de Dios y conducirte de vuelta a la conciencia de tu unidad con Él. Comprender esta distinción es clave para abrazar el camino transformador que ofrece este Curso: pasar de percibir ilusiones a reconocer la Realidad que es el Amor de Dios en todo.
V En lugar de mirar las cosas con codicia y evaluarlas únicamente en términos de su utilidad para satisfacer tus imaginarias necesidades, intenta contemplarlo todo con amor y aprecio. Sé respetuoso con lo que te rodea, trátalo con atención, humildad y gratitud, y descubrirás que las cosas te devolverán el amor que les otorgas y te revelarán sus secretos.
En realidad, no hay nada oculto ni ningún misterio; era tu mirada rapaz y limitada la que te mantenía ciego a su belleza. Sé generoso con el mundo, ofrécele tu amistad, y te encontrarás rodeado de amigos. Incluso los objetos inanimados cobrarán vida ante tus ojos y te hablarán con agradecimiento.
Una manera práctica de aplicar la idea de hoy es integrarla en tus tareas cotidianas. Por ejemplo, si estás colgando ropa, puedes decir: «Dios está en esta camisa», «Dios está en esta sábana». Si estás fregando, podrías decir: «Dios está en este vaso», «Dios está en este plato». Descubrirás, con sorpresa, que actividades que antes te parecían tediosas o molestas ahora te resultan mucho más agradables y fascinantes. En lugar de agotarte, estas tareas te llenarán de energía y alegría.
Este ejercicio es muy sencillo y no implica ningún riesgo; al contrario, es profundamente liberador. La idea de Dios aporta una sorprendente alegría allí donde la aplicas, además de ser absolutamente cierta y oportuna.
Recuerda que esa «mentalidad abierta» es la última característica de los maestros de Dios, pero también es la primera, porque es la que te pone en la actitud receptiva necesaria para emprender un Curso sobre la verdad.
VI De nuevo, ten mucho cuidado al interpretar este tipo de Lecciones y no te sientas frustrado si no puedes ver a Dios en esa mesa, porque eso “se encuentra más allá de tu pequeño alcance”. Jesús no te está pidiendo que lo hagas ahora, porque sabe que no puedes. Lo que Él te pide, y lo que sí puedes hacer, es simplemente querer ver a Dios en esa mesa.
Eso es todo. Es suficiente con que ese sea tu deseo y tu voluntad. Con ese simple acto ya estás haciendo muchísimo, y hay una gran alegría en el Cielo por tu esfuerzo y devoción.
Recuerda que eres un estudiante de un Curso de entrenamiento mental. Solo te gradúas cuando tu mente se llena de luz y júbilo, y en ese momento sabrás que ya no necesitas aprender nada más.
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LECCIÓN 28
Por encima de todo, quiero ver las cosas de otra manera.I
1. Hoy estamos dando una aplicación muy específica a la idea que vimos ayer.
2Durante estas sesiones de práctica, adquirirás una serie de compromisos bien definidos.
3La cuestión de si los mantendrás en el futuro no nos preocupa ahora.
4Si estás dispuesto a asumirlos en este momento, ya has comenzado el camino para mantenerlos.II
5Y recuerda, todavía estamos al principio.
2. Puede que te preguntes por qué es importante decir algo como: «Por encima de todo, quiero ver esta mesa de otra manera».
2Decirlo, en sí mismo, no tiene ninguna importancia.
3Sin embargo, ¿qué existe realmente «por sí mismo»?
4¿Y qué significa «en sí mismo»? III
5Ves muchas cosas separadas a tu alrededor, lo que significa que, en realidad, no estás viendo nada.
6O ves, o no ves.IV
7Cuando hayas visto una cosa de manera diferente, verás todas las cosas de manera diferente.
8La luz que veas en cualquiera de ellas será la misma luz que verás en todas.
3. Al decir: «Por encima de todo, quiero ver esta mesa de otra manera», te estás comprometiendo a abandonar todas tus ideas preconcebidas sobre la mesa y a abrir tu mente a lo que realmente es y para qué es.
2No la defines en términos de tu pasado.
3En lugar de afirmar qué es, estás preguntando qué es.
4No estás limitando su significado a tu propia y reducida experiencia con mesas ni restringiendo su propósito a tus pensamientos personales, que no significan nada.
4. Tú no cuestionas lo que ya has definido previamente.
2Sin embargo, el propósito de estos ejercicios es hacer preguntas y recibir las respuestas.
3Al decir: «Por encima de todo quiero ver esta mesa de otra manera», te estás comprometiendo a ver.
4Este compromiso no es exclusivo.
5Se aplica tanto a la mesa como a cualquier otra cosa, sin distinciones.
5. De hecho, podrías alcanzar la visión comenzando por esa sola mesa, si fueras capaz de abandonar por completo todas tus ideas sobre ella y contemplarla con una mente completamente receptiva.
2Esa mesa tiene algo que mostrarte; algo bello, puro y de infinito valor, lleno de felicidad y esperanza.V
3Oculto bajo todas las ideas que albergas sobre ella se encuentra su verdadero propósito, el cual comparte con todo el universo.
6. Por lo tanto, al usar la mesa como tema para la idea de hoy, en realidad estás pidiendo ver el propósito del universo.
2Estarás haciendo esta misma petición con cada objeto que uses en las prácticas.
3Y con cada uno, te comprometes a dejar que su propósito te sea revelado, en lugar de imponer sobre ellos tus propios juicios.
7. Hoy realizaremos seis sesiones de práctica de dos minutos cada una, en las que primero repetirás la idea del día y luego la aplicarás a cualquier cosa que contemples a tu alrededor.
2No solo debes escoger los temas al azar, sino que también debes tratar cada uno con la misma sinceridad, reconociendo que todos son igualmente valiosos en su contribución para alcanzar la visión.
8. Como de costumbre, las aplicaciones de la idea deben incluir el nombre del objeto que tus ojos observen, mientras dices:
2Por encima de todo, quiero ver este/a ____ de otra manera.
3Cada aplicación debe realizarse con calma y tan conscientemente como sea posible.
4No hay prisa.
I Por encima de todo, quiero ver las cosas sin ningún componente de miedo. Yo he atribuido significado a todo (L-2) basándome en su utilidad para satisfacer mis necesidades, es decir, las carencias que percibo en mí. Sentirse carente genera miedo, y por eso, al afirmar que quiero ver las cosas de otra manera, en realidad estoy pidiendo dejar de relacionarme con el mundo desde el miedo.
Donde no hay miedo, hay dicha y paz.
II Estas líneas dejan claro que Jesús comprende perfectamente tu incertidumbre sobre tu capacidad para tener éxito en la práctica de este Libro de Ejercicios. Tus dudas sobre ti mismo son comprensibles y justificadas, porque, en efecto, tú no estás capacitado para alcanzar los objetivos por tu cuenta. Eso es evidente.
Sin embargo, no te preocupes. Tu capacidad no es necesaria para lograr estos objetivos. Si pudieras alcanzarlos por ti mismo, no necesitarías esta práctica ni la ayuda del Espíritu Santo.
Confía. Lo único que se te pide es una pequeña disposición para aprender y cambiar, y que sigas las instrucciones de la manera más fiel posible. No se requiere nada más. No serás el artífice de tu propia salvación, pero te salvarás. Saldrás de tus malos sueños, y esto ocurrirá sin que sepas cómo.
Es posible que este tipo de Lecciones, que plantean cosas incomprensibles para ti, te resulten especialmente desafiantes. No permitas que surjan pensamientos de desánimo o de inadecuación porque te consideres incapaz de obtener ciertos resultados. Los objetivos son asuntos del ego, y tú, como Hijo de Dios, no necesitas conseguir nada, porque tu Padre ya te ha dado todo.
Estas Lecciones están diseñadas para que trabajes la obediencia, la confianza y la buena voluntad. Realiza la Lección con esmero, quédate en paz y siéntete plenamente justificado.
III El «sí mismo» de algo es el concepto más simple y puro que se puede concebir acerca de una cosa. Por eso, resulta inasequible para la mente egoica, al igual que ocurre con la noción de «ser», el fundamento de toda ontología.
La respuesta a estas dos complejas preguntas, de evidente carácter ontológico, se encuentra en la próxima Lección. Ten paciencia y prepara tu mente para estar completamente receptiva a la idea de mañana.
IV La noción de visión verdadera que propone este Curso trasciende ampliamente la simple percepción de los objetos físicos. Está intrínsecamente vinculada a la comprensión de su propósito en perfecta integración con el observador, la totalidad del entorno perceptual y su función en el universo. Ver implica conocer, ser, amar y crear, todo al mismo tiempo; son aspectos inseparables de la propia existencia.
Si no entiendes esto, no te preocupes en absoluto. Eso es una señal de que vas por buen camino, ya que se trata de algo completamente inaccesible para la mente egoica. Reconocer que no lo entiendes significa que no te estás engañando. Llegará un momento en que experimentarás la comprensión, pero aquel que comprenderá no será el mismo que ahora no entiende. Habrás aprendido, y en ese aprendizaje habrás cambiado.
La visión verdadera implica la ausencia del ego, la ausencia de «ese que no entiende».
V Esta línea es crucial porque, por primera vez, se insinúa el contenido de la verdadera visión. En última instancia, lo que estás contemplando, lo que tienes ante ti, es tu propio Ser.
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LECCIÓN 27
Por encima de todo, quiero ver.
1. La idea de hoy expresa algo más profundo que una mera decisión.I
2Otorga a la visión la máxima prioridad entre todos tus deseos.
3Puede que te sientas indeciso al usar esta idea porque no estás seguro de decirlo con total sinceridad.
4Eso no importa.
5El propósito de los ejercicios de hoy es acercarte un poco más al momento en que esta idea será completamente verdadera para ti.
2. Es posible que sientas una gran tentación de creer que se te está pidiendo algún tipo de sacrificio al afirmar que, por encima de todo, quieres ver.
2Si esta falta de reservas te causa incomodidad, puedes añadir:
3La visión no tiene ningún coste para nadie.
4Y si el miedo a perder algo persiste, añade también:
5Tan solo puede bendecir.II
3. La idea de hoy requiere muchas repeticiones para que puedas obtener el máximo beneficio.
2Deberías practicarla al menos cada media hora, y con más frecuencia si es posible.III
3Intenta, si puedes, practicarla cada quince o veinte minutos.
4Es recomendable que, al despertar o poco después, determines un ritmo específico para aplicar la idea durante el día y te esfuerces en cumplirlo.
5No te resultará difícil hacerlo, incluso mientras conversas o te ocupas en otras actividades.
6Siempre puedes repetir una frase breve para tus adentros sin que eso interfiera en nada.
4. La verdadera pregunta es: ¿con qué frecuencia recordarás hacerlo?
2¿Cuánto deseas que la idea de hoy sea cierta?
3Responde a una de estas preguntas, y habrás respondido a la otra.
4Es posible que olvides practicar en algunas ocasiones, e incluso en muchas.
5No te preocupes por ello, pero haz el esfuerzo de retomar tu programa cada vez que notes que te has despistado.IV
6Si tan solo una vez durante el día repites la idea de hoy con total sinceridad, puedes estar seguro de que te habrás ahorrado muchos años de esfuerzo.V
I Esta Lección refuerza el pronunciamiento de la Lección 20: «Estoy decidido a ver», y ambas constituyen la culminación de otras Lecciones anteriores enfocadas en el deshacimiento, de carácter negativo.
Estas son Lecciones luminosas que presentan la solución a la oscuridad del sistema de pensamiento del mundo: la verdad.
Es la voluntad de conocer la verdad lo que libera de la ilusión de la muerte.
«Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:33).
II Cuando enuncies la idea del día, no es necesario que utilices exactamente la fórmula que se te propone. Evita caer en ritualismos; eso equivale a creer en la magia. Lo realmente importante es que comprendas con claridad la esencia de lo que la idea transmite. Una vez captada, exprésala a tu manera. De hecho, hacerlo así es más efectivo, porque resulta más natural y enfrenta menos resistencias.
Por ejemplo, podrías formular la idea de hoy de la siguiente manera: «Lo más importante para mí, lo que deseo por encima de todo en esta vida, es lograr ver de verdad. Jesús me ha dicho que no tengo que pagar ningún precio por ello, y que además solo puede bendecirme a mí y a todo lo que me rodea, y yo le creo. Esto es lo que realmente quiero, y además deseo que ocurra tan pronto como sea posible».
Formular la idea de esta forma –u otra que se te ocurra a ti– hará que sea mucho más operativa. También es fundamental que entiendas que su eficacia aumentará si la vinculas a una emoción sincera, sentida desde lo más profundo de tu corazón. Las ideas que se apoyan en emociones son increíblemente poderosas.
Recuerda este principio a lo largo de todas tus prácticas con este Libro de Ejercicios.
III Esta es la primera ocasión en la que se propone un uso intensivo de la idea a lo largo del día, algo que será necesario con muchas otras ideas en el futuro.
IV A lo largo de la práctica de los ejercicios de este Libro, es absolutamente esencial desterrar por completo la idea de culpabilidad. Debes recordar que siempre haces lo mejor que puedes y das todo el amor que tienes. Aun así, procura siempre dar un poco más. Recuerda que ningún esfuerzo, por pequeño que sea, se desperdicia.
V Esta línea deja entrever que la tarea de invertir tu sistema de pensamiento es una proeza monumental que exigirá tiempo, esfuerzo y una enorme determinación. Sin embargo, piensa en la recompensa: es infinita. No existe alternativa alguna que pueda compararse, ni manera de emplear tu tiempo que te beneficie tanto.
Además, puedes estar seguro de que, a lo largo del camino, encontrarás innumerables recompensas que te sorprenderán, te sanarán y también sanarán a quienes te rodean. Recuerda: este es Un Curso de Milagros.
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LECCIÓN 26
Mis pensamientos de ataque están atacando mi invulnerabilidad.
1. Es evidente que, si puedes ser atacado, entonces no eres invulnerable.
2Percibes el ataque como una amenaza real.
3Esto se debe a que crees que tú mismo puedes atacar de forma genuina.
4Y lo que puede tener efectos a través de ti, también debe tener efectos en ti.I
5Esta misma ley, en última instancia, será lo que te salve.
6Pero ahora la estás usando mal.
7Por lo tanto, debes aprender a usarla a tu favor en lugar de en tu contra.
2. Al proyectar inevitablemente tus pensamientos de ataque, temerás ser atacado.
2Y si temes ser atacado, es porque crees que no eres invulnerable.
3Por lo tanto, los pensamientos de ataque te hacen vulnerable dentro de tu propia mente, que es donde esos pensamientos residen.II
4Los pensamientos de ataque y la invulnerabilidad no pueden coexistir en tu mente.
5Se contradicen entre sí.
3. La idea de hoy introduce la noción de que siempre te atacas a ti mismo primero.
2Si los pensamientos de ataque implican la creencia de que eres vulnerable, su efecto es debilitarte a tus propios ojos.
3Por lo tanto, estos pensamientos atacan la percepción que tienes de ti mismo.
4Y, al creer en ellos, pierdes la capacidad de creer en ti mismo.
5Una falsa imagen de ti mismo ha ocupado el lugar de lo que realmente eres.III
4. Practicar con la idea de hoy te ayudará a entender que tanto la vulnerabilidad como la invulnerabilidad son el resultado de tus propios pensamientos.
2Nada, excepto tus propios pensamientos, puede atacarte.
3Nada, excepto tus propios pensamientos, puede hacerte creer que eres vulnerable.
4Y nada, excepto tus propios pensamientos, puede demostrarte que eso no es cierto.IV
5. Se requieren seis periodos de práctica para trabajar con la idea de hoy.
2Intenta dedicar dos minutos completos a cada sesión, aunque puedes reducirlo a un minuto si sientes demasiada incomodidad.
3Sin embargo, no reduzcas el tiempo a menos de un minuto.
6. Comienza cada sesión repitiendo la idea de hoy, luego cierra los ojos y repasa las situaciones sin resolver cuyos resultados te inquietan.
2Esta inquietud puede manifestarse como depresión, ansiedad, ira, sensación de coacción, miedo, aprensión o preocupación.
3Cualquier problema aún no resuelto que venga a tu mente de manera recurrente durante el día es un tema adecuado para la práctica.
4No podrás abordar muchos en cada periodo, ya que debes dedicar más tiempo de lo habitual a cada uno.
7. La idea de hoy debe aplicarse de la siguiente manera:
2Primero, menciona la situación:
3Me preocupa ____.
4Luego, repasa todos los posibles resultados que te han causado inquietud y nombra cada uno de ellos de manera muy específica, diciendo:
5Me temo que ____ sucederá.
8. Si realizas los ejercicios correctamente, deberías identificar unas cinco o seis posibilidades angustiosas para cada problema, o incluso más.
2Es mucho más efectivo profundizar en unos pocos casos que abordar un número mayor de manera superficial.
3A medida que aumente la cantidad de resultados previstos para cada problema, es posible que algunos te parezcan menos aceptables, especialmente aquellos que se te ocurran al final.
4Sin embargo, en la medida de lo posible, trata de considerarlos todos por igual.
9. Después de nombrar cada resultado que temes, repite para ti mismo:
2Ese pensamiento es un ataque a mí mismo.
3Concluye cada periodo de práctica repitiendo una vez más la idea de hoy.
I Siempre nos relacionamos con todo desde la forma en que nos vemos a nosotros mismos. Tratamos a las cosas, a los demás y a Dios de la misma manera en que nos tratamos, y dado que no nos amamos realmente, nuestras relaciones con el mundo y con Dios carecen de amor.
Proyectamos inevitablemente el grado de amor —o su ausencia— que sentimos por nosotros mismos en todo lo que percibimos o concebimos, ya que percibir y concebir son, en esencia, lo mismo. Así, cuando atacas, reconoces implícitamente que, si ese ataque puede dañarte a ti, también puede dañar a otros. Por eso, todo ataque es una admisión de vulnerabilidad: si intentas destruir, es porque crees que también puedes ser destruido.
II La ira y el miedo son dos caras de una misma moneda. El miedo es la cara que tú experimentas cuando te atacas a ti mismo, y la ira es la cara que muestras cuando proyectas tu ataque hacia afuera. Sin embargo, ambas son la misma cosa: ausencia de amor. Pero, ¿puede realmente existir una ausencia cuando lo que falta es algo que no existe, por definición? Por eso este Curso afirma que el miedo es una ilusión, una percepción de algo que no está ahí, ya que lo que Dios no ha creado no puede existir. No obstante, es perfectamente posible creer en ello y, al hacerlo, lo haces real para ti.
Si tienes miedo, atacarás, y si atacas, tendrás miedo. Es un ciclo inevitable. Sentirás miedo porque creerás que estás en peligro, que puedes sufrir daño, que eres vulnerable al ataque de aquellos a quienes has atacado. Te sentirás pequeño, débil y perderás la paz mental. Entonces buscarás protegerte, percibiéndote rodeado de amenazas y sintiendo la necesidad de construir defensas contra tus enemigos. Esto ocurre tanto a nivel individual como colectivo. Los países con los ejércitos más poderosos son, paradójicamente, los que albergan ciudadanos más temerosos, pues viven bajo una sensación constante de amenaza. Donde veas muchas banderas, encontrarás mucho miedo.
Este es un ejemplo más de cómo se cumple la ley de Dios: «Recibirás aquello que des». Y tú, que lo eres todo, ¿cómo podrías dar algo que no deseas para ti mismo si sabes que retornará a ti?
Reconoce que todo juicio condenatorio, incluso el más insignificante, es un ataque. Quizás pienses que no puedes evitar juzgar o condenar, que muchos de tus juicios son inconscientes y ni siquiera puedes detectarlos. No te preocupes por eso; hay un mecanismo muy simple para saber si estás atacando a alguien, a algo o incluso a la vida misma: siempre que te sientas mal, aunque sea la más leve incomodidad, estás juzgando y condenando, es decir, atacando. No te faltan herramientas para detectar cuándo estás usando mal tu mente; solo necesitas usarlas.
Lo contrario también es cierto: quienes no tienen miedo no atacan. La mansedumbre nace de una conciencia de invulnerabilidad que solo puede existir en ausencia de miedo.
Recuerda: siempre que algo te disguste o te perturbe, aunque sea mínimamente, dite a ti mismo: «Tiene que haber una manera mejor de ver esto, y estoy dispuesto a encontrarla». Sé constante e inflexible con este principio. No toleres ni el más leve malestar. Eres el anfitrión de Dios. Mantén tu casa limpia.
III Primero te sientes mal, y luego atacas. Pero, en realidad, el orden correcto es este: primero te atacas a ti mismo, por eso te sientes mal, y luego atacas.
Las imágenes que albergas de ti mismo no son falsas o verdaderas; todas son falsas, porque tú no eres una imagen. Eres el Hijo de Dios, quien concibe imágenes falsas de sí mismo y de todo lo que percibe. Además, es importante que comprendas que tus pensamientos de ataque no te afectan en absoluto; solo tienen efectos sobre esa imagen que tienes de ti mismo, pero no sobre tu verdadera realidad.
De esta manera, gobiernas un pequeño reino mental donde ocurren innumerables historias dramáticas que tú mismo te cuentas, historias que sufren y padecen los personajes que has creado, entre ellos ese «yo» que crees ser.
El objetivo de este Curso es entrenar tu mente para que aprendas a contarte una historia más benévola, hasta que llegue el momento en que dejes de creer en cualquier tipo de historias, y entonces despiertes.
IV Nada, excepto tus propios pensamientos, puede afectarte, porque únicamente te relacionas con tus propios pensamientos y con nada más. No conoces otra cosa que tus propios pensamientos.
Lo que sucede es que a muchos de tus pensamientos los llamas «cosas del mundo», aunque no son más que tus propias ideas, a las que les has añadido la creencia de ser algo externo a ti, físico y real. Esta creencia, a su vez, no es más que otro pensamiento. Es decir, a un pensamiento acerca de algo con lo que deseas relacionarte le atribuyes la noción de ser algo externo a ti.
Cuando consideras que esa idea es accesible, lo sitúas en el espacio; y cuando la consideras inaccesible, la sitúas en un tiempo imaginario: el pasado o el futuro. Las dimensiones espacio y tiempo son maneras de pensar en términos de separación.
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LECCIÓN 25
No sé para qué es nada.
1. El propósito de algo es su significado.I
2La idea de hoy explica por qué nada de lo que ves tiene significado.II
3No sabes para qué es.
4Por lo tanto, no tiene significado para ti.
5Todo existe para tu propio beneficio.III
6Para eso es para lo que es.
7Ese es su propósito.
8Ese es su significado.
9Al reconocer esto, tus objetivos se unifican.
10Al reconocer esto, lo que ves cobra significado.
2. Tú percibes el mundo y todo lo que hay en él como algo significativo en función de los objetivos del ego.IV
2Estas metas no tienen nada que ver con lo que en verdad te conviene, porque tú no eres el ego.V
3Esta falsa identificación te impide entender cuál es el propósito de nada.
