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LECCIÓN 36
Mi santidad envuelve todo lo que veo.I
1. La idea de hoy extiende la idea de ayer del sujeto que percibe a aquello que percibe.
2Tú eres santo porque tu mente forma parte de la Mente de Dios.
3Y, como eres santo, tu visión también debe ser santa.
4«Impecable» significa sin pecado.
5No puedes estar libre de pecado solo un poco.
6O bien eres impecable, o no lo eres.
7Si tu mente forma parte de la de Dios debes ser impecable, o una parte de Su Mente sería pecaminosa.
8Tu visión es debida a Su Santidad, no a tu ego, y, por lo tanto, no a tu cuerpo.
2. Hoy se requieren cuatro sesiones de práctica de tres a cinco minutos cada una.
2Trata de distribuirlas de manera uniforme y realiza aplicaciones breves con frecuencia para protegerte a lo largo del día.
3Las prácticas más largas deben hacerse de esta forma:
3. Primero, cierra los ojos y repite la idea de hoy varias veces lentamente.
2Luego, abre los ojos y mira bastante despacio a tu alrededor, aplicando la idea de manera específica a cualquier cosa que observes en una inspección casual.
3Di, por ejemplo:
4Mi santidad envuelve esa alfombra.
5Mi santidad envuelve esa pared.
6Mi santidad envuelve estos dedos.
7Mi santidad envuelve esa silla.
8Mi santidad envuelve ese cuerpo.
9Mi santidad envuelve este bolígrafo.
10Cierra los ojos y repite la idea para ti mismo varias veces durante estos periodos de práctica.
11Luego, abre los ojos y sigue nombrando objetos como antes.
4. Durante las aplicaciones breves, cierra los ojos y repite la idea, mira a tu alrededor mientras la repites de nuevo, y concluye con una repetición más con los ojos cerrados.
2Todas las aplicaciones deben hacerse muy lentamente, sin esfuerzo y con la menor premura posible.
I Las Lecciones anteriores se han centrado en la naturaleza de nuestra mente y su identidad real: somos parte de la Mente de Dios, y esto nos hace santos. Ahora, esta Lección da un paso más allá y aplica esa santidad —que primero reconocimos en nosotros— a todo lo que vemos.
Si el que ve (la mente) es santo, lo que percibe no puede sino verse cubierto por esa santidad. Es la misma lógica de causa y efecto: la causa (nuestra mente en comunión con la Mente de Dios) produce un efecto (una visión santa y libre de pecado).
«Mi santidad envuelve todo lo que veo» implica, ante todo, reconocer que nuestra santidad no depende de méritos personales, sino de la unión de nuestra mente con la Mente de Dios. Esa raíz divina nos define como impecables desde el mismo acto de la Creación, de modo que la fuente de nuestra visión no es el ego, sino el Espíritu Santo. Al provenir de esta fuente, todo cuanto contemplamos queda inevitablemente iluminado por esa santidad intrínseca. A la vez, ello nos libera de la necesidad de buscar pecado o error en el exterior, pues el verdadero punto de partida es la certeza de que ya somos inocentes. Desde ahí, la mente deja de proyectar culpa sobre el mundo y comienza a descubrir la misma inocencia en todo lo que ve.
Para practicar la idea de hoy tienes que desvincularte de la idea que ahora tienes de ti mismo perdonándola, reconocer que no sabes quién eres, y abrirte a una nueva interpretación de ti mismo. Pero, para lograr eso, vas a necesitar una firme voluntad y un poco de fe. No sabes bien lo que es la fe, no sabes cómo incrementarla ni sabes usarla. No te preocupes, todo eso se resuelve precisamente con fe.
Practica con fe la Lección de hoy. No te hagas ninguna pregunta al respecto, simplemente hazlo de todo corazón, y mira lo que pasa. Te vas a sorprender. Tú, que no tienes fe, y ni siquiera sabes lo que es, vas a hacer milagros… por medio de la fe. La fe solo existe en la acción y en el presente. Se manifiesta repentinamente en el presente y lo transforma todo con su ilimitado poder. La fe va a permitir que tu santidad envuelva todo lo que ves y lo transforme con su poder sanador. Simplemente, ten fe y mira al mundo con ojos nuevos.
Esta Lección refuerza la idea de que lo santo no puede ser percibido parcialmente. Al afirmar «Mi santidad envuelve todo lo que veo», declaramos que no hay nada ni nadie excluido de la visión del Amor. Es una visión total, porque la santidad no se divide ni se «dosifica».
Con esta práctica, nos entrenamos en reconocer la santidad en nuestro interior y en extenderla a todo lo que contemplamos, deshaciendo la tendencia a separar lo «sagrado» de lo «profano», pues todo se ve envuelto en la misma Luz. Al mismo tiempo, integramos mente y percepción externa, cultivando la experiencia de ser uno con Dios y, por ende, con toda la Creación.
El Curso nos invita, así, a un cambio de mentalidad radical: dejar de ver el mundo como algo separado o potencialmente pecaminoso y empezar a contemplarlo como una extensión de la misma santidad que habita en nosotros.
De este modo, la Lección se convierte en un ejercicio práctico de unificación y perdón, recordándonos el poder que tenemos para ver el mundo desde la visión amorosa que procede de nuestro verdadero Ser.
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LECCIÓN 35
Mi mente forma parte de la Mente de Dios. Soy muy santo.
1. La idea de hoy no describe cómo te ves a ti mismo ahora.I
2Sin embargo, sí describe lo que la visión te mostrará.
3Es difícil para todo aquel que piensa que está en este mundo creer esto de sí mismo.
4No creerlo es precisamente la razón por la que piensa que está en este mundo.
2. Creerás que formas parte del lugar donde piensas que estás.
2Eso es porque te rodeas del entorno que deseas, y lo quieres para proteger la imagen que has forjado de ti mismo.II
3Esa imagen también forma parte de ese entorno.
4Lo que ves mientras crees que estás ahí lo ves a través de los ojos de esa imagen que has forjado de ti mismo.
5Eso no es ver.
6Las imágenes no pueden ver.III
3. La idea de hoy te muestra una visión muy diferente de ti mismo.
2Al establecer tu Fuente, establece también tu identidad, y te describe como realmente debes ser.
3Hoy aplicaremos la idea de una manera un poco diferente, porque pondremos más énfasis en el sujeto que percibe que en aquello que percibe.
4. Repite primero la idea de hoy para tus adentros en cada una de las tres sesiones de cinco minutos, luego, cierra los ojos y busca en tu mente diferentes términos que piensas que te describen.
2Incluye todos los atributos basados en el ego que te atribuyes, tanto positivos como negativos, deseables o indeseables, grandiosos o denigrantes.IV
3Todos ellos son igualmente irreales, porque no te ves a ti mismo a través de los ojos de la santidad.
5. En la primera parte de tu búsqueda mental, probablemente enfatizarás lo que consideras tus aspectos más negativos.
2En la última parte del periodo de ejercicio, sin embargo, es muy posible que se te ocurran términos descriptivos más halagadores.
3Trata de comprender que no importa el sentido de las fantasías que tengas sobre ti mismo.
4Las ilusiones no tienen ningún sentido en la realidad.
5Simplemente no son verdaderas.
6. Una lista adecuada para aplicar la idea para hoy podría ser la siguiente:
2Me veo sujeto a obligaciones.
3Me veo deprimido.
4Me veo fracasado.
5Me veo en peligro.
6Me veo indefenso.
7Me veo triunfador.
8Me veo perdedor.
9Me veo caritativo.
10Me veo virtuoso.
7. No debes pensar en estos términos de una manera abstracta.
2Se te ocurrirán a medida que crucen por tu mente situaciones, personas y eventos en los que tú apareces.
3Escoge cualquier situación específica que se te ocurra, identifica el término o términos descriptivos que consideres aplicables a tus reacciones ante esa situación, y úsalos para aplicar la idea de hoy.
4Después de nombrar cada uno, añade:
5Pero mi mente forma parte de la Mente de Dios.
6Soy muy santo.
8. Durante las sesiones más largas, puede haber intervalos en los que no se te ocurra nada específico.
2No te esfuerces en pensar en cosas específicas para llenar ese tiempo, simplemente relájate y repite la idea de hoy lentamente hasta que se te ocurra algo.
3Si bien no debes omitir nada de lo que se te ocurra en los ejercicios, tampoco debes «encontrar» nada a la fuerza.
4No debes usar la fuerza ni la discriminación.
9. Tan a menudo como sea posible durante el día, toma un atributo o atributos específicos que te estés asignando en ese momento y aplícales la idea de hoy, agregando la frase en la forma indicada anteriormente.V
2Si no se te ocurre nada en particular, simplemente repite la idea en tu interior con los ojos cerrados.
I ¡Claro que tu mente es parte de la Mente de Dios! ¿Cómo no iba a ser así? ¿Cómo crees que viniste a la existencia? No sabes lo que es tu mente porque no la reconoces. Vives en una parte diminuta de ella y has renunciado a su totalidad. Has decidido «crear» un pequeño reino en un rincón infinitesimal de la Mente de Dios, solo para ti. ¿No encuentras esto un poco patético, como mínimo?
Te ves a ti mismo extremadamente limitado en el tiempo, en el espacio y en capacidades que, sin embargo, anhelas. Y ciertamente no te consideras santo. Esa es tu opinión. Pero la cuestión es: ¿es eso verdad? Ni siquiera estás en condiciones de responder a esa pregunta porque estás algo confundido. Incluso crees que no sabes quién o qué eres. Y esto es esperable, ya que no estás usando tu mente de manera adecuada. Si lo estuvieras haciendo, serías feliz. La prueba de que usas tu mente mal es que no lo eres.
La razón de lo que te está pasando podría explicarse de muchas maneras diferentes. Por ejemplo, podrías decirte que estás siguiendo al guía equivocado, que te has identificado con tu ego, o podrías elaborar un sinfín de explicaciones. Pero, en el fondo, la verdadera razón de que te veas a ti mismo tal como te ves es muy simple: tú te ves a ti mismo así porque eso es exactamente lo que quieres.
Sé honesto. ¿No es cierto, acaso, que tú quieres ser tú? Míralo bien, y luego, vuélvelo a mirar, porque eso es lo que está pasando aquí: tú eres tal como te ves porque eso es lo que verdaderamente quieres. Y, ¿sabes? Tu voluntad se cumple siempre porque eres el Hijo de Dios.
Fíjate bien: incluso cuando dices que quieres cambiar y ser diferente, ser mejor, en realidad, lo que quieres, más bien, es ser aquel que dice que quiere cambiar, no lo que ese cambio produciría en ti. Pues, en ese caso, tú desaparecerías para convertirte en esa cosa nueva, y tú no quieres desaparecer. Reflexiona sobre eso porque ahí es precisamente donde se encuentra toda la resistencia al cambio.
No te preocupes. Cambiarás, porque la idea que tienes de ti mismo es una ilusión, y si hay algo que define a las ilusiones es el cambio. Ahora, lo único que se te pide es que tengas una pequeña disposición a cambiar de manera de pensar y confíes. No interfieras, y el cambio acontecerá naturalmente.
II Aquí se te da una clara indicación de por qué percibes lo que crees tener ante ti: porque, de esta manera, proteges la idea que tienes de ti mismo. Es decir, has hecho, de la nada, un mundo a tu imagen y semejanza.
¿No será, entonces, que ese dios del Génesis no es otro que el ego?
Date cuenta de que, en el fondo, toda tu experiencia humana está relacionada con tu falsa identidad; proviene de lo que crees ser. Por eso, cambia la idea que tienes de ti mismo y el mundo que contemplas cambiará en consecuencia.
Esa es la razón por la que has sido llamado a ser el salvador del mundo, pues eso no es otra cosa que tu propia salvación.
III Claro, las imágenes solo pueden imaginar. Si piensas que eres ingeniero, verás el mundo a través de los ojos de un ingeniero. Si piensas que eres poeta, verás un mundo poético. Diferentes conceptos de uno mismo conducen a diferentes interpretaciones de la realidad.
El asunto es que la idea que tienes de ti mismo es absolutamente caprichosa y arbitraria. Sin embargo, es evidente que tú no la consideras así y fundamentas esa idea en poderosas «razones». No te engañes. La prueba de que esa idea de ti mismo es falsa es que cambia constantemente con el tiempo. ¿Cómo iba a ser verdad algo que cambia sin cesar?
IV Fíjate en cómo aquí se equipara personalidad con ego.
V Date cuenta de que, si bien cuando te cuestionas honestamente tu identidad eres incapaz de concluir qué o quién eres, cuando esa sincera actitud cuestionadora se relaja comienzas a asignarte un sinfín de atributos que crees ser. Da la impresión de que, a lo largo del día, tienes una opinión muy precisa sobre ti mismo, pues te juzgas constantemente.
Lo cual, si te paras a pensar, debería sorprenderte, pues el mismo ser que afirma humildemente desconocer su verdadera identidad no tiene ningún reparo en calificarse, juzgarse, premiarse o condenarse, y no solo a sí mismo, sino también a todos y a todo lo que contempla. Aún más, esos calificativos cambian sin cesar a lo largo del tiempo, y el último siempre parece ser el más válido y certero.
¿No ves que tu mente simplemente está ejecutando un programa barato y miserable escrito por tu ego? ¿Cómo puedes ser tan ingenuo y suscribir sus sentencias? ¿Y qué te hace pensar que esos pensamientos son «tuyos»? Ciertamente, tú sí eres testigo de todo ese delirio, pero puedes tener por seguro que «eso» no eres tú.
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LECCIÓN 34
Podría ver paz en lugar de esto.I
1. La idea de hoy comienza a describir las condiciones que prevalecen en la otra manera de ver.
2La paz mental es claramente un asunto interno.
3Debe comenzar en tus propios pensamientos y luego extenderse hacia afuera.
4La percepción pacífica del mundo proviene de tu paz mental.II
2. Se requieren tres periodos de práctica más largos para los ejercicios de hoy.
2Se aconseja uno por la mañana, otro por la tarde y uno adicional en cualquier momento que parezca más propicio entre ambos.
3Todas las aplicaciones deben hacerse con los ojos cerrados.
4La idea de hoy aplica a tu mundo interno.
3. Cada sesión larga requiere unos cinco minutos de búsqueda mental.
2Busca en tu mente pensamientos de miedo, situaciones que provoquen ansiedad, personas «ofensivas» o cualquier otra cosa sobre la que estés albergando pensamientos poco amorosos.
3A medida que los veas surgir en tu mente, obsérvalos sin poner énfasis en ninguno de ellos mientras repites la idea de hoy lentamente, y deja que cada uno sea reemplazado por el siguiente.
4Si comienzas a tener dificultad para pensar en temas específicos, continúa repitiéndote la idea en silencio, sin prisa y sin aplicarla a nada en particular.
5Asegúrate, sin embargo, de no excluir nada de manera específica.
4. Las aplicaciones más cortas deben ser frecuentes y hacerse siempre que sientas que tu paz mental se ve amenazada de alguna manera.
2El objetivo es protegerse de la tentación a lo largo del día.
3Si surge en tu conciencia una tentación específica, haz el ejercicio de esta forma:
4Podría ver paz en esta situación en lugar de lo que ahora veo en ella.
5Si los ataques contra tu paz mental adoptan la forma de emociones adversas más generalizadas, como la depresión, la ansiedad o una vaga sensación de preocupación, usa la idea en su forma original.III
5. Si encuentras que necesitas más de una aplicación de la idea de hoy para ayudarte a cambiar de opinión en cualquier contexto específico, trata de tomarte varios minutos y dedícalos a repetir la idea hasta que sientas alguna sensación de alivio.
2Te ayudará decirte a ti mismo lo siguiente:
3Puedo reemplazar mis sentimientos de depresión, ansiedad o preocupación —o mis pensamientos sobre esta situación o esta persona— por paz.
I ¡Por supuesto que puedes ver paz en lugar de lo que ahora estás viendo! Puedes ver lo que desees porque puedes interpretar tu percepción como te venga en gana. Pero, una vez más, ¿quieres realmente ver de manera diferente? ¿De verdad quieres la paz? Sé completamente sincero contigo mismo al responder esta pregunta.
Antes de hacerlo, plantéate otra cuestión fundamental: ¿por qué estás interpretando tu percepción de manera dolorosa? O, de forma más simple: ¿para qué estás interpretando la situación así? ¿Con qué propósito?
Si eres capaz de sumergirte en las profundidades más oscuras de tu mente, descubrirás, con sorpresa e incomodidad, que la razón detrás de tus interpretaciones dolorosas es el «placer» que encuentras en ellas. Puede que esta idea te escandalice y la rechaces de inmediato. Cuidado. Míralo bien. No hay nada que hagas en tu vida que no esté encaminado a buscar placer o a mejorar tu condición percibida. Lo que sucede es que no sabes distinguir entre el placer y el dolor. Estás completamente confundido y, evidentemente, no sabes lo que te conviene.
Vives tu vida de manera desordenada, guiándote por tu propio criterio, y el resultado es el desastre. A pesar de ello, te resulta extremadamente difícil renunciar a ese criterio. Tu ego te ha guiado mal.
Podrías ver paz en lugar de esto, y eso sí que te conviene absolutamente, porque la paz es de Dios, al igual que tú. Eres libre de ir a favor de las Leyes de Dios o en su contra: puedes elegir. Sin embargo, sé muy honesto cuando te preguntes a ti mismo qué estás buscando en realidad.
Elige bien y elige pronto. O no. Pero recuerda que tienes todo el poder para hacer con tu vida lo que realmente quieras.
II La paz mental es claramente un asunto interno; depende totalmente de ti y de la historia que elijas contarte. Tus estados mentales y emocionales son exclusivamente de tu propia creación.
Repite el ejercicio de visualización propuesto ayer, pero avanza un poco más: siéntate, cierra los ojos y comienza a fantasear, imaginando que eres el protagonista heroico de una historia cualquiera en la que traes paz a una situación de conflicto. Implícate en esa fantasía de cualquier manera que se te ocurra y deja que la historia se despliegue por sí misma en términos favorables y benéficos. Resuelve con desparpajo problemas en ese mundo imagi-nario y, si lo haces bien, acabarás emocionado, lleno de buenos sentimientos y con una cierta sensación de poder. Luego, procurando conservar ese estado mental y emocional, levántate y relaciónate con alguien cercano a ti en esos mismos términos, llevándole la paz que has desarrollado en tu fantasía.
La historia con la que has fantaseado es una ilusión, al igual que lo son el mundo que contemplas cuando abres los ojos o el cuerpo de tu hermano. Sin embargo, la paz y el amor que has experimentado y que eres capaz de transmitir a otros son absolutamente reales. La paz mental es claramente un asunto interno y depende de tu voluntad de tenerla.
El propósito de este ejercicio no es otro que tomar conciencia de que tu paz mental depende de cómo interpretes lo que percibes. En realidad, no necesitas contarte a ti mismo historias fantásticas para encontrar la paz, pues esta ya está en ti. Pero sí debes mostrarte dispuesto a escuchar en tu mente una narrativa más benévola del Espíritu Santo, en lugar de la interpretación que tu ego te sugiere. Como dice la enseñanza: «Podría haber paz en vez de esto».
III Date cuenta de que una vaga sensación de preocupación, la ansiedad o la depresión son diferentes grados de intensidad de lo mismo: ataques de egoísmo. El pánico y las depresiones profundas representan ataques de egoísmo en su grado máximo, pero ten la certeza de que todo malestar que sientas proviene de la obra del ego en tu mente.
La depresión es un agujero negro en la conciencia que devora la luz de tu ser y te sumerge en la oscuridad. Su fuerte atracción nace de un sentido desmesurado de importancia personal que revierte la dirección natural y expansiva del amor hacia un negro adentro donde no hay nada. La experiencia de esa nada resulta profundamente pavorosa.
Recuerda que ego significa «yo» en latín, mientras que su opuesto es alter, «el otro». Por lo tanto, lo contrario del egoísmo es el altruismo. La salvación siempre la encontrarás en tu hermano; no la busques en ti mismo.
Las depresiones se curan con altruismo. Si estás deprimido, deja de pensar en ti mismo. Deja de enfocarte en tu infelicidad, tu miedo, tu angustia o tu depresión. No te preocupes por la búsqueda de la paz o por la salvación de tu alma inmortal. Olvida todo eso.
Lo real en ti no corre ningún peligro. Tu alma inmortal está perfectamente a salvo en el Corazón de Dios. Deja de sentirte importante. Olvídate de ti mismo e intenta hacer algo por tus hermanos. Verás cómo pronto sales de la oscuridad.
Invocar la paz ciertamente te ayudará a salir de tus angustias y depresiones, pero llevar la paz a otros instalará esa paz en tu mente de manera definitiva. No lo dudes.
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LECCIÓN 33
Hay otra manera de ver el mundo.I
1. La idea de hoy es un intento de reconocer que se puede cambiar la percepción del mundo en sus aspectos externos e internos.
2Se deben dedicar cinco minutos completos a las aplicaciones de la mañana y la tarde.
2. En estos periodos de práctica, la idea debe repetirse tan a menudo como te resulte cómodo, aunque es esencial que las aplicaciones no se hagan apresuradamente.
2Alterna la observación de tus percepciones externas e internas, pero procura no cambiar de unas a otras de manera abrupta.
3Mira tranquilamente a tu alrededor el mundo que percibes como algo externo a ti mismo.
4Luego, cierra los ojos y examina tus pensamientos con la misma tranquilidad.
5Procura considerarlos con igual desapego en ambos casos y mantén también ese desapego cuando repitas la idea a lo largo del día.
3. Las prácticas más cortas deben ser tan frecuentes como sea posible.
2Las aplicaciones específicas de la idea de hoy también deben hacerse inmediatamente cuando surja cualquier situación que te perturbe.
3En esas ocasiones, di:
4Hay otra manera de ver esto.II
4. Acuérdate de aplicar la idea de hoy en el momento en que te des cuenta de que estás en apuros.
2Puede que necesites sentarte un minuto más o menos y repetir la idea varias veces en silencio.
3Cerrar los ojos probablemente te ayudará en este tipo de aplicación.
I ¡Por supuesto! ¿Cómo no iba a haberla? Es evidente que puedes interpretar tu percepción como te dé la gana; eso está clarísimo. Sin embargo, el asunto fundamental no es ese. La pregunta básica es: ¿quieres? ¿Quieres de todo corazón ver el mundo de otra manera? Si de verdad lo deseas, ciertamente lo verás. Y si no lo ves, pregúntate muy seriamente hasta qué punto estás dispuesto a perdonar, a abandonar tus anteriores interpretaciones y a renunciar a tener «razón», tu «razón».
En esencia, el ego no es más que el «criterio personal». Dicho así, suena bastante inocente, e incluso puede parecer un concepto que encierra cierta dignidad. ¡Cuidado! No es ni inocente ni digno. El ego es un usurpador de las funciones de Dios, pero no se presenta como tal.
El ego intentará convencerte no solo de que estás perfectamente capacitado para interpretar la realidad según tu propio criterio, sino también de que esa es tu obligación y tu responsabilidad. No lo es. Aún no te has dado cuenta de esto porque todavía crees que lo que contemplas es la realidad.
Hay dos maneras de llegar a una toma de conciencia profunda de esta gran verdad. La manera simple y fácil es el discernimiento: la luz de lo evidente. Pero solo los que no son arrogantes pueden caminar por esa senda, y en este mundo hay muy pocos de esos.
El otro camino es duro y doloroso. Es el camino de la claudicación y la renuncia, que solo sobreviene cuando el sufrimiento se vuelve tan grande que resulta imposible de manejar o asumir. La buena práctica de los ejercicios de este Libro permite una transición gozosa hacia la luz y sin sufrimiento, pero exige una gran voluntad de cambiar. El cambio ocurrirá en la medida en que esa voluntad sea sincera. Recuerda: no tienes nada que perder y todo que ganar. Aprovecha esta oportunidad.