4Como resultado, no puedes sino hacer un mal uso de ello.
5Cuando aceptes esto, procurarás retirar los objetivos que le has asignado al mundo, en lugar de intentar reforzarlos.
3. Otra forma de describir los objetivos que ahora valoras es decir que todos ellos están relacionados con tus intereses «personales».
2Pero, como en verdad no tienes intereses personales, tus objetivos no están realmente relacionados con nada.VI
3Por lo tanto, al darles valor, no tienes ningún objetivo en absoluto.
4Y por eso no sabes para qué es nada.
4. Antes de que los ejercicios de hoy tengan algún sentido para ti, es necesario que reflexiones sobre lo siguiente.
2En los niveles más superficiales sí reconoces el propósito de las cosas.
3Sin embargo, el verdadero propósito no se puede entender en estos niveles.
4Por ejemplo, sabes que el propósito de un teléfono es hablar con alguien que no se encuentra físicamente cerca.
5Lo que no entiendes es para qué quieres comunicarte con esa persona.
6Y esto es precisamente lo que determina si tu comunicación con ella tiene significado o no.
5. Es crucial para tu aprendizaje estar dispuesto a renunciar a los objetivos que has establecido para todo.VII
2Reconocer que no tienen sentido, en lugar de juzgarlos como «buenos» o «malos», es la única manera de lograrlo.
3La idea de hoy es un paso en esta dirección.
6. Hoy se requieren seis periodos de práctica, cada uno de dos minutos de duración.
2Comienza cada sesión repitiendo lentamente la idea de hoy; luego mira a tu alrededor, permitiendo que tus ojos se detengan en cualquier cosa que te llame la atención, cercana o lejana, «importante» o «no importante», «humana» o «no humana».
3Al observar cada objeto que elijas, di, por ejemplo:
4No sé para qué es esta silla.
5No sé para qué es este lápiz.
6No sé para qué es esta mano.
7Dilo con calma, sin apartar la mirada hasta que completes la frase.
8Luego pasa al siguiente objeto y aplica la idea de hoy de la misma manera.
I Planteado de otro modo: el significado de algo radica en su función, en su propósito. Y dado que el significado de algo define su identidad, entonces la identidad de algo es aquello para lo que sirve.
Si mi identidad en este mundo es mi función, surge una pregunta fundamental: ¿cuál es mi función en este mundo? Esta pregunta es crucial, porque al responderla descubriré quién soy realmente. Jesús nos enseña que la función que Dios nos ha asignado es ser felices y hacer felices a otros. Por lo tanto, podemos deducir que nuestra identidad es la felicidad; eso es lo que verdaderamente somos: la felicidad, el Amor de Dios.
Aquí, en este mundo, todos buscan la felicidad, y la razón de ello es muy simple: porque lo que realmente están buscando es su verdadera identidad, aquello que en esencia son, el recuerdo del Amor de Dios que han olvidado al distraerse con cosas ilusorias.
II L-1 «Nada de lo que veo significa nada».
III Solo percibes ilusiones. Percibir es imaginar, concebir ilusiones, proyectar aquello que deseas ver. Todo lo que percibes es el resultado de lo que has proyectado, y lo has proyectado porque lo quieres. Por eso te relacionas con todo lo que percibes en términos de utilidad.
El significado que todo tiene para ti está determinado por la razón —o propósito— por la cual lo has concebido y traído a tu percepción.
IV El ego se relaciona con todo desde la carencia, y al identificarte con él, también tú te relacionas con lo que percibes desde la necesidad o, incluso, la rapacidad. Así, buscas en las cosas, las personas o las circunstancias aquello que crees que te falta.
De este modo, en lugar de celebrar la vida, la consumes, la devoras.
V Esta es la segunda vez que el concepto del ego aparece en el Libro de Ejercicios. La primera fue en la Lección 13, donde se abordaba el desafío entre el ego y Dios respecto a qué significado debe asignarse a la percepción.
En esta ocasión, se parte de la premisa de que el ego ya se ha apropiado de todos los significados del mundo. La tarea de este Curso es deshacer esa apropiación y restaurar el verdadero significado.
VI Tú no tienes intereses personales porque, en realidad, no eres una «persona»; eres el Hijo de Dios.
VII Esta es una declaración importante; no la pases por alto. Reflexiona sobre lo que implica y sobre lo que conlleva. No la tomes a la ligera, porque te está pidiendo, ni más ni menos, que renuncies a todos los significados que has atribuido al mundo para poder aprender a ver un mundo nuevo, un mundo diferente.
Sé consciente de que esta solicitud es enorme, pero también lo es lo que se te ofrece a cambio. Considera que esta petición no solo es lógica, sino también necesaria. Si el objetivo de este Curso es invertir tu manera de pensar, primero debes deshacerte de la forma anterior. Por ello, es crucial para tu aprendizaje que estés dispuesto a renunciar a los objetivos –las funciones, los significados– que has establecido para todo lo que contemplas.
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LECCIÓN 24
No percibo lo que más me conviene.
1. Nunca eres consciente, en ninguna situación, de cuál es el desenlace que realmente te haría feliz.I
2Por lo tanto, no tienes guía alguna para actuar de manera adecuada ni forma de juzgar correctamente el resultado.
3Tu comportamiento está determinado por tu percepción de la situación, y esa percepción es errónea.
4Por eso, inevitablemente, no harás lo que más te conviene.
5Sin embargo, ese debería ser tu único objetivo en cualquier situación correctamente percibida.
6Pero si no percibes correctamente, no podrás reconocer lo que más te conviene.
2. Si comprendieras que no percibes lo que más te conviene, sería posible enseñártelo.
2Pero mientras sigas convencido de que ya lo sabes, no podrás aprender.
3La idea de hoy es un primer paso para abrir tu mente y permitir que el aprendizaje comience.II
3. Los ejercicios de hoy requieren mucha más honestidad de la que normalmente empleas.
2En cada una de las cinco sesiones que debes realizar hoy, será más útil examinar unos pocos temas de manera honesta y profunda que tratar superficialmente un gran número.
3Dedica aproximadamente dos minutos a la búsqueda mental en cada ejercicio.
4. Comienza cada sesión repitiendo la idea de hoy, y luego, con los ojos cerrados, busca en tu mente las situaciones sin resolver que actualmente te preocupan.
2Esfuérzate por descubrir cuál es el resultado que deseas en cada una de ellas.
3Pronto te darás cuenta de que tienes numerosos objetivos en mente relacionados con ese resultado deseado, y de que esos objetivos se encuentran en diferentes niveles y, con frecuencia, entran en conflicto entre sí.
5. Nombra cada situación que surja en tu mente y enumera de manera minuciosa tantos objetivos como te gustaría alcanzar en relación con ella.
2La forma de expresarlos debería ser algo como:
3Con respecto a ____, me gustaría que sucediera ____, y ____, y…
4Continúa en este formato, intentando incluir todos los resultados que honestamente puedas identificar, incluso si algunos de ellos no parecen estar directamente relacionados con la situación o no son inherentes a ella.
6. Si realizas los ejercicios correctamente, reconocerás que estás imponiendo a la situación una gran cantidad de exigencias que no tienen nada que ver con ella.
2También te darás cuenta de que muchos de tus objetivos son contradictorios, de que no tienes en mente un desenlace unificado y de que, inevitablemente, algunos de tus objetivos no se cumplirán, independientemente de cómo se resuelva la situación.
3Después de revisar la lista de todos los objetivos que has identificado para cada situación, dite en silencio:
4No percibo lo que más me conviene en esta situación.III
5Luego, pasa a la siguiente.
I La mente, creada por lo Bueno —Dios—, tiende de manera natural hacia lo bueno y lo busca constantemente; en esencia, la mente se busca a sí misma. Sin embargo, la mente personal, que es el efecto del ego en la santa mente del Hijo de Dios, se ve atrapada en la arrogancia y el masoquismo. Por ello, no sabe realmente qué es lo que más le conviene —aunque piensa que sí lo sabe, lo cual es arrogancia— y, además, se otorga a sí misma aquello que le causa sufrimiento —masoquismo—.
II No hace falta demasiada honestidad para reconocer que el ser humano sufre un sesgo cognitivo esencial, tan generalizado que resulta difícil identificarlo. Un sesgo cognitivo es una forma errónea de usar la mente, y este es quizás el más extendido. Podríamos llamarlo «el sesgo cognitivo de la doble ignorancia»: no saber, y no saber que no se sabe. Es decir: la arrogancia.
El reconocimiento de este hecho es el nivel más alto al que puede llegar el ego y marca el inicio del verdadero aprendizaje. Quien no sabe que no sabe se atribuye un conocimiento que no posee, y esa arrogancia constituye la causa fundamental del sufrimiento humano.
«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» fueron las penúltimas palabras de Jesús. Aquellos que lo martirizaban creían saber lo que hacían, pero solo eran víctimas de este sesgo tan devastador. Siglos antes, Sócrates también fue condenado a muerte por declarar que lo único que sabía con certeza era que no sabía nada, mientras que sus acusadores estaban aún peor, pues ni siquiera eran conscientes de su ignorancia. La arrogancia no tolera que se evidencien sus carencias.
Este Curso te ayudará a sanar ese sesgo cognitivo que aqueja a la humanidad. Sin embargo, para lograrlo, es imprescindible que cultives el discernimiento, la honestidad y la humildad necesarias para reconocer que no sabes qué es lo que más te conviene.
Esto no es difícil en absoluto; basta con que practiques correctamente los ejercicios de hoy para que tomes conciencia de esta verdad, y así estarás listo para que el verdadero aprendizaje comience.
Aprender implica cambiar la mente, pero un cambio verdadero no puede ser propiciado por la mente individual identificada con el ego, que es precisamente como opera la mente de todo aquel que se refiere a sí mismo como «yo», es decir, de todos. Por ello, el motor del verdadero cambio es transpersonal, algo que actúa desde más allá de la persona.
Esta Lección, como ninguna de las de la primera parte de este Libro de Ejercicios, no busca cambiar nada. Su propósito es deshacer la antigua manera de pensar. Hoy intentarás tomar plena conciencia de que, en realidad, no sabes qué es lo que más te conviene. Con eso basta.
III Cada vez que percibimos de manera dolorosa, caemos en el autoengaño provocado por nuestra propia arrogancia. Pocas características definen mejor al «ser» humano que la combinación de arrogancia y masoquismo. ¿Qué es el ser humano sino alguien que juzga y condena creyendo saber algo que en realidad desconoce, y que además tiende a hacerse daño a sí mismo, negándose a percibir lo que más le conviene y rechazando lo que podría hacerle feliz?
La arrogancia, derivada del latín ad-rogare—atribuirse cualidades que no se poseen—, es una forma de falsedad que, como toda mentira, nace del miedo. En este caso, del miedo a la verdad, del temor a enfrentar la propia ignorancia. Se supera mediante la honestidad, la humildad y la racionalidad.
El masoquismo, esa tendencia a dañarse a uno mismo, tiene su origen en un sentimiento oscuro de culpa, provocado por el reconocimiento subconsciente del «pecado» de haber confinado una mente infinita dentro de los límites de una identidad individual falsa. Este masoquismo se cura a través del perdón, empezando por perdonarte a ti mismo, lo que naturalmente conduce a perdonar a los demás.
Tanto la arrogancia como el masoquismo desaparecen al abandonar el sentido de importancia personal, al dejar de creer que la imagen que tienes de ti mismo es relevante. Piensa en esto: ¿qué credibilidad puede tener una idea tan volátil y cambiante? ¿No te das cuenta de que esa necesidad de sentirse importante es solo una reacción ante la falsedad de esa identidad ilusoria?
Sentirse importante no es más que el intento de la mente por reforzar una mentira con más mentiras. Ese personaje ilusorio que crees ser no tiene importancia; no es más que un delirio fabricado por tu mente.
¡Por el Amor de Dios, tú eres Su Hijo! No confines tu grandeza en ideas denigrantes.
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LECCIÓN 23
Puedo escapar del mundo que veo si renuncio a mis pensamientos de ataque.
1. La idea de hoy contiene la única manera de escapar del miedo que tendrá éxito.
2Ninguna otra cosa funcionará; todo lo demás carece de sentido.
3Pero esto no puede fallar.
4Cada pensamiento que albergas da forma a algún aspecto del mundo que contemplas.
5Por eso debemos trabajar con tus pensamientos para que tu percepción del mundo pueda cambiar.
2. Si la causa del mundo que ves son tus pensamientos de ataque, debes aprender que no quieres esos pensamientos.
2De nada sirve lamentarse del mundo.
3De nada sirve tratar de cambiarlo.
4El mundo no puede cambiar porque no es más que un efecto.
5Pero lo que sí tiene sentido es cambiar tus pensamientos acerca del mundo.
6Haciendo esto, estás cambiando la causa.
7Y entonces el efecto cambiará automáticamente.I
3. El mundo que ves es un mundo vengativo, y todo en él es un símbolo de venganza.
2Cada una de tus percepciones de la «realidad externa» es una representación pictórica de tus propios pensamientos de ataque.
3Uno bien podría preguntarse si a esto se le puede llamar ver.
4¿No es acaso «fantasía» una palabra más adecuada para describir este proceso y «alucinación» un término más apropiado para su resultado? II
4. Ves el mundo que tú mismo has hecho, pero no te ves a ti mismo como el hacedor de esas imágenes. III
2No se te puede salvar del mundo, pero puedes escapar de aquello que lo causa.IV
3Esto es lo que significa la salvación, pues ¿dónde está el mundo que ves cuando su causa ha desaparecido?
4La verdadera visión ya contiene aquello con lo que reemplazarás todo lo que crees ver ahora.
5La ternura puede iluminar tus imágenes, y así transformarlas para que las ames aun cuando fueron hechas de odio.
6Pues esa transformación no la harás tú solo.V
5. La idea de hoy introduce la noción de que no estás atrapado en el mundo que ves, porque puedes cambiar su causa.VI
2Este cambio requiere en primer lugar que identifiques la causa y, luego, que la abandones para que pueda ser reemplazada.
3Los dos primeros pasos de este proceso requieren tu cooperación.
4El último, no.VII
5Pues tus imágenes ya han sido reemplazadas.
6Basta con que des los dos primeros pasos para que veas que así es.VIII
6. Para aplicar la idea de hoy se requieren cinco periodos de práctica, además de usarla a lo largo del día cuando sea necesario.
2Repite lentamente la idea en silencio mientras miras a tu alrededor; luego cierra los ojos y dedica aproximadamente un minuto a buscar en tu mente tantos pensamientos de ataque como se te ocurran.
3Cada vez que uno cruce tu mente, di:
4Puedo escapar del mundo que veo si renuncio a mis pensamientos de ataque acerca de ____.
5Mantén presente cada uno de esos pensamientos mientras lo dices, y luego descártalo y pasa al siguiente.
7. En las sesiones de práctica, asegúrate de incluir tanto los pensamientos en los que tú atacas como aquellos en los que eres atacado.
2Ambos pensamientos tienen exactamente el mismo efecto porque son exactamente lo mismo.
3Tú aún no reconoces esto, y por ahora solo se te pide que, en la práctica de hoy, los trates como si fueran iguales.
4Aún nos encontramos en la etapa de identificar la causa del mundo que ves.
5Cuando finalmente te des cuenta de que los pensamientos de atacar y de ser atacado no son diferentes, estarás listo para abandonar su causa.
I Este párrafo resume eficazmente la estrategia de este Curso para invertir tu sistema de pensamiento:
En primer lugar, tomas conciencia de que el mundo es una ilusión.
Luego, reconoces que el mundo que contemplas es una creación de tu mente y asumes la responsabilidad por él.
Finalmente, renuncias a verlo de esa manera al decidir cambiar su causa: tus pensamientos de ataque.
Entonces, el cambio ocurre. Pero ya no es debido a algo que tú hagas; es algo que se te concede. Tu contribución a este proceso termina con la expresión de tu firme voluntad de ver un mundo diferente. El resto sucede por sí mismo.
II El mundo no es una «realidad» en sí misma, sino la proyección de tus propios pensamientos representada en forma de imágenes. Todo el trabajo que realizas con este Curso consiste en tomar conciencia de esta verdad y purificar tus pensamientos, eliminando de ellos cualquier componente de ataque, para alinearlos con la verdad.
Este cambio se refleja a nivel perceptual como la visión del «mundo real», donde pensamientos benévolos dan lugar a un sueño feliz.
III «Mis pensamientos son imágenes que yo mismo he fabricado» (L-15). Esto se debe a que llamas «mundo» a tus pensamientos sobre un mundo que, en realidad, no existe.
IV Puedes liberarte del mundo de sufrimiento que contemplas si renuncias a tus pensamientos de ataque, ya que ellos son la causa del mundo que percibes.
V Esa es la labor del Espíritu Santo; tu única contribución a esa transformación es invitarlo a que realice Su obra… en tu mente.
VI No estás atrapado en el mundo que ves, pero sí en el que tú interpretas. Sin embargo, como esa interpretación depende únicamente de ti, puedes cambiarla a voluntad.
VII Estos tres pasos son: Primero, tomar conciencia de tus pensamientos de ataque. Después, perdonarlos, lo que significa renunciar a ellos. Finalmente, permitir que el Espíritu Santo te muestre esa ilusión que provocaba tu miedo y tu ira, reinterpretada ahora en términos benévolos.
VIII Estas últimas líneas comienzan a introducir una idea poderosa que, con el tiempo, adquirirá una importancia crucial: la noción de que tú no eres el autor de tu propia salvación; esta es algo que se realiza por ti.
Esta idea es fundamental porque tú —como ego— eres incapaz de cambiar verdaderamente por ti mismo, aunque probablemente creas que sí. Por eso, podría decirse que este es un Curso en no-hacer. Tú nunca serás el agente de tu salvación, ya que tu mente individual es precisamente la causa de la aparente separación.
Para profundizar en este concepto, puedes repasar la primera Sección del Capítulo 30: «Reglas para tomar decisiones».
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LECCIÓN 22
Lo que veo es una forma de venganza.
1. La idea de hoy describe con precisión la forma en que todo aquel que alberga en su mente pensamientos de ataque no puede sino ver el mundo.
2Al haber proyectado su ira sobre el mundo, ve la venganza a punto de recaer sobre él.
3Así, considera que su propio ataque es un acto en defensa propia.I
4Esto se convierte en un creciente círculo vicioso hasta que esté dispuesto a cambiar su manera de ver.
5De lo contrario, los pensamientos de ataque y contraataque lo asediarán y poblarán todo su mundo.
6¿Qué paz mental puede tener entonces?
2. De esta fantasía salvaje es de lo que quieres escapar.
2¿No es acaso una buena nueva oír que no es real? II
3¿No es una feliz noticia descubrir que puedes escapar de esa fantasía?
4Fuiste tú quien hizo eso que ahora quieres destruir; tú hiciste todo aquello que odias y quieres atacar y matar.
5Mas todo eso que temes no existe.
3. Mira hoy el mundo a tu alrededor al menos cinco veces, y al menos durante un minuto cada vez.
2A medida que tus ojos pasen lentamente de un objeto a otro, de un cuerpo a otro, dite en silencio:
3Solo veo lo perecedero.
4No veo nada que perdure.
5Lo que veo no es real.III
6Lo que veo es una forma de venganza.
7Al final de cada práctica, pregúntate:
8¿Es este el mundo que realmente quiero ver? IV
9La respuesta es obvia.
I A primera vista, puede resultar difícil aceptar que el mundo que percibes sea “una forma de venganza”. Para comprender mejor esta Lección, es útil revisar la sección V del Capítulo 31, “La idea de uno mismo”, donde se explica que el mundo que contemplas no es más que el reflejo de la culpa que reside en la cara oculta de la idea que tienes de ti mismo.
Esta cara oculta, que el ego se esfuerza por mantener en secreto, está cargada de miedos, juicios, resentimientos y una profunda autocondena. Al proyectar esos pensamientos hacia afuera, percibes un mundo amenazante que parece atacarte. Recuerda que percibir es proyectar, y de esta forma el mundo siempre confirmará y justificará tus miedos y sospechas. Este ciclo interminable de ataque y defensa tiene como objetivo perpetuar la falsa identidad que el ego ha fabricado y que tú has aceptado.
Ahora estás aprendiendo que esta percepción no es más que una ilusión. Al abrirte a la corrección del Espíritu Santo, puedes mirar más allá de esta máscara, liberar la culpa infundada y reconocer tu verdadera inocencia como el Hijo de Dios, amado y en paz.
Al verte desde esta nueva perspectiva, más benévola, comenzarás a proyectar y contemplar un mundo perdonado y amable. Este cambio de percepción se logra mediante tu voluntad. La pregunta clave que debes plantearte es: ¿qué mundo quiero ver?
II Recuerda que la palabra «evangelio» en griego significa «feliz noticia» o «buena nueva». Y ese es el verdadero Evangelio de Jesús: «El mundo no es real, y tú eres el inocente Hijo de Dios». Esta es una noción que todo estudiante de este Curso no debe olvidar jamás. El mundo, en sí mismo, no importa en absoluto, porque no es nada. Date cuenta de que siempre acabarás «perdiendo» todas las cosas del mundo. La mayor parte de ellas escaparán de tus manos a lo largo de tu aparente estancia aquí, y cuando finalmente dejes tu cuerpo, desaparecerá hasta el último vestigio de todo aquello que llamas «mío». ¿Crees que tu Padre permitiría que perdieras algo real que Él te ha dado? Y puedes estar seguro de que lo que Él no te ha dado no es real y no existe.
El impulso humano, secuestrado por la ilusión, tiende a «mejorar» un mundo que siempre defrauda sus expectativas. El ego juzga y condena el mundo, pensando que él lo haría mejor. «Lo que quiere ahora es una ilusión mejor» (P-3.In.2:8). Pero no hay ilusiones mejores o peores; todas ellas son falsedades. Eso es el mundo: la manifestación ficticia de la idea de la separación hecha forma para engañarte. Las ilusiones no se mejoran; se perdonan y se olvidan. En el bendito presente no puedes atender a ilusiones y a la vez mirar hacia la luz. Tendrás que elegir entre ambas alternativas; no hay más.
Fíjate en Jesús; cuando estuvo en este mundo, jamás trató de mejorarlo. Él fue un maestro excelso y un sanador de la mente que predicó la trascen-dencia del mundo, no su «mejora». No trató de «arreglar» la ilusión, sino de mostrar su irrelevancia, por eso es el maestro del perdón. «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí» (Juan 18).
III Esta línea aparece en las Notas de Helen, pero tachada. El Urtext no la recoge.
IV Una vez instalado en la identidad ficticia que el ego te propone, resulta dificilísimo no sucumbir a la tentación de creer que eres víctima del mundo que contemplas, y no su hacedor. Ten en cuenta que el fenómeno de la proyección implicado en la percepción conlleva la voluntad de no responsabilizarse de lo proyectado por parte de quien proyecta, porque proyectas para situar fuera de ti aquello que concibes. Esto significa que te niegas a reconocer que, si estás viendo algo, lo estás viendo porque eso es precisamente lo que quieres ver; ves aquello que quieres ver.