En ese cine que constituye tu mente individual, se puede proyectar cualquier tipo de película: tanto películas siniestras de culpa y condenación que te estremecen, como películas felices de amor y perdón. Lo que ocurre es que tiendes a escribir guiones de las primeras y necesitas ayuda para escribir guiones felices que te lleven al despertar. Ese Ayudante es el Espíritu Santo, y esa es exactamente su función: ofrecerte una interpretación alternativa a la tuya de los símbolos que proyectas.
En definitiva, lo que aparece en la pantalla de la conciencia no deja de ser una ilusión, pero, ¿qué prefieres? ¿Salir del cine riendo o llorando? Si eso que llamas «mi vida personal» no es más que una historia que te cuentas a ti mismo —y esto es un hecho evidente—, más vale que seas cuidadoso al elegir a quién le pides ayuda para escribir esa historia.
II Resulta difícil expresar en palabras la necesidad que tienes de hacer esto. Sin embargo, si aspiras a lograr algo con este Curso, deberías recordar esta invocación casi constantemente: necesitas hacerlo.
Te darás cuenta de ello con absoluta claridad cuando experimentes tu primer instante santo, pues en ese momento descubrirás, con cierta sorpresa, que ya no necesitas ver el mundo de otra manera. Pero hasta que eso ocurra, recuerda que tienes en tus manos la herramienta perfecta para enderezar tu percepción.
Decir: «Hay otra manera de ver esto, y quiero encontrarla» es invocar al Espíritu Santo para que abra tus ojos y te muestre un mundo impecable. Ese mundo siempre ha estado ahí, pero tú no sabías verlo.
Ten la absoluta certeza de que Él siempre responderá a tu petición. Solo necesitas limpiar tu mente de toda expectativa, confiar en Él y estar dispuesto a escuchar Su Respuesta.
Para evidenciar el carácter subjetivo y arbitrario de tu interpretación de la realidad, puedes practicar la siguiente técnica de visualización. Busca un lugar tranquilo donde puedas sentarte cómodamente y sin interrupciones. Cierra los ojos e imagina una fantasía en la que tú eres el o la protagonista. Permite que tu mente construya una narrativa en la que interactúas con otras personas, reales o ficticias. Estas interacciones pueden ser dramáticas, felices, tristes o conflictivas, sin importar el contenido específico. Lo esencial es dejar que la historia fluya de manera natural, sin intentar controlarla demasiado.
Mientras la historia se desarrolla en tu imaginación, presta atención a tus emociones. Observa cómo tu estado emocional varía en función de los acontecimientos que estás imaginando, de manera similar a lo que ocurre cuando ves una película. Al finalizar la práctica, reflexiona sobre lo siguiente: esa narrativa que has creado y las emociones que ha generado no son diferentes de lo que llamas «la realidad». Ambas son manifestaciones de tu mente interactuando con estímulos—ya sean externos o internos—y otorgándoles significado.
Si lo deseas, puedes utilizar esta técnica para cambiar deliberadamente tu estado emocional. Por ejemplo, puedes imaginar una historia que evoque emociones positivas o tranquilizadoras cuando te sientas angustiado o ansioso. Esto te permitirá comprender que tus emociones no son fijas, sino moldeables. Esta práctica no solo fomenta la autoconciencia sobre cómo nuestra mente da forma a la percepción de la realidad, sino que también proporciona una herramienta útil para el manejo emocional y la transformación de estados internos.
Cuando le pides al Espíritu Santo: «Quiero ver esto de otra manera», la técnica adopta una dinámica diferente. En este caso, no estás creando tú la narrativa, sino que estás invitando al Espíritu Santo a ser el guionista de la historia con la que te vas a relacionar. Además, le permites utilizar elementos de tu percepción para construir Su interpretación de la circunstancia que estás viviendo.
Puedes tener la certeza de que la interpretación que Él pondrá en tu mente será aquella que producirá el mejor resultado posible para todas las personas involucradas. Será también la más adecuada para el plan divino de tu salvación. De este modo, no solo transformas tu percepción de la situación, sino que permites que se alinee con un propósito superior, confiando plenamente en que el Espíritu Santo sabe cómo utilizar cada experiencia en beneficio de tu crecimiento espiritual y el de quienes te rodean.
Sé honesto y reconoce que tu identificación con tu propio personaje es absoluta. Tienes una idea de ti mismo, y eso es lo que crees ser, por mucho que te repitas que eres el Hijo de Dios. No puedes hacerte santo a ti mismo; eso es imposible y, además, no es tu labor.
Tu trabajo consiste en poner tu voluntad al servicio de crear las condiciones necesarias para tu despertar; nada más. Para que eso ocurra, es imprescindible que veas el mundo de otra manera: un mundo perdonado.
Esa es la razón fundamental por la que necesitas pedir al Espíritu Santo una interpretación que suscite en ti los sueños felices que te conducirán al mundo real, la antesala del despertar.
La dificultad que ahora afrontas, junto con todos tus problemas y sufrimientos, deriva de la importancia que concedes a las historias que te cuentas, lo cual es, a su vez, una proyección de tu propio sentido de importancia personal. Esas narrativas que aparecen en tu mente —tu interpretación de lo percibido y la idea que tienes de ti mismo— son falsas, pero se vuelven vigentes y causales porque crees que son verdaderas e importantes. No lo son, pero has forzado a tu mente a pensar que sí.
La palabra «importante», del latín importans (que lleva adentro, que introduce), designa aquello que aporta algo que se convierte en fundamental. Date cuenta de que esa importancia no es más que un gesto gratuito de la mente, patrocinado por el ego. El hecho en sí, lo percibido, no tiene ningún significado ontológico intrínseco; ese significado es tu propia aportación.
La respuesta cuerda a esa alucinación de la mente es el perdón: el benévolo gesto mental que te libera de esa perniciosa fantasía. Este Curso trata precisamente de eso.
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LECCIÓN 32
Yo mismo he inventado el mundo que veo.
1. Hoy seguimos desarrollando el tema de causa y efecto.
2No eres la víctima del mundo que ves porque lo inventaste tú.I
3Puedes renunciar a él tan fácilmente como lo concebiste.
4Lo verás o no lo verás, según desees.
5Mientras lo quieras, lo verás; cuando ya no lo quieras, dejarás de verlo.II
2. La idea de hoy, al igual que las anteriores, se aplica tanto a tu mundo interno como al externo, que en realidad son el mismo.
2Sin embargo, como tú consideras que son diferentes, los periodos de práctica para hoy incluirán también dos fases: una dedicada al mundo que ves fuera de ti y la otra al mundo que ves en tu mente.
3En los ejercicios de hoy, trata de introducir el pensamiento de que ambos están en tu propia imaginación.
3. De nuevo, comenzaremos las sesiones de práctica de la mañana y la tarde repitiendo la idea de hoy dos o tres veces mientras miras a tu alrededor al mundo que ves fuera de ti mismo.
2Luego, cierra los ojos y examina tu mundo interno.
3Procura tratar a ambos de igual manera.
4Repite la idea de hoy sin prisa para ti mismo tantas veces como quieras, mientras observas las imágenes que tu imaginación presenta a tu conciencia.
4. Para los dos periodos de práctica más largos se recomiendan de tres a cinco minutos, y se requieren al menos tres.
2Si encuentras los ejercicios cómodos, puedes hacer más de cinco.
3Para facilitar esto, elige un momento en el que preveas pocas distracciones y en el que tú mismo te sientas razonablemente preparado.
5. Estos ejercicios también deben continuarse durante el día, tan a menudo como sea posible.
2Las aplicaciones más cortas consisten en repetir la idea lentamente mientras observas tu mundo interno o el externo.
3No importa cuál elijas.
6. La idea de hoy también debe aplicarse inmediatamente a cualquier situación que pueda perturbarte.
2Aplica la idea diciéndote a ti mismo:
3Yo he inventado esta situación tal como la veo.
I Sigues en el cine, embelesado por la película que estás viendo, y ríes o lloras porque has olvidado que tú mismo fuiste el guionista y el director de la historia. Pero, como también eres el protagonista, para interpretar bien el papel decides olvidar ese pequeño detalle.
Date cuenta de que no tienes reparo en aceptar que esto es exactamente lo que sucede en tus sueños nocturnos: cuando despiertas, sabes con certeza que todas las fantasías que experimentaste mientras dormías eran producto de tu propia mente. Pues bien, como nos dice Jesús en el Texto, cuando crees que despiertas por la mañana, en realidad sigues profundamente dormido, soñando un sueño de separación creado por ti mismo.
«TODO TU TIEMPO LO DEDICAS A SOÑAR. Tu sueños nocturnos y los diurnos adoptan formas diferentes, pero eso es todo. SU CONTENIDO ES EL MISMO. Son la manera en la que protestas CONTRA la Realidad, y representan tu deseo fijo y demente de CAMBIARLA a tu conveniencia». (T-18.III.6:6-9)
II Esto es verdad, pero no lo aceptas porque no quieres aceptarlo; prefieres sentirte víctima de un mundo hostil antes que asumir que eres responsable de semejante monstruosidad. Sin embargo, ese «tú» que fabrica mundos imaginarios no es la diminuta mente personal con la que te identificas, tan proclive a culpar y culparse por todo lo que percibe, incluso por esto. El mundo no existe, y esa mente personal tampoco tiene otra entidad que la de ser un delirio dentro de la santa mente del Hijo de Dios. No obstante, dada tu identificación con el ego, es inevitable que te lo tomes todo a la tremenda y como algo personal.
El mundo que has inventado, santo Hijo de Dios, es un símbolo compuesto por una miríada de símbolos menores que reflejan la imaginaria separación de tu Padre. Tus deseos y tus temores aparecen en ese sueño en formas definidas que consideras reales, pero esto no debería extrañarte, ya que reconoces su inconsistencia en manifestaciones similares de tus anhelos y miedos. ¿No aparecen acaso esas figuras cuando cierras los ojos por la noche? ¿No las ves en tu imaginación cuando sueñas despierto? Crees en ellas mientras las contemplas, y precisamente por eso las concibes. Sin embargo, sabes que no son ciertas cuando recobras un poco de cordura o despiertas por la mañana.
Ninguna de esas figuras es real; ninguna forma puede serlo. La realidad es como tú, como Dios: una idea perfectamente abstracta. La mente del Hijo de Dios puede crear —como su Padre— extendiendo su amorosa existencia, pero también puede creer en ilusiones. Sin embargo, no puede hacerlas reales ni crear nada que sea diferente de su propia naturaleza. Esa es la Ley de Dios.
Tu mente personal cree que no puede cambiar las formas que ve ni transgredir las supuestas leyes que las gobiernan. Esta limitación existe porque la mente misma se ha impuesto esa creencia; se ha definido a sí misma como limitada. Cambiar una creencia es tan doloroso y difícil para esa mente como matar a un hijo, porque las creencias son fruto de profundas querencias. Cambiarlas requiere querer algo diferente con la misma intensidad que pusiste al concebirlas o aún mayor.
Este es un Curso sobre la voluntad, y en él se te insta a querer de manera diferente. Por eso es tan importante y se enfatiza tanto en la honestidad de tu buena disposición para cambiar. La razón por la que el cambio te resulta tan difícil es que no te dices la verdad acerca de lo que realmente deseas. Dices que quieres una cosa, pero no es cierto. Lo cierto es que quieres algo diferente: exactamente lo que estás viendo, lo que te estás concediendo a ti mismo.
El Texto también te lo recuerda: «Esta es la razón por la que es necesario responder a la pregunta: “¿Qué quieres?”. La estás contestando cada minuto y cada segundo, y lo que decides es un juicio que INEVITABLEMENTE tiene efectos. Los efectos de la decisión siguen de forma automática HASTA QUE SE CAMBIA LA DECISIÓN. […] Repito esta afirmación porque no la has aprendido. Pero una vez más: cualquier decisión puede ser REVOCADA de la misma manera en que una vez fue tomada» (T-5.IX.10:3-7).
La razón por la que percibes dolor, amenaza o carencia es muy profunda y también muy difícil de aceptar. Esto se debe a que, en tu fuero interno, te sientes culpable por tu identidad individual, exclusiva y separada de todo. Pretendes expiar esa culpa castigándote a ti mismo. Ves pecado en ti y lo proyectas en tus percepciones.
Esta idea, como todas las que contiene este Libro de Ejercicios, no tiene que ser creída, pero es fundamental que la respetes y consideres con atención. Una observación cuidadosa te mostrará que es verdad, y entonces estarás listo para perdonarte y despertar de tus pesadillas.
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LECCIÓN 31
No soy víctima del mundo que veo.
1. La idea de hoy es la introducción a tu declaración de liberación.I
2Una vez más, esta idea debe aplicarse tanto al mundo que percibes fuera como al que experimentas dentro de ti.
3Al aplicar la idea de hoy, lo haremos de una manera que se utilizará cada vez más, con algunos ajustes que se irán indicando.
4En términos generales, esta forma de práctica incluye dos aspectos: uno en el que se aplica la idea de manera más prolongada, y otro que consiste en aplicaciones frecuentes a lo largo del día.
2. Se requieren dos períodos largos de práctica con la idea de hoy: uno por la mañana y otro por la noche.
2Se recomiendan entre tres y cinco minutos para cada sesión.
3Durante ese tiempo, mira lentamente a tu alrededor mientras repites la idea dos o tres veces.
4Luego, cierra los ojos y aplica la misma idea a tu mundo interno.
5Escaparás de ambos a la vez, porque el mundo interno es la causa del externo.
3. Al observar tu mundo interno, permite que los pensamientos que crucen por tu mente lleguen a tu conciencia.
2Considera cada uno de ellos por un momento y luego reemplázalo por el siguiente.
3Procura no establecer jerarquías entre ellos.
4Observa cómo vienen y van tan desapasionadamente como sea posible.
5No te detengas en ninguno en particular; más bien, deja que su flujo discurra de manera uniforme y tranquila, sin esfuerzo especial por tu parte.
6Sentado, observa en silencio tus pensamientos mientras repites lentamente la idea de hoy tantas veces como desees, pero sin prisa.
4. Además, repite la idea de hoy tan a menudo como sea posible durante el día.
2Recuerda que estás haciendo una declaración de independencia en nombre de tu propia libertad.II
3En tu libertad radica también la libertad del mundo.
5. La idea para hoy es particularmente útil como respuesta a cualquier forma de tentación.
2Es la declaración de que no cederás a ella ni te encadenarás a ti mismo.
I Siguiendo con la alegoría del cine, esta Lección enfatiza el hecho de que tú, como espectador, no te ves afectado por lo que ocurre en la película. Tu cuerpo, quizá sí, pero debes tener en cuenta que este también forma parte de la película y, por lo tanto, no es real. El problema radica en que tú, el espectador, te has identificado con ese cuerpo que ves actuar en la película, y entonces todo lo que le sucede a ese cuerpo te afecta. Este es el clásico efecto de la proyección de identidad, que nos hace sentir interés e impacto por las películas que vemos en el cine, las novelas que leemos, las noticias de la televisión o las historias que otros nos cuentan. Proyectamos nuestra propia identidad sobre esos personajes; creemos ser ellos y sufrimos o reímos con ellos.
Pero ten cuidado y no tomes esto a la ligera: tu identificación con tu cuerpo es enorme. Aunque puedas aceptar intelectualmente que no eres tu cuerpo, tendrás serias dificultades para perdonar los daños que este sufra, ya sea por ataques externos o por las enfermedades que tú mismo te infliges. Prepárate para afrontar esta situación.
Quizá te digas a ti mismo que desentenderte completamente de lo que percibes y perdonarlo de manera absoluta es impropio de ti, ya que ello implicaría desprenderte de tu propia humanidad. Tienes razón, pero recuerda: tú no eres humano. Eres el Hijo de Dios, y te estás permitiendo de manera inapropiada una experiencia humana que tanto te duele. ¿Por qué crees, si no, que te resulta tan difícil aceptar este Curso y renunciar al mundo?
El criterio básico de la realidad es la permanencia: la imposibilidad de cambiar. Todo lo que cambia o puede cambiar es ilusorio. Sin embargo, tú, que eres real, nunca has cambiado; siempre has sido tú. La conciencia de ser es el único componente real de la idea que tienes de ti mismo; es lo único que no ha cambiado a lo largo de tu vida personal. Tú no eres víctima del mundo —la película— porque tú eres real, y lo que crees ver fuera de tu mente no lo es. En tu identificación con el personaje, la conciencia de ser, de existir, es la única experiencia directa que tienes de tu verdadero Ser.
Además, si soy yo quien le da a todo el significado que tiene para mí, ¿cómo puedo sentirme víctima de lo que veo? Solo percibo mis propias interpretaciones. Lo que llamo «mi vida personal» no es más que una historia que me cuento a mí mismo. A veces me digo que soy feliz porque consigo lo que creo necesitar y desear, y en esos momentos suelo albergar una idea exaltada de mí mismo. Pero otras veces me siento desgraciado y frustrado porque el mundo no responde a mis expectativas.
Esa extraña idea —el mundo está mal, pero mis expectativas son apropiadas—, basada en la más profunda arrogancia, me provoca un dolor emocional inaceptable cuando algo las frustra. En lugar de cambiarlas y reorientar mis interpretaciones, proyecto ese dolor fuera de mí, ataco lo que percibo y lo culpo de mi sufrimiento: me siento víctima del mundo que veo.
¿Te han ofendido? ¿No será más bien que te has dicho a ti mismo que eso es ofensivo? ¿Qué libertad tienes si tus estados de ánimo y tu comportamiento dependen de otros?
La verdad es que tu mente solo responde a sí misma; no atiende a otra cosa que a aquello que ella misma se concede. Es ciega a todo lo demás porque, en realidad, no hay nada aparte de ella misma. Tu mente solo se relaciona con sus propias proyecciones ilusorias.
Tu mente personal es incapaz de cambiar directamente el mundo proyectado; no puede hacer milagros. Sin embargo, la verdad es que tu mente no es personal. Aprender que no eres víctima del mundo que ves es el primer paso para regresar al reconocimiento de tu verdadera identidad.
Ahora no puedes cambiar lo que has proyectado, pero está perfectamente a tu alcance cambiar cómo lo interpretas. Puedes encontrar paz y felicidad incluso en este mundo, simplemente aceptando con honestidad y lucidez que solo eres víctima de tus propias interpretaciones. Para ello debería bastarte tomar conciencia de que, en realidad, no conoces otra cosa que esas historias que te cuentas a ti mismo sobre un mundo externo a ti.
II Esta es otra referencia a la Declaración de Independencia de los Estados Unidos (mira T-4.V.2:11 para la primera). En este contexto, la declaración de independencia de Estados Unidos respecto de Gran Bretaña se convierte en un símbolo para que tú declares tu independencia de la tiranía del mundo.
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LECCIÓN 30
Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente.
1. La idea de hoy es el trampolín hacia la visión.
2Por medio de esta idea, el mundo se abrirá ante ti, y al contemplarlo verás en él algo que nunca antes habías percibido.I
3Lo que solías ver ya no será siquiera vagamente visible para ti.II
2. Hoy nos enfocamos en utilizar un nuevo tipo de proyección.III
2No intentamos deshacernos de lo que no nos gusta viéndolo fuera de nosotros.IV
3En lugar de eso, intentamos ver en el mundo lo que está en nuestra mente y reconocer que ciertamente está ahí.V
4De este modo, buscamos unirnos a lo que vemos, en lugar de mantenerlo separado de nosotros.VI
5Esta es la diferencia fundamental entre la visión y tu forma habitual de ver.VII
3. La idea de hoy debe practicarse con la mayor frecuencia posible a lo largo del día.
2Repítela lentamente para tus adentros cada vez que la recuerdes, mientras miras a tu alrededor e intentas darte cuenta de que esta idea es aplicable a todo lo que ves ahora, o podrías ver si estuviera al alcance de tu vista.
3La visión verdadera no está limitada por conceptos como «cerca» y «lejos».
4Para ayudarte a acostumbrarte a esta idea, al aplicar la lección de hoy intenta incluir tanto cosas que están más allá de lo que tus ojos pueden ver como aquellas que puedes observar directamente.
4. La visión verdadera no solo no está limitada por el espacio o la distancia, sino que tampoco depende en absoluto de los ojos del cuerpo.
2Su única fuente es la mente.VIII
3Para facilitar tu adaptación a esta idea, aplícala también con los ojos cerrados, enfocándote en cualquier tema que se te ocurra y mirando hacia tu interior en lugar de hacia afuera.
4La idea de hoy es igualmente aplicable de ambas maneras.
I Imagina que tu mente es un cine, una sala donde se proyecta una película que se titula “Mi vida personal”. En este cine hay un proyector con una potente lámpara que emite una luz (el Amor de Dios) que atraviesa una película compuesta de fotogramas (momentos de presente) con unas manchas (juicios) que ocultan parcialmente esa luz. El resultado es la proyección de la película (mi vida personal) sobre una pantalla (la conciencia), con la que yo, el espectador sentado en el patio de butacas (la idea que tengo de mí mismo), me identifico por completo. Y así, según sean las escenas de la película, a veces río y a veces lloro. En realidad, los ojos del espectador solo contempla un juego de luces y de sombras, ausencias de luz, ausencias del Amor de Dios.
La Lección de hoy nos propone descartar (perdonar) esas ausencias, que por su propia condición ausente no tienen entidad real, y fijarnos únicamente en el Amor de Dios subyacente a todo lo que percibimos.
Date cuenta de que sin ausencias de luz, sin ausencias de amor, no se configura ninguna historia en la pantalla; no hay película. Eso es lo que significa “el mundo no existe”, pues el mundo es precisamente la historia que surge en la conciencia al considerar ausencias de realidad. El “mundo real”, ese mundo feliz del que Jesús nos habla, que veremos justo antes de despertar a nuestra verdadera identidad y que es el resultado de ver un mundo perdonado, aparece en nuestra mente cuando retiramos de la historia que estamos interpretando sus componentes de miedo y de culpa, que son la “tinta negra” que oscurece los fotogramas de la película que creemos ver.
Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente, y eso es lo único real que ahí se encuentra. El resto son solo fantasías concebidas al considerar inexistentes ausencias.
II Esto no significa que mientras creas estar en el mundo dejarás de ver formas —ilusiones—. Lo que significa es que las perdonarás y dejarás de interpretarlas en los términos en que lo has hecho hasta ahora, y entonces verás un mundo perdonado, un mundo que aparece ante ti apenas perfilado por una “tinta gris” casi transparente, «el mundo real». Ahora toda tu atención está puesta en la luz subyacente, lo único real de esa escena.
Cuando tomes plena conciencia de tu verdadera identidad como Hijo de Dios, finalmente dejarás también de ver las formas y el mundo desaparecerá, pues solo era una ilusión, el sueño de que el Hijo de Dios podía estar separado de su Padre.
III Las ideas que se nos han presentado en las primeras Lecciones nos han enseñado que el mundo que creemos ver es tan solo una «proyección» de los deseos y temores de nuestra mente: todo eso no es real; nada de lo que proyectamos lo es. En esta Lección vamos a intentar «proyectar» algo real por primera vez, de hecho, lo único que es verdaderamente real: el Amor de Dios.
IV Esta es una formulación esencial sobre la visión: creemos ver fuera de nosotros lo que es impropio de nuestras santas mentes —las formas— y que en realidad no queremos, y la prueba de que no lo queremos es precisamente verlo fuera. En verdad no amamos las ilusiones, las rechazamos al considerarlas algo ajeno a nosotros mismos al verlas en un ámbito exterior imaginario. No queremos siquiera nuestro propio cuerpo, por eso lo hemos expulsado de nuestra mente. En verdad, no queremos nada del mundo de las formas.
V No hay palabras que puedan describir la experiencia de albergar la idea de Dios en la mente. Simplemente, no hay palabras. Es una experiencia tan sumamente reconfortante y absoluta que disuelve toda preocupación, e incluso el sentido de identidad personal: el ego.
VI La «proyección» es un recurso de la mente para separarse de algo que concibe asignándole el atributo de estar fuera de ella misma. Ahora, sin embargo, esta nueva forma de proyectar reconoce que lo que vemos es real y se encuentra en nuestro interior, de hecho, es lo que somos. A esta «proyección» el Curso la llama «extensión», y es la dinámica propia de la Creación.
VII La visión de los ojos del cuerpo no es otra cosa que constatar que aquello que ves es diferente a ti, pero la verdadera visión da fe de que todo lo que ves eres tú, y a eso el Curso lo llama «Conocer».
VIII Lo que se entiende como «ver» con los ojos del cuerpo, en realidad, no es otra cosa que creer que se ve, y creer es pensar que lo que imaginas es real. Hoy, por primera vez, vamos a imaginar algo que sí es verdad porque es real: la presencia de Dios.
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LECCIÓN 29
Dios está en todo lo que veo.
1. La idea de hoy explica por qué puedes ver el propósito de todo en cualquier cosa.I
2Explica por qué nada está separado, ni existe por sí mismo o en sí mismo.II
3Y también explica por qué nada de lo que ves significa nada.III
4De hecho, esta idea esclarece todas las lecciones anteriores y sustenta todas las que vendrán.
5Es el pilar fundamental de la visión.
2. Es probable que esta idea aún te resulte difícil de comprender.
2Puede que la consideres absurda, irreverente, carente de sentido, incluso divertida o cuestionable.
3Ciertamente, Dios no está en una mesa, al menos no como tú la percibes.
4Sin embargo, ayer enfatizamos que una mesa comparte el propósito del universo.
5Y lo que comparte el propósito del universo también comparte el propósito de su Creador.IV
3. Esfuérzate hoy por comenzar a mirar todas las cosas con amor, aprecio y una mentalidad abierta.V
2Porque, tal como las percibes ahora, no las estás viendo realmente.
3¿Acaso sabes qué hay en las cosas que observas?
4Nada es lo que parece ser para ti.
5Su santo propósito está más allá de tu limitado entendimiento.VI
6Cuando la visión te muestre la santidad que ilumina el mundo, comprenderás plenamente la idea de hoy.
7Y no entenderás cómo alguna vez pudiste encontrarla difícil.
4. Hoy realizaremos seis prácticas de dos minutos cada una, siguiendo un patrón ya conocido:
2Comienza repitiendo la idea en tu interior, y luego aplícala a objetos escogidos al azar a tu alrededor, nombrándolos expresamente.
3Evita la tentación de seleccionar los temas por ti mismo, algo que puede resultar especialmente atractivo debido a la naturaleza totalmente ajena de esta idea para ti.
4Recuerda que cualquier orden que impongas también es ajeno a la realidad.
5Por lo tanto, tu lista de temas debe ser tan aleatoria como sea posible, sin influencia de tus propios criterios.
5. Una lista adecuada podría incluir:
2Dios está en este perchero.
3Dios está en esta revista.
4Dios está en este dedo.
5Dios está en esta lámpara.
6Dios está en ese cuerpo.
7Dios está en esa puerta.
8Dios está en esa papelera.
6. Además de los periodos de práctica asignados, repite la idea de hoy al menos una vez por hora.
2Mientras lo haces, mira lentamente a tu alrededor, pronunciando las palabras sin prisa.
3Al menos una o dos veces deberías experimentar una sensación de descanso al hacerlo.
I L-28.6:1: «Al usar la mesa como tema para aplicar la idea para hoy, estás por lo tanto realmente pidiendo ver el propósito del universo».
Esta declaración encapsula la profundidad de los ejercicios en la Lección 28, donde incluso el objeto más mundano —como una mesa— se eleva como símbolo del propósito universal. Subraya el concepto de que todo, independientemente de su aparente simplicidad, comparte el propósito unificado del universo y refleja la intención divina detrás de toda existencia. Al practicar esta idea, estás aprendiendo a trascender las percepciones superficiales y a abrirte a la profundidad infinita y la santidad presentes en todas las cosas, alineando así tu mente con la visión de Dios.
II L-28.2:3-4: «Sin embargo, ¿qué existe por sí mismo? ¿Y qué significa “en sí mismo”?»
Estas líneas desafían la idea de la existencia independiente, un concepto profundamente arraigado en el marco del ego. Te invitan a cuestionar la validez de percibir las cosas como separadas y autosuficientes. Según el Curso, nada existe «por sí mismo» porque todo está interconectado y comparte un único propósito establecido por su Creador. La expresión «en sí mismo» se refiere a la tendencia del ego a definir los objetos y experiencias como aislados del todo. Al plantear estas preguntas retóricas, el Curso te anima a abandonar la creencia en la separación y a reconocer la unidad inherente y el propósito compartido de todas las cosas en el universo.
III L-1: «Nada de lo que veo en esta habitación… significa nada».
Esta primera Lección introduce el principio fundamental de que el significado no es inherente a las cosas que percibimos. La percepción del mundo es subjetiva, basada en las proyecciones de la mente. Por lo tanto, todo lo que crees ver no tiene un significado intrínseco, sino únicamente el que tú le has asignado. La Lección no pretende que comprendas completamente esta idea de inmediato, sino que empieces a cuestionar tus supuestos sobre el mundo que ves. Es un primer paso hacia la desconstrucción de las creencias que refuerzan la ilusión de la separación.
IV Es crucial interpretar esta línea de forma adecuada, ya que no implica que Dios creó el universo tal como tú lo percibes. Dios es la Existencia Misma y crea todo lo que existe extendiendo Su Propio Ser; esa es la verdadera Creación de Dios: el Amor de Dios, la Realidad.
El universo perceptual, en cambio, es una interpretación fragmentada de la mente afectada por la idea de la separación.
La presencia de Dios en todo no significa que Él haya creado las ilusiones del mundo perceptual. Más bien, señala la verdad de que, más allá de tu percepción fragmentada, todo comparte el propósito sagrado de reflejar el Amor de Dios y conducirte de vuelta a la conciencia de tu unidad con Él. Comprender esta distinción es clave para abrazar el camino transformador que ofrece este Curso: pasar de percibir ilusiones a reconocer la Realidad que es el Amor de Dios en todo.
V En lugar de mirar las cosas con codicia y evaluarlas únicamente en términos de su utilidad para satisfacer tus imaginarias necesidades, intenta contemplarlo todo con amor y aprecio. Sé respetuoso con lo que te rodea, trátalo con atención, humildad y gratitud, y descubrirás que las cosas te devolverán el amor que les otorgas y te revelarán sus secretos.
En realidad, no hay nada oculto ni ningún misterio; era tu mirada rapaz y limitada la que te mantenía ciego a su belleza. Sé generoso con el mundo, ofrécele tu amistad, y te encontrarás rodeado de amigos. Incluso los objetos inanimados cobrarán vida ante tus ojos y te hablarán con agradecimiento.
Una manera práctica de aplicar la idea de hoy es integrarla en tus tareas cotidianas. Por ejemplo, si estás colgando ropa, puedes decir: «Dios está en esta camisa», «Dios está en esta sábana». Si estás fregando, podrías decir: «Dios está en este vaso», «Dios está en este plato». Descubrirás, con sorpresa, que actividades que antes te parecían tediosas o molestas ahora te resultan mucho más agradables y fascinantes. En lugar de agotarte, estas tareas te llenarán de energía y alegría.
Este ejercicio es muy sencillo y no implica ningún riesgo; al contrario, es profundamente liberador. La idea de Dios aporta una sorprendente alegría allí donde la aplicas, además de ser absolutamente cierta y oportuna.
Recuerda que esa «mentalidad abierta» es la última característica de los maestros de Dios, pero también es la primera, porque es la que te pone en la actitud receptiva necesaria para emprender un Curso sobre la verdad.
VI De nuevo, ten mucho cuidado al interpretar este tipo de Lecciones y no te sientas frustrado si no puedes ver a Dios en esa mesa, porque eso “se encuentra más allá de tu pequeño alcance”. Jesús no te está pidiendo que lo hagas ahora, porque sabe que no puedes. Lo que Él te pide, y lo que sí puedes hacer, es simplemente querer ver a Dios en esa mesa.
Eso es todo. Es suficiente con que ese sea tu deseo y tu voluntad. Con ese simple acto ya estás haciendo muchísimo, y hay una gran alegría en el Cielo por tu esfuerzo y devoción.
Recuerda que eres un estudiante de un Curso de entrenamiento mental. Solo te gradúas cuando tu mente se llena de luz y júbilo, y en ese momento sabrás que ya no necesitas aprender nada más.
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LECCIÓN 28
Por encima de todo, quiero ver las cosas de otra manera.I
1. Hoy estamos dando una aplicación muy específica a la idea que vimos ayer.
2Durante estas sesiones de práctica, adquirirás una serie de compromisos bien definidos.
3La cuestión de si los mantendrás en el futuro no nos preocupa ahora.
4Si estás dispuesto a asumirlos en este momento, ya has comenzado el camino para mantenerlos.II
5Y recuerda, todavía estamos al principio.
2. Puede que te preguntes por qué es importante decir algo como: «Por encima de todo, quiero ver esta mesa de otra manera».
2Decirlo, en sí mismo, no tiene ninguna importancia.
3Sin embargo, ¿qué existe realmente «por sí mismo»?
4¿Y qué significa «en sí mismo»? III
5Ves muchas cosas separadas a tu alrededor, lo que significa que, en realidad, no estás viendo nada.
6O ves, o no ves.IV
7Cuando hayas visto una cosa de manera diferente, verás todas las cosas de manera diferente.
8La luz que veas en cualquiera de ellas será la misma luz que verás en todas.
3. Al decir: «Por encima de todo, quiero ver esta mesa de otra manera», te estás comprometiendo a abandonar todas tus ideas preconcebidas sobre la mesa y a abrir tu mente a lo que realmente es y para qué es.
2No la defines en términos de tu pasado.
3En lugar de afirmar qué es, estás preguntando qué es.
4No estás limitando su significado a tu propia y reducida experiencia con mesas ni restringiendo su propósito a tus pensamientos personales, que no significan nada.
4. Tú no cuestionas lo que ya has definido previamente.
2Sin embargo, el propósito de estos ejercicios es hacer preguntas y recibir las respuestas.
3Al decir: «Por encima de todo quiero ver esta mesa de otra manera», te estás comprometiendo a ver.
4Este compromiso no es exclusivo.
5Se aplica tanto a la mesa como a cualquier otra cosa, sin distinciones.
5. De hecho, podrías alcanzar la visión comenzando por esa sola mesa, si fueras capaz de abandonar por completo todas tus ideas sobre ella y contemplarla con una mente completamente receptiva.
2Esa mesa tiene algo que mostrarte; algo bello, puro y de infinito valor, lleno de felicidad y esperanza.V
3Oculto bajo todas las ideas que albergas sobre ella se encuentra su verdadero propósito, el cual comparte con todo el universo.
6. Por lo tanto, al usar la mesa como tema para la idea de hoy, en realidad estás pidiendo ver el propósito del universo.
2Estarás haciendo esta misma petición con cada objeto que uses en las prácticas.
3Y con cada uno, te comprometes a dejar que su propósito te sea revelado, en lugar de imponer sobre ellos tus propios juicios.
7. Hoy realizaremos seis sesiones de práctica de dos minutos cada una, en las que primero repetirás la idea del día y luego la aplicarás a cualquier cosa que contemples a tu alrededor.
2No solo debes escoger los temas al azar, sino que también debes tratar cada uno con la misma sinceridad, reconociendo que todos son igualmente valiosos en su contribución para alcanzar la visión.
8. Como de costumbre, las aplicaciones de la idea deben incluir el nombre del objeto que tus ojos observen, mientras dices:
2Por encima de todo, quiero ver este/a ____ de otra manera.
3Cada aplicación debe realizarse con calma y tan conscientemente como sea posible.
4No hay prisa.
I Por encima de todo, quiero ver las cosas sin ningún componente de miedo. Yo he atribuido significado a todo (L-2) basándome en su utilidad para satisfacer mis necesidades, es decir, las carencias que percibo en mí. Sentirse carente genera miedo, y por eso, al afirmar que quiero ver las cosas de otra manera, en realidad estoy pidiendo dejar de relacionarme con el mundo desde el miedo.
Donde no hay miedo, hay dicha y paz.
II Estas líneas dejan claro que Jesús comprende perfectamente tu incertidumbre sobre tu capacidad para tener éxito en la práctica de este Libro de Ejercicios. Tus dudas sobre ti mismo son comprensibles y justificadas, porque, en efecto, tú no estás capacitado para alcanzar los objetivos por tu cuenta. Eso es evidente.
Sin embargo, no te preocupes. Tu capacidad no es necesaria para lograr estos objetivos. Si pudieras alcanzarlos por ti mismo, no necesitarías esta práctica ni la ayuda del Espíritu Santo.
Confía. Lo único que se te pide es una pequeña disposición para aprender y cambiar, y que sigas las instrucciones de la manera más fiel posible. No se requiere nada más. No serás el artífice de tu propia salvación, pero te salvarás. Saldrás de tus malos sueños, y esto ocurrirá sin que sepas cómo.
Es posible que este tipo de Lecciones, que plantean cosas incomprensibles para ti, te resulten especialmente desafiantes. No permitas que surjan pensamientos de desánimo o de inadecuación porque te consideres incapaz de obtener ciertos resultados. Los objetivos son asuntos del ego, y tú, como Hijo de Dios, no necesitas conseguir nada, porque tu Padre ya te ha dado todo.
Estas Lecciones están diseñadas para que trabajes la obediencia, la confianza y la buena voluntad. Realiza la Lección con esmero, quédate en paz y siéntete plenamente justificado.
III El «sí mismo» de algo es el concepto más simple y puro que se puede concebir acerca de una cosa. Por eso, resulta inasequible para la mente egoica, al igual que ocurre con la noción de «ser», el fundamento de toda ontología.
La respuesta a estas dos complejas preguntas, de evidente carácter ontológico, se encuentra en la próxima Lección. Ten paciencia y prepara tu mente para estar completamente receptiva a la idea de mañana.
IV La noción de visión verdadera que propone este Curso trasciende ampliamente la simple percepción de los objetos físicos. Está intrínsecamente vinculada a la comprensión de su propósito en perfecta integración con el observador, la totalidad del entorno perceptual y su función en el universo. Ver implica conocer, ser, amar y crear, todo al mismo tiempo; son aspectos inseparables de la propia existencia.
Si no entiendes esto, no te preocupes en absoluto. Eso es una señal de que vas por buen camino, ya que se trata de algo completamente inaccesible para la mente egoica. Reconocer que no lo entiendes significa que no te estás engañando. Llegará un momento en que experimentarás la comprensión, pero aquel que comprenderá no será el mismo que ahora no entiende. Habrás aprendido, y en ese aprendizaje habrás cambiado.
La visión verdadera implica la ausencia del ego, la ausencia de «ese que no entiende».
V Esta línea es crucial porque, por primera vez, se insinúa el contenido de la verdadera visión. En última instancia, lo que estás contemplando, lo que tienes ante ti, es tu propio Ser.
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LECCIÓN 27
Por encima de todo, quiero ver.
1. La idea de hoy expresa algo más profundo que una mera decisión.I
2Otorga a la visión la máxima prioridad entre todos tus deseos.
3Puede que te sientas indeciso al usar esta idea porque no estás seguro de decirlo con total sinceridad.
4Eso no importa.
5El propósito de los ejercicios de hoy es acercarte un poco más al momento en que esta idea será completamente verdadera para ti.
2. Es posible que sientas una gran tentación de creer que se te está pidiendo algún tipo de sacrificio al afirmar que, por encima de todo, quieres ver.
2Si esta falta de reservas te causa incomodidad, puedes añadir:
3La visión no tiene ningún coste para nadie.
4Y si el miedo a perder algo persiste, añade también:
5Tan solo puede bendecir.II
3. La idea de hoy requiere muchas repeticiones para que puedas obtener el máximo beneficio.
2Deberías practicarla al menos cada media hora, y con más frecuencia si es posible.III
3Intenta, si puedes, practicarla cada quince o veinte minutos.
4Es recomendable que, al despertar o poco después, determines un ritmo específico para aplicar la idea durante el día y te esfuerces en cumplirlo.
5No te resultará difícil hacerlo, incluso mientras conversas o te ocupas en otras actividades.
6Siempre puedes repetir una frase breve para tus adentros sin que eso interfiera en nada.
4. La verdadera pregunta es: ¿con qué frecuencia recordarás hacerlo?
2¿Cuánto deseas que la idea de hoy sea cierta?
3Responde a una de estas preguntas, y habrás respondido a la otra.
4Es posible que olvides practicar en algunas ocasiones, e incluso en muchas.
5No te preocupes por ello, pero haz el esfuerzo de retomar tu programa cada vez que notes que te has despistado.IV
6Si tan solo una vez durante el día repites la idea de hoy con total sinceridad, puedes estar seguro de que te habrás ahorrado muchos años de esfuerzo.V
I Esta Lección refuerza el pronunciamiento de la Lección 20: «Estoy decidido a ver», y ambas constituyen la culminación de otras Lecciones anteriores enfocadas en el deshacimiento, de carácter negativo.
Estas son Lecciones luminosas que presentan la solución a la oscuridad del sistema de pensamiento del mundo: la verdad.
Es la voluntad de conocer la verdad lo que libera de la ilusión de la muerte.
«Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:33).
II Cuando enuncies la idea del día, no es necesario que utilices exactamente la fórmula que se te propone. Evita caer en ritualismos; eso equivale a creer en la magia. Lo realmente importante es que comprendas con claridad la esencia de lo que la idea transmite. Una vez captada, exprésala a tu manera. De hecho, hacerlo así es más efectivo, porque resulta más natural y enfrenta menos resistencias.
Por ejemplo, podrías formular la idea de hoy de la siguiente manera: «Lo más importante para mí, lo que deseo por encima de todo en esta vida, es lograr ver de verdad. Jesús me ha dicho que no tengo que pagar ningún precio por ello, y que además solo puede bendecirme a mí y a todo lo que me rodea, y yo le creo. Esto es lo que realmente quiero, y además deseo que ocurra tan pronto como sea posible».
Formular la idea de esta forma –u otra que se te ocurra a ti– hará que sea mucho más operativa. También es fundamental que entiendas que su eficacia aumentará si la vinculas a una emoción sincera, sentida desde lo más profundo de tu corazón. Las ideas que se apoyan en emociones son increíblemente poderosas.
Recuerda este principio a lo largo de todas tus prácticas con este Libro de Ejercicios.
III Esta es la primera ocasión en la que se propone un uso intensivo de la idea a lo largo del día, algo que será necesario con muchas otras ideas en el futuro.
IV A lo largo de la práctica de los ejercicios de este Libro, es absolutamente esencial desterrar por completo la idea de culpabilidad. Debes recordar que siempre haces lo mejor que puedes y das todo el amor que tienes. Aun así, procura siempre dar un poco más. Recuerda que ningún esfuerzo, por pequeño que sea, se desperdicia.
V Esta línea deja entrever que la tarea de invertir tu sistema de pensamiento es una proeza monumental que exigirá tiempo, esfuerzo y una enorme determinación. Sin embargo, piensa en la recompensa: es infinita. No existe alternativa alguna que pueda compararse, ni manera de emplear tu tiempo que te beneficie tanto.
Además, puedes estar seguro de que, a lo largo del camino, encontrarás innumerables recompensas que te sorprenderán, te sanarán y también sanarán a quienes te rodean. Recuerda: este es Un Curso de Milagros.
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LECCIÓN 26
Mis pensamientos de ataque están atacando mi invulnerabilidad.
1. Es evidente que, si puedes ser atacado, entonces no eres invulnerable.
2Percibes el ataque como una amenaza real.
3Esto se debe a que crees que tú mismo puedes atacar de forma genuina.
4Y lo que puede tener efectos a través de ti, también debe tener efectos en ti.I
5Esta misma ley, en última instancia, será lo que te salve.
6Pero ahora la estás usando mal.
7Por lo tanto, debes aprender a usarla a tu favor en lugar de en tu contra.
2. Al proyectar inevitablemente tus pensamientos de ataque, temerás ser atacado.
2Y si temes ser atacado, es porque crees que no eres invulnerable.
3Por lo tanto, los pensamientos de ataque te hacen vulnerable dentro de tu propia mente, que es donde esos pensamientos residen.II
4Los pensamientos de ataque y la invulnerabilidad no pueden coexistir en tu mente.
5Se contradicen entre sí.
3. La idea de hoy introduce la noción de que siempre te atacas a ti mismo primero.
2Si los pensamientos de ataque implican la creencia de que eres vulnerable, su efecto es debilitarte a tus propios ojos.
3Por lo tanto, estos pensamientos atacan la percepción que tienes de ti mismo.
4Y, al creer en ellos, pierdes la capacidad de creer en ti mismo.
5Una falsa imagen de ti mismo ha ocupado el lugar de lo que realmente eres.III
4. Practicar con la idea de hoy te ayudará a entender que tanto la vulnerabilidad como la invulnerabilidad son el resultado de tus propios pensamientos.
2Nada, excepto tus propios pensamientos, puede atacarte.
3Nada, excepto tus propios pensamientos, puede hacerte creer que eres vulnerable.
4Y nada, excepto tus propios pensamientos, puede demostrarte que eso no es cierto.IV
5. Se requieren seis periodos de práctica para trabajar con la idea de hoy.
2Intenta dedicar dos minutos completos a cada sesión, aunque puedes reducirlo a un minuto si sientes demasiada incomodidad.
3Sin embargo, no reduzcas el tiempo a menos de un minuto.
6. Comienza cada sesión repitiendo la idea de hoy, luego cierra los ojos y repasa las situaciones sin resolver cuyos resultados te inquietan.
2Esta inquietud puede manifestarse como depresión, ansiedad, ira, sensación de coacción, miedo, aprensión o preocupación.
3Cualquier problema aún no resuelto que venga a tu mente de manera recurrente durante el día es un tema adecuado para la práctica.
4No podrás abordar muchos en cada periodo, ya que debes dedicar más tiempo de lo habitual a cada uno.
7. La idea de hoy debe aplicarse de la siguiente manera:
2Primero, menciona la situación:
3Me preocupa ____.
4Luego, repasa todos los posibles resultados que te han causado inquietud y nombra cada uno de ellos de manera muy específica, diciendo:
5Me temo que ____ sucederá.
8. Si realizas los ejercicios correctamente, deberías identificar unas cinco o seis posibilidades angustiosas para cada problema, o incluso más.
2Es mucho más efectivo profundizar en unos pocos casos que abordar un número mayor de manera superficial.
3A medida que aumente la cantidad de resultados previstos para cada problema, es posible que algunos te parezcan menos aceptables, especialmente aquellos que se te ocurran al final.
4Sin embargo, en la medida de lo posible, trata de considerarlos todos por igual.
9. Después de nombrar cada resultado que temes, repite para ti mismo:
2Ese pensamiento es un ataque a mí mismo.
3Concluye cada periodo de práctica repitiendo una vez más la idea de hoy.
I Siempre nos relacionamos con todo desde la forma en que nos vemos a nosotros mismos. Tratamos a las cosas, a los demás y a Dios de la misma manera en que nos tratamos, y dado que no nos amamos realmente, nuestras relaciones con el mundo y con Dios carecen de amor.