Pero no permitas que este reconocimiento te lleve a albergar sentimientos de culpa y a la depresión. Todo lo contrario, fíjate en la luz que encierra este descubrimiento si lo interpretas correctamente, pues eso también significa que tu mente es tan poderosa que puede crear cualquier mundo que elija. Tu mente es libre, tiene poder y responde fielmente a los dictados de tu voluntad.
Así que no pierdas el tiempo juzgando y condenando un mundo de tu propia factura. En lugar de eso, mira en tu interior con ojos limpios e identifica tu verdadera voluntad, que es la misma que la de tu Padre.
Este Curso ha sido descrito de muchas maneras: como un tratado sobre el amor, el perdón, la realización de milagros o un programa de entrenamiento mental. Sin embargo, a medida que te adentres en él, descubrirás que, en esencia, es un Curso sobre la voluntad, un manual diseñado para enseñarte a cambiar tus querencias para alinearlas con tu verdadera identidad.
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LECCIÓN 21
Estoy decidido a ver las cosas de otra manera.I
1. La idea de hoy es, obviamente, una continuación y ampliación de la anterior.
2Esta vez, sin embargo, además de aplicar la idea a situaciones concretas a medida que vayan surgiendo, también son necesarios periodos específicos de búsqueda mental.
3Hoy se te pide que hagas cinco sesiones de práctica de un minuto completo cada una.
2. Comienza estas prácticas repitiendo la idea en silencio.
2Luego, cierra los ojos y busca minuciosamente en tu mente situaciones pasadas, presentes o anticipadas que despierten tu ira.
3Esa ira puede adoptar la forma de cualquier tipo de reacción, desde una leve irritación a una furiosa rabia.
4La intensidad de la emoción que experimentes es irrelevante.
5Cada vez serás más consciente de que una leve punzada de irritación no es más que un velo que cubre una intensa furia.
3. Por lo tanto, procura no dejar que se te escapen tampoco esos «insignificantes» pensamientos de enfado en los periodos de práctica.
2Recuerda que no reconoces realmente qué es lo que en verdad despierta la ira en ti, y nada de lo que crees a este respecto significa nada.II
3Probablemente te sentirás tentado a evocar más unas situaciones que otras, con el argumento falaz de que son más «obvias».
4Eso no es así.
5Eso es simplemente la prueba de que tú crees que algunas formas de ataque están más justificadas que otras.
4. Mientras buscas en tu mente todas las formas en que los pensamientos de ataque van apareciendo, considera cada uno de ellos y dite a ti mismo:
2Estoy decidido a ver a ____ [nombre de la persona] de otra manera.
3Estoy decidido a ver ____ [especifica la situación] de otra manera.
5. Intenta ser lo más concreto posible.
2Puede, por ejemplo, que enfoques tu ira en un atributo específico de determinada persona, creyendo que la ira se limita a ese aspecto.
3Si tu percepción de esa persona padece esa forma de distorsión, di:
4Estoy decidido a ver ____ [especifica el atributo que te desagrada] de ____ [nombre de la persona] de otra manera.III
I Si bien todas las Lecciones de este Libro de Ejercicios son importantes y merecen absoluta atención, esta es fundamental y se convertirá en una declaración recurrente con la que enfrentarás, a lo largo de tu vida, toda circunstancia que te perturbe. La repetirás sin cesar, pues es la invocación necesaria al Espíritu Santo para retornar a la cordura. Es lo que te permitirá escapar de la ira, el miedo y la depresión.
De hecho, esta frase de Bill a Helen fue la que dio lugar al comienzo del dictado de este Curso. Ella le contestó diciendo que estaba dispuesta a ayudarle y… poco después, Helen oyó en su mente: «Este es Un Curso de Milagros, por favor, toma notas».
Date cuenta de que, para que esta fórmula funcione, es esencial que quieras «de todo corazón» ver eso que te perturba de una manera diferente. Tu voluntad es el único factor que gobierna tu percepción; por lo tanto, verás lo que en verdad quieres ver. Sin embargo, es seguro que, en ese momento de ira o de angustia, eres incapaz de concebir lo que realmente quieres que resulte de esa situación. No te preocupes, eso no es en absoluto necesario, pues esa es precisamente la función del Espíritu Santo. Tú solo tienes que pedirle sinceramente que te muestre una manera mejor de interpretar lo que tienes ante ti, y luego espera, escucha y abre bien los ojos a lo que se te va a mostrar.
Practica la idea de hoy exactamente como se te indica y de todo corazón, siempre que algo te disguste, te asuste o sientas ira, aunque sea muy leve. Pero, como aún estás comenzando a aprender a escuchar, es posible que te resulte difícil hacer silencio en tu mente para oír al Espíritu Santo.
Para oír la Voz del Espíritu Santo dentro de ti, ten en cuenta lo siguiente:
El Espíritu Santo responde SIEMPRE a tu llamada.
Él no habla con palabras, sino con puro contenido; eres tú quien traduce ese contenido en palabras.
El Espíritu Santo es la Voz de Dios en la ilusión; por eso, el contenido de esa comunicación siempre es la solución a un conflicto percibido. El conflicto en sí es imaginario, y su resolución también lo es; tan solo es un reflejo del Amor de Dios en tu sueño de muerte.
Los únicos requisitos para oír Su Voz son:
– Querer oírla.
– Confiar en que la oirás.
– Hacer silencio para escuchar Su Palabra.
Nada más que eso, pero tampoco nada menos que eso.
Sin embargo, si aun así te sigue resultando difícil escucharla, tienes un recurso más simple y directo para disipar esa ilusión: invoca a Dios. Llama a tu Padre. Dirige tu mente a Él. Y olvida completamente el mundo cuando lo hagas. Que nada te importe en ese momento, pues ese es un tiempo santo que la Eternidad Misma y los ángeles protegen.
Este es un «truco» para saltar directamente de la ilusión a la santidad que nunca te ha de fallar. Es un estado al que aprenderás a recurrir cada vez con más frecuencia, hasta que llegará un momento en que nunca te abandonará.
Esa invocación directa a Dios te devuelve a tu estado natural de santidad. Pero ahora, en esta Lección, tienes que aprender del Espíritu Santo una maestría que te resultará imprescindible para cumplir tu papel de salvador del mundo. Así que, cuando algo te perturbe, dite en silencio: «Quiero ver esto de otra manera; muéstrame cómo». Y escucha Su respuesta.
II L-5: «Nunca estoy disgustado por la razón que creo» y L-10: «Mis pensamientos no significan nada».
III De las infinitas posibilidades de interpretar lo percibido, que de por sí no significa nada, tu mente egoica interpreta toda situación desde un punto de vista específico que responde a la idea que tienes de ti mismo, tu ego. Cuando te muestras receptivo a ver las cosas de otra manera, renuncias a quedarte anclado en esa posición fija y permites que el Espíritu Santo te lleve a verlas desde otra perspectiva, que es precisamente la que mejor se ajusta al plan de Dios para la salvación.
Lo que verás entonces será algo tan ilusorio como lo que veías antes, pero va a sanar tu sueño de separación eliminando su componente de ira y de miedo. Esta renuncia a decidir por ti mismo —por tu ego— qué es lo que más te conviene no requiere de ningún esfuerzo de tu parte, pero obviamente sí requiere una gran humildad, una buena dosis de confianza y una pizca de sabiduría.
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LECCIÓN 20
Estoy decidido a ver.
1. Hasta ahora hemos sido bastante informales con respecto a nuestras prácticas.
2No se ha intentado establecer un horario para llevarlas a cabo, ni se ha exigido un esfuerzo mínimo, y ni siquiera se te ha pedido que cooperes o te intereses activamente.
3Este enfoque informal ha sido intencionado y muy cuidadosamente planeado.
4No hemos perdido de vista la importancia crucial que tiene invertir tu manera de pensar.
5La salvación del mundo depende de ello.
6Mas no conseguirás ver si te sientes coaccionado o caes en el resentimiento y la oposición.
2. Este es nuestro primer intento de introducir una estructura en el modo de hacer los ejercicios.
2No lo interpretes erróneamente como una maniobra para ejercer fuerza o presión.
3Tú quieres la salvación.
4Tú quieres ser feliz.
5Tú quieres paz.
6Ahora no disfrutas de eso porque tu mente es totalmente indisciplinada y no puedes distinguir entre la dicha y el sufrimiento, entre el placer y el dolor, o entre el amor y el miedo.I
7Ahora estás aprendiendo a distinguirlos.
8Y grande en verdad será tu recompensa.II
3. Tu decisión de ver es todo lo que la visión requiere.
2Y lo que tú quieres se te concede.
3No confundas el pequeño esfuerzo que se te pide con una indicación de que nuestra meta tiene poco valor.
4¿Puede acaso ser un propósito trivial la salvación del mundo?
5¿Y crees que el mundo puede salvarse si no te salvas tú?
6Dios tiene un Hijo, y él es la Resurrección y la Vida.III
7Su voluntad se cumple porque le ha sido otorgado todo poder en el Cielo y en la tierra.IV
8Es tu determinación de ver lo que te concede la visión.
4. Los ejercicios de hoy consisten en recordarte a ti mismo a lo largo del día que quieres ver.
2La idea de hoy también implica tácitamente el reconocimiento de que ahora no ves.
3Por lo tanto, cada vez que repites la idea estás afirmando que estás decidido a cambiar tu estado actual por uno mejor; uno que realmente quieres.
5. Repite la idea de hoy lentamente y de manera positiva al menos dos veces por hora, intentando que sea cada media hora.
2No te angusties si te olvidas, pero haz un verdadero esfuerzo por acordarte.V
3Adicionalmente, repite la idea siempre que alguna situación, persona o acontecimiento te perturbe.
4Puedes ver todo eso de otra manera, y así será.
5Pues verás aquello que desees ver.
6Así es como verdaderamente funciona la ley de causa y efecto en el mundo.VI
I Una mente que no ha sido entrenada —y que, además, está confundida porque ha escuchado la voz del ego y lo percibe todo al revés— no puede conseguir nada y vive en un universo caótico y lleno de peligros. Sin embargo, esto no tiene por qué ser así.
Eres muy afortunado. Este Curso entrenará tu mente en la verdad, y si te aplicas a él con perseverancia y seriedad, no tardarás en experimentar los efectos de ese entrenamiento. Aquí aprenderás quién eres y cuál es tu papel en este mundo. Tu tarea es muy simple, y extraordinariamente benévola y beneficiosa, tanto para ti como para todos aquellos que te rodean.
Quizás todavía no estés muy convencido, pero ten en cuenta que tus ojos aún permanecen cerrados, pues estás sumido en un profundo sueño. Apenas estás comenzando a entreabrirlos, y es natural que, al principio, la luz te deslumbre y te incomode. No temas, eso muy pronto cambiará. Enseguida comenzarás a experimentar los efectos de este nuevo aprendizaje, y te sorprenderá, e incluso quizás te escandalice, el delirio tan inmenso de eso que llamabas «mi vida».
La disciplina que requiere este entrenamiento no tiene nada de heroico: es, sencillamente, la honradez de admitir «ahora no veo» y de volver —una y otra vez— al deseo de ver. Perseverar no es forzarte, sino sostener una decisión suave y constante, como quien abre una ventana cada mañana aunque el cielo esté nublado. La humildad es comprender que tu percepción actual no basta para hacerte feliz, y que la Visión —la de la mente en paz— es imprescindible si deseas dicha real y duradera. Mientras sigas intentando arreglar el mundo con los mismos ojos que lo fabricaron, seguirás confundiendo consuelo con anestesia, y alivio con distracción.
La práctica introduce un ritmo para tu beneficio, no para coaccionarte. El ritmo amansa la mente, igual que el oleaje pule una roca. Cada vez que recuerdas tu decisión, no estás «haciendo algo más», estás soltando una capa de interpretación que pesaba sobre ti. Si te sirve, puedes acompañar la idea con un gesto mínimo —una respiración más profunda, un breve silencio— que marque el corte entre el viejo hábito de ver contra ti y la disponibilidad a ver a favor de tu paz. No busques resultados espectaculares: la verdadera corrección es discreta y, precisamente por eso, poderosa.
Reconocer que «ahora no ves» evita la trampa de negociar con el miedo. Si no ves, ¿cómo vas a juzgar con acierto lo que te conviene? La disciplina de esta Lección te ahorra ese vano litigio: te recuerda que no necesitas tener razón, sino estar en paz. Y estar en paz exige aprender a ver sin separar, sin papeles prefijados, sin la prisa de etiquetar. La perseverancia, aquí, es la custodia silenciosa de tu deseo: mantenerlo encendido incluso cuando te olvides, volver a encenderlo cuando parezca apagarse, y permitir que su luz haga lo que tú no sabes hacer.
Si notas resistencia, no la conviertas en protagonista. Reconócela con amabilidad y continúa. La resistencia es solo el eco de un hábito que se agota. No la combatas; atraviesa su ruido recordando que quieres ver porque quieres ser feliz, y que la felicidad que buscas no depende de aciertos parciales en el mundo, sino de una Visión que no fluctúa con los cambios. La disciplina sostiene esa Visión hasta que, sin esfuerzo, se vuelve tu modo natural de mirar. Entonces comprenderás que nunca te faltó la luz; solo estabas entrenando tus ojos para recibirla.
II Mateo 5:12 «Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa es grande en los Cielos, pues igualmente persiguieron a los profetas que os precedieron».
III Juan 11:25 «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá».
IV Mateo 6:10 «Venga a nosotros Tu Reino. Hágase Tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo».
Mateo 28:18 «Y Jesús se acercó y les habló diciendo: “Se me ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra”».
La Voluntad de Dios se cumple siempre, y la tuya, que eres Su Hijo, también. Esto ocurre tanto en el ámbito de la realidad como en el de la ilusión. Tu voluntad se cumple siempre; por eso, percibes aquello que quieres percibir.
La pregunta aquí es: ¿qué es lo que quieres tú, Hijo de Dios?
V Si estás haciendo las Lecciones de este Libro de Ejercicios, trata de hacerlas bien: exactamente como se te indica. Es posible que muchas veces te olvides de tu práctica, pero sé muy honesto contigo mismo y reconoce que eso siempre se debe a un conflicto de prioridades.
Quizás, en un cierto nivel de tu mente, reconozcas que salvarte de una manera enfermiza de pensar es fundamental. Sin embargo, date cuenta de que, a otro nivel —el cual es tan resultado de tu voluntad como ese—, antepones nimiedades a ese alto propósito. Toma conciencia de ello y rectifica.
Parte de tu entrenamiento es enseñarte qué es importante y qué no. Cuanto antes lo reconozcas, mejor.
VI Esta importante afirmación procede del hecho de que, como hemos visto en Lecciones precedentes, la percepción es un efecto cuya causa es la voluntad. Primero se concibe la idea de algo que se quiere, y luego eso se proyecta y se ve fuera.
L-17.1:3 «El pensamiento siempre antecede a la visión, a pesar de la tentación de creer que en realidad es al revés». Por eso ves aquello que quieres ver.
Y luego este Curso te dice que perdones el mundo, que perdones todo lo que contemplas, que perdones «aquello que quieres ver».
Perdona tus fantasías, fruto de tus miedos y tus deseos, que son lo mismo. Y todo eso es precisamente lo que tú no eres, ni en verdad quieres. Perdónalo, déjalo pasar, y te verás frente a frente con la verdad; te quedarás solo con el Amor de Dios, lo que tú eres.
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LECCIÓN 19
No soy el único que experimenta los efectos de mis pensamientos.
1. La idea de hoy es obviamente la razón por la que tu manera de ver no te afecta solo a ti.I
2Notarás que a veces las ideas que se te proponen relacionadas con lo que piensas preceden a las que están relacionadas con aquello que percibes, mientras que otras veces el orden se invierte.II
3Esto se debe a que el orden en realidad no importa.
4El hecho de pensar, y lo que de ello resulta, son realmente procesos simultáneos, ya que causa y efecto nunca están separados.III
2. Hoy volvemos a destacar el hecho de que las mentes están unidas.
2Esta es una idea que rara vez es bien acogida al principio, pues parece conllevar una enorme responsabilidad, e incluso puede considerarse una «invasión de la privacidad».
3Sin embargo, es un hecho que no existen pensamientos privados.
4A pesar de tu resistencia inicial a esta idea, acabarás comprendiendo que debe ser cierta para que la salvación sea posible.
5Y la salvación debe ser posible, porque es la Voluntad de Dios.
3. El minuto de búsqueda mental que requieren los ejercicios de hoy debe hacerse con los ojos cerrados.
2Primero repite la idea, y luego escudriña cuidadosamente la mente buscando los pensamientos que contiene en ese momento.
4. A medida que consideres cada uno de ellos, nómbralo primero en términos de la persona o tema central que contiene, y manteniéndolo en la mente, di:
2No soy el único que experimenta los efectos de este pensamiento sobre ____.
5. A estas alturas, ya debieras estar bastante familiarizado con el requisito de seleccionar los temas de estas prácticas tan al azar como sea posible, y esto ya no se repetirá cada día, aunque de vez en cuando se incluirá como recordatorio.
2No obstante, no olvides que sigue siendo esencial que escojas siempre de forma aleatoria los temas que usarás para estos ejercicios.
3Esta falta de grados de importancia hará que finalmente tenga sentido para ti reconocer también la falta de grados de dificultad en los milagros.IV
6. Además de aplicar la idea de hoy «cuando sea necesario», se requieren al menos tres sesiones de práctica, acortando el tiempo si es preciso.V
2No intentes hacer más de cuatro.
I En la Lección precedente se afirma que a los demás les afecta mi manera de ver; es decir, el cómo veo. La idea de hoy es más específica: ahora se sostiene que lo que afecta a los demás son mis pensamientos, es decir, mis juicios sobre lo que veo. Esto proporciona una razón adicional para asumir la responsabilidad de nuestros juicios, ya que estos no solo influyen en nuestro estado emocional y, por ende, en nuestra conducta, sino también en los estados emocionales y la conducta de los demás. Esto es evidente, por ejemplo, en el efecto del liderazgo ejercido por políticos, maestros, padres e incluso en la acción salvífica de los maestros de Dios que este Curso propugna.
Tal como está expuesta aquí, esta idea puede parecer sorprendente, pero en realidad es algo que reconoces en tu interior y que constituye la base de la organización social. El mundo, de hecho, es un acuerdo de las mentes particulares y el fundamento de toda comunicación humana: compartir significados. Esta comunicación, además, no se limita a lo percibido por los sentidos comúnmente admitidos.
«… cada individuo tiene muchas capacidades de las que no es consciente. A medida que su conciencia se expanda, puede desarrollar facultades que le parezcan bastante sorprendentes» (M-26.1:3-4). Tanto el conocimiento de lo no explícito como la sanación mediante el poder del pensamiento son aspectos naturales para la mente compartida, ya que, en última instancia, todo está contenido en una misma mente.
II Observa cómo se te intenta enseñar que la causa y el efecto no están separados trabajando con pares de ideas equivalentes y alternas referentes a lo que percibes y a lo que piensas:
PERCEPCIÓN (L-1: «Nada de lo que veo significa nada») ↔ PENSAMIENTO (L-3: «No entiendo nada de lo que veo» y L-4: «Estos pensamientos no significan nada»).
PENSAMIENTO (L-5: «Nunca estoy disgustado por la razón que creo») ↔ PERCEPCIÓN (L-6: «Estoy disgustado porque veo algo que no está ahí»).
Otros ejemplos:
PERCEPCIÓN (L-7) ↔ PENSAMIENTO (L-8)
PENSAMIENTO (L-10) ↔ PERCEPCIÓN (L-11)
PENSAMIENTO (L-16) ↔ PERCEPCIÓN (L-17)
PERCEPCIÓN (L-18) ↔ PENSAMIENTO (L-19)
III Lo que ves, cómo ves lo que ves y por qué ves lo que ves son todo lo mismo. Ves aquello que quieres ver. La percepción es un acto volitivo; es el resultado de tu voluntad de ver de esa manera. Si ves un mundo fragmentado, compuesto de cosas separadas entre sí, es porque has aceptado como cierta la idea de que tú mismo estás separado, y por ello percibes todo según aquello que crees ser.
Causa y efecto no están separados; ocurren de manera simultánea. ¿Cómo es que te extraña, entonces, ver un mundo así?
IV T-1.1 «Lo primero a tener en cuenta acerca de los milagros es que no hay grados de dificultad entre ellos. Uno no es más difícil o mayor que otro. Todos son iguales».
Esta «indiferencia» a la hora de considerar los temas que usas en tus prácticas tiene una profunda justificación de orden ontológico: si el mundo es una ilusión, cualquier ilusión es igual a cualquier otra con respecto a la realidad, y por eso: «Lo real no corre peligro, y lo que corre peligro no es real…» (T-In.3:2-3).
Has construido un mundo desmembrando la realidad y asignando a esos pedazos distintos atributos y funciones que te afectan de manera diferente y en diferente grado. Para ti, hay una enorme diferencia entre una flor y el cuerpo enfermo de un ser querido; sin embargo, ambas percepciones no dejan de ser historias con las que tu mente se relaciona: ilusiones concebidas por tu mente, proyectadas en un ámbito espacial imaginario y consideradas reales en un ámbito temporal, fugaz e igualmente ilusorio.
Es imperativo que aprendas a ver igual lo que es igual y a distinguir la realidad de la ilusión.
V De hecho, este ejercicio de hoy, más que una práctica, debiera ser una actitud permanente. Piensa lo siguiente: si Jesús tiene razón y mis pensamientos afectan a otros de manera inevitable, más vale que vigile mi mente con extraordinario cuidado y no me permita pensar aquello que no quiera compartir.
Una buena regla para gestionar tu mente de manera honesta y eficaz es rechazar todo pensamiento que no te gustaría que los demás conozcan. La ventaja de seguir este criterio selectivo radica en que, al situar al censor fuera de ti, eres menos permisivo y menos propenso a tolerar pensamientos maliciosos porque ya sabes que no eres impune a ese juez social. No permitas que tu santa mente albergue otra cosa que lo mejor que seas capaz de concebir, porque tú no te mereces menos que eso.
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LECCIÓN 18
No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver.
1. La idea de hoy es otro paso para aprender que los pensamientos que dan lugar a lo que ves nunca son neutros o irrelevantes.
2También hace hincapié en la idea de que las mentes están unidas, lo cual se enfatizará más adelante.I
2. La idea de hoy no se refiere tanto a lo que ves, sino, sobre todo, a cómo lo ves. II
2Por lo tanto, los ejercicios de hoy resaltan este aspecto de tu percepción.
3Los tres o cuatro periodos de práctica deben hacerse de la siguiente manera:
3. Escoge al azar diferentes objetos para aplicar la idea hoy, y mira a cada uno el tiempo suficiente para decir:
2No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver este/a ____.
3Concluye la práctica repitiendo esta declaración más general:
4No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver.
5Un minuto, o incluso menos, será suficiente.
I La separación no solo configura lo que crees ver, sino que también condiciona el «campo interpretativo» compartido en el que todas las mentes operan. Si «las mentes están unidas», entonces tu modo de ver no permanece confinado a tu burbuja privada: se irradia a ese campo común y, por resonancia, invita a que otros adopten marcos de interpretación afines. No «obligas» a nadie —nadie pierde su libertad—, pero sí ofreces un patrón de lectura que otros pueden aceptar o rechazar. Ver es enseñar, porque toda percepción comunica el sistema de pensamiento que la sostiene.
Cuando separas, nombras y asignas funciones, no solo te cuentas una historia: la propones. Tu mirada otorga papeles («esto sirve para…», «tú eres…»), y esos papeles tienden a ser aceptados por quienes, al sentirse vistos así, buscan encajar en el guion que perciben. Por eso tu perdón no es un acto interior irrelevante; reescribe silenciosamente los guiones disponibles para todos. La unión mental hace que la elección de tu maestro —el ego o el Espíritu Santo— tenga efectos compartidos: si eliges ver con el ego, refuerzas interpretaciones defensivas y culpabilizadoras; si eliges la Visión de Cristo, amplías la disponibilidad de significados inocentes. En un campo mental unido, ofrecer inocencia es aumentar la probabilidad de que la inocencia sea vista.
Los llamados «milagros» operan aquí: no cambian primero las formas, sino el marco de significado que ofreces al campo común. Tu decisión de no separar —de no fijar identidades ni funciones desde el miedo— reduce el ruido interpretativo y facilita en otros una lectura más simple y verdadera. Dar es recibir porque, en la unión, lo que ofreces como interpretación retorna a ti como experiencia.
Implicaciones prácticas para la Lección de hoy:
Recuerda que cada vez que aplicas «No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver», estás reconociendo el carácter docente de tu percepción. Pregúntate: «¿Qué estoy enseñando ahora con mi manera de ver: miedo o paz?».
Ante una persona concreta, añade en silencio: «Mi manera de verte te afecta porque nuestras mentes están unidas. Elijo verte tal como te creó Dios». No fuerces nada; limita tu aportación a retirar juicios y a ofrecer disponibilidad de significado inocente.
Cuando notes que asignas un papel («este es el culpable», «esto es peligroso», «esto no vale»), detente y di: «Estoy proponiendo un guion al campo que compartimos. Prefiero ofrecer uno que libere». Esta rectificación basta para que el campo interpretativo se aclare.
Si surge conflicto, no busques cambiar primero la conducta ajena. Cambia el marco: «Elijo el Espíritu Santo como mi intérprete». En la unión, esa elección abre para ambos una lectura alternativa donde la paz se vuelve coherente.
Así, la Lección deja de ser una afirmación aislada y se convierte en una práctica relacional: tu percepción es una invitación continua. Cada vez que eliges ver sin separar, reduces la carga interpretativa del mundo para todos. Esa es la eficacia real de tu aprendizaje: convierte tu modo de ver en un regalo compartido.
II ¿Cómo ves tú el mundo? ¿Qué haces en realidad cuando dices que ves algo?
Fíjate bien en lo que ocurre cuando miras una cosa y dices que la ves. En verdad, lo que haces es separarla de la totalidad de lo que percibes, atribuirle un contenido específico, contarte a ti mismo una historia sobre eso que has separado, ponerle un nombre propio y asignarle una función particular. Para ti, ver es separar; esa es la forma en que ves: separando.
La idea de la separación es omnipresente en tu universo particular. No solo aplica a todo lo que ves, sino también a la idea que tienes de ti mismo y de los demás. Esa manera de ver afecta a los demás, pues los has convertido en entidades tan separadas de todo como tú mismo.
En cualquier caso, el punto fundamental de la idea de hoy es que todo lo que llamas «lo otro» o «los otros» no es más que «contenidos de tu conciencia», conformados de acuerdo con tu propia voluntad. Percibir es una función de la mente totalmente volitiva e imaginaria.
No te asustes si se te dice que percibir es fantasear. Al contrario, alégrate, porque eso significa que no eres una «víctima» de lo que percibes, sino el «creador» de tu percepción. Y debes saber también que eres libre y capaz de cambiar todo tu proceso perceptual a voluntad; ese es el fundamento de los milagros.
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LECCIÓN 17
No veo cosas neutras.
1. Esta idea es otro paso para entender cómo opera realmente la relación entre causa y efecto.
2Tú no ves cosas neutras porque tú no tienes pensamientos neutros.I
3El pensamiento siempre antecede a la visión, a pesar de la tentación de creer que es al revés.II
4El mundo no piensa de esta manera, pero debes aprender que así es como realmente piensas tú.
5De lo contrario, la percepción carecería de causa, y ella misma sería la causa de la realidad.III
6Teniendo en cuenta que su naturaleza es muy variable, esto es imposible.IV
2. Al aplicar la idea de hoy, dite a ti mismo con los ojos abiertos:
2No veo cosas neutras porque no tengo pensamientos neutros.
3Luego, mira a tu alrededor, posando la mirada en cada cosa que te llame la atención el tiempo suficiente para decir:
4No veo un/una ____ neutro/a porque mis pensamientos acerca de ____ no son neutros.
5Por ejemplo, podrías decir:
6No veo una pared neutra porque mis pensamientos acerca de las paredes no son neutros.
7No veo un cuerpo neutro porque mis pensamientos acerca de los cuerpos no son neutros.
3. Como de costumbre, es esencial que no hagas distinciones entre las cosas que contemplas debido a sus atributos, por ejemplo, que sean animadas oinanimadas, agradables o desagradables.
2Independientemente de lo que creas, no ves nada que esté realmente vivo y sea realmente dichoso.
3Esto se debe a que todavía no eres consciente de ningún pensamiento que sea realmente verdadero y, por lo tanto, realmente feliz.
4. Se recomiendan tres o cuatro sesiones de práctica, siendo necesarias no menos de tres para obtener el máximo beneficio, incluso si experimentas incomodidad. 2Sin embargo, si esto sucede, la duración del periodo de práctica puede reducirse a menos del minuto que se recomienda.
I Esto es lo mismo que decir que no ves las cosas de manera objetiva porque tus pensamientos no son objetivos. Tú no eres un objeto, eres un sujeto; por lo tanto, tus pensamientos no son objetivos, sino subjetivos, y, en consecuencia, ves de manera subjetiva.
Ahora, fíjate bien: si a lo que ves lo llamas «objeto» porque creías que pensabas «objetivamente», ¿cómo llamarás a aquello que crees ver ahora que sabes que tus pensamientos son subjetivos? ¿Te das cuenta de la conexión absoluta que existe entre tú y aquello que crees ver fuera de ti? ¿Crees que puede haber alguna posibilidad de que el mundo en el que piensas que vives no sea algo absolutamente subjetivo?
Recuerda: tus pensamientos son definitivamente subjetivos. Lo que crees ver lleva tan profundamente grabada la impronta de tu propio ser que resulta difícil concluir que ese mundo que percibes no es algo «tuyo».
«Comprende que cada modo de percepción es subjetivo, que lo que se ve o se oye, se toca o se huele, se siente o se piensa, se espera o se imagina, está en la mente y no en la realidad, y experimentarás paz y libertad del miedo». Sri Nisargadatta Maharaj
II Hazte la pregunta: ¿qué hay antes del pensamiento? Ciertamente, para ti el mundo no existe antes de que pienses en él. Que el mundo exista o no independientemente de lo que tú pienses no es más que otra de las opiniones que tú tienes. En este sentido, los conceptos de «hecho cierto» y «opinión» son indistinguibles.
El objetivo de este Curso es invertir completamente la manera de pensar, y este es precisamente uno de los paradigmas sobre los que se asienta dicha inversión. Es uno de los principios gnoseológicos básicos de este Curso: percibir, en realidad, es proyectar. La mente concibe primero un pensamiento y luego lo «ve» proyectado en un mundo imaginario externo a ella misma. Pero, según el paradigma de este Curso, no existe tal cosa como un «mundo externo a ti mismo», sino únicamente la creencia de que eso «existe». Solo hay mente concibiendo pensamientos complejos que se componen de múltiples conceptos solapados, de los cuales no se tiene plena conciencia.
Por ejemplo, cuando ves una mesa, lo que percibes es en realidad un pensamiento múltiple que incorpora en sí mismo innumerables significados. Por enunciar algunos: las características físicas, estéticas y funcionales de la idea concebida; la creencia de que está ahí «fuera» de ti en un ámbito externo que llamas «espacio»; la percepción de que está presente ahora; la idea de que «yo» lo estoy viendo… Todo esto se reúne en un único concepto que, de manera simplificada, denominas «percepción de una mesa». Alterando cualquiera de estos parámetros, la mente interpreta de manera diferente. Así, la mesa en cuestión puede ser grande o pequeña, fea o bonita, vista por ti ahora o recordada, etc.
La percepción es el efecto de una elaboración mental, pues la mente es lo único que existe. Esta es la razón por la que este Curso afirma que el mundo es una ilusión. Más adelante se comprenderá que no solo el mundo es una ilusión, sino también la idea que tienes de ti mismo. Esta aparece en la mente del mismo modo en que surge la idea de una mesa.
Evidentemente, esta noción aterroriza al ego y puede ser —y de hecho lo es— una barrera casi insuperable para el estudiante de este Curso. Sin embargo, es crucial recordar que, en el camino hacia la identificación con tu verdadera identidad como Hijo de Dios, es necesario ir dejando atrás una serie de falsedades muy queridas, lo que este Curso denomina «los obstáculos a la verdad».
En cualquier caso, te encuentras apenas al principio del Libro de Ejercicios, y por ahora basta con comprender que las cosas que crees ver fuera de ti no tienen otro significado que aquel que tú mismo les has asignado.
III Esta línea enfatiza que todo lo que observamos está teñido por la forma en que pensamos, destacando la relación entre causa y efecto que propone esta enseñanza: el pensamiento (causa) origina la percepción (efecto). De ello se desprende que la percepción no puede ser neutral, ya que la mente siempre está tomando partido, ya sea desde el ego o desde el amor. En otras palabras, creer que el mundo «allá afuera» dicta nuestros pensamientos implicaría que la percepción sería la causa de la realidad. Sin embargo, el Curso invierte esta perspectiva y afirma que no existen pensamientos neutros: lo que vemos está cargado de significado porque lo hemos impregnado con los significados que surgen de nuestras propias creencias.
En otras palabras, cada vez que percibimos algo, lo hacemos desde la idea interna que estamos aceptando en ese momento. Este modo de razonamiento contradice la lógica del mundo, que sostiene: «Veo algo y, por lo tanto, pienso X». El Curso propone lo contrario: «Pienso X, y, por lo tanto, veo algo de este modo». De no ser así, la percepción carecería de causa y se convertiría en la causa de la realidad, privando a la mente de su auténtico poder creador y haciendo creer al observador que lo externo determina su experiencia.
Así, la declaración «No veo cosas neutras» confirma que, en cada experiencia perceptual, la mente siempre opera como la fuente de lo que ve, y lo que ve no puede ser más que un reflejo de lo que realmente piensa.
IV Llamas ver a pensar que ves. Si la percepción fuera el proceso de captar algo existente externo a ti, ese proceso sería la causa de tu ver, y siempre «verías» lo mismo al contemplar algo. Sin embargo, debes ser consciente de que tu percepción es altamente variable: cambia con el tiempo y difiere entre diferentes individuos. Incluso el sistema de pensamiento del mundo reconoce como cierta la expresión «Ves lo que quieres ver», y esto aplica tanto a objetos como a circunstancias.
En realidad, estás sentado ante la pantalla de tu conciencia contemplando tus propias proyecciones. Esta es una idea que puede resultarte muy difícil de aceptar, pero que, sin embargo, contiene la llave de tu liberación. No te obsesiones con ella; en lugar de eso, aprende a perdonar aquello que percibes. De este modo, encontrarás primero la paz y, con ella, la verdad que la acompaña.
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LECCIÓN 16
No tengo pensamientos neutros.
1. La idea de hoy es un paso inicial para disipar la creencia de que tus pensamientos no tienen efecto.
2Todo lo que ves es el resultado de tus pensamientos.I
3En esto no hay excepciones.
4Los pensamientos no son grandes o pequeños; poderosos o débiles.
5Son simplemente verdaderos o falsos.II
6Los que son verdaderos crean a su propia semejanza.III
7Los falsos lo hacen a la suya.IV
2. No hay concepto más contradictorio intrínsecamente que el de «pensamientos ociosos».
2Difícilmente se puede llamar ocioso a lo que da lugar a percibir todo un mundo.
3Todo pensamiento que tienes contribuye a la verdad o a la ilusión; o bien extiende la verdad, o bien multiplica las ilusiones.
4Ciertamente puedes multiplicar lo que no es nada, pero no lo extenderás al hacerlo.V
3. Además de reconocer que los pensamientos jamás son fútiles, la salvación también requiere que reconozcas que todo pensamiento que tengas traerá paz o conflicto; amor o miedo.
2Un resultado neutro es imposible, porque concebir un pensamiento neutro también lo es.
3La tentación de descartar los pensamientos que suscitan miedo como poco importantes, triviales o indignos de atención es tan grande que resulta esencial reconocerlos todos como igualmente destructivos, pero también como igualmente irreales.VI
4Practicaremos esta idea de muchas formas antes de que realmente la comprendas.
4. Al aplicar la idea para hoy, busca en tu mente durante un minuto más o menos con los ojos cerrados e intenta, con sinceridad, no pasar por alto ningún pensamiento «insignificante» que tienda a eludir la búsqueda.
2Esto te resultará bastante difícil hasta que te acostumbres a ello.VII
3Encontrarás que todavía te resulta muy difícil no hacer distinciones artificiales.VIII
5. Todo pensamiento que se te ocurra, sin importar la cualidad que le atribuyas, es adecuado para aplicar la idea de hoy.
2Durante los periodos de práctica, repite primero la idea y, luego, a medida que cada pensamiento cruce tu mente, mantenlo en la conciencia mientras te dices a ti mismo:
3Este pensamiento sobre ____ no es un pensamiento neutro.
4Ese pensamiento sobre ____ no es un pensamiento neutro.
6. Como de costumbre, utiliza la idea de hoy siempre que seas consciente de un pensamiento concreto que cause inquietud.
2Para ello, se sugiere la siguiente forma:
3Este pensamiento sobre ____ no es un pensamiento neutro, porque no tengo pensamientos neutros.
7. Se recomiendan cuatro o cinco periodos de práctica, si los encuentras relativamente fáciles.
2Si experimentas tensión, tres serán suficientes.
3La duración del ejercicio también debe reducirse si se vuelve incómodo.
I Eres Espíritu (L-97), y la mente es el principio activo del Espíritu (G-1.1). Te experimentas a ti mismo en la mente y como mente. No conoces otra cosa que la mente y no te relacionas con otra cosa que con tus propios pensamientos, pues no hay nada más. A ciertos pensamientos que concibes los llamas «opiniones» y los consideras muy «íntimos». A otros los llamas «cosas» o «circunstancias» y piensas que son externos a ti, pero esa es una creencia falsa, pues no hay nada externo a ti; si lo hubiera, no podrías relacionarte con ello ni conocerlo en absoluto. Tu propio cuerpo, o la idea que tienes de ti mismo, son pensamientos tuyos. Las otras personas con las que crees relacionarte y el mundo donde crees que eso ocurre también están en tu mente, ¿dónde iban a estar si no? Por eso, siempre te relacionas únicamente contigo, y el trato que les das a tus pensamientos es el trato que te das a ti mismo.
No hay pensamientos neutros porque todos tus pensamientos han aparecido en tu mente por una razón, algo los ha causado, y ese “algo” es tu voluntad; tú tienes aquellos pensamientos que invocas porque quieres experimentarlos. Tanto el mundo que ves (pensamientos a los que llamas “cosas”) o las historias con las que fantaseas (pensamientos que reconoces como ideas) han aparecido en tu imaginario por algún motivo que los ha traído a tu conciencia. No han aparecido de la nada ni al azar, son, más bien, la expresión simbólica de tus miedos y deseos más profundos, y todos cumplen una función.
El propósito de este Curso de entrenamiento mental es precisamente aprender a gestionar estos pensamientos eligiendo aquellos que sí deseas -los amorosos- y reinterpretando los otros de acuerdo a la guía del Espíritu Santo para eliminar de ellos su componente de ira y de miedo, que es lo mismo. Así, perdonas al mundo al dejar de temerlo y atacarlo, y ese es el comienzo de vivir de una manera lúcida.
II Todos los pensamientos con los que te relacionas AHORA son falsos, pues te relacionas con ellos en términos de «creencia», que es el modo espurio de usar la mente, que fue creada para «crear» de la misma manera en que ella fue creada. Creer no es más que asignar falsos atributos a tus pensamientos y también pensar que eso que piensas es verdad y que tus pensamientos son algo que en realidad no son.
III Génesis 1:26 «Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”».
IV Tal como los pensamientos verdaderos o reales crean realidad mediante la extensión del propio ser, los pensamientos falsos forjan ilusiones. Unos «extienden» la realidad, y otros conforman el mundo en la mente egoica. En cualquier caso, los pensamientos nunca son impotentes, pues son causales, y necesariamente han de tener «efectos». Unos se conciben en el ámbito de lo real —lo que el Curso denomina «las Creaciones del Hijo de Dios»—, y otros en el ámbito de la ilusión —las ilusiones—.
V Esto, obviamente, es una parodia del principio matemático de la nulidad resultante de multiplicar cualquier cifra por cero. El uso que hace el Curso del verbo «extender» es muy difícil de interpretar desde un punto de vista ontológico, pues siempre se utiliza para referirse a la creación de lo real. Así, el Curso afirma: «El Hijo de Dios es una extensión de Dios». La mente humana —la autolimitada mente del Hijo de Dios— está configurada para concebir formas, ilusiones, no conceptos reales, que son perfectamente abstractos.
Por esta razón, la relación de lo real consigo mismo da lugar al verbo incomprensible «extender», que, si bien apunta a la idea de «aumentar», tampoco puede interpretarse literalmente en ese sentido, ya que aumentar implica cambio, y la realidad es inmutable. Estas son las limitaciones inherentes al lenguaje, que, en definitiva, es un instrumento para la comunicación de conceptos en el ámbito de la dualidad, pero resulta ineficaz para describir la realidad, que es no dual.
VI La salvación —la buena noticia, el evangelio— radica precisamente en que los pensamientos de miedo, carentes de amor, son irreales. Por eso, el miedo es infundado. Esto es comparable a cuando tenemos una pesadilla y nos vemos amenazados en nuestros sueños nocturnos por una figura espantosa, que siempre será un símbolo de una falta de perdón. Al despertar, comprendemos que el miedo era infundado; lo que nos atemorizaba era una ilusión.
Sin embargo, del sueño del mundo no se despierta en el mundo. Si crees estar en el mundo, no puedes permitirte el lujo de descartar alegremente los falsos pensamientos carentes de amor, pues sus efectos los experimentarás sin duda en él. Es necesario reconocer el carácter destructivo de estos pensamientos y el poder que tienen para amargarte la «vida».
Aunque la solución definitiva es despertar del sueño del mundo, la estrategia consiste en sanar la mente. Primero, tomando conciencia del poder de tus «malos» pensamientos en el mundo; luego, pidiendo «ver esto de otra manera» para eliminarlos. Esto es, precisamente, la Expiación.
VII Esta es una frase importante porque señala el sacrosanto principio del Curso de la vigilancia mental, la tarea fundamental y permanente del estudiante de Un Curso de Milagros: vigilar siempre su mente, estar atento y ser consciente de todo pensamiento que le surja. Por regla general, cualquier pensamiento que emerge de forma inopinada es una manifestación del ego, de sus grandiosas aspiraciones o de sus miedos más profundos. Es esencial tomar conciencia de esto, y esta necesidad nunca se recalcará lo suficiente.
Una vez que se ha tomado conciencia de ese pensamiento, es imprescindible entender con absoluta claridad que es falso y destructivo, y que, en el mejor de los casos, solo servirá para perder el tiempo en vanas fantasías. El flujo compulsivo de pensamientos egoicos es siempre una señal de que encontramos la realidad presente insatisfactoria y no merecedora de nuestra atención ni aprecio, por lo que la sustituimos con fantasías.
La mente sana, iluminada por la pura conciencia de ser, es dichosa, y lo que contempla —el mundo real— siempre resulta plenamente satisfactorio y suscita júbilo.
VIII Esto también es fundamental. Es imprescindible que tomes conciencia de que ahora te relacionas con tus propios pensamientos según una escala o baremo artificial que tú mismo has establecido, y que los clasifica atribuyéndoles de manera arbitraria un valor o relevancia. Así, crees que hay pensamientos relacionados con ciertos conceptos que son más «valiosos» o importantes que otros. En realidad, lo que haces es clasificar ilusiones, sin percatarte de que todas ellas son lo mismo: todas son falsas.
Una idea que te resulta especialmente difícil de aceptar es que el Espíritu Santo no comparte tu escala de valores ilusorios. Crees que, con toda seguridad, Él te prestará más atención y cuidados si le pides entre lágrimas que te cure un tumor canceroso maligno y letal, que si le preguntas qué te convendría más, un helado de fresa o uno de limón. Pero Él no lo ve así. Él solo percibe que el Hijo de Dios está soñando y necesita despertar. El contenido del sueño es irrelevante para Él. Sin embargo, no lo es para ti, y ahí radica el problema, porque ese contraste imaginario entre ilusiones es precisamente lo que mantiene tu sueño.
Este es un Curso radical. No tiene como objetivo «mejorar» tu vida en este mundo, sino llevarte a despertar de la ilusión de que estás en él.
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LECCIÓN 15
Mis pensamientos son imágenes que yo mismo he fabricado.I
1. Debido a que los pensamientos que crees pensar aparecen como imágenes, no los reconoces como algo que no es nada.
2Piensas que los piensas, y por eso piensas que los ves.
3Así es como se produjo tu «ver».
4Esta es la función que le has dado a los ojos de tu cuerpo.
5Eso no es ver.
6Eso es fabricar imágenes.
7Y es lo que ocupa el lugar de la visión, reemplazándola con ilusiones.
2. Esta idea introductoria al proceso de fabricar imágenes, que tú llamas ver, probablemente no tenga mucho significado para ti ahora.
2Empezarás a entenderla cuando hayas visto pequeños bordes de luz alrededor de los mismos objetos familiares que ves ahora.II
3Ese es el comienzo de la verdadera visión.
4Puedes estar seguro de que la verdadera visión no tardará en llegar cuando esto suceda.