Proyectamos inevitablemente el grado de amor —o su ausencia— que sentimos por nosotros mismos en todo lo que percibimos o concebimos, ya que percibir y concebir son, en esencia, lo mismo. Así, cuando atacas, reconoces implícitamente que, si ese ataque puede dañarte a ti, también puede dañar a otros. Por eso, todo ataque es una admisión de vulnerabilidad: si intentas destruir, es porque crees que también puedes ser destruido.
II La ira y el miedo son dos caras de una misma moneda. El miedo es la cara que tú experimentas cuando te atacas a ti mismo, y la ira es la cara que muestras cuando proyectas tu ataque hacia afuera. Sin embargo, ambas son la misma cosa: ausencia de amor. Pero, ¿puede realmente existir una ausencia cuando lo que falta es algo que no existe, por definición? Por eso este Curso afirma que el miedo es una ilusión, una percepción de algo que no está ahí, ya que lo que Dios no ha creado no puede existir. No obstante, es perfectamente posible creer en ello y, al hacerlo, lo haces real para ti.
Si tienes miedo, atacarás, y si atacas, tendrás miedo. Es un ciclo inevitable. Sentirás miedo porque creerás que estás en peligro, que puedes sufrir daño, que eres vulnerable al ataque de aquellos a quienes has atacado. Te sentirás pequeño, débil y perderás la paz mental. Entonces buscarás protegerte, percibiéndote rodeado de amenazas y sintiendo la necesidad de construir defensas contra tus enemigos. Esto ocurre tanto a nivel individual como colectivo. Los países con los ejércitos más poderosos son, paradójicamente, los que albergan ciudadanos más temerosos, pues viven bajo una sensación constante de amenaza. Donde veas muchas banderas, encontrarás mucho miedo.
Este es un ejemplo más de cómo se cumple la ley de Dios: «Recibirás aquello que des». Y tú, que lo eres todo, ¿cómo podrías dar algo que no deseas para ti mismo si sabes que retornará a ti?
Reconoce que todo juicio condenatorio, incluso el más insignificante, es un ataque. Quizás pienses que no puedes evitar juzgar o condenar, que muchos de tus juicios son inconscientes y ni siquiera puedes detectarlos. No te preocupes por eso; hay un mecanismo muy simple para saber si estás atacando a alguien, a algo o incluso a la vida misma: siempre que te sientas mal, aunque sea la más leve incomodidad, estás juzgando y condenando, es decir, atacando. No te faltan herramientas para detectar cuándo estás usando mal tu mente; solo necesitas usarlas.
Lo contrario también es cierto: quienes no tienen miedo no atacan. La mansedumbre nace de una conciencia de invulnerabilidad que solo puede existir en ausencia de miedo.
Recuerda: siempre que algo te disguste o te perturbe, aunque sea mínimamente, dite a ti mismo: «Tiene que haber una manera mejor de ver esto, y estoy dispuesto a encontrarla». Sé constante e inflexible con este principio. No toleres ni el más leve malestar. Eres el anfitrión de Dios. Mantén tu casa limpia.
III Primero te sientes mal, y luego atacas. Pero, en realidad, el orden correcto es este: primero te atacas a ti mismo, por eso te sientes mal, y luego atacas.
Las imágenes que albergas de ti mismo no son falsas o verdaderas; todas son falsas, porque tú no eres una imagen. Eres el Hijo de Dios, quien concibe imágenes falsas de sí mismo y de todo lo que percibe. Además, es importante que comprendas que tus pensamientos de ataque no te afectan en absoluto; solo tienen efectos sobre esa imagen que tienes de ti mismo, pero no sobre tu verdadera realidad.
De esta manera, gobiernas un pequeño reino mental donde ocurren innumerables historias dramáticas que tú mismo te cuentas, historias que sufren y padecen los personajes que has creado, entre ellos ese «yo» que crees ser.
El objetivo de este Curso es entrenar tu mente para que aprendas a contarte una historia más benévola, hasta que llegue el momento en que dejes de creer en cualquier tipo de historias, y entonces despiertes.
IV Nada, excepto tus propios pensamientos, puede afectarte, porque únicamente te relacionas con tus propios pensamientos y con nada más. No conoces otra cosa que tus propios pensamientos.
Lo que sucede es que a muchos de tus pensamientos los llamas «cosas del mundo», aunque no son más que tus propias ideas, a las que les has añadido la creencia de ser algo externo a ti, físico y real. Esta creencia, a su vez, no es más que otro pensamiento. Es decir, a un pensamiento acerca de algo con lo que deseas relacionarte le atribuyes la noción de ser algo externo a ti.
Cuando consideras que esa idea es accesible, lo sitúas en el espacio; y cuando la consideras inaccesible, la sitúas en un tiempo imaginario: el pasado o el futuro. Las dimensiones espacio y tiempo son maneras de pensar en términos de separación.
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LECCIÓN 25
No sé para qué es nada.
1. El propósito de algo es su significado.I
2La idea de hoy explica por qué nada de lo que ves tiene significado.II
3No sabes para qué es.
4Por lo tanto, no tiene significado para ti.
5Todo existe para tu propio beneficio.III
6Para eso es para lo que es.
7Ese es su propósito.
8Ese es su significado.
9Al reconocer esto, tus objetivos se unifican.
10Al reconocer esto, lo que ves cobra significado.
2. Tú percibes el mundo y todo lo que hay en él como algo significativo en función de los objetivos del ego.IV
2Estas metas no tienen nada que ver con lo que en verdad te conviene, porque tú no eres el ego.V
3Esta falsa identificación te impide entender cuál es el propósito de nada.
4Como resultado, no puedes sino hacer un mal uso de ello.
5Cuando aceptes esto, procurarás retirar los objetivos que le has asignado al mundo, en lugar de intentar reforzarlos.
3. Otra forma de describir los objetivos que ahora valoras es decir que todos ellos están relacionados con tus intereses «personales».
2Pero, como en verdad no tienes intereses personales, tus objetivos no están realmente relacionados con nada.VI
3Por lo tanto, al darles valor, no tienes ningún objetivo en absoluto.
4Y por eso no sabes para qué es nada.
4. Antes de que los ejercicios de hoy tengan algún sentido para ti, es necesario que reflexiones sobre lo siguiente.
2En los niveles más superficiales sí reconoces el propósito de las cosas.
3Sin embargo, el verdadero propósito no se puede entender en estos niveles.
4Por ejemplo, sabes que el propósito de un teléfono es hablar con alguien que no se encuentra físicamente cerca.
5Lo que no entiendes es para qué quieres comunicarte con esa persona.
6Y esto es precisamente lo que determina si tu comunicación con ella tiene significado o no.
5. Es crucial para tu aprendizaje estar dispuesto a renunciar a los objetivos que has establecido para todo.VII
2Reconocer que no tienen sentido, en lugar de juzgarlos como «buenos» o «malos», es la única manera de lograrlo.
3La idea de hoy es un paso en esta dirección.
6. Hoy se requieren seis periodos de práctica, cada uno de dos minutos de duración.
2Comienza cada sesión repitiendo lentamente la idea de hoy; luego mira a tu alrededor, permitiendo que tus ojos se detengan en cualquier cosa que te llame la atención, cercana o lejana, «importante» o «no importante», «humana» o «no humana».
3Al observar cada objeto que elijas, di, por ejemplo:
4No sé para qué es esta silla.
5No sé para qué es este lápiz.
6No sé para qué es esta mano.
7Dilo con calma, sin apartar la mirada hasta que completes la frase.
8Luego pasa al siguiente objeto y aplica la idea de hoy de la misma manera.
I Planteado de otro modo: el significado de algo radica en su función, en su propósito. Y dado que el significado de algo define su identidad, entonces la identidad de algo es aquello para lo que sirve.
Si mi identidad en este mundo es mi función, surge una pregunta fundamental: ¿cuál es mi función en este mundo? Esta pregunta es crucial, porque al responderla descubriré quién soy realmente. Jesús nos enseña que la función que Dios nos ha asignado es ser felices y hacer felices a otros. Por lo tanto, podemos deducir que nuestra identidad es la felicidad; eso es lo que verdaderamente somos: la felicidad, el Amor de Dios.
Aquí, en este mundo, todos buscan la felicidad, y la razón de ello es muy simple: porque lo que realmente están buscando es su verdadera identidad, aquello que en esencia son, el recuerdo del Amor de Dios que han olvidado al distraerse con cosas ilusorias.
II L-1 «Nada de lo que veo significa nada».
III Solo percibes ilusiones. Percibir es imaginar, concebir ilusiones, proyectar aquello que deseas ver. Todo lo que percibes es el resultado de lo que has proyectado, y lo has proyectado porque lo quieres. Por eso te relacionas con todo lo que percibes en términos de utilidad.
El significado que todo tiene para ti está determinado por la razón —o propósito— por la cual lo has concebido y traído a tu percepción.
IV El ego se relaciona con todo desde la carencia, y al identificarte con él, también tú te relacionas con lo que percibes desde la necesidad o, incluso, la rapacidad. Así, buscas en las cosas, las personas o las circunstancias aquello que crees que te falta.
De este modo, en lugar de celebrar la vida, la consumes, la devoras.
V Esta es la segunda vez que el concepto del ego aparece en el Libro de Ejercicios. La primera fue en la Lección 13, donde se abordaba el desafío entre el ego y Dios respecto a qué significado debe asignarse a la percepción.
En esta ocasión, se parte de la premisa de que el ego ya se ha apropiado de todos los significados del mundo. La tarea de este Curso es deshacer esa apropiación y restaurar el verdadero significado.
VI Tú no tienes intereses personales porque, en realidad, no eres una «persona»; eres el Hijo de Dios.
VII Esta es una declaración importante; no la pases por alto. Reflexiona sobre lo que implica y sobre lo que conlleva. No la tomes a la ligera, porque te está pidiendo, ni más ni menos, que renuncies a todos los significados que has atribuido al mundo para poder aprender a ver un mundo nuevo, un mundo diferente.
Sé consciente de que esta solicitud es enorme, pero también lo es lo que se te ofrece a cambio. Considera que esta petición no solo es lógica, sino también necesaria. Si el objetivo de este Curso es invertir tu manera de pensar, primero debes deshacerte de la forma anterior. Por ello, es crucial para tu aprendizaje que estés dispuesto a renunciar a los objetivos –las funciones, los significados– que has establecido para todo lo que contemplas.
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LECCIÓN 24
No percibo lo que más me conviene.
1. Nunca eres consciente, en ninguna situación, de cuál es el desenlace que realmente te haría feliz.I
2Por lo tanto, no tienes guía alguna para actuar de manera adecuada ni forma de juzgar correctamente el resultado.
3Tu comportamiento está determinado por tu percepción de la situación, y esa percepción es errónea.
4Por eso, inevitablemente, no harás lo que más te conviene.
5Sin embargo, ese debería ser tu único objetivo en cualquier situación correctamente percibida.
6Pero si no percibes correctamente, no podrás reconocer lo que más te conviene.
2. Si comprendieras que no percibes lo que más te conviene, sería posible enseñártelo.
2Pero mientras sigas convencido de que ya lo sabes, no podrás aprender.
3La idea de hoy es un primer paso para abrir tu mente y permitir que el aprendizaje comience.II
3. Los ejercicios de hoy requieren mucha más honestidad de la que normalmente empleas.
2En cada una de las cinco sesiones que debes realizar hoy, será más útil examinar unos pocos temas de manera honesta y profunda que tratar superficialmente un gran número.
3Dedica aproximadamente dos minutos a la búsqueda mental en cada ejercicio.
4. Comienza cada sesión repitiendo la idea de hoy, y luego, con los ojos cerrados, busca en tu mente las situaciones sin resolver que actualmente te preocupan.
2Esfuérzate por descubrir cuál es el resultado que deseas en cada una de ellas.
3Pronto te darás cuenta de que tienes numerosos objetivos en mente relacionados con ese resultado deseado, y de que esos objetivos se encuentran en diferentes niveles y, con frecuencia, entran en conflicto entre sí.
5. Nombra cada situación que surja en tu mente y enumera de manera minuciosa tantos objetivos como te gustaría alcanzar en relación con ella.
2La forma de expresarlos debería ser algo como:
3Con respecto a ____, me gustaría que sucediera ____, y ____, y…
4Continúa en este formato, intentando incluir todos los resultados que honestamente puedas identificar, incluso si algunos de ellos no parecen estar directamente relacionados con la situación o no son inherentes a ella.
6. Si realizas los ejercicios correctamente, reconocerás que estás imponiendo a la situación una gran cantidad de exigencias que no tienen nada que ver con ella.
2También te darás cuenta de que muchos de tus objetivos son contradictorios, de que no tienes en mente un desenlace unificado y de que, inevitablemente, algunos de tus objetivos no se cumplirán, independientemente de cómo se resuelva la situación.
3Después de revisar la lista de todos los objetivos que has identificado para cada situación, dite en silencio:
4No percibo lo que más me conviene en esta situación.III
5Luego, pasa a la siguiente.
I La mente, creada por lo Bueno —Dios—, tiende de manera natural hacia lo bueno y lo busca constantemente; en esencia, la mente se busca a sí misma. Sin embargo, la mente personal, que es el efecto del ego en la santa mente del Hijo de Dios, se ve atrapada en la arrogancia y el masoquismo. Por ello, no sabe realmente qué es lo que más le conviene —aunque piensa que sí lo sabe, lo cual es arrogancia— y, además, se otorga a sí misma aquello que le causa sufrimiento —masoquismo—.
II No hace falta demasiada honestidad para reconocer que el ser humano sufre un sesgo cognitivo esencial, tan generalizado que resulta difícil identificarlo. Un sesgo cognitivo es una forma errónea de usar la mente, y este es quizás el más extendido. Podríamos llamarlo «el sesgo cognitivo de la doble ignorancia»: no saber, y no saber que no se sabe. Es decir: la arrogancia.
El reconocimiento de este hecho es el nivel más alto al que puede llegar el ego y marca el inicio del verdadero aprendizaje. Quien no sabe que no sabe se atribuye un conocimiento que no posee, y esa arrogancia constituye la causa fundamental del sufrimiento humano.
«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» fueron las penúltimas palabras de Jesús. Aquellos que lo martirizaban creían saber lo que hacían, pero solo eran víctimas de este sesgo tan devastador. Siglos antes, Sócrates también fue condenado a muerte por declarar que lo único que sabía con certeza era que no sabía nada, mientras que sus acusadores estaban aún peor, pues ni siquiera eran conscientes de su ignorancia. La arrogancia no tolera que se evidencien sus carencias.
Este Curso te ayudará a sanar ese sesgo cognitivo que aqueja a la humanidad. Sin embargo, para lograrlo, es imprescindible que cultives el discernimiento, la honestidad y la humildad necesarias para reconocer que no sabes qué es lo que más te conviene.
Esto no es difícil en absoluto; basta con que practiques correctamente los ejercicios de hoy para que tomes conciencia de esta verdad, y así estarás listo para que el verdadero aprendizaje comience.
Aprender implica cambiar la mente, pero un cambio verdadero no puede ser propiciado por la mente individual identificada con el ego, que es precisamente como opera la mente de todo aquel que se refiere a sí mismo como «yo», es decir, de todos. Por ello, el motor del verdadero cambio es transpersonal, algo que actúa desde más allá de la persona.
Esta Lección, como ninguna de las de la primera parte de este Libro de Ejercicios, no busca cambiar nada. Su propósito es deshacer la antigua manera de pensar. Hoy intentarás tomar plena conciencia de que, en realidad, no sabes qué es lo que más te conviene. Con eso basta.
III Cada vez que percibimos de manera dolorosa, caemos en el autoengaño provocado por nuestra propia arrogancia. Pocas características definen mejor al «ser» humano que la combinación de arrogancia y masoquismo. ¿Qué es el ser humano sino alguien que juzga y condena creyendo saber algo que en realidad desconoce, y que además tiende a hacerse daño a sí mismo, negándose a percibir lo que más le conviene y rechazando lo que podría hacerle feliz?
La arrogancia, derivada del latín ad-rogare—atribuirse cualidades que no se poseen—, es una forma de falsedad que, como toda mentira, nace del miedo. En este caso, del miedo a la verdad, del temor a enfrentar la propia ignorancia. Se supera mediante la honestidad, la humildad y la racionalidad.
El masoquismo, esa tendencia a dañarse a uno mismo, tiene su origen en un sentimiento oscuro de culpa, provocado por el reconocimiento subconsciente del «pecado» de haber confinado una mente infinita dentro de los límites de una identidad individual falsa. Este masoquismo se cura a través del perdón, empezando por perdonarte a ti mismo, lo que naturalmente conduce a perdonar a los demás.
Tanto la arrogancia como el masoquismo desaparecen al abandonar el sentido de importancia personal, al dejar de creer que la imagen que tienes de ti mismo es relevante. Piensa en esto: ¿qué credibilidad puede tener una idea tan volátil y cambiante? ¿No te das cuenta de que esa necesidad de sentirse importante es solo una reacción ante la falsedad de esa identidad ilusoria?
Sentirse importante no es más que el intento de la mente por reforzar una mentira con más mentiras. Ese personaje ilusorio que crees ser no tiene importancia; no es más que un delirio fabricado por tu mente.
¡Por el Amor de Dios, tú eres Su Hijo! No confines tu grandeza en ideas denigrantes.
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LECCIÓN 23
Puedo escapar del mundo que veo si renuncio a mis pensamientos de ataque.
1. La idea de hoy contiene la única manera de escapar del miedo que tendrá éxito.
2Ninguna otra cosa funcionará; todo lo demás carece de sentido.
3Pero esto no puede fallar.
4Cada pensamiento que albergas da forma a algún aspecto del mundo que contemplas.
5Por eso debemos trabajar con tus pensamientos para que tu percepción del mundo pueda cambiar.
2. Si la causa del mundo que ves son tus pensamientos de ataque, debes aprender que no quieres esos pensamientos.
2De nada sirve lamentarse del mundo.
3De nada sirve tratar de cambiarlo.
4El mundo no puede cambiar porque no es más que un efecto.
5Pero lo que sí tiene sentido es cambiar tus pensamientos acerca del mundo.
6Haciendo esto, estás cambiando la causa.
7Y entonces el efecto cambiará automáticamente.I
3. El mundo que ves es un mundo vengativo, y todo en él es un símbolo de venganza.
2Cada una de tus percepciones de la «realidad externa» es una representación pictórica de tus propios pensamientos de ataque.
3Uno bien podría preguntarse si a esto se le puede llamar ver.
4¿No es acaso «fantasía» una palabra más adecuada para describir este proceso y «alucinación» un término más apropiado para su resultado? II
4. Ves el mundo que tú mismo has hecho, pero no te ves a ti mismo como el hacedor de esas imágenes. III
2No se te puede salvar del mundo, pero puedes escapar de aquello que lo causa.IV
3Esto es lo que significa la salvación, pues ¿dónde está el mundo que ves cuando su causa ha desaparecido?
4La verdadera visión ya contiene aquello con lo que reemplazarás todo lo que crees ver ahora.
5La ternura puede iluminar tus imágenes, y así transformarlas para que las ames aun cuando fueron hechas de odio.
6Pues esa transformación no la harás tú solo.V
5. La idea de hoy introduce la noción de que no estás atrapado en el mundo que ves, porque puedes cambiar su causa.VI
2Este cambio requiere en primer lugar que identifiques la causa y, luego, que la abandones para que pueda ser reemplazada.
3Los dos primeros pasos de este proceso requieren tu cooperación.
4El último, no.VII
5Pues tus imágenes ya han sido reemplazadas.
6Basta con que des los dos primeros pasos para que veas que así es.VIII
6. Para aplicar la idea de hoy se requieren cinco periodos de práctica, además de usarla a lo largo del día cuando sea necesario.
2Repite lentamente la idea en silencio mientras miras a tu alrededor; luego cierra los ojos y dedica aproximadamente un minuto a buscar en tu mente tantos pensamientos de ataque como se te ocurran.
3Cada vez que uno cruce tu mente, di:
4Puedo escapar del mundo que veo si renuncio a mis pensamientos de ataque acerca de ____.
5Mantén presente cada uno de esos pensamientos mientras lo dices, y luego descártalo y pasa al siguiente.
7. En las sesiones de práctica, asegúrate de incluir tanto los pensamientos en los que tú atacas como aquellos en los que eres atacado.
2Ambos pensamientos tienen exactamente el mismo efecto porque son exactamente lo mismo.
3Tú aún no reconoces esto, y por ahora solo se te pide que, en la práctica de hoy, los trates como si fueran iguales.
4Aún nos encontramos en la etapa de identificar la causa del mundo que ves.
5Cuando finalmente te des cuenta de que los pensamientos de atacar y de ser atacado no son diferentes, estarás listo para abandonar su causa.
I Este párrafo resume eficazmente la estrategia de este Curso para invertir tu sistema de pensamiento:
En primer lugar, tomas conciencia de que el mundo es una ilusión.
Luego, reconoces que el mundo que contemplas es una creación de tu mente y asumes la responsabilidad por él.
Finalmente, renuncias a verlo de esa manera al decidir cambiar su causa: tus pensamientos de ataque.
Entonces, el cambio ocurre. Pero ya no es debido a algo que tú hagas; es algo que se te concede. Tu contribución a este proceso termina con la expresión de tu firme voluntad de ver un mundo diferente. El resto sucede por sí mismo.
II El mundo no es una «realidad» en sí misma, sino la proyección de tus propios pensamientos representada en forma de imágenes. Todo el trabajo que realizas con este Curso consiste en tomar conciencia de esta verdad y purificar tus pensamientos, eliminando de ellos cualquier componente de ataque, para alinearlos con la verdad.
Este cambio se refleja a nivel perceptual como la visión del «mundo real», donde pensamientos benévolos dan lugar a un sueño feliz.
III «Mis pensamientos son imágenes que yo mismo he fabricado» (L-15). Esto se debe a que llamas «mundo» a tus pensamientos sobre un mundo que, en realidad, no existe.
IV Puedes liberarte del mundo de sufrimiento que contemplas si renuncias a tus pensamientos de ataque, ya que ellos son la causa del mundo que percibes.
V Esa es la labor del Espíritu Santo; tu única contribución a esa transformación es invitarlo a que realice Su obra… en tu mente.
VI No estás atrapado en el mundo que ves, pero sí en el que tú interpretas. Sin embargo, como esa interpretación depende únicamente de ti, puedes cambiarla a voluntad.
VII Estos tres pasos son: Primero, tomar conciencia de tus pensamientos de ataque. Después, perdonarlos, lo que significa renunciar a ellos. Finalmente, permitir que el Espíritu Santo te muestre esa ilusión que provocaba tu miedo y tu ira, reinterpretada ahora en términos benévolos.
VIII Estas últimas líneas comienzan a introducir una idea poderosa que, con el tiempo, adquirirá una importancia crucial: la noción de que tú no eres el autor de tu propia salvación; esta es algo que se realiza por ti.
Esta idea es fundamental porque tú —como ego— eres incapaz de cambiar verdaderamente por ti mismo, aunque probablemente creas que sí. Por eso, podría decirse que este es un Curso en no-hacer. Tú nunca serás el agente de tu salvación, ya que tu mente individual es precisamente la causa de la aparente separación.
Para profundizar en este concepto, puedes repasar la primera Sección del Capítulo 30: «Reglas para tomar decisiones».
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LECCIÓN 22
Lo que veo es una forma de venganza.
1. La idea de hoy describe con precisión la forma en que todo aquel que alberga en su mente pensamientos de ataque no puede sino ver el mundo.
2Al haber proyectado su ira sobre el mundo, ve la venganza a punto de recaer sobre él.
3Así, considera que su propio ataque es un acto en defensa propia.I
4Esto se convierte en un creciente círculo vicioso hasta que esté dispuesto a cambiar su manera de ver.