3. A medida que avances, es posible que experimentes muchos «episodios de luz».III
2Estos pueden manifestarse de muchas formas diferentes, algunas de ellas bastante inesperadas.
3No los temas.
4Son señales de que, finalmente, estás abriendo los ojos.
5No durarán, porque simplemente simbolizan la percepción verdadera y no están relacionadas con el Conocimiento.
6Estos ejercicios no te revelarán el Conocimiento.
7Pero prepararán el camino que conduce a Él.IV
4. Al practicar la idea de hoy, repítela primero en silencio y luego aplícala a cualquier cosa que veas a tu alrededor, usando su nombre mientras la miras y dices:
2Este/a ____ es una imagen que yo mismo he fabricado.
3Ese/a ____ es una imagen que yo mismo he fabricado.
4No es necesario incluir un gran número de objetos específicos en cada sesión.
5Sin embargo, es importante seguir contemplando cada uno de ellos mientras repites la idea para tus adentros.
6La idea debe repetirse muy lentamente cada vez.
7Aunque no podrás aplicar la idea a muchas cosas durante el minuto de práctica que se recomienda, trata de hacer la selección de la manera más aleatoria posible.
5. Si empiezas a sentirte incómodo, menos de un minuto será suficiente para el ejercicio.
2No apliques la idea de hoy más de tres veces, a menos que te sientas completamente cómodo con ella, y no excedas las cuatro veces.
3No obstante, puedes usarla a lo largo del día si es necesario.V
I La práctica de esta Lección te invita a responsabilizarte del significado que tú mismo has atribuido a todas las cosas. La mayoría de las veces, serán significados que has aprendido de otros a través de ese proceso que el mundo denomina «educación». Sin embargo, en cualquier caso, dicho significado siempre tendrá un carácter profundamente personal. Un objeto nunca será exactamente lo mismo para una persona que para otra. La prueba de ello radica en la «resonancia emocional» específica que las cosas del mundo tienen para cada individuo.
Quizá con esta práctica también logres comenzar a comprender que toda experiencia de la que eres consciente es, en esencia, un proceso mental. Las cosas que contemplas, los objetos que percibes y los lugares en los que crees encontrarte son, en realidad, ideas en tu mente y no poseen significado ni existencia propia. Sin la mente, no hay mundo; pero la mente no necesita del mundo para existir. Eso que llamas «mundo» no es más que una idea en tu mente, configurada a partir de un conjunto de matices, contrastes y consideraciones. El mundo no existe, pero basta con que en tu mente haya una creencia de que existe para que lo percibas como algo real y externo a ti. No obstante, eso no es más que una opinión tuya, y además, errónea.
No solo es un error creer en la existencia de un mundo fuera de ti; también es completamente falsa la idea que tienes acerca de ti mismo. De hecho, el mundo no es más que un reflejo de ese otro error fundamental.
Tu mente no puede albergar de manera simultánea dos ideas que se contradicen. Mientras sigas aferrándote a tus viejas creencias con entusiasmo, la verdad no podrá manifestarse en tu mente. Por esta razón, la Primera Parte del Libro de Ejercicios está dedicada a deshacer tu forma errónea de percibir la realidad. Sin este paso, te sería imposible abrir los ojos y abandonar el sueño de separación que hoy te resulta tan convincente.
II Estos «bordes de luz» son aureolas que se pueden observar alrededor de los objetos. Son fronteras de luz que destacan los objetos de su entorno. Esta experiencia está profundamente relacionada con el diálogo interno y ocurre cuando miras algo y detienes ese diálogo incesante que mantienes contigo mismo; sucede en ausencia de ego, en ausencia de «interpretación». El «brillo» que observas fluctúa según el estrés que genera esa condición mental al reprimir el ego. Recuerda que el ego es codicioso y tratará de apropiarse de esa experiencia para interpretarla; sin embargo, no es para eso. Por ahora, lo único que necesitas saber es que esas percepciones provienen de un estado de silencio mental.
III Ken Wapnick explica que esta referencia a los «episodios de luz» y la advertencia de no temerlos fue incluida por Jesús para aliviar la ansiedad de Cal Hatcher, un colega de Bill y Helen (Ausencia de felicidad, pág. 304). Según Ken, antes de que comenzara la escritura del Curso, Cal habló con Bill sobre los episodios de luz que había estado experimentando y que le aterrorizaban. Al inicio del dictado, Bill le comentó a Cal sobre el Curso, quien mostró un interés inmediato. Como resultado, ambos se reunían con frecuencia en la oficina de Bill a primera hora de la mañana para repasar las notas más recientes.
Es posible que estos «episodios de luz» también hagan referencia a la percepción de «auras» y «chakras», conceptos comunes en la cultura de la India, o incluso a la forma en que los brujos describen a los humanos como «huevos de luz», tal como lo relata Carlos Castaneda en sus obras. En cualquier caso, esto no debe ser motivo de preocupación ni un requisito indispensable para el estudiante de este Curso. La única misión del estudiante es alcanzar la paz, extenderla y salvar el mundo en su mente a través del perdón y la guía del Espíritu Santo. En última instancia, toda experiencia perceptual es ilusoria y constituye únicamente una forma simbólica de expresar o traducir en términos sensoriales la «visión verdadera».
IV Conocer no es un fenómeno perceptual y no guarda relación alguna con adquirir información sobre algo ajeno a ti mismo, ya que eso, en realidad, es imposible, pues no existe nada ajeno a ti. Conocer, Amar y Crear son los tres aspectos fundamentales del Ser, y son uno y lo mismo.
No te obsesiones con los episodios de luz, no los persigas ni desees experimentarlos. No estás buscando «luces», sino recordar quién eres, recordar a tu Padre y sentir Su Amor dentro de ti. Todo lo que no sea eso no es más que una «anécdota» en tu camino espiritual.
Recuerda que siempre cuentas con un Guía que te acompaña. Él te enseñará a interpretar correctamente todo lo que te suceda. Solo necesitas estar dispuesto a escucharle, y Él no se comunicará contigo con palabras, sino con certeza.
V Esta línea fue escrita a mano posteriormente. En las Notas de Helen no aparece.
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LECCIÓN 14
Dios no creó un mundo sin significado.
1. La idea de hoy es, por supuesto, la razón por la que un mundo sin significado es imposible.I
2Lo que Dios no creó no existe.
3Y todo lo que existe, existe tal como Él lo creó.
4El mundo que ves no tiene nada que ver con la Realidad.
5Es fruto de tu propia factura, y no existe.II
2. Los ejercicios de hoy deben practicarse con los ojos cerrados durante todo el tiempo.
2El periodo de búsqueda mental debe ser corto, un minuto como máximo.
3No hagas más de tres sesiones de práctica con la idea de hoy, a menos que te sientas cómodo.
4Si es así como te sientes, será porque realmente entiendes para qué sirven.
3. La idea de hoy es otro paso en el proceso de aprender a abandonar los pensamientos que has inscrito en el mundo y a ver la Palabra de Dios en su lugar.III
2Los primeros pasos de este intercambio, al que en verdad se le puede llamar salvación, pueden ser bastante difíciles, e incluso bastante dolorosos.
3Algunos de ellos te conducirán directamente al miedo.
4Mas no se te dejará ahí.
5Trascenderás ese miedo e irás mucho más allá, pues nos dirigimos hacia la perfecta seguridad y la perfecta paz.
4. Con los ojos cerrados, piensa en todos los horrores del mundo que pasen por tu mente.
2Nombra cada uno tal como tú lo ves, y luego niega su realidad.
3Dios no creó eso, y esa es la razón por la que no es real.
4Di, por ejemplo:
5Dios no creó esa guerra en ____, por lo tanto, no es real.IV
6Dios no creó el accidente de avión en ____, por lo tanto, no es real.
7Dios no creó ese desastre [especifica cuál] en ____, por lo tanto, no es real.
8Dios no creó esa enfermedad [especifica cuál y nombra a la persona], por lo tanto, no es real.
5. Los temas adecuados para aplicar la idea de hoy también incluyen todo lo que temes que te pueda ocurrir a ti o a cualquiera que te importe.
2En cada caso, nombra el «desastre» de manera muy específica.
3No uses términos generales.
4Por ejemplo, no digas «Dios no creó la enfermedad», sino «Dios no creó el cáncer», o los ataques al corazón, o cualquier cosa que te atemorice.
6. Lo que estás contemplando es tu repertorio personal de horrores.
2Esas cosas forman parte del mundo que ves.
3Algunas de ellas son ilusiones compartidas, y otras son parte de tu infierno personal.
4Eso no importa.
5Lo que Dios no creó solo puede estar en tu propia mente separada de la Suya.
6Por lo tanto, no tiene ningún significado.
7En reconocimiento de este hecho, concluye los periodos de práctica repitiendo la idea de hoy:
8Dios no creó un mundo sin significado.
7. La idea de hoy puede aplicarse, por supuesto, a cualquier cosa que te perturbe a lo largo del día, aparte de los periodos de práctica.
2Sé muy específico al aplicarla.
3Di:
4Dios no creó un mundo sin significado.
5Él no creó [especifica la situación que te perturba], por lo tanto, no es real.
I L-13.1:2 «De hecho, un mundo sin significado es imposible».
II Toda cultura humana posee una narrativa que explica el origen del universo percibido, conocida como «cosmogonía». Esta puede adoptar una naturaleza científica, mitológica o religiosa, pero en todos los casos se basa en la premisa de que aquello que percibes es real. En este sentido, todas las cosmogonías humanas comparten una similitud esencial, salvo aquellas de carácter no dualista, como la que propone este Curso. Aquí se te enseña que el mundo es una ilusión y que todo lo que percibes es irreal. De hecho, este Curso sostiene que percibir es comparable a soñar: solo la mente es real, y todo lo que crees percibir no es más que pensamientos concebidos por ti que nunca han abandonado su fuente, tu propia mente.
El Texto comienza afirmando: «Lo real no corre peligro, y lo que corre peligro no es real». Aunque la inexistencia de lo que no es real pueda parecer evidente, lo que no resulta tan claro es que todo lo que percibes pertenece a esa categoría de irrealidad. La introducción culmina con estas palabras: «En eso radica la Paz de Dios».
La Paz de Dios es, precisamente, la salvación que buscas en este mundo que tanto te perturba. Sin embargo, si el mundo no es real, ¿por qué habrías de afligirte? Si alcanzaras la conciencia de su irrealidad, ¿no disfrutarías entonces de la Paz de Dios?
Sufres, temes, culpas y te culpas porque crees que el mundo en el que vives es verdadero. Pero, ¿acaso crearía Dios un mundo así? Si Dios no lo creó, entonces el mundo no existe; y si el mundo existe, entonces Dios no es real. En última instancia, no hay más alternativas que estas.
La Lección de hoy te invita a tomar una decisión entre ambas posibilidades y, una vez que lo hagas, a descansar e ignorar cualquier interpretación que la voz del ego intente ofrecerte sobre lo que percibes. Este Curso es extremadamente simple, y esa es su esencia. Esta es la piedra angular sobre la que se construye todo su sistema ontológico: su explicación de lo que es real.
Para adoptar este planteamiento, será necesario un cambio profundo en tu mente. Ahora te encuentras apenas en el inicio de ese proceso. Es natural que, en este punto, la idea de que todo lo que crees amar, así como todo lo que temes y odias, no sea real, te resulte igualmente perturbadora. Tu mente ha sido condicionada desde el momento en que abriste los ojos al mundo a aceptar una cierta descripción de la realidad. Todo lo que se te ha enseñado y todo lo que te has repetido a ti mismo desde entonces es falso, y precisamente esa es la razón por la que piensas como piensas y crees lo que crees.
Se te ha explicado, y eres consciente de ello, que este es un Curso diseñado para entrenar tu mente en una nueva forma de interpretar la realidad. Estás apenas comenzando este camino. No se espera que abraces con entusiasmo las nuevas propuestas desde el inicio, ni es necesario que lo hagas. No tienes que creer ciegamente en nada de lo que aquí se te enseña, ya que creer, por sí solo, no te conducirá al verdadero conocimiento.
Simplemente, mantén tu mente abierta a una nueva posibilidad y empieza a experimentar los efectos por ti mismo. Con el tiempo, irás adquiriendo una comprensión más profunda de la verdad, sin que nadie tenga que convencerte de ella.
III L-12.6:7-8 «Bajo tus palabras está escrita la Palabra de Dios. La verdad te desconcierta ahora, pero cuando tus palabras hayan sido borradas, verás la Suya»
IV Helen originalmente escribió «la guerra en Vietnam» —esto fue en 1969—, pero luego cambió la frase para que se leyera de esta otra manera. La referencia a Vietnam, sin embargo, te muestra el tipo de especificidad que se te pide en este ejercicio.
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LECCIÓN 13
Un mundo sin significado engendra temor.
1. La idea de hoy es una variante de la anterior, salvo que es más específica en cuanto a la emoción que suscita.
2En realidad, un mundo sin significado es imposible.
3No existe nada que no tenga significado.
4Sin embargo, de esto no se deduce que no creas percibir algo que no tiene significado.
5Por el contrario, eres muy propenso a pensar que sí lo percibes.
2. El reconocimiento de la falta de significado despierta una intensa ansiedad en todos los que se perciben como separados.I
2Representa una situación en la que Dios y el ego se «desafían» mutuamente en cuanto al significado que debe adscribirse al espacio vacío que presenta la falta de significado.II
3El ego se apresura frenéticamente a establecer allí sus propias «ideas», temeroso de que el vacío pueda utilizarse para demostrar su propia irrealidad.III
4Y solo en esto tiene razón.
3. Es esencial, por lo tanto, que aprendas a reconocer lo que no tiene significado como tal y lo aceptes sin temor.
2Si tienes miedo, con toda seguridad dotarás al mundo de atributos que no posee y lo llenarás de imágenes que no existen.
3Para el ego, las ilusiones son recursos que proporcionan seguridad, tal como deben serlo para ti, que te identificas con él.IV
4. Los ejercicios de hoy, que deben hacerse unas tres o cuatro veces durante no más de un minuto como máximo cada vez, deben practicarse de una manera algo diferente a los anteriores.
2Con los ojos cerrados, enuncia la idea de hoy.
3Luego, abre los ojos y mira a tu alrededor lentamente, diciendo:
4Estoy contemplando un mundo que no significa nada.
5Repite esta declaración en silencio mientras miras a tu alrededor.
6Luego, cierra los ojos y concluye con:
7Un mundo sin significado engendra temor, porque pienso que estoy compitiendo con Dios.
5. Tal vez te resulte difícil no poner algún tipo de resistencia a esta declaración final.
2Cualquiera que sea la forma en que se manifieste esa resistencia, dite a ti mismo que la verdadera razón por la que tienes miedo de ese pensamiento es debido a la «venganza» del «enemigo».
3No se espera que a estas alturas creas esta afirmación, y probablemente trates de descartarla por absurda.
4No obstante, toma buena nota de cualquier señal de temor evidente o encubierto que esa idea pueda despertar.V
6. Este es nuestro primer intento de establecer una relación explícita de causa y efecto de un tipo que aún eres muy inexperto en reconocer.VI
2No te entretengas en la declaración final, y no trates siquiera de pensar en ella excepto durante los periodos en que haces el ejercicio.
3Eso será suficiente por ahora.
I Si lo que percibo en el mundo carece de significado, entonces el pensamiento en mi interior que lo originó tampoco lo tiene. Y dado que yo me identifico con mis pensamientos, esto implica que yo mismo carezco de significado, es decir, que no existo.
La ansiedad surge porque, en algún nivel, reconozco que esta falta de significado se extiende a mi propia existencia individual, separada y egoica.
II Esta es una forma de explicar lo que sucede en tu mente, aunque, naturalmente, no es como tú lo percibes. Al haberte identificado con el ego, interpretas los acontecimientos de tu mente desde su perspectiva.
III Esta figura algo grotesca del ego, abalanzándose para asignar significados, no debería sorprenderte, porque eso es precisamente lo que ocurre en tu mente constantemente. Eso es lo que llamas «pensar», «mis pensamientos» o tu «diálogo interno». No es más que el frenesí del ego por conferir significado a las ilusiones.
No es que tu mente haya sido poseída por el ego; eso no es así. El ego no es nada, y tú tienes todo el poder. Lo que sucede es que has elegido escuchar esa voz, que no es más que el efecto en tu santa mente de haber aceptado la idea de la separación, lo que podríamos llamar “el ego como efecto”. Tú eres libre, siempre lo has sido y siempre lo serás. Sin embargo, en tu situación actual, esa libertad reside únicamente en decidir qué voz eliges escuchar.
Tú no generas ni produces los pensamientos que crees tener; simplemente los suscribes. Ese «pensar», por llamarlo de alguna manera, es una figuración automática de tu mente que transforma tus miedos y deseos en «formas». Es similar a lo que ocurre en tus sueños nocturnos: un lenguaje figurativo con el que tu subconsciente se comunica con tu conciencia, una fantasía, una ilusión que puedes optar por considerar real, o no.
La idea de estar separado —el ego como causa— no tiene sustancia porque no es real. Tú, que sí eres real, no estás separado. Sin embargo, sostener esa idea genera en tu mente una burbuja de ilusión a la que llamas mundo personal o identidad personal —el ego como efecto—. No podrás escapar de ella mientras le atribuyas realidad y significado. Esa burbuja ilusoria, tan frágil como una pompa de jabón, se mantiene gracias a tu credulidad, y esa es la razón por la que necesitas el perdón para desvanecerla.
IV Como vimos anteriormente en la primera nota de la L-11, las ilusiones son mecanismos compensatorios que intentan mitigar el horror vacui de una supuesta existencia separada de Dios. Reconocer que lo que contemplas no significa nada exige una honestidad impecable, pero es algo que está a tu alcance y que puedes permitirte.
No temas. No perderás nada real al aceptar esta verdad; solo dejarás atrás las limitaciones imaginarias con las que has construido tu insignificante identidad. No temas la expansión de conciencia que la verdad traerá consigo. Tú no fuiste creado para ser esclavo de una idea absurda y sufriente. Trata de recordar aquello a lo que tu corazón te está llamando. Abandona el miedo y camina con confianza hacia Dios, hacia tu verdadero Ser.
V Ese miedo atávico y profundo que inquieta tu mente no es, en realidad, más que un gesto infantil e irrelevante que de ningún modo ofende a tu Padre. A partir de ese supuesto «pecado original», has creado un enemigo imaginario que te ha llenado de temor y que has ocultado en lo más profundo de tu conciencia. Aunque no está realmente ahí, tu creencia en su existencia basta para que lo percibas como real.
Ahora se manifiestan ante ti los descendientes de ese miedo ancestral, los «hijos de los hijos de los hijos» de aquella fantasía que inventaste al imaginar que habías abandonado tu hogar llevándote unos cuantos «tesoros». Tú eres el hijo pródigo, y seguramente recuerdas cómo termina esa historia.
VI Lo que se te presenta aquí es, nada más y nada menos, el temor a Dios, el último obstáculo a la paz. Estas son palabras mayores, y por eso Jesús te aconseja que no te entretengas con la idea más de lo que es necesario para hacer el ejercicio; tan solo tenla presente, porque es la verdad.
Será en la Segunda Parte de este Libro de Ejercicios donde comenzarás a redimir esta profunda confusión que, literalmente, te está amargando la vida.
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LECCIÓN 12
Estoy disgustado porque veo un mundo que no significa nada.
1. La importancia de esta idea radica en el hecho de que corrige una importante distorsión en la manera en la que percibes.
2Piensas que lo que te disgusta es un mundo temible, triste, violento o demente.
3Todos estos atributos se los has dado tú.
4El mundo en sí mismo no tiene significado.I
2. Estos ejercicios se hacen con los ojos abiertos.
2Mira a tu alrededor, esta vez bastante despacio.
3Trata de pasar lentamente tu mirada de una cosa a otra de una manera bastante uniforme.
4No varíes el tiempo que empleas en considerar cada cosa que ves; trata de mantener el mismo ritmo durante todo el ejercicio.
5Lo que ves no importa.
6Te enseñas esto a ti mismo al concederle igual atención y tiempo a todo lo que miras.
7Este es un paso inicial para aprender a darle el mismo valor a todo lo externo.
3. Mientras miras a tu alrededor, dite a ti mismo:
2Creo ver un mundo temible, un mundo peligroso, un mundo hostil, un mundo triste, un mundo malvado, un mundo demente…
3Y así sucesivamente, usando cualquier término descriptivo que se te ocurra.
4. Si se te ocurren términos que parecen ser positivos en lugar de negativos, inclúyelos también.
2Por ejemplo, podrías pensar en «un mundo bueno» o «un mundo satisfactorio».
3Si se te ocurren tales calificativos, úsalos junto con los otros.
4Puede que todavía no entiendas por qué esos adjetivos «agradables» forman parte de estos ejercicios, pero recuerda que un «mundo bueno» implica un «mundo malo», y un «mundo satisfactorio» implica uno «insatisfactorio».
5Todos los términos que pasan por tu mente son adecuados para los ejercicios de hoy.
6Su aparente calidad no importa.
5. Asegúrate de no variar la duración del tiempo en el que aplicas la idea de hoy a lo que te parece agradable y a lo que te parece desagradable.
2Para los propósitos de estos ejercicios no hay diferencia entre ambos.
3Al final de la sesión de práctica, añade:
4Pero estoy disgustado porque veo un mundo que no significa nada.II
6. Lo que no tiene significado no es ni bueno ni malo.
2¿Por qué entonces debería disgustarte un mundo que no tiene significado?
3Si pudieras aceptar el mundo como algo que no significa nada y dejaras que la verdad se reflejara en él, eso te haría enormemente feliz.
4Pero debido a que el mundo no tiene significado, te sientes impulsado a describirlo como tú quieres que sea.III
5Eso es lo que ves en él.
6Y eso es lo que en verdad no significa nada.
7Bajo tus palabras está inscrita la Palabra de Dios.
8Lo que ahora te disgusta es la verdad, pero cuando tus palabras hayan sido borradas, verás la Suya.IV
9Ese es el objetivo último de estos ejercicios.
7. Practicar la idea de hoy tres o cuatro veces es suficiente.
2Ninguna de estas sesiones debe prolongarse más de un minuto.
3Es posible que incluso eso se te haga demasiado largo.
4Suspende el ejercicio si experimentas tensión.
I El significado de algo es el contenido que un signo o símbolo expresa, y dado que has construido un universo de símbolos desprovistos de amor, lo que percibes a tu alrededor te desagrada. Pero, ¿cómo podría ser de otra manera?
¿Crees que podrías encontrar satisfacción en algo que carece de amor, algo que no está hecho de la misma sustancia que tú, el Amor de Dios? Lo que realmente te disgusta es la irrealidad del mundo que ves, porque, en lo más profundo de ti, reconoces que ese mundo no es real, ya que no se parece a ti.
Si ese mundo fuera como tú, ciertamente lo amarías. Pero aquello que tú sí has creado, que es como tú y amas, no se llama «mundo». Eso es real, y este Curso lo denomina «las Creaciones del Hijo de Dios».