5De lo contrario, los pensamientos de ataque y contraataque lo asediarán y poblarán todo su mundo.
6¿Qué paz mental puede tener entonces?
2. De esta fantasía salvaje es de lo que quieres escapar.
2¿No es acaso una buena nueva oír que no es real? II
3¿No es una feliz noticia descubrir que puedes escapar de esa fantasía?
4Fuiste tú quien hizo eso que ahora quieres destruir; tú hiciste todo aquello que odias y quieres atacar y matar.
5Mas todo eso que temes no existe.
3. Mira hoy el mundo a tu alrededor al menos cinco veces, y al menos durante un minuto cada vez.
2A medida que tus ojos pasen lentamente de un objeto a otro, de un cuerpo a otro, dite en silencio:
3Solo veo lo perecedero.
4No veo nada que perdure.
5Lo que veo no es real.III
6Lo que veo es una forma de venganza.
7Al final de cada práctica, pregúntate:
8¿Es este el mundo que realmente quiero ver? IV
9La respuesta es obvia.
I A primera vista, puede resultar difícil aceptar que el mundo que percibes sea “una forma de venganza”. Para comprender mejor esta Lección, es útil revisar la sección V del Capítulo 31, “La idea de uno mismo”, donde se explica que el mundo que contemplas no es más que el reflejo de la culpa que reside en la cara oculta de la idea que tienes de ti mismo.
Esta cara oculta, que el ego se esfuerza por mantener en secreto, está cargada de miedos, juicios, resentimientos y una profunda autocondena. Al proyectar esos pensamientos hacia afuera, percibes un mundo amenazante que parece atacarte. Recuerda que percibir es proyectar, y de esta forma el mundo siempre confirmará y justificará tus miedos y sospechas. Este ciclo interminable de ataque y defensa tiene como objetivo perpetuar la falsa identidad que el ego ha fabricado y que tú has aceptado.
Ahora estás aprendiendo que esta percepción no es más que una ilusión. Al abrirte a la corrección del Espíritu Santo, puedes mirar más allá de esta máscara, liberar la culpa infundada y reconocer tu verdadera inocencia como el Hijo de Dios, amado y en paz.
Al verte desde esta nueva perspectiva, más benévola, comenzarás a proyectar y contemplar un mundo perdonado y amable. Este cambio de percepción se logra mediante tu voluntad. La pregunta clave que debes plantearte es: ¿qué mundo quiero ver?
II Recuerda que la palabra «evangelio» en griego significa «feliz noticia» o «buena nueva». Y ese es el verdadero Evangelio de Jesús: «El mundo no es real, y tú eres el inocente Hijo de Dios». Esta es una noción que todo estudiante de este Curso no debe olvidar jamás. El mundo, en sí mismo, no importa en absoluto, porque no es nada. Date cuenta de que siempre acabarás «perdiendo» todas las cosas del mundo. La mayor parte de ellas escaparán de tus manos a lo largo de tu aparente estancia aquí, y cuando finalmente dejes tu cuerpo, desaparecerá hasta el último vestigio de todo aquello que llamas «mío». ¿Crees que tu Padre permitiría que perdieras algo real que Él te ha dado? Y puedes estar seguro de que lo que Él no te ha dado no es real y no existe.
El impulso humano, secuestrado por la ilusión, tiende a «mejorar» un mundo que siempre defrauda sus expectativas. El ego juzga y condena el mundo, pensando que él lo haría mejor. «Lo que quiere ahora es una ilusión mejor» (P-3.In.2:8). Pero no hay ilusiones mejores o peores; todas ellas son falsedades. Eso es el mundo: la manifestación ficticia de la idea de la separación hecha forma para engañarte. Las ilusiones no se mejoran; se perdonan y se olvidan. En el bendito presente no puedes atender a ilusiones y a la vez mirar hacia la luz. Tendrás que elegir entre ambas alternativas; no hay más.
Fíjate en Jesús; cuando estuvo en este mundo, jamás trató de mejorarlo. Él fue un maestro excelso y un sanador de la mente que predicó la trascen-dencia del mundo, no su «mejora». No trató de «arreglar» la ilusión, sino de mostrar su irrelevancia, por eso es el maestro del perdón. «Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí» (Juan 18).
III Esta línea aparece en las Notas de Helen, pero tachada. El Urtext no la recoge.
IV Una vez instalado en la identidad ficticia que el ego te propone, resulta dificilísimo no sucumbir a la tentación de creer que eres víctima del mundo que contemplas, y no su hacedor. Ten en cuenta que el fenómeno de la proyección implicado en la percepción conlleva la voluntad de no responsabilizarse de lo proyectado por parte de quien proyecta, porque proyectas para situar fuera de ti aquello que concibes. Esto significa que te niegas a reconocer que, si estás viendo algo, lo estás viendo porque eso es precisamente lo que quieres ver; ves aquello que quieres ver.
Pero no permitas que este reconocimiento te lleve a albergar sentimientos de culpa y a la depresión. Todo lo contrario, fíjate en la luz que encierra este descubrimiento si lo interpretas correctamente, pues eso también significa que tu mente es tan poderosa que puede crear cualquier mundo que elija. Tu mente es libre, tiene poder y responde fielmente a los dictados de tu voluntad.
Así que no pierdas el tiempo juzgando y condenando un mundo de tu propia factura. En lugar de eso, mira en tu interior con ojos limpios e identifica tu verdadera voluntad, que es la misma que la de tu Padre.
Este Curso ha sido descrito de muchas maneras: como un tratado sobre el amor, el perdón, la realización de milagros o un programa de entrenamiento mental. Sin embargo, a medida que te adentres en él, descubrirás que, en esencia, es un Curso sobre la voluntad, un manual diseñado para enseñarte a cambiar tus querencias para alinearlas con tu verdadera identidad.
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LECCIÓN 21
Estoy decidido a ver las cosas de otra manera.I
1. La idea de hoy es, obviamente, una continuación y ampliación de la anterior.
2Esta vez, sin embargo, además de aplicar la idea a situaciones concretas a medida que vayan surgiendo, también son necesarios periodos específicos de búsqueda mental.
3Hoy se te pide que hagas cinco sesiones de práctica de un minuto completo cada una.
2. Comienza estas prácticas repitiendo la idea en silencio.
2Luego, cierra los ojos y busca minuciosamente en tu mente situaciones pasadas, presentes o anticipadas que despierten tu ira.
3Esa ira puede adoptar la forma de cualquier tipo de reacción, desde una leve irritación a una furiosa rabia.
4La intensidad de la emoción que experimentes es irrelevante.
5Cada vez serás más consciente de que una leve punzada de irritación no es más que un velo que cubre una intensa furia.
3. Por lo tanto, procura no dejar que se te escapen tampoco esos «insignificantes» pensamientos de enfado en los periodos de práctica.
2Recuerda que no reconoces realmente qué es lo que en verdad despierta la ira en ti, y nada de lo que crees a este respecto significa nada.II
3Probablemente te sentirás tentado a evocar más unas situaciones que otras, con el argumento falaz de que son más «obvias».
4Eso no es así.
5Eso es simplemente la prueba de que tú crees que algunas formas de ataque están más justificadas que otras.
4. Mientras buscas en tu mente todas las formas en que los pensamientos de ataque van apareciendo, considera cada uno de ellos y dite a ti mismo:
2Estoy decidido a ver a ____ [nombre de la persona] de otra manera.
3Estoy decidido a ver ____ [especifica la situación] de otra manera.
5. Intenta ser lo más concreto posible.
2Puede, por ejemplo, que enfoques tu ira en un atributo específico de determinada persona, creyendo que la ira se limita a ese aspecto.
3Si tu percepción de esa persona padece esa forma de distorsión, di:
4Estoy decidido a ver ____ [especifica el atributo que te desagrada] de ____ [nombre de la persona] de otra manera.III
I Si bien todas las Lecciones de este Libro de Ejercicios son importantes y merecen absoluta atención, esta es fundamental y se convertirá en una declaración recurrente con la que enfrentarás, a lo largo de tu vida, toda circunstancia que te perturbe. La repetirás sin cesar, pues es la invocación necesaria al Espíritu Santo para retornar a la cordura. Es lo que te permitirá escapar de la ira, el miedo y la depresión.
De hecho, esta frase de Bill a Helen fue la que dio lugar al comienzo del dictado de este Curso. Ella le contestó diciendo que estaba dispuesta a ayudarle y… poco después, Helen oyó en su mente: «Este es Un Curso de Milagros, por favor, toma notas».
Date cuenta de que, para que esta fórmula funcione, es esencial que quieras «de todo corazón» ver eso que te perturba de una manera diferente. Tu voluntad es el único factor que gobierna tu percepción; por lo tanto, verás lo que en verdad quieres ver. Sin embargo, es seguro que, en ese momento de ira o de angustia, eres incapaz de concebir lo que realmente quieres que resulte de esa situación. No te preocupes, eso no es en absoluto necesario, pues esa es precisamente la función del Espíritu Santo. Tú solo tienes que pedirle sinceramente que te muestre una manera mejor de interpretar lo que tienes ante ti, y luego espera, escucha y abre bien los ojos a lo que se te va a mostrar.
Practica la idea de hoy exactamente como se te indica y de todo corazón, siempre que algo te disguste, te asuste o sientas ira, aunque sea muy leve. Pero, como aún estás comenzando a aprender a escuchar, es posible que te resulte difícil hacer silencio en tu mente para oír al Espíritu Santo.
Para oír la Voz del Espíritu Santo dentro de ti, ten en cuenta lo siguiente:
El Espíritu Santo responde SIEMPRE a tu llamada.
Él no habla con palabras, sino con puro contenido; eres tú quien traduce ese contenido en palabras.
El Espíritu Santo es la Voz de Dios en la ilusión; por eso, el contenido de esa comunicación siempre es la solución a un conflicto percibido. El conflicto en sí es imaginario, y su resolución también lo es; tan solo es un reflejo del Amor de Dios en tu sueño de muerte.
Los únicos requisitos para oír Su Voz son:
– Querer oírla.
– Confiar en que la oirás.
– Hacer silencio para escuchar Su Palabra.
Nada más que eso, pero tampoco nada menos que eso.
Sin embargo, si aun así te sigue resultando difícil escucharla, tienes un recurso más simple y directo para disipar esa ilusión: invoca a Dios. Llama a tu Padre. Dirige tu mente a Él. Y olvida completamente el mundo cuando lo hagas. Que nada te importe en ese momento, pues ese es un tiempo santo que la Eternidad Misma y los ángeles protegen.
Este es un «truco» para saltar directamente de la ilusión a la santidad que nunca te ha de fallar. Es un estado al que aprenderás a recurrir cada vez con más frecuencia, hasta que llegará un momento en que nunca te abandonará.
Esa invocación directa a Dios te devuelve a tu estado natural de santidad. Pero ahora, en esta Lección, tienes que aprender del Espíritu Santo una maestría que te resultará imprescindible para cumplir tu papel de salvador del mundo. Así que, cuando algo te perturbe, dite en silencio: «Quiero ver esto de otra manera; muéstrame cómo». Y escucha Su respuesta.
II L-5: «Nunca estoy disgustado por la razón que creo» y L-10: «Mis pensamientos no significan nada».
III De las infinitas posibilidades de interpretar lo percibido, que de por sí no significa nada, tu mente egoica interpreta toda situación desde un punto de vista específico que responde a la idea que tienes de ti mismo, tu ego. Cuando te muestras receptivo a ver las cosas de otra manera, renuncias a quedarte anclado en esa posición fija y permites que el Espíritu Santo te lleve a verlas desde otra perspectiva, que es precisamente la que mejor se ajusta al plan de Dios para la salvación.
Lo que verás entonces será algo tan ilusorio como lo que veías antes, pero va a sanar tu sueño de separación eliminando su componente de ira y de miedo. Esta renuncia a decidir por ti mismo —por tu ego— qué es lo que más te conviene no requiere de ningún esfuerzo de tu parte, pero obviamente sí requiere una gran humildad, una buena dosis de confianza y una pizca de sabiduría.
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LECCIÓN 20
Estoy decidido a ver.
1. Hasta ahora hemos sido bastante informales con respecto a nuestras prácticas.
2No se ha intentado establecer un horario para llevarlas a cabo, ni se ha exigido un esfuerzo mínimo, y ni siquiera se te ha pedido que cooperes o te intereses activamente.
3Este enfoque informal ha sido intencionado y muy cuidadosamente planeado.
4No hemos perdido de vista la importancia crucial que tiene invertir tu manera de pensar.
5La salvación del mundo depende de ello.
6Mas no conseguirás ver si te sientes coaccionado o caes en el resentimiento y la oposición.
2. Este es nuestro primer intento de introducir una estructura en el modo de hacer los ejercicios.
2No lo interpretes erróneamente como una maniobra para ejercer fuerza o presión.
3Tú quieres la salvación.
4Tú quieres ser feliz.
5Tú quieres paz.
6Ahora no disfrutas de eso porque tu mente es totalmente indisciplinada y no puedes distinguir entre la dicha y el sufrimiento, entre el placer y el dolor, o entre el amor y el miedo.I
7Ahora estás aprendiendo a distinguirlos.
8Y grande en verdad será tu recompensa.II
3. Tu decisión de ver es todo lo que la visión requiere.
2Y lo que tú quieres se te concede.
3No confundas el pequeño esfuerzo que se te pide con una indicación de que nuestra meta tiene poco valor.
4¿Puede acaso ser un propósito trivial la salvación del mundo?
5¿Y crees que el mundo puede salvarse si no te salvas tú?
6Dios tiene un Hijo, y él es la Resurrección y la Vida.III
7Su voluntad se cumple porque le ha sido otorgado todo poder en el Cielo y en la tierra.IV
8Es tu determinación de ver lo que te concede la visión.
4. Los ejercicios de hoy consisten en recordarte a ti mismo a lo largo del día que quieres ver.
2La idea de hoy también implica tácitamente el reconocimiento de que ahora no ves.
3Por lo tanto, cada vez que repites la idea estás afirmando que estás decidido a cambiar tu estado actual por uno mejor; uno que realmente quieres.
5. Repite la idea de hoy lentamente y de manera positiva al menos dos veces por hora, intentando que sea cada media hora.
2No te angusties si te olvidas, pero haz un verdadero esfuerzo por acordarte.V
3Adicionalmente, repite la idea siempre que alguna situación, persona o acontecimiento te perturbe.
4Puedes ver todo eso de otra manera, y así será.
5Pues verás aquello que desees ver.
6Así es como verdaderamente funciona la ley de causa y efecto en el mundo.VI
I Una mente que no ha sido entrenada —y que, además, está confundida porque ha escuchado la voz del ego y lo percibe todo al revés— no puede conseguir nada y vive en un universo caótico y lleno de peligros. Sin embargo, esto no tiene por qué ser así.
Eres muy afortunado. Este Curso entrenará tu mente en la verdad, y si te aplicas a él con perseverancia y seriedad, no tardarás en experimentar los efectos de ese entrenamiento. Aquí aprenderás quién eres y cuál es tu papel en este mundo. Tu tarea es muy simple, y extraordinariamente benévola y beneficiosa, tanto para ti como para todos aquellos que te rodean.
Quizás todavía no estés muy convencido, pero ten en cuenta que tus ojos aún permanecen cerrados, pues estás sumido en un profundo sueño. Apenas estás comenzando a entreabrirlos, y es natural que, al principio, la luz te deslumbre y te incomode. No temas, eso muy pronto cambiará. Enseguida comenzarás a experimentar los efectos de este nuevo aprendizaje, y te sorprenderá, e incluso quizás te escandalice, el delirio tan inmenso de eso que llamabas «mi vida».
La disciplina que requiere este entrenamiento no tiene nada de heroico: es, sencillamente, la honradez de admitir «ahora no veo» y de volver —una y otra vez— al deseo de ver. Perseverar no es forzarte, sino sostener una decisión suave y constante, como quien abre una ventana cada mañana aunque el cielo esté nublado. La humildad es comprender que tu percepción actual no basta para hacerte feliz, y que la Visión —la de la mente en paz— es imprescindible si deseas dicha real y duradera. Mientras sigas intentando arreglar el mundo con los mismos ojos que lo fabricaron, seguirás confundiendo consuelo con anestesia, y alivio con distracción.
La práctica introduce un ritmo para tu beneficio, no para coaccionarte. El ritmo amansa la mente, igual que el oleaje pule una roca. Cada vez que recuerdas tu decisión, no estás «haciendo algo más», estás soltando una capa de interpretación que pesaba sobre ti. Si te sirve, puedes acompañar la idea con un gesto mínimo —una respiración más profunda, un breve silencio— que marque el corte entre el viejo hábito de ver contra ti y la disponibilidad a ver a favor de tu paz. No busques resultados espectaculares: la verdadera corrección es discreta y, precisamente por eso, poderosa.
Reconocer que «ahora no ves» evita la trampa de negociar con el miedo. Si no ves, ¿cómo vas a juzgar con acierto lo que te conviene? La disciplina de esta Lección te ahorra ese vano litigio: te recuerda que no necesitas tener razón, sino estar en paz. Y estar en paz exige aprender a ver sin separar, sin papeles prefijados, sin la prisa de etiquetar. La perseverancia, aquí, es la custodia silenciosa de tu deseo: mantenerlo encendido incluso cuando te olvides, volver a encenderlo cuando parezca apagarse, y permitir que su luz haga lo que tú no sabes hacer.
Si notas resistencia, no la conviertas en protagonista. Reconócela con amabilidad y continúa. La resistencia es solo el eco de un hábito que se agota. No la combatas; atraviesa su ruido recordando que quieres ver porque quieres ser feliz, y que la felicidad que buscas no depende de aciertos parciales en el mundo, sino de una Visión que no fluctúa con los cambios. La disciplina sostiene esa Visión hasta que, sin esfuerzo, se vuelve tu modo natural de mirar. Entonces comprenderás que nunca te faltó la luz; solo estabas entrenando tus ojos para recibirla.
II Mateo 5:12 «Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa es grande en los Cielos, pues igualmente persiguieron a los profetas que os precedieron».
III Juan 11:25 «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá».
IV Mateo 6:10 «Venga a nosotros Tu Reino. Hágase Tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo».
Mateo 28:18 «Y Jesús se acercó y les habló diciendo: “Se me ha dado todo poder en el Cielo y en la tierra”».
La Voluntad de Dios se cumple siempre, y la tuya, que eres Su Hijo, también. Esto ocurre tanto en el ámbito de la realidad como en el de la ilusión. Tu voluntad se cumple siempre; por eso, percibes aquello que quieres percibir.
La pregunta aquí es: ¿qué es lo que quieres tú, Hijo de Dios?
V Si estás haciendo las Lecciones de este Libro de Ejercicios, trata de hacerlas bien: exactamente como se te indica. Es posible que muchas veces te olvides de tu práctica, pero sé muy honesto contigo mismo y reconoce que eso siempre se debe a un conflicto de prioridades.
Quizás, en un cierto nivel de tu mente, reconozcas que salvarte de una manera enfermiza de pensar es fundamental. Sin embargo, date cuenta de que, a otro nivel —el cual es tan resultado de tu voluntad como ese—, antepones nimiedades a ese alto propósito. Toma conciencia de ello y rectifica.
Parte de tu entrenamiento es enseñarte qué es importante y qué no. Cuanto antes lo reconozcas, mejor.
VI Esta importante afirmación procede del hecho de que, como hemos visto en Lecciones precedentes, la percepción es un efecto cuya causa es la voluntad. Primero se concibe la idea de algo que se quiere, y luego eso se proyecta y se ve fuera.
L-17.1:3 «El pensamiento siempre antecede a la visión, a pesar de la tentación de creer que en realidad es al revés». Por eso ves aquello que quieres ver.
Y luego este Curso te dice que perdones el mundo, que perdones todo lo que contemplas, que perdones «aquello que quieres ver».
Perdona tus fantasías, fruto de tus miedos y tus deseos, que son lo mismo. Y todo eso es precisamente lo que tú no eres, ni en verdad quieres. Perdónalo, déjalo pasar, y te verás frente a frente con la verdad; te quedarás solo con el Amor de Dios, lo que tú eres.
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LECCIÓN 19
No soy el único que experimenta los efectos de mis pensamientos.
1. La idea de hoy es obviamente la razón por la que tu manera de ver no te afecta solo a ti.I
2Notarás que a veces las ideas que se te proponen relacionadas con lo que piensas preceden a las que están relacionadas con aquello que percibes, mientras que otras veces el orden se invierte.II
3Esto se debe a que el orden en realidad no importa.
4El hecho de pensar, y lo que de ello resulta, son realmente procesos simultáneos, ya que causa y efecto nunca están separados.III
2. Hoy volvemos a destacar el hecho de que las mentes están unidas.
2Esta es una idea que rara vez es bien acogida al principio, pues parece conllevar una enorme responsabilidad, e incluso puede considerarse una «invasión de la privacidad».
3Sin embargo, es un hecho que no existen pensamientos privados.
4A pesar de tu resistencia inicial a esta idea, acabarás comprendiendo que debe ser cierta para que la salvación sea posible.
5Y la salvación debe ser posible, porque es la Voluntad de Dios.
3. El minuto de búsqueda mental que requieren los ejercicios de hoy debe hacerse con los ojos cerrados.
2Primero repite la idea, y luego escudriña cuidadosamente la mente buscando los pensamientos que contiene en ese momento.
4. A medida que consideres cada uno de ellos, nómbralo primero en términos de la persona o tema central que contiene, y manteniéndolo en la mente, di:
2No soy el único que experimenta los efectos de este pensamiento sobre ____.
5. A estas alturas, ya debieras estar bastante familiarizado con el requisito de seleccionar los temas de estas prácticas tan al azar como sea posible, y esto ya no se repetirá cada día, aunque de vez en cuando se incluirá como recordatorio.
2No obstante, no olvides que sigue siendo esencial que escojas siempre de forma aleatoria los temas que usarás para estos ejercicios.
3Esta falta de grados de importancia hará que finalmente tenga sentido para ti reconocer también la falta de grados de dificultad en los milagros.IV
6. Además de aplicar la idea de hoy «cuando sea necesario», se requieren al menos tres sesiones de práctica, acortando el tiempo si es preciso.V
2No intentes hacer más de cuatro.
I En la Lección precedente se afirma que a los demás les afecta mi manera de ver; es decir, el cómo veo. La idea de hoy es más específica: ahora se sostiene que lo que afecta a los demás son mis pensamientos, es decir, mis juicios sobre lo que veo. Esto proporciona una razón adicional para asumir la responsabilidad de nuestros juicios, ya que estos no solo influyen en nuestro estado emocional y, por ende, en nuestra conducta, sino también en los estados emocionales y la conducta de los demás. Esto es evidente, por ejemplo, en el efecto del liderazgo ejercido por políticos, maestros, padres e incluso en la acción salvífica de los maestros de Dios que este Curso propugna.
Tal como está expuesta aquí, esta idea puede parecer sorprendente, pero en realidad es algo que reconoces en tu interior y que constituye la base de la organización social. El mundo, de hecho, es un acuerdo de las mentes particulares y el fundamento de toda comunicación humana: compartir significados. Esta comunicación, además, no se limita a lo percibido por los sentidos comúnmente admitidos.
«… cada individuo tiene muchas capacidades de las que no es consciente. A medida que su conciencia se expanda, puede desarrollar facultades que le parezcan bastante sorprendentes» (M-26.1:3-4). Tanto el conocimiento de lo no explícito como la sanación mediante el poder del pensamiento son aspectos naturales para la mente compartida, ya que, en última instancia, todo está contenido en una misma mente.
II Observa cómo se te intenta enseñar que la causa y el efecto no están separados trabajando con pares de ideas equivalentes y alternas referentes a lo que percibes y a lo que piensas:
PERCEPCIÓN (L-1: «Nada de lo que veo significa nada») ↔ PENSAMIENTO (L-3: «No entiendo nada de lo que veo» y L-4: «Estos pensamientos no significan nada»).
PENSAMIENTO (L-5: «Nunca estoy disgustado por la razón que creo») ↔ PERCEPCIÓN (L-6: «Estoy disgustado porque veo algo que no está ahí»).
Otros ejemplos:
PERCEPCIÓN (L-7) ↔ PENSAMIENTO (L-8)
PENSAMIENTO (L-10) ↔ PERCEPCIÓN (L-11)
PENSAMIENTO (L-16) ↔ PERCEPCIÓN (L-17)
PERCEPCIÓN (L-18) ↔ PENSAMIENTO (L-19)
III Lo que ves, cómo ves lo que ves y por qué ves lo que ves son todo lo mismo. Ves aquello que quieres ver. La percepción es un acto volitivo; es el resultado de tu voluntad de ver de esa manera. Si ves un mundo fragmentado, compuesto de cosas separadas entre sí, es porque has aceptado como cierta la idea de que tú mismo estás separado, y por ello percibes todo según aquello que crees ser.
Causa y efecto no están separados; ocurren de manera simultánea. ¿Cómo es que te extraña, entonces, ver un mundo así?
IV T-1.1 «Lo primero a tener en cuenta acerca de los milagros es que no hay grados de dificultad entre ellos. Uno no es más difícil o mayor que otro. Todos son iguales».
Esta «indiferencia» a la hora de considerar los temas que usas en tus prácticas tiene una profunda justificación de orden ontológico: si el mundo es una ilusión, cualquier ilusión es igual a cualquier otra con respecto a la realidad, y por eso: «Lo real no corre peligro, y lo que corre peligro no es real…» (T-In.3:2-3).
Has construido un mundo desmembrando la realidad y asignando a esos pedazos distintos atributos y funciones que te afectan de manera diferente y en diferente grado. Para ti, hay una enorme diferencia entre una flor y el cuerpo enfermo de un ser querido; sin embargo, ambas percepciones no dejan de ser historias con las que tu mente se relaciona: ilusiones concebidas por tu mente, proyectadas en un ámbito espacial imaginario y consideradas reales en un ámbito temporal, fugaz e igualmente ilusorio.
Es imperativo que aprendas a ver igual lo que es igual y a distinguir la realidad de la ilusión.
V De hecho, este ejercicio de hoy, más que una práctica, debiera ser una actitud permanente. Piensa lo siguiente: si Jesús tiene razón y mis pensamientos afectan a otros de manera inevitable, más vale que vigile mi mente con extraordinario cuidado y no me permita pensar aquello que no quiera compartir.
Una buena regla para gestionar tu mente de manera honesta y eficaz es rechazar todo pensamiento que no te gustaría que los demás conozcan. La ventaja de seguir este criterio selectivo radica en que, al situar al censor fuera de ti, eres menos permisivo y menos propenso a tolerar pensamientos maliciosos porque ya sabes que no eres impune a ese juez social. No permitas que tu santa mente albergue otra cosa que lo mejor que seas capaz de concebir, porque tú no te mereces menos que eso.
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LECCIÓN 18
No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver.
1. La idea de hoy es otro paso para aprender que los pensamientos que dan lugar a lo que ves nunca son neutros o irrelevantes.
2También hace hincapié en la idea de que las mentes están unidas, lo cual se enfatizará más adelante.I
2. La idea de hoy no se refiere tanto a lo que ves, sino, sobre todo, a cómo lo ves. II
2Por lo tanto, los ejercicios de hoy resaltan este aspecto de tu percepción.
3Los tres o cuatro periodos de práctica deben hacerse de la siguiente manera:
3. Escoge al azar diferentes objetos para aplicar la idea hoy, y mira a cada uno el tiempo suficiente para decir:
2No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver este/a ____.
3Concluye la práctica repitiendo esta declaración más general:
4No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver.
5Un minuto, o incluso menos, será suficiente.
I La separación no solo configura lo que crees ver, sino que también condiciona el «campo interpretativo» compartido en el que todas las mentes operan. Si «las mentes están unidas», entonces tu modo de ver no permanece confinado a tu burbuja privada: se irradia a ese campo común y, por resonancia, invita a que otros adopten marcos de interpretación afines. No «obligas» a nadie —nadie pierde su libertad—, pero sí ofreces un patrón de lectura que otros pueden aceptar o rechazar. Ver es enseñar, porque toda percepción comunica el sistema de pensamiento que la sostiene.
Cuando separas, nombras y asignas funciones, no solo te cuentas una historia: la propones. Tu mirada otorga papeles («esto sirve para…», «tú eres…»), y esos papeles tienden a ser aceptados por quienes, al sentirse vistos así, buscan encajar en el guion que perciben. Por eso tu perdón no es un acto interior irrelevante; reescribe silenciosamente los guiones disponibles para todos. La unión mental hace que la elección de tu maestro —el ego o el Espíritu Santo— tenga efectos compartidos: si eliges ver con el ego, refuerzas interpretaciones defensivas y culpabilizadoras; si eliges la Visión de Cristo, amplías la disponibilidad de significados inocentes. En un campo mental unido, ofrecer inocencia es aumentar la probabilidad de que la inocencia sea vista.
Los llamados «milagros» operan aquí: no cambian primero las formas, sino el marco de significado que ofreces al campo común. Tu decisión de no separar —de no fijar identidades ni funciones desde el miedo— reduce el ruido interpretativo y facilita en otros una lectura más simple y verdadera. Dar es recibir porque, en la unión, lo que ofreces como interpretación retorna a ti como experiencia.
Implicaciones prácticas para la Lección de hoy:
Recuerda que cada vez que aplicas «No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver», estás reconociendo el carácter docente de tu percepción. Pregúntate: «¿Qué estoy enseñando ahora con mi manera de ver: miedo o paz?».
Ante una persona concreta, añade en silencio: «Mi manera de verte te afecta porque nuestras mentes están unidas. Elijo verte tal como te creó Dios». No fuerces nada; limita tu aportación a retirar juicios y a ofrecer disponibilidad de significado inocente.
Cuando notes que asignas un papel («este es el culpable», «esto es peligroso», «esto no vale»), detente y di: «Estoy proponiendo un guion al campo que compartimos. Prefiero ofrecer uno que libere». Esta rectificación basta para que el campo interpretativo se aclare.
Si surge conflicto, no busques cambiar primero la conducta ajena. Cambia el marco: «Elijo el Espíritu Santo como mi intérprete». En la unión, esa elección abre para ambos una lectura alternativa donde la paz se vuelve coherente.
Así, la Lección deja de ser una afirmación aislada y se convierte en una práctica relacional: tu percepción es una invitación continua. Cada vez que eliges ver sin separar, reduces la carga interpretativa del mundo para todos. Esa es la eficacia real de tu aprendizaje: convierte tu modo de ver en un regalo compartido.
II ¿Cómo ves tú el mundo? ¿Qué haces en realidad cuando dices que ves algo?
Fíjate bien en lo que ocurre cuando miras una cosa y dices que la ves. En verdad, lo que haces es separarla de la totalidad de lo que percibes, atribuirle un contenido específico, contarte a ti mismo una historia sobre eso que has separado, ponerle un nombre propio y asignarle una función particular. Para ti, ver es separar; esa es la forma en que ves: separando.
La idea de la separación es omnipresente en tu universo particular. No solo aplica a todo lo que ves, sino también a la idea que tienes de ti mismo y de los demás. Esa manera de ver afecta a los demás, pues los has convertido en entidades tan separadas de todo como tú mismo.
En cualquier caso, el punto fundamental de la idea de hoy es que todo lo que llamas «lo otro» o «los otros» no es más que «contenidos de tu conciencia», conformados de acuerdo con tu propia voluntad. Percibir es una función de la mente totalmente volitiva e imaginaria.
No te asustes si se te dice que percibir es fantasear. Al contrario, alégrate, porque eso significa que no eres una «víctima» de lo que percibes, sino el «creador» de tu percepción. Y debes saber también que eres libre y capaz de cambiar todo tu proceso perceptual a voluntad; ese es el fundamento de los milagros.
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LECCIÓN 17
No veo cosas neutras.
1. Esta idea es otro paso para entender cómo opera realmente la relación entre causa y efecto.
2Tú no ves cosas neutras porque tú no tienes pensamientos neutros.I
3El pensamiento siempre antecede a la visión, a pesar de la tentación de creer que es al revés.II
4El mundo no piensa de esta manera, pero debes aprender que así es como realmente piensas tú.
5De lo contrario, la percepción carecería de causa, y ella misma sería la causa de la realidad.III
6Teniendo en cuenta que su naturaleza es muy variable, esto es imposible.IV
2. Al aplicar la idea de hoy, dite a ti mismo con los ojos abiertos:
2No veo cosas neutras porque no tengo pensamientos neutros.
3Luego, mira a tu alrededor, posando la mirada en cada cosa que te llame la atención el tiempo suficiente para decir:
4No veo un/una ____ neutro/a porque mis pensamientos acerca de ____ no son neutros.
5Por ejemplo, podrías decir:
6No veo una pared neutra porque mis pensamientos acerca de las paredes no son neutros.
7No veo un cuerpo neutro porque mis pensamientos acerca de los cuerpos no son neutros.
3. Como de costumbre, es esencial que no hagas distinciones entre las cosas que contemplas debido a sus atributos, por ejemplo, que sean animadas oinanimadas, agradables o desagradables.
2Independientemente de lo que creas, no ves nada que esté realmente vivo y sea realmente dichoso.
3Esto se debe a que todavía no eres consciente de ningún pensamiento que sea realmente verdadero y, por lo tanto, realmente feliz.
4. Se recomiendan tres o cuatro sesiones de práctica, siendo necesarias no menos de tres para obtener el máximo beneficio, incluso si experimentas incomodidad. 2Sin embargo, si esto sucede, la duración del periodo de práctica puede reducirse a menos del minuto que se recomienda.
I Esto es lo mismo que decir que no ves las cosas de manera objetiva porque tus pensamientos no son objetivos. Tú no eres un objeto, eres un sujeto; por lo tanto, tus pensamientos no son objetivos, sino subjetivos, y, en consecuencia, ves de manera subjetiva.
Ahora, fíjate bien: si a lo que ves lo llamas «objeto» porque creías que pensabas «objetivamente», ¿cómo llamarás a aquello que crees ver ahora que sabes que tus pensamientos son subjetivos? ¿Te das cuenta de la conexión absoluta que existe entre tú y aquello que crees ver fuera de ti? ¿Crees que puede haber alguna posibilidad de que el mundo en el que piensas que vives no sea algo absolutamente subjetivo?
Recuerda: tus pensamientos son definitivamente subjetivos. Lo que crees ver lleva tan profundamente grabada la impronta de tu propio ser que resulta difícil concluir que ese mundo que percibes no es algo «tuyo».
«Comprende que cada modo de percepción es subjetivo, que lo que se ve o se oye, se toca o se huele, se siente o se piensa, se espera o se imagina, está en la mente y no en la realidad, y experimentarás paz y libertad del miedo». Sri Nisargadatta Maharaj
II Hazte la pregunta: ¿qué hay antes del pensamiento? Ciertamente, para ti el mundo no existe antes de que pienses en él. Que el mundo exista o no independientemente de lo que tú pienses no es más que otra de las opiniones que tú tienes. En este sentido, los conceptos de «hecho cierto» y «opinión» son indistinguibles.
El objetivo de este Curso es invertir completamente la manera de pensar, y este es precisamente uno de los paradigmas sobre los que se asienta dicha inversión. Es uno de los principios gnoseológicos básicos de este Curso: percibir, en realidad, es proyectar. La mente concibe primero un pensamiento y luego lo «ve» proyectado en un mundo imaginario externo a ella misma. Pero, según el paradigma de este Curso, no existe tal cosa como un «mundo externo a ti mismo», sino únicamente la creencia de que eso «existe». Solo hay mente concibiendo pensamientos complejos que se componen de múltiples conceptos solapados, de los cuales no se tiene plena conciencia.
Por ejemplo, cuando ves una mesa, lo que percibes es en realidad un pensamiento múltiple que incorpora en sí mismo innumerables significados. Por enunciar algunos: las características físicas, estéticas y funcionales de la idea concebida; la creencia de que está ahí «fuera» de ti en un ámbito externo que llamas «espacio»; la percepción de que está presente ahora; la idea de que «yo» lo estoy viendo… Todo esto se reúne en un único concepto que, de manera simplificada, denominas «percepción de una mesa». Alterando cualquiera de estos parámetros, la mente interpreta de manera diferente. Así, la mesa en cuestión puede ser grande o pequeña, fea o bonita, vista por ti ahora o recordada, etc.
La percepción es el efecto de una elaboración mental, pues la mente es lo único que existe. Esta es la razón por la que este Curso afirma que el mundo es una ilusión. Más adelante se comprenderá que no solo el mundo es una ilusión, sino también la idea que tienes de ti mismo. Esta aparece en la mente del mismo modo en que surge la idea de una mesa.
Evidentemente, esta noción aterroriza al ego y puede ser —y de hecho lo es— una barrera casi insuperable para el estudiante de este Curso. Sin embargo, es crucial recordar que, en el camino hacia la identificación con tu verdadera identidad como Hijo de Dios, es necesario ir dejando atrás una serie de falsedades muy queridas, lo que este Curso denomina «los obstáculos a la verdad».
En cualquier caso, te encuentras apenas al principio del Libro de Ejercicios, y por ahora basta con comprender que las cosas que crees ver fuera de ti no tienen otro significado que aquel que tú mismo les has asignado.
III Esta línea enfatiza que todo lo que observamos está teñido por la forma en que pensamos, destacando la relación entre causa y efecto que propone esta enseñanza: el pensamiento (causa) origina la percepción (efecto). De ello se desprende que la percepción no puede ser neutral, ya que la mente siempre está tomando partido, ya sea desde el ego o desde el amor. En otras palabras, creer que el mundo «allá afuera» dicta nuestros pensamientos implicaría que la percepción sería la causa de la realidad. Sin embargo, el Curso invierte esta perspectiva y afirma que no existen pensamientos neutros: lo que vemos está cargado de significado porque lo hemos impregnado con los significados que surgen de nuestras propias creencias.
En otras palabras, cada vez que percibimos algo, lo hacemos desde la idea interna que estamos aceptando en ese momento. Este modo de razonamiento contradice la lógica del mundo, que sostiene: «Veo algo y, por lo tanto, pienso X». El Curso propone lo contrario: «Pienso X, y, por lo tanto, veo algo de este modo». De no ser así, la percepción carecería de causa y se convertiría en la causa de la realidad, privando a la mente de su auténtico poder creador y haciendo creer al observador que lo externo determina su experiencia.
Así, la declaración «No veo cosas neutras» confirma que, en cada experiencia perceptual, la mente siempre opera como la fuente de lo que ve, y lo que ve no puede ser más que un reflejo de lo que realmente piensa.
IV Llamas ver a pensar que ves. Si la percepción fuera el proceso de captar algo existente externo a ti, ese proceso sería la causa de tu ver, y siempre «verías» lo mismo al contemplar algo. Sin embargo, debes ser consciente de que tu percepción es altamente variable: cambia con el tiempo y difiere entre diferentes individuos. Incluso el sistema de pensamiento del mundo reconoce como cierta la expresión «Ves lo que quieres ver», y esto aplica tanto a objetos como a circunstancias.
En realidad, estás sentado ante la pantalla de tu conciencia contemplando tus propias proyecciones. Esta es una idea que puede resultarte muy difícil de aceptar, pero que, sin embargo, contiene la llave de tu liberación. No te obsesiones con ella; en lugar de eso, aprende a perdonar aquello que percibes. De este modo, encontrarás primero la paz y, con ella, la verdad que la acompaña.
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LECCIÓN 16
No tengo pensamientos neutros.
1. La idea de hoy es un paso inicial para disipar la creencia de que tus pensamientos no tienen efecto.
2Todo lo que ves es el resultado de tus pensamientos.I
3En esto no hay excepciones.
4Los pensamientos no son grandes o pequeños; poderosos o débiles.
5Son simplemente verdaderos o falsos.II
6Los que son verdaderos crean a su propia semejanza.III
7Los falsos lo hacen a la suya.IV
2. No hay concepto más contradictorio intrínsecamente que el de «pensamientos ociosos».
2Difícilmente se puede llamar ocioso a lo que da lugar a percibir todo un mundo.
3Todo pensamiento que tienes contribuye a la verdad o a la ilusión; o bien extiende la verdad, o bien multiplica las ilusiones.
4Ciertamente puedes multiplicar lo que no es nada, pero no lo extenderás al hacerlo.V
3. Además de reconocer que los pensamientos jamás son fútiles, la salvación también requiere que reconozcas que todo pensamiento que tengas traerá paz o conflicto; amor o miedo.
2Un resultado neutro es imposible, porque concebir un pensamiento neutro también lo es.
3La tentación de descartar los pensamientos que suscitan miedo como poco importantes, triviales o indignos de atención es tan grande que resulta esencial reconocerlos todos como igualmente destructivos, pero también como igualmente irreales.VI
4Practicaremos esta idea de muchas formas antes de que realmente la comprendas.
4. Al aplicar la idea para hoy, busca en tu mente durante un minuto más o menos con los ojos cerrados e intenta, con sinceridad, no pasar por alto ningún pensamiento «insignificante» que tienda a eludir la búsqueda.
2Esto te resultará bastante difícil hasta que te acostumbres a ello.VII
3Encontrarás que todavía te resulta muy difícil no hacer distinciones artificiales.VIII
5. Todo pensamiento que se te ocurra, sin importar la cualidad que le atribuyas, es adecuado para aplicar la idea de hoy.
2Durante los periodos de práctica, repite primero la idea y, luego, a medida que cada pensamiento cruce tu mente, mantenlo en la conciencia mientras te dices a ti mismo:
3Este pensamiento sobre ____ no es un pensamiento neutro.
4Ese pensamiento sobre ____ no es un pensamiento neutro.
6. Como de costumbre, utiliza la idea de hoy siempre que seas consciente de un pensamiento concreto que cause inquietud.
2Para ello, se sugiere la siguiente forma:
3Este pensamiento sobre ____ no es un pensamiento neutro, porque no tengo pensamientos neutros.
7. Se recomiendan cuatro o cinco periodos de práctica, si los encuentras relativamente fáciles.
2Si experimentas tensión, tres serán suficientes.
3La duración del ejercicio también debe reducirse si se vuelve incómodo.
I Eres Espíritu (L-97), y la mente es el principio activo del Espíritu (G-1.1). Te experimentas a ti mismo en la mente y como mente. No conoces otra cosa que la mente y no te relacionas con otra cosa que con tus propios pensamientos, pues no hay nada más. A ciertos pensamientos que concibes los llamas «opiniones» y los consideras muy «íntimos». A otros los llamas «cosas» o «circunstancias» y piensas que son externos a ti, pero esa es una creencia falsa, pues no hay nada externo a ti; si lo hubiera, no podrías relacionarte con ello ni conocerlo en absoluto. Tu propio cuerpo, o la idea que tienes de ti mismo, son pensamientos tuyos. Las otras personas con las que crees relacionarte y el mundo donde crees que eso ocurre también están en tu mente, ¿dónde iban a estar si no? Por eso, siempre te relacionas únicamente contigo, y el trato que les das a tus pensamientos es el trato que te das a ti mismo.
No hay pensamientos neutros porque todos tus pensamientos han aparecido en tu mente por una razón, algo los ha causado, y ese “algo” es tu voluntad; tú tienes aquellos pensamientos que invocas porque quieres experimentarlos. Tanto el mundo que ves (pensamientos a los que llamas “cosas”) o las historias con las que fantaseas (pensamientos que reconoces como ideas) han aparecido en tu imaginario por algún motivo que los ha traído a tu conciencia. No han aparecido de la nada ni al azar, son, más bien, la expresión simbólica de tus miedos y deseos más profundos, y todos cumplen una función.
El propósito de este Curso de entrenamiento mental es precisamente aprender a gestionar estos pensamientos eligiendo aquellos que sí deseas -los amorosos- y reinterpretando los otros de acuerdo a la guía del Espíritu Santo para eliminar de ellos su componente de ira y de miedo, que es lo mismo. Así, perdonas al mundo al dejar de temerlo y atacarlo, y ese es el comienzo de vivir de una manera lúcida.
II Todos los pensamientos con los que te relacionas AHORA son falsos, pues te relacionas con ellos en términos de «creencia», que es el modo espurio de usar la mente, que fue creada para «crear» de la misma manera en que ella fue creada. Creer no es más que asignar falsos atributos a tus pensamientos y también pensar que eso que piensas es verdad y que tus pensamientos son algo que en realidad no son.
III Génesis 1:26 «Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”».
IV Tal como los pensamientos verdaderos o reales crean realidad mediante la extensión del propio ser, los pensamientos falsos forjan ilusiones. Unos «extienden» la realidad, y otros conforman el mundo en la mente egoica. En cualquier caso, los pensamientos nunca son impotentes, pues son causales, y necesariamente han de tener «efectos». Unos se conciben en el ámbito de lo real —lo que el Curso denomina «las Creaciones del Hijo de Dios»—, y otros en el ámbito de la ilusión —las ilusiones—.
V Esto, obviamente, es una parodia del principio matemático de la nulidad resultante de multiplicar cualquier cifra por cero. El uso que hace el Curso del verbo «extender» es muy difícil de interpretar desde un punto de vista ontológico, pues siempre se utiliza para referirse a la creación de lo real. Así, el Curso afirma: «El Hijo de Dios es una extensión de Dios». La mente humana —la autolimitada mente del Hijo de Dios— está configurada para concebir formas, ilusiones, no conceptos reales, que son perfectamente abstractos.
Por esta razón, la relación de lo real consigo mismo da lugar al verbo incomprensible «extender», que, si bien apunta a la idea de «aumentar», tampoco puede interpretarse literalmente en ese sentido, ya que aumentar implica cambio, y la realidad es inmutable. Estas son las limitaciones inherentes al lenguaje, que, en definitiva, es un instrumento para la comunicación de conceptos en el ámbito de la dualidad, pero resulta ineficaz para describir la realidad, que es no dual.
VI La salvación —la buena noticia, el evangelio— radica precisamente en que los pensamientos de miedo, carentes de amor, son irreales. Por eso, el miedo es infundado. Esto es comparable a cuando tenemos una pesadilla y nos vemos amenazados en nuestros sueños nocturnos por una figura espantosa, que siempre será un símbolo de una falta de perdón. Al despertar, comprendemos que el miedo era infundado; lo que nos atemorizaba era una ilusión.
Sin embargo, del sueño del mundo no se despierta en el mundo. Si crees estar en el mundo, no puedes permitirte el lujo de descartar alegremente los falsos pensamientos carentes de amor, pues sus efectos los experimentarás sin duda en él. Es necesario reconocer el carácter destructivo de estos pensamientos y el poder que tienen para amargarte la «vida».
Aunque la solución definitiva es despertar del sueño del mundo, la estrategia consiste en sanar la mente. Primero, tomando conciencia del poder de tus «malos» pensamientos en el mundo; luego, pidiendo «ver esto de otra manera» para eliminarlos. Esto es, precisamente, la Expiación.
VII Esta es una frase importante porque señala el sacrosanto principio del Curso de la vigilancia mental, la tarea fundamental y permanente del estudiante de Un Curso de Milagros: vigilar siempre su mente, estar atento y ser consciente de todo pensamiento que le surja. Por regla general, cualquier pensamiento que emerge de forma inopinada es una manifestación del ego, de sus grandiosas aspiraciones o de sus miedos más profundos. Es esencial tomar conciencia de esto, y esta necesidad nunca se recalcará lo suficiente.