II En el Texto hay una práctica semejante a esta (T-14.XII.9:1-4): «Y cuando tu paz se vea amenazada o perturbada de CUALQUIER manera, dite a ti mismo: No conozco el significado de nada, TAMPOCO DE ESTO. Por eso, NO sé CÓMO RESPONDER A ELLO. Y no usaré lo que aprendí por mí mismo en el pasado para que me guíe ahora».
III Esto es, precisamente, lo que te disgusta: los significados que tú mismo has asignado al mundo. Reflexiona por un momento sobre lo que aquí se dice: «… te sientes impulsado a describirlo como tú quieres que sea».
¿No te resulta sorprendente que desees ver, justamente, un mundo que te desagrada? Esta afirmación es tan impactante que merece que te detengas y te preguntes a ti mismo si realmente es así. Sin embargo, es probable que, por ahora, no hayas logrado desarrollar la honestidad y la claridad necesarias para reconocer las cosas tal como son.
No descartes esta idea, pero tampoco te sientas obligado a aceptarla como cierta solo porque se te ha dicho. Tómate el tiempo necesario para considerarla con calma. Obsérvate, analiza tu mente. Puede que te lleve días, meses, años… o incluso vidas. Eso no importa. Lo importante es no olvidarla, porque el poder de esta idea para liberar tu mente es extraordinario. Cuando finalmente comprendas con claridad que sufres precisamente porque eliges sufrir, habrás descubierto la clave de la felicidad.
IV Lo que ahora te disgusta es la verdad de que el mundo que ves no tiene ningún significado en sí mismo.
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LECCIÓN 11
Mis pensamientos sin significado me están mostrando un mundo sin significado.I
1. Esta es la primera idea vinculada a una fase crucial del proceso de corrección: la inversión de la manera de pensar del mundo.II
2Parece que es el mundo quien determina lo que percibes.
3La idea de hoy introduce el concepto de que son tus propios pensamientos los que configuran el mundo que percibes.III
4Se requerirá mucha práctica para llegar a aceptar esta idea como verdadera.IV
5Alégrate sinceramente de practicarla tal como se presenta aquí, ya que esta idea garantiza tu liberación.V
6En ella se encuentra la clave del perdón.VI
2. Las sesiones de práctica de la idea de hoy deben realizarse de una manera algo diferente a las anteriores.
2Comienza con los ojos cerrados y repite la idea lentamente para ti mismo.
3Luego, abre los ojos y mira a tu alrededor, tanto cerca como lejos, arriba o abajo; a cualquier lugar.
4Durante el minuto que dediques a practicar esta idea, simplemente repítela en silencio, asegurándote de hacerlo sin prisa y sin ninguna sensación de urgencia o esfuerzo.
3. Para conseguir el máximo beneficio de estos ejercicios, tu mirada debe ir bastante rápido de una cosa a otra, ya que no debe detenerse en nada en particular.
2Las palabras, sin embargo, deben pronunciarse sin prisa, incluso de manera relajada.VII
3Practica la idea de la manera más natural posible.
4Contiene el fundamento de la paz, la relajación y la ausencia de preocupaciones que estamos tratando de alcanzar.VIII
5Al concluir los ejercicios, cierra los ojos y repite lentamente la idea una vez más.
4. Tres sesiones de práctica hoy probablemente serán suficientes.
2Aunque, si sientes poca o ninguna inquietud, y te apetece continuar, puedes hacer hasta cinco.
3Más de eso no es recomendable.
I El mundo que creo percibir fuera de mí, al que llamo «la realidad», no tiene un significado intrínseco; únicamente posee el que yo le he asignado a través de pensamientos que, en sí mismos, tampoco tienen significado. Estos pensamientos, concebidos como «formas» insustanciales —la voz del ego—, son el producto de un miedo primigenio: la aparente separación de Dios, Quien es la Existencia misma. En esencia, dichos pensamientos expresan la idea de la separación.
La aparición de un mundo ficticio ante los ojos de un personaje igualmente ficticio actúa, en cierto sentido, como un mecanismo de protección, ya que la idea de estar separado de la Realidad —la soledad absoluta— resulta aterradora e insoportable para la mente. Y, como la naturaleza aborrece el vacío, la mente que contempla esa idea «inventa» una pantalla imaginaria —la conciencia— sobre la cual proyecta sus miedos y deseos. De este modo, la mente sueña el mundo que cree real. Además, dado que la idea de ser un «yo» aislado y apartado de todo es, por naturaleza, fragmentaria, todo lo que percibo aparece también fragmentado y separado.
Aquello que llamo «realidad», «mundo» o «materia», y que considero algo externo, no es más que un conjunto de ideas sin significado que nunca han salido de mi mente, pues solo existen en ella. Este mundo aparentemente está compuesto de elementos cada vez más pequeños —órganos, células, moléculas, átomos, quarks— que surgen como resultado de un proceso disgregador que culmina en la insustancialidad de la indeterminación cuántica.
¿Te has preguntado alguna vez por qué nunca se ha encontrado algo que no esté en perpetuo cambio cuando se examina a fondo? Y si todo cambia constantemente para transformarse en otra cosa, ¿no es precisamente esa naturaleza cambiante lo que definimos como ilusión?
II «… son tus pensamientos los que determinan el mundo que ves» (1:3) es uno de los principios fundamentales del Curso. Esta idea da origen a la célebre afirmación: «Por lo tanto, no trates de cambiar el MUNDO, sino procura más bien cambiar tu forma de pensar SOBRE el mundo» (T-21.I.1:7).
La mente existe; el mundo, en sí mismo, no. Tendemos a creer que el mundo causa —o al menos influye en— lo que pensamos, pero este Curso enseña que es la mente la verdadera causa de todo, mientras que el mundo no es más que el efecto de una mente obnubilada.
III Por primera vez se introduce aquí una idea sorprendente, que se repetirá en diversas formas más adelante, como: «Yo SOY responsable de lo que veo» (T-21.IV.2:3). Esto implica que mis opiniones sobre el mundo no son consecuencia de que el mundo sea de una determinada manera; al contrario, soy yo quien fabrica el mundo que percibo a partir de mi manera de pensar. El mundo no es la causa de mis opiniones, sino su efecto.
Esta noción es un pilar fundamental en la ontología del Curso y constituye la base del perdón. Dado que el mundo, en sí mismo, carece de significado, lo que realmente perdono son mis propios pensamientos carentes de significado. Precisamente porque estos pensamientos son irreales, ellos son los que dan forma a un mundo culpable que yo mismo he inventado.
IV Esta línea aparece en las Notas de Helen, pero no en versiones posteriores, ni en el Urtext.
V No eres víctima del mundo que crees ver, sino de aquello que te cuentas a ti mismo.
VI El mundo no tiene culpa de nada. La culpabilidad que percibo en él es una proyección de mi propia mente. Si lo que observo en el exterior es el resultado de pensamientos carentes de significado, entonces no hay nada en ese mundo aparentemente externo que merezca ser «culpado». Lo único que necesita ser corregido son mis propios pensamientos.
VII A diferencia de los ejercicios anteriores, en este no aplicas la idea de manera concreta a los objetos que te rodean nombrándolos mientras lo haces. En lugar de eso, la repetición de la idea y el cambio en tu mirada no ocurren de forma simultánea. Ambas actividades se desarrollan a ritmos diferentes: la rapidez con la que diriges tu mirada contrasta con la lentitud con la que repites la idea.
VIII Puedo despreocuparme y perdonar lo que percibo porque carece de significado. Solo condeno y juzgo cuando creo que estoy viendo algo con significado: algo malo, perverso o terrible. Sin embargo, si aquello que percibo no tiene significado, no hay razón para condenarlo.
Y si mi mente es la causa de lo que veo, ¿cómo podría juzgarlo? Lo único que puedo hacer es reconocer, como afirma el Texto, que «soy responsable de lo que veo» (T-21.IV.2:3) y elegir cambiar mi propia mente.
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LECCIÓN 10
Mis pensamientos no significan nada.I
1. Esta idea aplica a todos los pensamientos de los que eres consciente o de los que tomas conciencia en los periodos de práctica.
2La razón por la que la idea es aplicable a todos ellos es que no son tus Pensamientos reales.
3Hemos hecho esta distinción antes, y la haremos de nuevo.II
4Todavía no tienes una base para hacer esta comparación.
5Cuando la tengas, no te cabrá la menor duda de que lo que antes creías que eran tus pensamientos en realidad no significaba nada.
2. Esta es la segunda vez que usamos este tipo de idea.III
2La forma es solo ligeramente diferente.
3Esta vez la idea comienza con «Mis pensamientos», en lugar de «Estos pensamientos», y ahora no se establece ningún vínculo con las cosas a tu alrededor.
4Ahora se pone énfasis en la falta de realidad de lo que piensas que piensas.
3. Este aspecto del proceso de corrección comenzó con la idea de que los pensamientos de los que eres consciente no significan nada y refieren a cosas externas, no a algo interno.IV
2Y luego se hizo hincapié en que refieren al pasado en lugar de al presente.V
3Ahora estamos poniendo de relieve que la presencia de estos «pensamientos» significa que, en verdad, no estás pensando.
4Esta no es sino otra manera de repetir nuestra afirmación anterior de que tu mente realmente está en blanco.
5Reconocer esto es reconocer que, cuando piensas que ves algo, en verdad no estás viendo nada.VI
6Darse cuenta de esto es el requisito previo para ver verdaderamente.
4. Para hacer estos ejercicios cierra los ojos, y comienza repitiendo la idea de hoy lentamente para ti mismo.
2Luego añade:
3Esta idea me ayudará a liberarme de todo lo que ahora creo.VII
4Estos ejercicios consisten, como los anteriores, en buscar en tu mente todos los pensamientos que puedas encontrar, sin seleccionarlos por ti mismo ni juzgarlos.
5Intenta no clasificar tus pensamientos de ninguna manera.
6De hecho, si te ayuda, puedes imaginar que estás contemplando una procesión extrañamente variada que tiene poco o ningún significado personal para ti.
7A medida que cada uno de ellos cruce tu mente, di:
8Este pensamiento acerca de ____ no significa nada.
9Ese pensamiento acerca de ____ no significa nada.
5. La idea de hoy, obviamente, también puede servir para desapegarte de todo pensamiento que te perturbe en cualquier ocasión.
2Se recomiendan cinco sesiones de práctica de no más de un minuto de búsqueda mental.
3No es recomendable hacerlo durante más tiempo, y debes reducirlo a medio minuto, o incluso menos, si te sientes incómodo.VIII
4Recuerda, no obstante, repetir la idea lentamente antes de aplicarla de manera específica, y también añadir:
5Esta idea me ayudará a liberarme de todo lo que ahora creo.
I La importantísima idea de hoy es, sin duda, el punto de partida de toda trayectoria espiritual honesta. Préstale mucha atención y procura practicarla exactamente como se te indica. De hecho, deberás tenerla presente en todo momento el resto de tu aparente vida en este mundo.
Es una idea que entraña una gran liberación cuando comprendes bien lo que implica, y es un principio fundamental que te ha de acompañar siempre. No la olvides jamás. Eso que llamas «mis pensamientos» no es otra cosa que la voz del ego en ti; no tiene ninguna relación contigo y carece totalmente de significado.
Tú solamente eres testigo de la voz del ego; no eres su autor. Tú no “construyes” tus pensamientos, sino que te los encuentras ya totalmente conformados en tu mente. Tú no “haces” nada para pensar, simplemente das testimonio de algo que aparece en tu mente y, en tu confusión, llamas “tuyo”.
Este es un asunto en el que es imposible poner excesivo énfasis; nunca será suficiente.
Creer que tienes razón, que lo que piensas es significativo, verdadero y tiene algún valor, es ser arrebatado por la locura del ego. Mas no temas. La práctica sincera y honesta de este Libro de Ejercicios te liberará de ese hábito enfermizo y te proporcionará un estado mental prodigioso.
Este es el comienzo del proceso de purificación mental que te llevará a obrar milagros, y que se menciona en el Principio 7: «Todo el mundo tiene derecho a los milagros. Pero antes es necesaria una purificación».
Es crucial entender que el propósito de este ejercicio no es degradar o despreciar tu mente en absoluto. Tu mente es perfecta y está en eterna unión con la Mente de Dios. Lo que ocurre es que la estás usando mal.
No se trata de un problema mental, sino de un problema de identidad. Te has identificado con algo que no eres en absoluto. Tú no eres un ego ni una persona; eres el Hijo de Dios.
II L-4.2:3 «Ninguno de ellos son tus verdaderos pensamientos, que están siendo encubiertos por ellos».
Pensar es la «actividad» natural de la mente, y es lo mismo que crear, es decir, extender la condición de Ser, que es amar. Pensar, amar, crear, conocer y ser son términos equivalentes.
Tus verdaderos pensamientos son tus Creaciones, las Creaciones del Hijo de Dios, que son tan abstractas, amorosas e ilimitadas como tú mismo.
III La primera vez fue la Lección 4: «Estos pensamientos no significan nada…».
IV Son las Lecciones 1, 2 y 3 en las que se practica con lo que ves a tu alrededor.
Cuando «piensas que piensas», olvidas por completo el carácter puramente mental de los conceptos que constituyen ese proceso, que es absolutamente íntimo y abstracto. El resultado de ese olvido es la «aparición» de un mundo… en tu mente. No es un mundo real; es la ilusión de un mundo.
No hay ningún mundo fuera de la mente, porque no hay nada aparte de la mente. El «contenido» de un pensamiento es la forma que crees ver, pero, si esto es así, ¿qué contenido entonces tiene esa forma? La forma solo es la ilusión de un contenido.
V Lecciones 7, 8 y 9.
VI No estás viendo nada… que se encuentre fuera de ti. Tan solo estás siendo espectador de una película extraordinariamente «realista» que tú mismo estás proyectando en la pantalla de tu conciencia.
Los acontecimientos que contemplas responden a un guion que tú mismo has escrito, y eso hace que veas precisamente aquello que quieres ver. Lo que llamas «mi vida personal» es algo que te concedes a ti mismo, lo cual negarás una y mil veces por la sencilla razón de que no quieres reconocer tu falta de perdón. Todavía te acusas de demasiadas cosas; aún eres incapaz de reconocer tu esencial inocencia.
Pero no te preocupes, tu perdón reescribirá ese guion temible y la película cambiará.
VII Tu mente, creada para generar y extender la creación, se encuentra ahora enfocada en creer. Liberarte de tus creencias es el requisito esencial para poder ver verdaderamente, porque en este momento no ves; simplemente «imaginas». Creer no es más que asumir que aquello que imaginas es real.
VIII Sin duda, llegará un momento en tu vida en el que considerar esta idea te brindará un profundo alivio y una inmensa sensación de liberación. Puede que ahora te resulte perturbadora o incluso incómoda, pero con el tiempo, a medida que reconozcas la verdad y la luz que encierra, tu perspectiva cambiará. No tengas dudas: lo comprenderás.
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LECCIÓN 9
No veo nada tal como es ahora.
1. Esta idea es, obviamente, la conclusión lógica de las dos anteriores.
2Pero si bien puedes aceptarla intelectualmente, es poco probable que signifique algo para ti por el momento. I
3En cualquier caso, tampoco es necesario que la entiendas ahora.
4De hecho, reconocer que no entiendes es el requisito previo para deshacer tus falsas ideas.
5Estos ejercicios se centran en la práctica, no en la comprensión.
6Pues no necesitas practicar aquello que ya entiendes de verdad.
7Ciertamente, no tendría sentido intentar comprender algo y, a la vez asumir que ya lo comprendes. II
2. Es difícil para una mente no entrenada creer que lo que antes pensaba que veía no está ahí.
2Esta idea puede resultar bastante perturbadora y suscitar una gran resistencia que se puede manifestar de muchas maneras.
3No obstante, eso no te ha de impedir que la apliques.
4Lo único que se requiere para este ejercicio, o cualquier otro, es aplicar la idea que se te propone. III
5Cada pequeño paso despejará la oscuridad un poco más y, finalmente, llegará el entendimiento para iluminar cada rincón de la mente que ha quedado limpia de los escombros que la oscurecían.
3. Para realizar estos ejercicios son suficientes tres o cuatro sesiones de práctica.
2Solo tienes que mirar a tu alrededor y aplicar la idea de hoy a todo lo que veas.
3Recuerda que debes aplicar la idea de forma indiscriminada y seguir la regla esencial de no excluir nada deliberadamente.
4Por ejemplo:
5No veo esta máquina de escribir tal como es ahora.
6No veo esta llave tal como es ahora.
7No veo este teléfono tal como es ahora.
8Empieza con las cosas que están más cerca de ti, y luego mira más allá.
9No veo ese perchero tal como es ahora.
10No veo esa cara tal como es ahora.
11No veo esa puerta tal como es ahora.
4. Se enfatiza una vez más que, si bien no deberías intentar incluirlo todo, sí debes evitar cualquier exclusión específica.
2Asegúrate de ser honesto contigo mismo al hacer esta distinción.
3Puede que tengas la tentación de ocultarte a ti mismo esa tendencia.
I Jesús reconoce claramente que hay una enorme diferencia entre aceptar una idea a nivel intelectual y, en verdad, entenderla y asumirla. Quizás aceptes la idea de que no ves nada tal como es ahora, pero puede pasar bastante tiempo antes de que empieces a comprender lo que eso significa.
Afortunadamente, la Lección continúa diciendo que no es necesario que lo entiendas. De hecho, lo que es imprescindible es que reconozcas que ahora no entiendes. Podrías decir que una de las cosas que has de aprender de esta Lección es ¡que no la entiendes!
Reconocer la propia ignorancia —la humildad del estudiante— es esencial para aprender, porque sin este reconocimiento tu falsa «comprensión» lo impide. Esta Lección te invita al descreimiento, es decir, a poner en duda tu creencia de que entiendes lo que «ves».
II La vocación natural de la mente es resolver en el presente las dificultades con las que se encuentra. Ese es su legítimo derecho y también su capacidad, pues fue creada por Dios.
Sin embargo, la mente que tú ahora reconoces y usas para interpretar la realidad no es tu verdadera mente; te has identificado con una minúscula parte de ella y has disminuido casi hasta la nada su infinito potencial. Por eso, es absurdo e inconveniente que intentes comprender lo que se te dice ahora, y en otras muchas instancias de este bendito Curso, con tu defectuoso instrumento.
Ahora no comprendes, pero ciertamente comprenderás. Esa es precisamente la característica más importante de los maestros de Dios que has de poner a trabajar en estas situaciones: la confianza. Haz lo que se te dice y confía, pues ten la certeza de que las palabras de Jesús bien la merecen en esos momentos de oscuridad.
III Quizás hoy te resulte conveniente repasar el último párrafo de la Introducción de este Libro de Ejercicios: «Recuerda solo esto: no es necesario que creas en las ideas que se te proponen. No es necesario que las aceptes. Y tampoco es necesario que las recibas de buen grado. Puede incluso que te opongas activamente a algunas de ellas. Nada de eso importa ni disminuye su eficacia. Pero no te permitas hacer ninguna excepción al aplicar las ideas que contienen estos ejercicios. Cualquiera que sea tu reacción ante esas ideas, utilízalas». (L-In.7).
No se requiere nada más que eso.
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LECCIÓN 8
Mi mente está absorta en pensamientos del pasado.I
1. Esta idea es, por supuesto, la razón por la que solo ves el pasado.
2En realidad, nadie ve nada.
3Lo único que ves son tus propios pensamientos proyectados fuera.II
4El hecho de que tu mente esté absorta en pensamientos del pasado es la causa de la concepción absolutamente errónea del tiempo que padece tu visión.
5Tu mente no puede captar el presente, que es el único tiempo que existe.III
6Por eso no puede entender el tiempo, y por eso, de hecho, no puede entender nada.IV
2. El único pensamiento totalmente verdadero que se puede tener acerca del pasado es que no está aquí.
2Por lo tanto, pensar acerca del pasado siempre es pensar acerca de ilusiones.V
3Muy pocas mentes se han dado cuenta de lo que verdaderamente implica visualizar el pasado o prever el futuro.VI
4De hecho, cuando hace eso, la mente está en blanco porque no está pensando realmente en nada.
3. El propósito de los ejercicios de hoy es comenzar a entrenar tu mente para que reconozca cuándo, en realidad, no está pensando en absoluto.
2Si tu mente está absorta considerando «ideas» sin contenido, está bloqueada a la verdad.
3El primer paso para despejar el camino a la visión es reconocer que tu mente ha estado simplemente en blanco, en lugar de creer que contiene ideas reales.VII
4. Los ejercicios de hoy deben hacerse con los ojos cerrados.
2Esto se debe a que, en realidad no puedes ver nada, y así es más fácil reconocer que, sin importar cuán vívidamente visualices un pensamiento, no estás viendo nada.VIII
3Examina tu mente de manera despreocupada durante el minuto habitual, simplemente tomando nota de los pensamientos que ahí encuentres.
4Nombra a cada uno de ellos por la figura central o tema que contenga, y luego pasa al siguiente.
5Comienza la práctica diciendo:
6Me parece que estoy pensando en ____.
7Luego describe específicamente cada uno de tus pensamientos.
8Por ejemplo:
9Me parece que estoy pensando en…
… nombre de la persona,
… nombre del objeto,
… nombre del suceso,
… nombre de la emoción,
… o lo que sea.
10Concluye la búsqueda mental con:
11Pero mi mente está absorta en pensamientos del pasado.
5. Esto se puede hacer cuatro o cinco veces al día, a menos que notes que te irrita.
2Si lo encuentras incómodo, tres o cuatro veces es suficiente.
3No obstante, podría resultarte útil incluir tu propia irritación en esa búsqueda mental, o cualquier otra emoción que la idea de hoy pueda suscitar.
I Habitualmente, nuestra mente no piensa nada en absoluto; solo contempla ensimismada imágenes del pasado que se proyectan en una pantalla en blanco. Son ilusiones sin contenido (3:2), porque «esos pensamientos no significan nada» (Lección 4). La mente se encuentra en un estado de estupefacción, absorbida en la contemplación de la historia que surge de un irrefrenable diálogo interno: la narrativa del ego construida en torno a miedos, deseos y carencias que vindican la idea que el ego tiene de sí mismo, la cual siempre está teñida de especialismo y grandiosidad. A eso le llamas «pensar», cuando en realidad no es otra cosa que ser testigo de la demencia del ego y asumirla como propia.
La mente es adicta a las historias que ella misma se cuenta porque, tal como se ha visto en el Texto, se siente culpable de haberse separado de Dios y tiene miedo de mirar dentro de sí misma y encontrar el pecado de haber atacado a Dios robándole una identidad exclusiva. Por eso mira siempre fuera de sí misma para encontrar el amor, la paz y la seguridad que cree haber perdido.