Una vez que se ha tomado conciencia de ese pensamiento, es imprescindible entender con absoluta claridad que es falso y destructivo, y que, en el mejor de los casos, solo servirá para perder el tiempo en vanas fantasías. El flujo compulsivo de pensamientos egoicos es siempre una señal de que encontramos la realidad presente insatisfactoria y no merecedora de nuestra atención ni aprecio, por lo que la sustituimos con fantasías.
La mente sana, iluminada por la pura conciencia de ser, es dichosa, y lo que contempla —el mundo real— siempre resulta plenamente satisfactorio y suscita júbilo.
VIII Esto también es fundamental. Es imprescindible que tomes conciencia de que ahora te relacionas con tus propios pensamientos según una escala o baremo artificial que tú mismo has establecido, y que los clasifica atribuyéndoles de manera arbitraria un valor o relevancia. Así, crees que hay pensamientos relacionados con ciertos conceptos que son más «valiosos» o importantes que otros. En realidad, lo que haces es clasificar ilusiones, sin percatarte de que todas ellas son lo mismo: todas son falsas.
Una idea que te resulta especialmente difícil de aceptar es que el Espíritu Santo no comparte tu escala de valores ilusorios. Crees que, con toda seguridad, Él te prestará más atención y cuidados si le pides entre lágrimas que te cure un tumor canceroso maligno y letal, que si le preguntas qué te convendría más, un helado de fresa o uno de limón. Pero Él no lo ve así. Él solo percibe que el Hijo de Dios está soñando y necesita despertar. El contenido del sueño es irrelevante para Él. Sin embargo, no lo es para ti, y ahí radica el problema, porque ese contraste imaginario entre ilusiones es precisamente lo que mantiene tu sueño.
Este es un Curso radical. No tiene como objetivo «mejorar» tu vida en este mundo, sino llevarte a despertar de la ilusión de que estás en él.
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LECCIÓN 15
Mis pensamientos son imágenes que yo mismo he fabricado.I
1. Debido a que los pensamientos que crees pensar aparecen como imágenes, no los reconoces como algo que no es nada.
2Piensas que los piensas, y por eso piensas que los ves.
3Así es como se produjo tu «ver».
4Esta es la función que le has dado a los ojos de tu cuerpo.
5Eso no es ver.
6Eso es fabricar imágenes.
7Y es lo que ocupa el lugar de la visión, reemplazándola con ilusiones.
2. Esta idea introductoria al proceso de fabricar imágenes, que tú llamas ver, probablemente no tenga mucho significado para ti ahora.
2Empezarás a entenderla cuando hayas visto pequeños bordes de luz alrededor de los mismos objetos familiares que ves ahora.II
3Ese es el comienzo de la verdadera visión.
4Puedes estar seguro de que la verdadera visión no tardará en llegar cuando esto suceda.
3. A medida que avances, es posible que experimentes muchos «episodios de luz».III
2Estos pueden manifestarse de muchas formas diferentes, algunas de ellas bastante inesperadas.
3No los temas.
4Son señales de que, finalmente, estás abriendo los ojos.
5No durarán, porque simplemente simbolizan la percepción verdadera y no están relacionadas con el Conocimiento.
6Estos ejercicios no te revelarán el Conocimiento.
7Pero prepararán el camino que conduce a Él.IV
4. Al practicar la idea de hoy, repítela primero en silencio y luego aplícala a cualquier cosa que veas a tu alrededor, usando su nombre mientras la miras y dices:
2Este/a ____ es una imagen que yo mismo he fabricado.
3Ese/a ____ es una imagen que yo mismo he fabricado.
4No es necesario incluir un gran número de objetos específicos en cada sesión.
5Sin embargo, es importante seguir contemplando cada uno de ellos mientras repites la idea para tus adentros.
6La idea debe repetirse muy lentamente cada vez.
7Aunque no podrás aplicar la idea a muchas cosas durante el minuto de práctica que se recomienda, trata de hacer la selección de la manera más aleatoria posible.
5. Si empiezas a sentirte incómodo, menos de un minuto será suficiente para el ejercicio.
2No apliques la idea de hoy más de tres veces, a menos que te sientas completamente cómodo con ella, y no excedas las cuatro veces.
3No obstante, puedes usarla a lo largo del día si es necesario.V
I La práctica de esta Lección te invita a responsabilizarte del significado que tú mismo has atribuido a todas las cosas. La mayoría de las veces, serán significados que has aprendido de otros a través de ese proceso que el mundo denomina «educación». Sin embargo, en cualquier caso, dicho significado siempre tendrá un carácter profundamente personal. Un objeto nunca será exactamente lo mismo para una persona que para otra. La prueba de ello radica en la «resonancia emocional» específica que las cosas del mundo tienen para cada individuo.
Quizá con esta práctica también logres comenzar a comprender que toda experiencia de la que eres consciente es, en esencia, un proceso mental. Las cosas que contemplas, los objetos que percibes y los lugares en los que crees encontrarte son, en realidad, ideas en tu mente y no poseen significado ni existencia propia. Sin la mente, no hay mundo; pero la mente no necesita del mundo para existir. Eso que llamas «mundo» no es más que una idea en tu mente, configurada a partir de un conjunto de matices, contrastes y consideraciones. El mundo no existe, pero basta con que en tu mente haya una creencia de que existe para que lo percibas como algo real y externo a ti. No obstante, eso no es más que una opinión tuya, y además, errónea.
No solo es un error creer en la existencia de un mundo fuera de ti; también es completamente falsa la idea que tienes acerca de ti mismo. De hecho, el mundo no es más que un reflejo de ese otro error fundamental.
Tu mente no puede albergar de manera simultánea dos ideas que se contradicen. Mientras sigas aferrándote a tus viejas creencias con entusiasmo, la verdad no podrá manifestarse en tu mente. Por esta razón, la Primera Parte del Libro de Ejercicios está dedicada a deshacer tu forma errónea de percibir la realidad. Sin este paso, te sería imposible abrir los ojos y abandonar el sueño de separación que hoy te resulta tan convincente.
II Estos «bordes de luz» son aureolas que se pueden observar alrededor de los objetos. Son fronteras de luz que destacan los objetos de su entorno. Esta experiencia está profundamente relacionada con el diálogo interno y ocurre cuando miras algo y detienes ese diálogo incesante que mantienes contigo mismo; sucede en ausencia de ego, en ausencia de «interpretación». El «brillo» que observas fluctúa según el estrés que genera esa condición mental al reprimir el ego. Recuerda que el ego es codicioso y tratará de apropiarse de esa experiencia para interpretarla; sin embargo, no es para eso. Por ahora, lo único que necesitas saber es que esas percepciones provienen de un estado de silencio mental.
III Ken Wapnick explica que esta referencia a los «episodios de luz» y la advertencia de no temerlos fue incluida por Jesús para aliviar la ansiedad de Cal Hatcher, un colega de Bill y Helen (Ausencia de felicidad, pág. 304). Según Ken, antes de que comenzara la escritura del Curso, Cal habló con Bill sobre los episodios de luz que había estado experimentando y que le aterrorizaban. Al inicio del dictado, Bill le comentó a Cal sobre el Curso, quien mostró un interés inmediato. Como resultado, ambos se reunían con frecuencia en la oficina de Bill a primera hora de la mañana para repasar las notas más recientes.
Es posible que estos «episodios de luz» también hagan referencia a la percepción de «auras» y «chakras», conceptos comunes en la cultura de la India, o incluso a la forma en que los brujos describen a los humanos como «huevos de luz», tal como lo relata Carlos Castaneda en sus obras. En cualquier caso, esto no debe ser motivo de preocupación ni un requisito indispensable para el estudiante de este Curso. La única misión del estudiante es alcanzar la paz, extenderla y salvar el mundo en su mente a través del perdón y la guía del Espíritu Santo. En última instancia, toda experiencia perceptual es ilusoria y constituye únicamente una forma simbólica de expresar o traducir en términos sensoriales la «visión verdadera».
IV Conocer no es un fenómeno perceptual y no guarda relación alguna con adquirir información sobre algo ajeno a ti mismo, ya que eso, en realidad, es imposible, pues no existe nada ajeno a ti. Conocer, Amar y Crear son los tres aspectos fundamentales del Ser, y son uno y lo mismo.
No te obsesiones con los episodios de luz, no los persigas ni desees experimentarlos. No estás buscando «luces», sino recordar quién eres, recordar a tu Padre y sentir Su Amor dentro de ti. Todo lo que no sea eso no es más que una «anécdota» en tu camino espiritual.
Recuerda que siempre cuentas con un Guía que te acompaña. Él te enseñará a interpretar correctamente todo lo que te suceda. Solo necesitas estar dispuesto a escucharle, y Él no se comunicará contigo con palabras, sino con certeza.
V Esta línea fue escrita a mano posteriormente. En las Notas de Helen no aparece.
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LECCIÓN 14
Dios no creó un mundo sin significado.
1. La idea de hoy es, por supuesto, la razón por la que un mundo sin significado es imposible.I
2Lo que Dios no creó no existe.
3Y todo lo que existe, existe tal como Él lo creó.
4El mundo que ves no tiene nada que ver con la Realidad.
5Es fruto de tu propia factura, y no existe.II
2. Los ejercicios de hoy deben practicarse con los ojos cerrados durante todo el tiempo.
2El periodo de búsqueda mental debe ser corto, un minuto como máximo.
3No hagas más de tres sesiones de práctica con la idea de hoy, a menos que te sientas cómodo.
4Si es así como te sientes, será porque realmente entiendes para qué sirven.
3. La idea de hoy es otro paso en el proceso de aprender a abandonar los pensamientos que has inscrito en el mundo y a ver la Palabra de Dios en su lugar.III
2Los primeros pasos de este intercambio, al que en verdad se le puede llamar salvación, pueden ser bastante difíciles, e incluso bastante dolorosos.
3Algunos de ellos te conducirán directamente al miedo.
4Mas no se te dejará ahí.
5Trascenderás ese miedo e irás mucho más allá, pues nos dirigimos hacia la perfecta seguridad y la perfecta paz.
4. Con los ojos cerrados, piensa en todos los horrores del mundo que pasen por tu mente.
2Nombra cada uno tal como tú lo ves, y luego niega su realidad.
3Dios no creó eso, y esa es la razón por la que no es real.
4Di, por ejemplo:
5Dios no creó esa guerra en ____, por lo tanto, no es real.IV
6Dios no creó el accidente de avión en ____, por lo tanto, no es real.
7Dios no creó ese desastre [especifica cuál] en ____, por lo tanto, no es real.
8Dios no creó esa enfermedad [especifica cuál y nombra a la persona], por lo tanto, no es real.
5. Los temas adecuados para aplicar la idea de hoy también incluyen todo lo que temes que te pueda ocurrir a ti o a cualquiera que te importe.
2En cada caso, nombra el «desastre» de manera muy específica.
3No uses términos generales.
4Por ejemplo, no digas «Dios no creó la enfermedad», sino «Dios no creó el cáncer», o los ataques al corazón, o cualquier cosa que te atemorice.
6. Lo que estás contemplando es tu repertorio personal de horrores.
2Esas cosas forman parte del mundo que ves.
3Algunas de ellas son ilusiones compartidas, y otras son parte de tu infierno personal.
4Eso no importa.
5Lo que Dios no creó solo puede estar en tu propia mente separada de la Suya.
6Por lo tanto, no tiene ningún significado.
7En reconocimiento de este hecho, concluye los periodos de práctica repitiendo la idea de hoy:
8Dios no creó un mundo sin significado.
7. La idea de hoy puede aplicarse, por supuesto, a cualquier cosa que te perturbe a lo largo del día, aparte de los periodos de práctica.
2Sé muy específico al aplicarla.
3Di:
4Dios no creó un mundo sin significado.
5Él no creó [especifica la situación que te perturba], por lo tanto, no es real.
I L-13.1:2 «De hecho, un mundo sin significado es imposible».
II Toda cultura humana posee una narrativa que explica el origen del universo percibido, conocida como «cosmogonía». Esta puede adoptar una naturaleza científica, mitológica o religiosa, pero en todos los casos se basa en la premisa de que aquello que percibes es real. En este sentido, todas las cosmogonías humanas comparten una similitud esencial, salvo aquellas de carácter no dualista, como la que propone este Curso. Aquí se te enseña que el mundo es una ilusión y que todo lo que percibes es irreal. De hecho, este Curso sostiene que percibir es comparable a soñar: solo la mente es real, y todo lo que crees percibir no es más que pensamientos concebidos por ti que nunca han abandonado su fuente, tu propia mente.
El Texto comienza afirmando: «Lo real no corre peligro, y lo que corre peligro no es real». Aunque la inexistencia de lo que no es real pueda parecer evidente, lo que no resulta tan claro es que todo lo que percibes pertenece a esa categoría de irrealidad. La introducción culmina con estas palabras: «En eso radica la Paz de Dios».
La Paz de Dios es, precisamente, la salvación que buscas en este mundo que tanto te perturba. Sin embargo, si el mundo no es real, ¿por qué habrías de afligirte? Si alcanzaras la conciencia de su irrealidad, ¿no disfrutarías entonces de la Paz de Dios?
Sufres, temes, culpas y te culpas porque crees que el mundo en el que vives es verdadero. Pero, ¿acaso crearía Dios un mundo así? Si Dios no lo creó, entonces el mundo no existe; y si el mundo existe, entonces Dios no es real. En última instancia, no hay más alternativas que estas.
La Lección de hoy te invita a tomar una decisión entre ambas posibilidades y, una vez que lo hagas, a descansar e ignorar cualquier interpretación que la voz del ego intente ofrecerte sobre lo que percibes. Este Curso es extremadamente simple, y esa es su esencia. Esta es la piedra angular sobre la que se construye todo su sistema ontológico: su explicación de lo que es real.
Para adoptar este planteamiento, será necesario un cambio profundo en tu mente. Ahora te encuentras apenas en el inicio de ese proceso. Es natural que, en este punto, la idea de que todo lo que crees amar, así como todo lo que temes y odias, no sea real, te resulte igualmente perturbadora. Tu mente ha sido condicionada desde el momento en que abriste los ojos al mundo a aceptar una cierta descripción de la realidad. Todo lo que se te ha enseñado y todo lo que te has repetido a ti mismo desde entonces es falso, y precisamente esa es la razón por la que piensas como piensas y crees lo que crees.
Se te ha explicado, y eres consciente de ello, que este es un Curso diseñado para entrenar tu mente en una nueva forma de interpretar la realidad. Estás apenas comenzando este camino. No se espera que abraces con entusiasmo las nuevas propuestas desde el inicio, ni es necesario que lo hagas. No tienes que creer ciegamente en nada de lo que aquí se te enseña, ya que creer, por sí solo, no te conducirá al verdadero conocimiento.
Simplemente, mantén tu mente abierta a una nueva posibilidad y empieza a experimentar los efectos por ti mismo. Con el tiempo, irás adquiriendo una comprensión más profunda de la verdad, sin que nadie tenga que convencerte de ella.
III L-12.6:7-8 «Bajo tus palabras está escrita la Palabra de Dios. La verdad te desconcierta ahora, pero cuando tus palabras hayan sido borradas, verás la Suya»
IV Helen originalmente escribió «la guerra en Vietnam» —esto fue en 1969—, pero luego cambió la frase para que se leyera de esta otra manera. La referencia a Vietnam, sin embargo, te muestra el tipo de especificidad que se te pide en este ejercicio.
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LECCIÓN 13
Un mundo sin significado engendra temor.
1. La idea de hoy es una variante de la anterior, salvo que es más específica en cuanto a la emoción que suscita.
2En realidad, un mundo sin significado es imposible.
3No existe nada que no tenga significado.
4Sin embargo, de esto no se deduce que no creas percibir algo que no tiene significado.
5Por el contrario, eres muy propenso a pensar que sí lo percibes.
2. El reconocimiento de la falta de significado despierta una intensa ansiedad en todos los que se perciben como separados.I
2Representa una situación en la que Dios y el ego se «desafían» mutuamente en cuanto al significado que debe adscribirse al espacio vacío que presenta la falta de significado.II
3El ego se apresura frenéticamente a establecer allí sus propias «ideas», temeroso de que el vacío pueda utilizarse para demostrar su propia irrealidad.III
4Y solo en esto tiene razón.
3. Es esencial, por lo tanto, que aprendas a reconocer lo que no tiene significado como tal y lo aceptes sin temor.
2Si tienes miedo, con toda seguridad dotarás al mundo de atributos que no posee y lo llenarás de imágenes que no existen.
3Para el ego, las ilusiones son recursos que proporcionan seguridad, tal como deben serlo para ti, que te identificas con él.IV
4. Los ejercicios de hoy, que deben hacerse unas tres o cuatro veces durante no más de un minuto como máximo cada vez, deben practicarse de una manera algo diferente a los anteriores.
2Con los ojos cerrados, enuncia la idea de hoy.
3Luego, abre los ojos y mira a tu alrededor lentamente, diciendo:
4Estoy contemplando un mundo que no significa nada.
5Repite esta declaración en silencio mientras miras a tu alrededor.
6Luego, cierra los ojos y concluye con:
7Un mundo sin significado engendra temor, porque pienso que estoy compitiendo con Dios.
5. Tal vez te resulte difícil no poner algún tipo de resistencia a esta declaración final.
2Cualquiera que sea la forma en que se manifieste esa resistencia, dite a ti mismo que la verdadera razón por la que tienes miedo de ese pensamiento es debido a la «venganza» del «enemigo».
3No se espera que a estas alturas creas esta afirmación, y probablemente trates de descartarla por absurda.
4No obstante, toma buena nota de cualquier señal de temor evidente o encubierto que esa idea pueda despertar.V
6. Este es nuestro primer intento de establecer una relación explícita de causa y efecto de un tipo que aún eres muy inexperto en reconocer.VI
2No te entretengas en la declaración final, y no trates siquiera de pensar en ella excepto durante los periodos en que haces el ejercicio.
3Eso será suficiente por ahora.
I Si lo que percibo en el mundo carece de significado, entonces el pensamiento en mi interior que lo originó tampoco lo tiene. Y dado que yo me identifico con mis pensamientos, esto implica que yo mismo carezco de significado, es decir, que no existo.
La ansiedad surge porque, en algún nivel, reconozco que esta falta de significado se extiende a mi propia existencia individual, separada y egoica.
II Esta es una forma de explicar lo que sucede en tu mente, aunque, naturalmente, no es como tú lo percibes. Al haberte identificado con el ego, interpretas los acontecimientos de tu mente desde su perspectiva.
III Esta figura algo grotesca del ego, abalanzándose para asignar significados, no debería sorprenderte, porque eso es precisamente lo que ocurre en tu mente constantemente. Eso es lo que llamas «pensar», «mis pensamientos» o tu «diálogo interno». No es más que el frenesí del ego por conferir significado a las ilusiones.
No es que tu mente haya sido poseída por el ego; eso no es así. El ego no es nada, y tú tienes todo el poder. Lo que sucede es que has elegido escuchar esa voz, que no es más que el efecto en tu santa mente de haber aceptado la idea de la separación, lo que podríamos llamar “el ego como efecto”. Tú eres libre, siempre lo has sido y siempre lo serás. Sin embargo, en tu situación actual, esa libertad reside únicamente en decidir qué voz eliges escuchar.
Tú no generas ni produces los pensamientos que crees tener; simplemente los suscribes. Ese «pensar», por llamarlo de alguna manera, es una figuración automática de tu mente que transforma tus miedos y deseos en «formas». Es similar a lo que ocurre en tus sueños nocturnos: un lenguaje figurativo con el que tu subconsciente se comunica con tu conciencia, una fantasía, una ilusión que puedes optar por considerar real, o no.
La idea de estar separado —el ego como causa— no tiene sustancia porque no es real. Tú, que sí eres real, no estás separado. Sin embargo, sostener esa idea genera en tu mente una burbuja de ilusión a la que llamas mundo personal o identidad personal —el ego como efecto—. No podrás escapar de ella mientras le atribuyas realidad y significado. Esa burbuja ilusoria, tan frágil como una pompa de jabón, se mantiene gracias a tu credulidad, y esa es la razón por la que necesitas el perdón para desvanecerla.
IV Como vimos anteriormente en la primera nota de la L-11, las ilusiones son mecanismos compensatorios que intentan mitigar el horror vacui de una supuesta existencia separada de Dios. Reconocer que lo que contemplas no significa nada exige una honestidad impecable, pero es algo que está a tu alcance y que puedes permitirte.
No temas. No perderás nada real al aceptar esta verdad; solo dejarás atrás las limitaciones imaginarias con las que has construido tu insignificante identidad. No temas la expansión de conciencia que la verdad traerá consigo. Tú no fuiste creado para ser esclavo de una idea absurda y sufriente. Trata de recordar aquello a lo que tu corazón te está llamando. Abandona el miedo y camina con confianza hacia Dios, hacia tu verdadero Ser.
V Ese miedo atávico y profundo que inquieta tu mente no es, en realidad, más que un gesto infantil e irrelevante que de ningún modo ofende a tu Padre. A partir de ese supuesto «pecado original», has creado un enemigo imaginario que te ha llenado de temor y que has ocultado en lo más profundo de tu conciencia. Aunque no está realmente ahí, tu creencia en su existencia basta para que lo percibas como real.
Ahora se manifiestan ante ti los descendientes de ese miedo ancestral, los «hijos de los hijos de los hijos» de aquella fantasía que inventaste al imaginar que habías abandonado tu hogar llevándote unos cuantos «tesoros». Tú eres el hijo pródigo, y seguramente recuerdas cómo termina esa historia.
VI Lo que se te presenta aquí es, nada más y nada menos, el temor a Dios, el último obstáculo a la paz. Estas son palabras mayores, y por eso Jesús te aconseja que no te entretengas con la idea más de lo que es necesario para hacer el ejercicio; tan solo tenla presente, porque es la verdad.
Será en la Segunda Parte de este Libro de Ejercicios donde comenzarás a redimir esta profunda confusión que, literalmente, te está amargando la vida.
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LECCIÓN 12
Estoy disgustado porque veo un mundo que no significa nada.
1. La importancia de esta idea radica en el hecho de que corrige una importante distorsión en la manera en la que percibes.
2Piensas que lo que te disgusta es un mundo temible, triste, violento o demente.
3Todos estos atributos se los has dado tú.
4El mundo en sí mismo no tiene significado.I
2. Estos ejercicios se hacen con los ojos abiertos.
2Mira a tu alrededor, esta vez bastante despacio.
3Trata de pasar lentamente tu mirada de una cosa a otra de una manera bastante uniforme.
4No varíes el tiempo que empleas en considerar cada cosa que ves; trata de mantener el mismo ritmo durante todo el ejercicio.
5Lo que ves no importa.
6Te enseñas esto a ti mismo al concederle igual atención y tiempo a todo lo que miras.
7Este es un paso inicial para aprender a darle el mismo valor a todo lo externo.
3. Mientras miras a tu alrededor, dite a ti mismo:
2Creo ver un mundo temible, un mundo peligroso, un mundo hostil, un mundo triste, un mundo malvado, un mundo demente…
3Y así sucesivamente, usando cualquier término descriptivo que se te ocurra.
4. Si se te ocurren términos que parecen ser positivos en lugar de negativos, inclúyelos también.
2Por ejemplo, podrías pensar en «un mundo bueno» o «un mundo satisfactorio».
3Si se te ocurren tales calificativos, úsalos junto con los otros.
4Puede que todavía no entiendas por qué esos adjetivos «agradables» forman parte de estos ejercicios, pero recuerda que un «mundo bueno» implica un «mundo malo», y un «mundo satisfactorio» implica uno «insatisfactorio».
5Todos los términos que pasan por tu mente son adecuados para los ejercicios de hoy.