En realidad, como no hay nada fuera de sí misma, proyecta un espacio imaginario, lo llena con símbolos de sus miedos y sus deseos, y a eso lo llama «mundo». Esa «realidad» que ahora ve es una falsedad, y por eso necesita sustentarla mediante un incesante diálogo interno que tiene como propósito demostrar su veracidad y evitar que reconozca su verdadera identidad.
II La mente es abstracta, y como tal, solo se relaciona con cosas abstractas, es decir, con ideas. Lo que ocurre es que, a algunas de esas ideas, la mente las llama «cosas», por la sencilla razón de que el contenido de esa idea es ser una «cosa concreta». De esa manera, la mente se engaña a sí misma dos veces.
La primera es cuando concibe y proyecta una idea sin reconocer que eso es lo que ha hecho. La segunda es cuando confunde esa idea con su contenido, y así cree que se está relacionando con algo material y ajeno a ella misma. Ese es el mismo mecanismo que hace que los sueños nocturnos parezcan ser acontecimientos reales mientras dormimos.
El mundo que la mente cree conocer no existe fuera de la mente que lo concibe; las ideas no abandonan su fuente. Esa es la base del perdón: la razón por la que perdonamos es simplemente porque eso que creemos ver fuera no es real, no existe.
III A captar el presente tal como realmente es, este Curso lo llama experimentar el «instante santo», un momento intemporal de felicidad en el que se experimenta una gran paz, un amor profundo y la perfecta conciencia de la propia inocencia, así como la de todo lo que se percibe.
IV Anclada en la aparente realidad del espacio-tiempo, la mente egoica no puede entender nada; tan solo sueña sus propias proyecciones de anhelos y temores.
V Esta es una obviedad que se acostumbra a obviar: lo único presente en la mente cuando se encuentra ensimismada con pensamientos del pasado es un recuerdo distorsionado de aquello que se piensa que sucedió. Así, el presente se ha convertido en el recuerdo de una historia ficticia que te cuentas a ti mismo. Mientras tanto, desperdicias un presente impecable e inmaculado que se te escapa por dedicar tu mente a evocar un pasado que ya no existe.
Las preguntas que debes hacerte son: ¿no es ese un precio excesivo por una irrelevante gratificación en fantasías? ¿Cuál es el rendimiento de semejante inversión? ¿Te ha aportado eso alguna vez algún beneficio? ¿Eres consciente de lo que te estás perdiendo por hacer eso?
Es importantísimo darse cuenta de que todos los recuerdos aparecen en tu mente en el presente de manera totalmente voluntaria, es decir, porque tú quieres traerlos ahí. La razón de esa adicción a evocar eventos del pasado, especialmente los más dolorosos, se explica en la sección «Los obstáculos a la paz» (T-19.IV).
Nada del pasado puede atormentarte en el presente a menos que tú lo evoques y le concedas ese poder. Reconocer esto requiere una gran honestidad, pero la recompensa también es inmensa, porque te pone a ti, y solo a ti, como responsable de tus emociones y también de tu liberación.
VI Visualizar el pasado o prever el futuro es «imaginar», es decir, proyectar y contemplar imágenes en la pantalla de la conciencia. Es entretener la mente en una actividad estéril cuyo único propósito es satisfacer las exigencias del ego.
El guion de la «película» que el ego suscita en tu mente es previsible; de hecho, responde a los mismos patrones de las películas comerciales, en las que un héroe —el ego— se embarca en aventuras que reivindican simultáneamente su sentido de grandiosidad y su vulnerabilidad.
La falsa idea que tuviste de ti mismo en el pasado —tu ego— se sintió ofendida porque ocurrió algo que truncó sus expectativas, y ahora evocas esos eventos en el presente para torturarte y resarcirte de esas afrentas vengándote en fantasías.
VII Es decir, tu objetivo de hoy es simplemente «darte cuenta» de lo que está ocurriendo en tu santa mente a lo largo de la mayor parte del día. Ahora no se trata de cambiar nada; solo hay que tomar conciencia de lo que está ocurriendo. Tú no puedes realizar por ti mismo los cambios que se necesitan en tu mente para abandonar ese estado hipnótico.
VIII No estás viendo nada «real»; solo estás contemplando una ilusión de realidad, una especie de película.
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LECCIÓN 7
Solo veo el pasado.I
1. Esta idea es particularmente difícil de creer al principio.
2Pero es la razón fundamental de todas las anteriores.
3Es la razón por la que nada de lo que ves significa nada.
4Es la razón por la que has dado a todo lo que ves todo el significado que tiene para ti.
5Es la razón por la que no entiendes nada de lo que ves.
6Es la razón por la que tus pensamientos no significan nada, y son como todas las cosas que ves.
7Es la razón por la que nunca estás disgustado por la razón que crees.
8Y es la razón por la que estás disgustado porque ves algo que no está ahí.
2. Cambiar tu antigua noción del tiempo te resulta muy difícil, porque todo aquello que crees está arraigado en el tiempo, y conservarlo depende de que no aprendas estas nuevas ideas.
2Mas esa es precisamente la razón por la que necesitas nuevas ideas acerca del tiempo.
3Esta nueva idea no es realmente tan extraña como parece al principio.
3. Observa, por ejemplo, una taza.
2¿Estás realmente viendo esa taza, o simplemente estás revisando tus experiencias del pasado de levantar una taza, tener sed, beber de ella, sentir su borde en tus labios, desayunar y así sucesivamente? II
3¿Y no se basan también en experiencias pasadas tus sensaciones estéticas ante esa taza?
4¿De qué otra manera sabrías si este tipo de taza se romperá o no si se te cae?
5¿Qué sabes de esa taza excepto lo que aprendiste acerca de ella en el pasado?
6Si no fuera por el pasado, no tendrías ni idea de lo que es esa taza.
7Entonces, ¿realmente la estás viendo? III
4. Mira a tu alrededor.
2Esto es igualmente cierto para cualquier cosa que mires.
3Reconócelo aplicando la idea de hoy indistintamente a todo lo que te llame la atención.
4Por ejemplo:
5Solo veo el pasado en este lápiz.
6Solo veo el pasado en este zapato.
7Solo veo el pasado en esta mano.
8Solo veo el pasado en ese cuerpo.
9Solo veo el pasado en esa cara.
10No te entretengas en ninguna cosa en particular, pero recuerda no omitir nada deliberadamente.
11Echa una rápida mirada a cada objeto, y luego pasa al siguiente.
12Tres o cuatro periodos de práctica, de un minuto más o menos, serán suficientes.IV
I Solo ves el pasado porque el significado de todo lo que percibes se lo adjudicaste en el pasado, y porque, en verdad, tú no te relacionas con las cosas, sino con lo que estas significan para ti. Los significados de las cosas son como etiquetas que tú mismo les pusiste en el pasado. En esa etiqueta viene escrito lo que esa cosa es para ti, y eso no solo atañe a los objetos, sino también, e incluso más claramente, a las personas con las que te relacionas.
Cuando dices que conoces algo o a alguien, en realidad quieres decir que eso ya lo has juzgado en el pasado, y para emitir ese juicio en su día te basaste en lo que aprendiste en un pasado aún más antiguo.
Este Curso le da una enorme importancia a esta idea, no solo aquí, sino también en el Texto. Por ejemplo, tres secciones del Capítulo 13, desde «La función del tiempo» (T-13.IV) hasta «El presente eterno» (T-13.VI), se refieren a la noción del tiempo y al hecho de que «… para el ego el pasado es fundamental, pues en el fondo cree que es el ÚNICO aspecto significativo del tiempo» (T-13.IV.4:2).
Habla de las sombrías figuras del pasado, basadas en ilusiones, que impiden la visión de la realidad presente. Dice: «Nacer de nuevo es dejar ir el PASADO y CONTEMPLAR EL PRESENTE SIN CONDENA» (T-13.VI.3:5).
«…todo aquello que crees está arraigado en el tiempo, y conservarlo depende de que no aprendas estas nuevas ideas» (T-13.IV.2:1). Todo lo que hemos aprendido lo aprendimos del pasado, eso no puede discutirse. Por tanto, todo lo que pensamos que sabemos está basado en el pasado. Miramos al presente a través del filtro de nuestro aprendizaje anterior.
Para entrenar la mente en una nueva manera de contemplar la realidad, es indispensable deshacer antes lo que se ha aprendido y tomado como cierto en el pasado. Por eso, este Curso insiste tanto en no dejar que aquello que aprendiste en el pasado sea la luz que te guíe en el presente.
En lugar de ello, exhorta a dirigirse al Espíritu Santo en todo momento para pedirle que te enseñe Su visión del presente, porque el presente es la oportunidad de asignar nuevos significados a lo percibido. Y eso es precisamente lo que significa «nacer de nuevo» o «renacer».
II Esta misma intuición gnoseológica fue expresada poéticamente por Alfred, Lord Tennyson en su poema «The Ancient Sage», donde afirma que los sentidos no informan de la verdad, sino que reflejan lo que la mente está dispuesta a recibir.
El sabio antiguo
«Una vez, en una aldea solitaria, no había pasado ni un mes cuando oí hablar de un hombre, un Sabio, a quien todos alababan y a quien algunos creían el más sabio de los sabios; aunque otros decían que su verdadera sabiduría no era de este mundo y que vivía apartado, retirado de los hombres, en la montaña. Hacia allí dirigí mis pasos, yo, un joven que apenas había aprendido la fe de la razón, pero que seguía hambriento de algo que alimentara la mente y el corazón.
Lo encontré sentado sobre una roca que miraba hacia el oeste; las montañas ardían en rojo con el atardecer y el valle yacía oscuro abajo. Su semblante era sereno, sus ojos claros, y en su rostro habitaba una paz solemne. Le hablé y le pregunté qué pensaba de la vida y la muerte, de Dios y del destino humano.
No respondió de inmediato; contempló un momento el sol que se hundía y luego se volvió hacia mí y dijo: «Oh tú, que preguntas por tales cosas, aprende primero a conocerte. El mundo exterior no es sino la sombra del mundo interior. Las formas que contemplas son solo signos de algo más profundo que los sentidos no alcanzan.
Los hombres ven las apariencias y las llaman reales; pero lo que ven está modelado por lo que son. El ojo no transmite la verdad, sino aquello que la mente está dispuesta a recibir. El oído solo oye según el corazón que escucha. Así, cada cual fabrica un mundo a su imagen y habita dentro de los límites de su propia visión.
No busques a Dios entre las estrellas o los mares, ni en el trueno ni en el oleaje profundo. No está lejos: es más cercano que tu aliento, más próximo que tus manos y tus pies, más íntimo aún que el pensamiento. El alma que se vuelve hacia dentro lo encuentra ya allí, Vida de la vida.
Ese sentido de «yo» al que ahora te aferras, que dice «estoy separado», «estoy solo», no es más que una nube pasajera ante el sol. Cuando se disuelve, la luz permanece intacta, indivisible y plena.
No preguntes qué será de ti tras la muerte. La muerte es solo un cambio de estado, no el fin del ser. Así como despertaste del sueño, así despertarás de lo que los hombres llaman tumba. El miedo a la muerte nace de ignorar lo que eres.
El tiempo es un sueño que has aprendido a soñar; el espacio, una forma que el pensamiento dio a las cosas. En verdad no hay antes ni después, ni aquí ni allí; todo vive en el Ahora. La eternidad no es tiempo interminable, sino la Presencia profunda en la que el tiempo aparece.
Por tanto, permanece en silencio. Deja caer todo esfuerzo. Cesa el trabajo de la mente ansiosa. La Verdad no se alcanza por el razonamiento ni se apresa por la voluntad o el pensamiento sutil. Llega cuando estás vacío de ti mismo y se revela por sí sola, evidente y segura.
Vive de tal modo que, cuando se descorran los velos de los sentidos y se disuelvan todas las apariencias de la vida exterior, no lamentes la pérdida de lo que era falso, sino que te reconozcas uno con lo que Es».
Calló. El sol se había puesto; las estrellas aparecieron. Y en el silencio del aire de la montaña sentí una Presencia más honda que todas las palabras».
III Este párrafo es un razonamiento gnoseológico que cuestiona la naturaleza misma del hecho de conocer. Aquí se equipara «ver» a «asignar recuerdos», y la pregunta es: ¿es eso lícito? ¿Crees que eso es realmente conocer?
IV Esta línea aparece en la versión de la FIP, pero no está en el Urtext ni en la Notas de Helen.
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LECCIÓN 6
Estoy disgustado porque veo lo que no está ahí.
1. Los ejercicios que vas a hacer con esta idea son muy similares a los anteriores.
2También en este ejercicio es necesario que nombres muy específicamente tanto la forma que adopta la perturbación (enfado, miedo, preocupación, depresión, etc.) como la causa que crees que la ha provocado.
3Por ejemplo:
4Estoy enfadado con ____ porque veo lo que no está ahí. I
5Estoy preocupado por ____ porque veo lo que no está ahí.
2. Puedes aplicar la idea de hoy a cualquier cosa que parezca disgustarte, y puedes utilizarla con provecho a lo largo del día con ese fin.
2Sin embargo, los tres o cuatro periodos de práctica que hoy se requieren deben estar precedidos de más o menos un minuto de búsqueda mental, como en los ejercicios anteriores, y luego aplica la idea a todo pensamiento perturbador que descubras en esa búsqueda.
3. Otra vez, si te resistes a aplicar la idea a algunos pensamientos que te perturban más que a otros, vuelve a recordarte las dos advertencias que usaste en la lección anterior:
2No hay disgustos pequeños.
3Todos ellos perturban por igual mi paz mental.
Y luego di:
4No puedo conservar esta forma de disgusto y desprenderme de las otras.
5Para hacer bien este ejercicio consideraré que todas son iguales.
I Lo que te disgusta no está ahí fuera; está en tu mente. Es en tu mente donde se encuentran el malestar, su causa y también la idea de que todo ello está fuera de ti.
Efectivamente, lo que provoca tu disgusto no es algo que esté presente ante ti, pues, como ya has visto antes, lo que crees ver ahí fuera no tiene ningún significado en sí mismo. Tu enfado, en realidad, proviene de una historia que tú te has contado, de una determinada interpretación de la «realidad».
Lo que te disgusta no es lo que percibes, pues eso que ves en sí mismo no significa nada (L-1). Lo que te disgusta es la interpretación que tú haces de ello porque consideras que frustra tus expectativas, y ahora dices que eso está mal sin pararte a considerar que quizás tus expectativas eran inconvenientes. Una vez que te has erigido en juez de la realidad, es difícil tomar conciencia de la arrogancia que supone sentenciar lo que percibes desde tu exclusivo y peculiar sistema de referencia.
Ver esto con claridad no es una tarea trivial; requiere de una grandísima honestidad. En verdad, es una proeza tal que, cuando la logres, te aportará una enorme liberación y la capacidad de controlar tus estados de ánimo.
Este ejercicio es una invitación a reflexionar, y debes tenerlo en cuenta siempre que cualquier cosa o circunstancia parezca molestarte de cualquier manera. En realidad, lo que te hace sufrir solo es una ilusión de tu propia factura.
Pero estate prevenido, porque comprobarás que, justo en el momento en que cuestiones la causa de tu disgusto, el ego inmediatamente comenzará a proporcionarte de manera automática un sinnúmero de «razones» para justificar tu contrariedad. Los juicios de condena siempre están «justificados», y esa es precisamente la «voz del ego»: un ecosistema perfectamente consistente de «razones» demenciales que has asumido como verdaderas.
Aunque este es tan solo uno de los 365 ejercicios de este Libro de Ejercicios, puedes y debes usarlo a partir de ahora siempre que algo parezca perturbarte. Considera que hoy es el día en que aprendes que la causa de tus disgustos está en ti, y no ahí fuera. Tú eres el responsable de todos tus sufrimientos. Y aunque esa idea ciertamente es perturbadora, date cuenta de que también contiene la clave de tu liberación, pues deja en tus manos el control de todos tus estados mentales.
Tómate muy en serio estos ejercicios, pues son poderosísimas herramientas que te permitirán recuperar el control de tu mente. Lo habías perdido, y ni siquiera te habías dado cuenta de ello.
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LECCIÓN 5
Nunca estoy disgustado por la razón que creo.
1. Esta idea, al igual que la anterior, puede aplicarse a cualquier persona, situación o acontecimiento que creas que te está causando dolor.I
2Aplícala de manera específica a todo aquello que pienses que te causa malestar, y describe el sentimiento que experimentas como te parezca adecuado.
3El disgusto puede parecer miedo, preocupación, depresión, ansiedad, ira, odio, celos o cualquier otro sentimiento que tú percibes como diferentes formas de malestar.
4Mas no es cierto que sean diferentes.
5Sin embargo, hasta que no aprendas que la forma no importa, cada una de ellas es un tema apropiado para la práctica de hoy.II
6Aplicar la misma idea a cada una de estas formas de malestar por separado es el primer paso para llegar a reconocer finalmente que todas son lo mismo.
2. Cuando apliques la idea de hoy a la causa específica que crees que motiva tu disgusto, usa tanto el nombre de la forma en que ves la perturbación como la «causa» que le atribuyes.
2Por ejemplo:
3No estoy enfadado con ____ por la razón que creo.
4No tengo miedo de ____ por la razón que creo.
5Pero, de nuevo, esto no debe sustituir la práctica de buscar primero en tu mente aquello que crees que es la «causa» del malestar que experimentas y la forma en la que se expresa.III
3. En este ejercicio, más que en los anteriores, puede que te resulte difícil ser imparcial y no dar más importancia a unos temas que a otros.
2Quizás te ayude comenzar los ejercicios diciendo:
3No hay disgustos pequeños.
4Todos ellos perturban por igual mi paz mental.IV
5Luego, examina tu mente buscando cualquier cosa que te aflija, sin importar la medida en que creas que lo está haciendo.
4. También es posible que te sientas menos dispuesto a aplicar la idea de hoy a algunas causas de malestar que a otras.
2Si es así, piensa antes en esto:
3No puedo conservar esta forma de disgusto y desprenderme de las otras.
4Para hacer bien este ejercicio consideraré que todas son iguales.
5A continuación, escudriña tu mente durante un minuto más o menos, y trata de identificar las diferentes formas de malestar que te perturban, sin tener en cuenta la importancia relativa que les atribuyes.
6Aplica la idea de hoy a cada una de ellas poniéndole nombre a la causa del disgusto que percibes y al sentimiento que experimentas.
7Otros ejemplos serían:
8No me preocupa ____ por la razón que creo.
9No me deprime ____ por la razón que pienso.
5. Basta con que hagas esto hoy tres o cuatro veces.
I Esta Lección también es muy importante. Las emociones provienen de nuestros juicios. Sin un juicio previo, ninguna emoción es posible. Todo malestar o disgusto proviene de un juicio de condena, de algo que rechazamos porque quiebra nuestras expectativas. Tal como el dolor es una indicación de que algo anda mal en el cuerpo, el malestar emocional indica que algo anda mal en la mente.
Si sufrimos de alguna manera, es que estamos usando la mente mal, pues estamos pensando algo que no es verdad. En ese sentido, todo lo que no es verdad es lo mismo: una falsedad. Nuestros enfados son la respuesta emocional a una historia que nos hemos contado, según la cual la idea que tenemos acerca de nosotros mismos —nuestro ego— o nuestra idea de cómo debería ser la realidad —nuestro mundo ideal imaginado— han sido ultrajadas. Ambas ideas son falsas, arbitrarias y cambiantes.
II El mundo de las formas es el lenguaje simbólico que utiliza la percepción. Al igual que Sigmund Freud acertadamente describió las figuras de los sueños como símbolos de causas emocionales subyacentes, la percepción es el sueño del mundo, y también es un efecto de causas profundas. Por eso, las formas, por sí mismas, «no importan», porque solo son efectos.
III Es decir, no basta con declarar que no estás disgustado por una determinada razón. Tienes que buscar en tu mente la idea que te ha llevado a sentirte mal, el porqué de tu malestar.
IV Todo disgusto o malestar tiene una función positiva: es un recordatorio para instarte a recuperar la paz mental. Debemos tener en cuenta que nuestra paz ha sido perturbada por un pensamiento previo que, como indica la Lección anterior, «no significa nada», pero que nosotros hemos considerado verdadero e importante.
En cierta manera, el ego podría describirse como «aquel» que piensa que lo que imagina es verdadero e importante. Ese «ser» no existe; es tan solo una «posición» caprichosa de la mente.
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LECCIÓN 4
Estos pensamientos no significan nada.
1. Estos pensamientos no significan nada; son como las cosas que veo en esta habitación, en esta calle, desde esta ventana, en este lugar.I
2. A diferencia de los ejercicios anteriores, estos no comienzan con la idea del día.
2En las prácticas de hoy, empieza tomando nota de los pensamientos que cruzan por tu mente durante aproximadamente un minuto.
3Luego aplícales la idea.
4Si estás teniendo pensamientos infelices, úsalos con esta idea.
5Pero no selecciones únicamente los pensamientos que tú crees que son «malos».
6Si te adiestras en mirar tus pensamientos, descubrirás que representan una mezcla tal que, en cierto sentido, ninguno de ellos puede ser llamado en sí mismo «bueno» o «malo».
7Esa es la razón por la que no significan nada.
3. Al seleccionar los pensamientos para aplicarles la idea de hoy, es necesario ser muy específico, como siempre.
2No tengas miedo de usar tanto los pensamientos «buenos» como los «malos».
3Ninguno de ellos son tus verdaderos pensamientos, los cuales precisamente están siendo encubiertos por los que ahora crees que tienes.II
4Los «buenos» pensamientos de los que eres consciente no son más que sombras de lo que hay más allá, y las sombras siempre dificultan la visión.
5Por otra parte, los «malos» son obstáculos a la visión y la imposibilitan.
6Por eso tampoco los quieres.
4. Este es un ejercicio importante, y se repetirá de vez en cuando de forma algo diferente.III
2El objetivo de esta lección es entrenarte en los primeros pasos hacia la meta de separar lo que no significa nada de lo que sí es significativo.
3Es un primer intento en el objetivo a largo plazo de aprender a ver lo que no significa nada como algo externo a ti y a ver lo significativo en tu interior.IV
4También es la manera de comenzar a entrenar tu mente para reconocer lo que es igual y lo que es diferente.
5. Al usar tus pensamientos para aplicarles la idea de hoy, identifica cada uno de ellos por la figura central o el evento que contiene. Por ejemplo:
2Este pensamiento acerca de ____ no significa nada.
3Es como las cosas que veo en esta habitación (en esta calle, etc.).
6. También puedes usar la idea para un pensamiento en particular que reconozcas como dañino.
2Esta práctica es útil, pero no debe sustituir el procedimiento de elegir al azar, que es el que se debe seguir para los ejercicios.V
3Sin embargo, no examines tu mente por más de un minuto, más o menos.
4Todavía no tienes la experiencia suficiente para evitar tu tendencia a preocuparte inútilmente.
5Además, dado que estos ejercicios son los primeros de su tipo, es posible que te resulte particularmente difícil no juzgar tus propios pensamientos.
6No repitas estos ejercicios más de tres o cuatro veces al día.
7Los haremos de nuevo.
I Presta mucha atención a esta Lección, pues es una de las más liberadoras de este Libro de Ejercicios. Reconocer que tus propios pensamientos no significan nada es el epítome de la humildad y la más pura expresión de la verdad socrática: «Yo solo sé que no sé nada». La práctica sincera de esta Lección sana la mente de manera instantánea, pues evita que se adhiera a ideas que no son ciertas, sino arbitrarias.
Los pensamientos que aparecen en tu mente son la manifestación de dinámicas egoicas causadas por el miedo y el deseo, y la consecuencia inevitable de albergar una idea espuria sobre la propia identidad. Tus pensamientos son historias caprichosas construidas en torno a tus anhelos y temores.
Trata de darte cuenta de que eso que piensas no es nada «tuyo». Ciertamente tú eres «testigo» de esos pensamientos, mas no eres su causa. Fíjate en que tú no has «hecho» nada para pensar como piensas; no hay una participación volitiva tuya previa al «hecho» de pensar. Tus pensamientos ocurren en la mente, y tú los suscribes de manera descuidada y los llamas «tuyos».
Puedes llamar con todo derecho a esos pensamientos «la voz del ego», y puedes, y debes, desestimarlos con toda tranquilidad. De hecho, eso es lo que vas a aprender a hacer a lo largo de este entrenamiento mental que acabas de comenzar.
Procura comprender bien lo que sigue, pues de ello depende que entiendas lo que ocurre en tu mente cuando dices que «piensas». Lo que llamas «mis pensamientos» son narraciones: historias que te cuentas a ti mismo sobre cosas o circunstancias que tu mente considera tras fragmentar la Realidad en elementos separados.
Toma cualquier pensamiento que surja y verás que lo que estás considerando no es la cosa en sí, sino una descripción de ella que, además, das por verdadera. No conoces la cosa (ni la circunstancia); conoces su descripción. Confundes la cosa misma con la historia que has construido sobre ella. Es como si un niño, al oír a su padre decir que necesita un coche nuevo, intentara ayudarle entregándole un torpe dibujo de un coche recién pintado en una hoja de papel. Es una confusión infantil. La humanidad está en su infancia.
Confundir lo que algo es con su descripción es la tragedia de la humanidad, y se vuelve especialmente grave cuando se trata de lo que tú eres. Confundes lo que eres con lo que te dices sobre ti mismo. Confundes tu Ser con tus propias opiniones.
En verdad, bastaría reconocer que tus cambiantes opiniones sobre tu realidad no pueden ser ciertas precisamente por su mutabilidad. Pero esa arrogancia tan «humana» de creer continuamente que tienes «razón» te impide conocer tu verdadera Identidad.
No te preocupes: este Curso que comienzas está diseñado específicamente para sanar este funesto sesgo cognitivo. Tómalo muy en serio, pues tu felicidad depende de ello.
II Tus verdaderos pensamientos como Hijo de Dios —no como persona— son los que piensas con tu Padre y Creador. Esos Pensamientos son ilimitados, eternos, perfectamente abstractos e infinitamente amorosos; es decir, son reales, y en el Texto se les llama las Creaciones del Hijo de Dios. Son lo opuesto de los que ahora consideras tus pensamientos, que son limitados, fugaces, concretos, y, aun el más benévolo de ellos, no deja de albergar algún componente de miedo.
III Efectivamente, lo es. Tenlo presente en todo momento. Es una de las ideas más sanadoras que existen, y la repetirás en la Lección 10. Aceptar plenamente la falta de significado, pertinencia e importancia de eso que llamas «mis pensamientos» es crucial para conseguir disociarte de la idea egoica de una identidad independiente, separada, exclusiva y limitada.
IV Esta Lección, en cierto sentido, explica las precedentes. Lo que crees ver fuera de ti no significa nada porque, en realidad, son pensamientos tuyos proyectados que carecen de significado intrínseco. Las formas que ves fuera de ti mismo son proyecciones, efectos de causas subyacentes internas. Son como las figuras de los sueños nocturnos: símbolos que manifiestan miedos y deseos.
Sin embargo, tú eres real, tú no cambias, tú siempre eres tú. Tú sí eres «significativo», aun cuando todavía no sabes bien en qué consiste ese significado.
V Es decir, la norma para estos primeros ejercicios es aplicar la idea diaria a cualquier objeto o pensamiento. Esta Lección pone en evidencia que cualquier pensamiento que elijas pierde su carga emocional si dejas de darle importancia, precisamente por no ser significativo. Su significado es absolutamente personal y arbitrario, y la emoción que provoca el pensamiento proviene exclusivamente de la importancia que tú le concedes.
A estas alturas, después de haber estudiado bien el Texto, te habrás dado cuenta de que dejar de darle importancia a eso que tú llamas «mis pensamientos» es en lo que consiste el verdadero perdón que este Curso propugna. En este mundo, lo único que puedes y debes perdonar son «tus» propios pensamientos.
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LECCIÓN 3
No entiendo nada de lo que veo.
1. No entiendo nada de lo que veo en esta habitación, en esta calle, desde esta ventana, en este lugar.I
2. Aplica esta idea de la misma manera que en las lecciones anteriores, sin hacer distinciones de ningún tipo.
2Cualquier cosa que veas se convierte en un tema apropiado para su aplicación.
3Asegúrate de que no cuestionas si algo es adecuado o no para aplicarle la idea.
4Estos ejercicios no son para juzgar nada.II
5Cualquier cosa es adecuada solo por el hecho de verla.
6Puede que algunos de los objetos que veas tengan un significado emocional para ti.
7Trata de dejar de lado esos sentimientos y simplemente aplícales la idea exactamente como lo harías con cualquier otra cosa.
3. El objetivo de estos ejercicios es ayudarte a borrar de tu mente todas las asociaciones que estableciste en el pasado, a ver las cosas exactamente como aparecen ahora ante ti y a darte cuenta de lo poco que realmente las comprendes.III
2Por lo tanto, es esencial que mantengas una mente perfectamente abierta al seleccionar las cosas a las que se aplicará la idea del día, sin que se vea obstaculizada por tus opiniones.
3Para ello, cualquier cosa es semejante a otra; igualmente apropiada y, por lo tanto, igualmente útil.
I Digas lo que digas, en verdad y en sentido último, si eres absolutamente honesto contigo mismo, tienes que reconocer que no entiendes nada de lo que percibes, si bien te has convencido de lo contrario contándote historias que tú mismo has inventado, o que te han contado, sobre las cosas del mundo.
Date cuenta de hasta qué punto la idea que tienes de ti mismo condiciona cómo interpretas lo que percibes. Si eres músico, verás tus manos como instrumentos de tu arte, pero si eres médico, quizás te fijarás en su estado de salud. Puede que un biólogo considere su funcionamiento a nivel celular, y es probable que un físico piense en ellas como un agregado de átomos. Percibes el reflejo de la idea que tienes de tu propia identidad proyectada sobre un imaginario ámbito externo, lo cual, en definitiva, no es más que una historia que tú te cuentas a ti mismo.
Reconócelo: en verdad, no entiendes lo que percibes.
Quizás te resulte útil comprender que, en estas primeras Lecciones, estás aprendiendo a cuestionar los principios ontológicos y gnoseológicos de tu sistema de pensamiento, es decir, qué es para ti la realidad y cómo la conoces.
II No son ejercicios para que des tu opinión sobre nada. Aquí no se trata de lo que tú opinas, sino de qué está ocurriendo en tu mente cuando percibes algo.
III Más adelante se explicará por qué.
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LECCIÓN 2
Yo soy quien le ha dado significado a todo lo que veo.
1. Yo le he dado a todo lo que veo en esta habitación, en esta calle, desde esta ventana, en este lugar, todo el significado que tiene para mí.I
2. Los ejercicios a realizar con esta idea son iguales a los de la primera lección.
2Comienza con las cosas que están cerca de ti y aplica la idea a cualquier cosa en la que se pose tu mirada.
3Y luego amplía tu campo visual.
4Gira la cabeza para incluir lo que haya a cada lado.
5Si es posible, date la vuelta y aplica la idea a lo que hay detrás de ti.
6Sigue siendo lo más ecuánime posible al seleccionar los objetos.
7No te concentres en nada en particular y no intentes incluir todo lo que haya en una zona determinada, pues eso te causaría tensión.
3. Simplemente, echa una mirada rápida y relajada a tu alrededor, tratando de evitar seleccionar los objetos en función de su tamaño, brillo, color, material o por la importancia que tengan para ti.
2Practica con cualquier cosa que veas.
3Trata de aplicar el ejercicio con la misma facilidad a un cuerpo que a un botón, a una mosca o al suelo de la habitación, a un brazo o a una manzana.
4El único criterio para aplicar la idea a algo es simplemente que tus ojos se hayan fijado en ello.
5No intentes incluir ninguna cosa en particular, pero asegúrate de tampoco excluir nada deliberadamente.
I El único significado que tienen las cosas del mundo para ti se lo has dado tú, pues, en sí mismas, las cosas de este mundo no tienen ningún significado. La prueba de esto es que una misma cosa puede tener diferentes significados para distintos sujetos. Por ejemplo, esta silla significa algo completamente diferente para ti que para tu perro.
Si bien los pensamientos siempre son subjetivos, pues es un «sujeto» quien los concibe, la mente personal tiene una fortísima tendencia a «objetivar» sus propios pensamientos, a pensar que son ciertos y a creer que eso que piensa es verdad de manera universal. Obviamente, todo lo que la mente personal concibe es subjetivo, pero la propia mente lo olvida y lo eleva a la categoría de «hecho cierto».
Esta Lección te insta a que te des cuenta de que, en verdad, eres tú quien le ha dado significado a todo lo que contemplas, ya sea porque el mundo te lo ha enseñado o por tu propio criterio. En cualquier caso, en última instancia, eres tú quien ha sancionado ese juicio como verdadero.
Date cuenta también de que eso aplica tanto a aquello que dices conocer como a aquello que afirmas que desconoces. Pues aquello que denominas desconocido o incognoscible también lleva encima una etiqueta de tu propia factura, una etiqueta en la que pone: «Yo no sé lo que eso significa». Así es como «catalogas» incluso aquello que crees que no conoces.
Hoy debes aprender a tomar conciencia de que siempre te relacionas con todo lo que percibes en tus propios términos.
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INTRODUCCIÓN y LECCIÓN 1
1. Para que estos ejercicios tengan sentido se necesita la base teórica que presenta el Texto.I
2Mas es la práctica de los ejercicios lo que permitirá alcanzar el objetivo de este Curso.II
3Una mente no entrenada no puede lograr nada.
4El propósito de estos ejercicios es entrenar la mente a pensar de acuerdo con los principios que este curso propone.
2. Los ejercicios son muy sencillos.
2No requieren más que unos pocos minutos, y no importa dónde o cuándo los hagas.
3No necesitan preparación.
4Las lecciones están numeradas del 1 al 365.
5El periodo de formación es de un año.
6No hagas más de una lección al día.
3. El propósito de este libro de ejercicios es entrenar la mente para alcanzar una percepción diferente de todo lo que hay en el mundo.III
2Este libro de ejercicios está dividido en dos secciones.
3La primera es para deshacer lo que ahora ves.IV
4Y la segunda es para restaurar la visión.V
4. Se recomienda repetir cada ejercicio varias veces al día, preferiblemente en un lugar diferente cada vez, y, si es posible, en toda situación en la que pases bastante tiempo.
2El objetivo es entrenar la mente en generalizar las lecciones, a fin de que comprendas que cada una de ellas es tan aplicable a una situación como a otra.
3A menos que se indique lo contrario, los ejercicios deben hacerse con los ojos abiertos, pues el objetivo es aprender a ver.
4La única regla que debe seguirse en todo momento es practicar los ejercicios exactamente como se indica.
5Aplica la idea diaria a toda situación en la que te encuentres y a todo lo que veas en ella.
5. Estos ejercicios están diseñados en torno a una idea central.
2La práctica consiste en aplicar esa idea a tantas cosas concretas como sea posible.
3Asegúratede no decidir que hay algunas cosas a las que la idea del día no puede aplicarse.
4El objetivo de los ejercicios siempre será extender la aplicación de esa idea central a todo.
5Esto no requerirá ningún esfuerzo por tu parte.
6Los ejercicios en sí mismos reúnen las condiciones necesarias para este tipo de transferencia.VI
7Tan solo asegúrate de no hacer excepciones al aplicar la idea.
8Eso interferiría con la transferencia de lo que has aprendido.VII
9La transferencia de lo que aprendes en un estado de percepción verdadera no procede como la transferencia de lo que el mundo enseña.
10Si has alcanzado una percepción verdadera en relación con cualquier persona, situación o evento, es seguro que ocurrirá una transferencia total a todo el mundo y a todas las cosas.
11Por otro lado, si excluyes una sola cosa de la verdadera manera de percibir, no podrás transferir esa manera de ver a nada.
12La naturaleza misma de la percepción verdadera es que no tiene límites.
13Es lo opuesto a la manera en que ves ahora.
6. Algunas de las ideas expuestas te resultarán difíciles de creer, y otras te parecerán bastante sorprendentes.
2Eso no importa.
3Solo se te pide que las apliques a todo lo que ves.
4No se te pide que las juzgues, ni siquiera que creas en ellas.
5Se te pide simplemente que las utilices.
6Su uso es lo que hará que tengan sentido para ti y te demostrará que son verdaderas.
7. Recuerda solo esto:
2No es necesario que creas en las ideas que se te proponen.
3No es necesario que las aceptes.
4Y tampoco es necesario que las recibas de buen grado.
5Puede incluso que te opongas activamente a algunas de ellas.
6Nada de eso importa ni disminuye su eficacia.
7Pero no te permitas hacer ninguna excepción al aplicar las ideas que contienen estos ejercicios.
8Cualquiera que sea tu reacción ante esas ideas, utilízalas.
9No se requiere nada más que eso.
I El dictado del dictado del Texto comenzó el 21 octubre de 1965 y concluyo el 10 de octubre de 1968. El dictado del Libro de Ejercicios comenzó el 26 de mayo de 1969.
Con el Libro de Ejercicios comienzas una práctica estructurada y sistemática del nuevo sistema de pensamiento que se te ha propuesto en el Texto de Un Curso de Milagros. Ahí es donde se explican los fundamentos teóricos de esta nueva manera de usar la mente, es decir, los principios ontológicos (qué es real) y gnoseológicos (qué es conocer) de ese paradigma. Sin embargo, conocerlos y saber cuáles son no te servirá de nada a menos que se conviertan en tu nueva manera de usar la mente.
Quizás lo más importante de lo que has de ser consciente al comenzar esta práctica es que el proceso de invertir tu sistema de pensamiento no es un asunto trivial; es una proeza de tal magnitud que ahora eres incapaz siquiera de imaginar. Por eso, antes de intentarlo, has de comprender que, para conseguirlo, necesitarás toda la humildad, honestidad y perseverancia que seas capaz de encontrar dentro de ti, y que también tendrás que pedir ayuda todo el tiempo al Espíritu Santo y a Jesús. Mas no te preocupes. Si tu propósito es sincero, Su fortaleza y Su luz te acompañarán siempre. Esa es Su función; la tuya es simplemente seguirlos. La Voz de Dios y el Hermano que te ama son tan íntimos y tan próximos a ti que, si bien puedes no escucharlos, es imposible apartarlos verdaderamente de tu mente y de tu corazón. Cuenta con Ellos, porque Ellos confían en ti y cuentan contigo. Ellos saben perfectamente quién eres tú; Ellos saben que tú eres el Salvador del mundo.
También es fundamental que te esfuerces en seguir de manera precisa las instrucciones que las Lecciones te presentan. Recuerda que tienes todo el tiempo que necesites para hacer bien una Lección; si quieres, puedes tomarte varios días para ello, pero hazla bien, hazla de todo corazón. Presta especial atención a las Lecciones que te resulten más difíciles, pues son una indicación de los aspectos más enfermos de tu mente, los que requieren una mayor sanación. Esa dificultad se puede presentar como desagrado, incomodidad o simplemente olvido. Todo eso no son sino diferentes estrategias del ego para impedir que cambies.
Por último, ahora comienzas un periodo excepcional en tu vida de una duración limitada. Es una práctica que, si la haces bien, te va a poner en una condición mental de permanente dicha, paz y confianza. Es un entrenamiento que, cuando lo concluyas, se convertirá en la única manera gozosa de estar en este mundo, y ya nunca más tendrás que esforzarte por nada, salvo en no olvidar que eres el Hijo de Dios.
Ten la absoluta seguridad de que eres muy afortunado: estás a punto de embarcarte en una maravillosa aventura de amor y libertad.
II Estudiar la teoría solo es el comienzo del proceso de aprendizaje. Ahí es donde se te hacen una serie de propuestas sobre cómo usar bien la mente, pero es la puesta en práctica de esos planteamientos lo que hará que tu mente se consolide en este nuevo paradigma. Para que tu mente cambie no basta con conocer esas propuestas; es necesario que tomes la decisión de asumirlas y las apliques a tu vida diaria de manera consistente.
Este es un Curso sobre la voluntad: sobre la voluntad de cambiar tu antigua voluntad para adquirir una nueva, la de querer realidad en lugar de ilusiones. Y eso solo se consigue con el ejercicio de tu nuevo querer a través de la práctica de estas benditas Lecciones. En el Texto aprendes cuál es tu verdadera voluntad, y con la práctica del Libro de Ejercicios la ejerces.
III Pero para conseguir ver el mundo de manera diferente es imprescindible querer verlo así; la voluntad de adquirir una nueva visión es esencial. Por eso, solo alcanzarán esa experiencia quienes, totalmente desengañados de lo que el mundo les ha enseñado, se muestren abiertos y receptivos a usar sus mentes de una nueva manera. Aquellos que no estén fuertemente motivados a hacer ese cambio no alcanzarán ese objetivo.
IV La Primera Parte de este Libro de Ejercicios, desde la Lección 1 hasta la 220, se ocupa de desacreditar tu antiguo sistema de pensamiento, desmontando las falsas creencias que lo sustentan. Casi todas las primeras 30 Lecciones son claramente negativas, pero, a partir de ahí, se comienzan a introducir los fundamentos de una nueva manera de relacionarse con el mundo, mucho más luminosa. Los ejercicios que las acompañan son muy estrictos y se realizan con precisas indicaciones que hay que procurar cumplir con exactitud, pues uno de sus principales objetivos es disciplinar la mente.
V La Segunda Parte es muy diferente, pues trata más de aspiraciones que de propuestas concretas. La mente, ahora purificada y entrenada, se dedica a la búsqueda de la experiencia mística de unión con Dios por medio de la oración y la contemplación. Es el tiempo de recoger los frutos del trabajo previo y sentar las bases de una nueva manera de vivir en el mundo centrada en Dios.
VI A partir de esta línea y hasta el final del párrafo, es un texto que aparece en la versión de la FIP, pero que no está en el Urtext ni en las Notas de Helen.
VII En psicología, la transferencia del aprendizaje se refiere a la capacidad de aplicar algo que se aprendió originalmente en un contexto a otros contextos.
LECCIÓN 1
Nada de lo que veo significa nada.
1. Nada de lo que veo en esta habitación, en esta calle, desde esta ventana, en este lugar, significa nada.I
2. Ahora, mira lentamente a tu alrededor y aplica esta idea de manera muy específica a todo lo que veas:
2Esta mesa no significa nada.
3Esta silla no significa nada.
4Esta mano no significa nada.
5Este pie no significa nada.
6Este bolígrafo no significa nada.
3. Luego, mira un poco más lejos y aplica la idea a un rango de cosas más amplio:
2Esa puerta no significa nada.
3Ese cuerpo no significa nada.
4Esa lámpara no significa nada.
5Esa señal no significa nada.
6Esa sombra no significa nada.
4. Fíjate en que estas declaraciones no tienen ningún orden y no tienen en cuenta las diferencias en el tipo de cosas a las que se aplican.
2Ese es precisamente el propósito del ejercicio.
3La declaración simplemente se aplica a todo lo que ves.
4Cuando practiques la idea del día, hazlo de manera totalmente indiscriminada.
5No intentes aplicarla a todo lo que ves, porque estos ejercicios no deben convertirse en rituales.
6Tan solo asegúrate de no excluir específicamente nada de lo que ves.
7Una cosa es como cualquier otra en lo que respecta a la aplicación de la idea.
5. Ninguna de las tres primeras lecciones debe hacerse más de dos veces al día, preferiblemente por la mañana y por la noche.
2Tampoco se deben hacer durante más de un minuto, a menos que eso te parezca precipitado.
3Es esencial mantener una sensación de bienestar en todo momento.II
I En esta Lección declaras que las cosas de este mundo –eso que llamamos «la realidad»– en sí mismas no tienen ningún significado. En Lecciones posteriores verás por qué; ahora, eso tú no lo sabes. Aquí se te pide que mires cualquier cosa a tu alrededor y declares que eso no significa nada. Es muy importante que entiendas que no se te pide en absoluto que creas en lo que estás diciendo. Si lo creyeras, no tendrías necesidad de hacer esta práctica. Únicamente mira y declara que eso que contemplas no significa nada. Solo eso. Puedes y debes hacer este ejercicio en un estado de perfecta comodidad y libertad mental.
Jesús nunca, jamás, te exigirá nada y nunca, jamás, te culpará de nada. Él te conoce tan bien como se conoce a sí mismo, y por eso te ama. Él sabe que eres tan libre e inocente como él, porque eres su hermano, Hijo del Mismo Padre. Él solo quiere liberarte de una confusión que te ha hecho olvidar tu verdadera identidad y ha enfermado tu mente. Él ha recordado Quién es y quiere compartir ese feliz descubrimiento contigo.
«Eso que veo no significa nada» es una declaración que conlleva una honestidad de la que tú, por ahora, no eres capaz. No te preocupes. Esta práctica será lo que te llevará a alcanzarla.
Una vez más: no te fuerces a ti mismo a creer los postulados de, sobre todo, estas primeras Lecciones. Reconoce con honestidad que lo que aquí se dice es completamente ajeno y extraño a lo que tú crees ahora. No te impongas a la fuerza una nueva verdad. En lugar de eso, practica las Lecciones tal como se te pide y pregúntate: «¿Será eso verdad?» No intentes responder a esa pregunta; simplemente, déjala en tu mente como una oración que elevas a lo Alto y confía en que, en algún momento, la Verdad te responderá y se hará la Luz en tu mente. Y cuando eso ocurra, comprenderás que esa Verdad, esa Luz que andabas buscando, es precisamente lo que tú eres.
II Este párrafo no aparece en las Notas ni en el Urtext, pero sí en la versión Criswell/FIP. Es probable que provenga de un dictado posterior de Jesús a Helen en el momento de la edición.
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