6Su aparente calidad no importa.
5. Asegúrate de no variar la duración del tiempo en el que aplicas la idea de hoy a lo que te parece agradable y a lo que te parece desagradable.
2Para los propósitos de estos ejercicios no hay diferencia entre ambos.
3Al final de la sesión de práctica, añade:
4Pero estoy disgustado porque veo un mundo que no significa nada.II
6. Lo que no tiene significado no es ni bueno ni malo.
2¿Por qué entonces debería disgustarte un mundo que no tiene significado?
3Si pudieras aceptar el mundo como algo que no significa nada y dejaras que la verdad se reflejara en él, eso te haría enormemente feliz.
4Pero debido a que el mundo no tiene significado, te sientes impulsado a describirlo como tú quieres que sea.III
5Eso es lo que ves en él.
6Y eso es lo que en verdad no significa nada.
7Bajo tus palabras está inscrita la Palabra de Dios.
8Lo que ahora te disgusta es la verdad, pero cuando tus palabras hayan sido borradas, verás la Suya.IV
9Ese es el objetivo último de estos ejercicios.
7. Practicar la idea de hoy tres o cuatro veces es suficiente.
2Ninguna de estas sesiones debe prolongarse más de un minuto.
3Es posible que incluso eso se te haga demasiado largo.
4Suspende el ejercicio si experimentas tensión.
I El significado de algo es el contenido que un signo o símbolo expresa, y dado que has construido un universo de símbolos desprovistos de amor, lo que percibes a tu alrededor te desagrada. Pero, ¿cómo podría ser de otra manera?
¿Crees que podrías encontrar satisfacción en algo que carece de amor, algo que no está hecho de la misma sustancia que tú, el Amor de Dios? Lo que realmente te disgusta es la irrealidad del mundo que ves, porque, en lo más profundo de ti, reconoces que ese mundo no es real, ya que no se parece a ti.
Si ese mundo fuera como tú, ciertamente lo amarías. Pero aquello que tú sí has creado, que es como tú y amas, no se llama «mundo». Eso es real, y este Curso lo denomina «las Creaciones del Hijo de Dios».
II En el Texto hay una práctica semejante a esta (T-14.XII.9:1-4): «Y cuando tu paz se vea amenazada o perturbada de CUALQUIER manera, dite a ti mismo: No conozco el significado de nada, TAMPOCO DE ESTO. Por eso, NO sé CÓMO RESPONDER A ELLO. Y no usaré lo que aprendí por mí mismo en el pasado para que me guíe ahora».
III Esto es, precisamente, lo que te disgusta: los significados que tú mismo has asignado al mundo. Reflexiona por un momento sobre lo que aquí se dice: «… te sientes impulsado a describirlo como tú quieres que sea».
¿No te resulta sorprendente que desees ver, justamente, un mundo que te desagrada? Esta afirmación es tan impactante que merece que te detengas y te preguntes a ti mismo si realmente es así. Sin embargo, es probable que, por ahora, no hayas logrado desarrollar la honestidad y la claridad necesarias para reconocer las cosas tal como son.
No descartes esta idea, pero tampoco te sientas obligado a aceptarla como cierta solo porque se te ha dicho. Tómate el tiempo necesario para considerarla con calma. Obsérvate, analiza tu mente. Puede que te lleve días, meses, años… o incluso vidas. Eso no importa. Lo importante es no olvidarla, porque el poder de esta idea para liberar tu mente es extraordinario. Cuando finalmente comprendas con claridad que sufres precisamente porque eliges sufrir, habrás descubierto la clave de la felicidad.
IV Lo que ahora te disgusta es la verdad de que el mundo que ves no tiene ningún significado en sí mismo.
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LECCIÓN 11
Mis pensamientos sin significado me están mostrando un mundo sin significado.I
1. Esta es la primera idea vinculada a una fase crucial del proceso de corrección: la inversión de la manera de pensar del mundo.II
2Parece que es el mundo quien determina lo que percibes.
3La idea de hoy introduce el concepto de que son tus propios pensamientos los que configuran el mundo que percibes.III
4Se requerirá mucha práctica para llegar a aceptar esta idea como verdadera.IV
5Alégrate sinceramente de practicarla tal como se presenta aquí, ya que esta idea garantiza tu liberación.V
6En ella se encuentra la clave del perdón.VI
2. Las sesiones de práctica de la idea de hoy deben realizarse de una manera algo diferente a las anteriores.
2Comienza con los ojos cerrados y repite la idea lentamente para ti mismo.
3Luego, abre los ojos y mira a tu alrededor, tanto cerca como lejos, arriba o abajo; a cualquier lugar.
4Durante el minuto que dediques a practicar esta idea, simplemente repítela en silencio, asegurándote de hacerlo sin prisa y sin ninguna sensación de urgencia o esfuerzo.
3. Para conseguir el máximo beneficio de estos ejercicios, tu mirada debe ir bastante rápido de una cosa a otra, ya que no debe detenerse en nada en particular.
2Las palabras, sin embargo, deben pronunciarse sin prisa, incluso de manera relajada.VII
3Practica la idea de la manera más natural posible.
4Contiene el fundamento de la paz, la relajación y la ausencia de preocupaciones que estamos tratando de alcanzar.VIII
5Al concluir los ejercicios, cierra los ojos y repite lentamente la idea una vez más.
4. Tres sesiones de práctica hoy probablemente serán suficientes.
2Aunque, si sientes poca o ninguna inquietud, y te apetece continuar, puedes hacer hasta cinco.
3Más de eso no es recomendable.
I El mundo que creo percibir fuera de mí, al que llamo «la realidad», no tiene un significado intrínseco; únicamente posee el que yo le he asignado a través de pensamientos que, en sí mismos, tampoco tienen significado. Estos pensamientos, concebidos como «formas» insustanciales —la voz del ego—, son el producto de un miedo primigenio: la aparente separación de Dios, Quien es la Existencia misma. En esencia, dichos pensamientos expresan la idea de la separación.
La aparición de un mundo ficticio ante los ojos de un personaje igualmente ficticio actúa, en cierto sentido, como un mecanismo de protección, ya que la idea de estar separado de la Realidad —la soledad absoluta— resulta aterradora e insoportable para la mente. Y, como la naturaleza aborrece el vacío, la mente que contempla esa idea «inventa» una pantalla imaginaria —la conciencia— sobre la cual proyecta sus miedos y deseos. De este modo, la mente sueña el mundo que cree real. Además, dado que la idea de ser un «yo» aislado y apartado de todo es, por naturaleza, fragmentaria, todo lo que percibo aparece también fragmentado y separado.
Aquello que llamo «realidad», «mundo» o «materia», y que considero algo externo, no es más que un conjunto de ideas sin significado que nunca han salido de mi mente, pues solo existen en ella. Este mundo aparentemente está compuesto de elementos cada vez más pequeños —órganos, células, moléculas, átomos, quarks— que surgen como resultado de un proceso disgregador que culmina en la insustancialidad de la indeterminación cuántica.
¿Te has preguntado alguna vez por qué nunca se ha encontrado algo que no esté en perpetuo cambio cuando se examina a fondo? Y si todo cambia constantemente para transformarse en otra cosa, ¿no es precisamente esa naturaleza cambiante lo que definimos como ilusión?
II «… son tus pensamientos los que determinan el mundo que ves» (1:3) es uno de los principios fundamentales del Curso. Esta idea da origen a la célebre afirmación: «Por lo tanto, no trates de cambiar el MUNDO, sino procura más bien cambiar tu forma de pensar SOBRE el mundo» (T-21.I.1:7).
La mente existe; el mundo, en sí mismo, no. Tendemos a creer que el mundo causa —o al menos influye en— lo que pensamos, pero este Curso enseña que es la mente la verdadera causa de todo, mientras que el mundo no es más que el efecto de una mente obnubilada.
III Por primera vez se introduce aquí una idea sorprendente, que se repetirá en diversas formas más adelante, como: «Yo SOY responsable de lo que veo» (T-21.IV.2:3). Esto implica que mis opiniones sobre el mundo no son consecuencia de que el mundo sea de una determinada manera; al contrario, soy yo quien fabrica el mundo que percibo a partir de mi manera de pensar. El mundo no es la causa de mis opiniones, sino su efecto.
Esta noción es un pilar fundamental en la ontología del Curso y constituye la base del perdón. Dado que el mundo, en sí mismo, carece de significado, lo que realmente perdono son mis propios pensamientos carentes de significado. Precisamente porque estos pensamientos son irreales, ellos son los que dan forma a un mundo culpable que yo mismo he inventado.
IV Esta línea aparece en las Notas de Helen, pero no en versiones posteriores, ni en el Urtext.
V No eres víctima del mundo que crees ver, sino de aquello que te cuentas a ti mismo.
VI El mundo no tiene culpa de nada. La culpabilidad que percibo en él es una proyección de mi propia mente. Si lo que observo en el exterior es el resultado de pensamientos carentes de significado, entonces no hay nada en ese mundo aparentemente externo que merezca ser «culpado». Lo único que necesita ser corregido son mis propios pensamientos.
VII A diferencia de los ejercicios anteriores, en este no aplicas la idea de manera concreta a los objetos que te rodean nombrándolos mientras lo haces. En lugar de eso, la repetición de la idea y el cambio en tu mirada no ocurren de forma simultánea. Ambas actividades se desarrollan a ritmos diferentes: la rapidez con la que diriges tu mirada contrasta con la lentitud con la que repites la idea.
VIII Puedo despreocuparme y perdonar lo que percibo porque carece de significado. Solo condeno y juzgo cuando creo que estoy viendo algo con significado: algo malo, perverso o terrible. Sin embargo, si aquello que percibo no tiene significado, no hay razón para condenarlo.
Y si mi mente es la causa de lo que veo, ¿cómo podría juzgarlo? Lo único que puedo hacer es reconocer, como afirma el Texto, que «soy responsable de lo que veo» (T-21.IV.2:3) y elegir cambiar mi propia mente.
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LECCIÓN 10
Mis pensamientos no significan nada.I
1. Esta idea aplica a todos los pensamientos de los que eres consciente o de los que tomas conciencia en los periodos de práctica.
2La razón por la que la idea es aplicable a todos ellos es que no son tus Pensamientos reales.
3Hemos hecho esta distinción antes, y la haremos de nuevo.II
4Todavía no tienes una base para hacer esta comparación.
5Cuando la tengas, no te cabrá la menor duda de que lo que antes creías que eran tus pensamientos en realidad no significaba nada.
2. Esta es la segunda vez que usamos este tipo de idea.III
2La forma es solo ligeramente diferente.
3Esta vez la idea comienza con «Mis pensamientos», en lugar de «Estos pensamientos», y ahora no se establece ningún vínculo con las cosas a tu alrededor.
4Ahora se pone énfasis en la falta de realidad de lo que piensas que piensas.
3. Este aspecto del proceso de corrección comenzó con la idea de que los pensamientos de los que eres consciente no significan nada y refieren a cosas externas, no a algo interno.IV
2Y luego se hizo hincapié en que refieren al pasado en lugar de al presente.V
3Ahora estamos poniendo de relieve que la presencia de estos «pensamientos» significa que, en verdad, no estás pensando.
4Esta no es sino otra manera de repetir nuestra afirmación anterior de que tu mente realmente está en blanco.
5Reconocer esto es reconocer que, cuando piensas que ves algo, en verdad no estás viendo nada.VI
6Darse cuenta de esto es el requisito previo para ver verdaderamente.
4. Para hacer estos ejercicios cierra los ojos, y comienza repitiendo la idea de hoy lentamente para ti mismo.
2Luego añade:
3Esta idea me ayudará a liberarme de todo lo que ahora creo.VII
4Estos ejercicios consisten, como los anteriores, en buscar en tu mente todos los pensamientos que puedas encontrar, sin seleccionarlos por ti mismo ni juzgarlos.
5Intenta no clasificar tus pensamientos de ninguna manera.
6De hecho, si te ayuda, puedes imaginar que estás contemplando una procesión extrañamente variada que tiene poco o ningún significado personal para ti.
7A medida que cada uno de ellos cruce tu mente, di:
8Este pensamiento acerca de ____ no significa nada.
9Ese pensamiento acerca de ____ no significa nada.
5. La idea de hoy, obviamente, también puede servir para desapegarte de todo pensamiento que te perturbe en cualquier ocasión.
2Se recomiendan cinco sesiones de práctica de no más de un minuto de búsqueda mental.
3No es recomendable hacerlo durante más tiempo, y debes reducirlo a medio minuto, o incluso menos, si te sientes incómodo.VIII
4Recuerda, no obstante, repetir la idea lentamente antes de aplicarla de manera específica, y también añadir:
5Esta idea me ayudará a liberarme de todo lo que ahora creo.
I La importantísima idea de hoy es, sin duda, el punto de partida de toda trayectoria espiritual honesta. Préstale mucha atención y procura practicarla exactamente como se te indica. De hecho, deberás tenerla presente en todo momento el resto de tu aparente vida en este mundo.
Es una idea que entraña una gran liberación cuando comprendes bien lo que implica, y es un principio fundamental que te ha de acompañar siempre. No la olvides jamás. Eso que llamas «mis pensamientos» no es otra cosa que la voz del ego en ti; no tiene ninguna relación contigo y carece totalmente de significado.
Tú solamente eres testigo de la voz del ego; no eres su autor. Tú no “construyes” tus pensamientos, sino que te los encuentras ya totalmente conformados en tu mente. Tú no “haces” nada para pensar, simplemente das testimonio de algo que aparece en tu mente y, en tu confusión, llamas “tuyo”.
Este es un asunto en el que es imposible poner excesivo énfasis; nunca será suficiente.
Creer que tienes razón, que lo que piensas es significativo, verdadero y tiene algún valor, es ser arrebatado por la locura del ego. Mas no temas. La práctica sincera y honesta de este Libro de Ejercicios te liberará de ese hábito enfermizo y te proporcionará un estado mental prodigioso.
Este es el comienzo del proceso de purificación mental que te llevará a obrar milagros, y que se menciona en el Principio 7: «Todo el mundo tiene derecho a los milagros. Pero antes es necesaria una purificación».
Es crucial entender que el propósito de este ejercicio no es degradar o despreciar tu mente en absoluto. Tu mente es perfecta y está en eterna unión con la Mente de Dios. Lo que ocurre es que la estás usando mal.
No se trata de un problema mental, sino de un problema de identidad. Te has identificado con algo que no eres en absoluto. Tú no eres un ego ni una persona; eres el Hijo de Dios.
II L-4.2:3 «Ninguno de ellos son tus verdaderos pensamientos, que están siendo encubiertos por ellos».
Pensar es la «actividad» natural de la mente, y es lo mismo que crear, es decir, extender la condición de Ser, que es amar. Pensar, amar, crear, conocer y ser son términos equivalentes.
Tus verdaderos pensamientos son tus Creaciones, las Creaciones del Hijo de Dios, que son tan abstractas, amorosas e ilimitadas como tú mismo.
III La primera vez fue la Lección 4: «Estos pensamientos no significan nada…».
IV Son las Lecciones 1, 2 y 3 en las que se practica con lo que ves a tu alrededor.
Cuando «piensas que piensas», olvidas por completo el carácter puramente mental de los conceptos que constituyen ese proceso, que es absolutamente íntimo y abstracto. El resultado de ese olvido es la «aparición» de un mundo… en tu mente. No es un mundo real; es la ilusión de un mundo.
No hay ningún mundo fuera de la mente, porque no hay nada aparte de la mente. El «contenido» de un pensamiento es la forma que crees ver, pero, si esto es así, ¿qué contenido entonces tiene esa forma? La forma solo es la ilusión de un contenido.
V Lecciones 7, 8 y 9.
VI No estás viendo nada… que se encuentre fuera de ti. Tan solo estás siendo espectador de una película extraordinariamente «realista» que tú mismo estás proyectando en la pantalla de tu conciencia.
Los acontecimientos que contemplas responden a un guion que tú mismo has escrito, y eso hace que veas precisamente aquello que quieres ver. Lo que llamas «mi vida personal» es algo que te concedes a ti mismo, lo cual negarás una y mil veces por la sencilla razón de que no quieres reconocer tu falta de perdón. Todavía te acusas de demasiadas cosas; aún eres incapaz de reconocer tu esencial inocencia.
Pero no te preocupes, tu perdón reescribirá ese guion temible y la película cambiará.
VII Tu mente, creada para generar y extender la creación, se encuentra ahora enfocada en creer. Liberarte de tus creencias es el requisito esencial para poder ver verdaderamente, porque en este momento no ves; simplemente «imaginas». Creer no es más que asumir que aquello que imaginas es real.
VIII Sin duda, llegará un momento en tu vida en el que considerar esta idea te brindará un profundo alivio y una inmensa sensación de liberación. Puede que ahora te resulte perturbadora o incluso incómoda, pero con el tiempo, a medida que reconozcas la verdad y la luz que encierra, tu perspectiva cambiará. No tengas dudas: lo comprenderás.
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LECCIÓN 9
No veo nada tal como es ahora.
1. Esta idea es, obviamente, la conclusión lógica de las dos anteriores.
2Pero si bien puedes aceptarla intelectualmente, es poco probable que signifique algo para ti por el momento. I
3En cualquier caso, tampoco es necesario que la entiendas ahora.
4De hecho, reconocer que no entiendes es el requisito previo para deshacer tus falsas ideas.
5Estos ejercicios se centran en la práctica, no en la comprensión.
6Pues no necesitas practicar aquello que ya entiendes de verdad.
7Ciertamente, no tendría sentido intentar comprender algo y, a la vez asumir que ya lo comprendes. II
2. Es difícil para una mente no entrenada creer que lo que antes pensaba que veía no está ahí.
2Esta idea puede resultar bastante perturbadora y suscitar una gran resistencia que se puede manifestar de muchas maneras.
3No obstante, eso no te ha de impedir que la apliques.
4Lo único que se requiere para este ejercicio, o cualquier otro, es aplicar la idea que se te propone. III
5Cada pequeño paso despejará la oscuridad un poco más y, finalmente, llegará el entendimiento para iluminar cada rincón de la mente que ha quedado limpia de los escombros que la oscurecían.
3. Para realizar estos ejercicios son suficientes tres o cuatro sesiones de práctica.
2Solo tienes que mirar a tu alrededor y aplicar la idea de hoy a todo lo que veas.
3Recuerda que debes aplicar la idea de forma indiscriminada y seguir la regla esencial de no excluir nada deliberadamente.
4Por ejemplo:
5No veo esta máquina de escribir tal como es ahora.
6No veo esta llave tal como es ahora.
7No veo este teléfono tal como es ahora.
8Empieza con las cosas que están más cerca de ti, y luego mira más allá.
9No veo ese perchero tal como es ahora.
10No veo esa cara tal como es ahora.
11No veo esa puerta tal como es ahora.
4. Se enfatiza una vez más que, si bien no deberías intentar incluirlo todo, sí debes evitar cualquier exclusión específica.
2Asegúrate de ser honesto contigo mismo al hacer esta distinción.
3Puede que tengas la tentación de ocultarte a ti mismo esa tendencia.
I Jesús reconoce claramente que hay una enorme diferencia entre aceptar una idea a nivel intelectual y, en verdad, entenderla y asumirla. Quizás aceptes la idea de que no ves nada tal como es ahora, pero puede pasar bastante tiempo antes de que empieces a comprender lo que eso significa.
Afortunadamente, la Lección continúa diciendo que no es necesario que lo entiendas. De hecho, lo que es imprescindible es que reconozcas que ahora no entiendes. Podrías decir que una de las cosas que has de aprender de esta Lección es ¡que no la entiendes!
Reconocer la propia ignorancia —la humildad del estudiante— es esencial para aprender, porque sin este reconocimiento tu falsa «comprensión» lo impide. Esta Lección te invita al descreimiento, es decir, a poner en duda tu creencia de que entiendes lo que «ves».
II La vocación natural de la mente es resolver en el presente las dificultades con las que se encuentra. Ese es su legítimo derecho y también su capacidad, pues fue creada por Dios.
Sin embargo, la mente que tú ahora reconoces y usas para interpretar la realidad no es tu verdadera mente; te has identificado con una minúscula parte de ella y has disminuido casi hasta la nada su infinito potencial. Por eso, es absurdo e inconveniente que intentes comprender lo que se te dice ahora, y en otras muchas instancias de este bendito Curso, con tu defectuoso instrumento.
Ahora no comprendes, pero ciertamente comprenderás. Esa es precisamente la característica más importante de los maestros de Dios que has de poner a trabajar en estas situaciones: la confianza. Haz lo que se te dice y confía, pues ten la certeza de que las palabras de Jesús bien la merecen en esos momentos de oscuridad.
III Quizás hoy te resulte conveniente repasar el último párrafo de la Introducción de este Libro de Ejercicios: «Recuerda solo esto: no es necesario que creas en las ideas que se te proponen. No es necesario que las aceptes. Y tampoco es necesario que las recibas de buen grado. Puede incluso que te opongas activamente a algunas de ellas. Nada de eso importa ni disminuye su eficacia. Pero no te permitas hacer ninguna excepción al aplicar las ideas que contienen estos ejercicios. Cualquiera que sea tu reacción ante esas ideas, utilízalas». (L-In.7).
No se requiere nada más que eso.
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LECCIÓN 8
Mi mente está absorta en pensamientos del pasado.I
1. Esta idea es, por supuesto, la razón por la que solo ves el pasado.
2En realidad, nadie ve nada.
3Lo único que ves son tus propios pensamientos proyectados fuera.II
4El hecho de que tu mente esté absorta en pensamientos del pasado es la causa de la concepción absolutamente errónea del tiempo que padece tu visión.
5Tu mente no puede captar el presente, que es el único tiempo que existe.III
6Por eso no puede entender el tiempo, y por eso, de hecho, no puede entender nada.IV
2. El único pensamiento totalmente verdadero que se puede tener acerca del pasado es que no está aquí.
2Por lo tanto, pensar acerca del pasado siempre es pensar acerca de ilusiones.V
3Muy pocas mentes se han dado cuenta de lo que verdaderamente implica visualizar el pasado o prever el futuro.VI
4De hecho, cuando hace eso, la mente está en blanco porque no está pensando realmente en nada.
3. El propósito de los ejercicios de hoy es comenzar a entrenar tu mente para que reconozca cuándo, en realidad, no está pensando en absoluto.
2Si tu mente está absorta considerando «ideas» sin contenido, está bloqueada a la verdad.
3El primer paso para despejar el camino a la visión es reconocer que tu mente ha estado simplemente en blanco, en lugar de creer que contiene ideas reales.VII
4. Los ejercicios de hoy deben hacerse con los ojos cerrados.
2Esto se debe a que, en realidad no puedes ver nada, y así es más fácil reconocer que, sin importar cuán vívidamente visualices un pensamiento, no estás viendo nada.VIII
3Examina tu mente de manera despreocupada durante el minuto habitual, simplemente tomando nota de los pensamientos que ahí encuentres.
4Nombra a cada uno de ellos por la figura central o tema que contenga, y luego pasa al siguiente.
5Comienza la práctica diciendo:
6Me parece que estoy pensando en ____.
7Luego describe específicamente cada uno de tus pensamientos.
8Por ejemplo:
9Me parece que estoy pensando en…
… nombre de la persona,
… nombre del objeto,
… nombre del suceso,
… nombre de la emoción,
… o lo que sea.
10Concluye la búsqueda mental con:
11Pero mi mente está absorta en pensamientos del pasado.
5. Esto se puede hacer cuatro o cinco veces al día, a menos que notes que te irrita.
2Si lo encuentras incómodo, tres o cuatro veces es suficiente.
3No obstante, podría resultarte útil incluir tu propia irritación en esa búsqueda mental, o cualquier otra emoción que la idea de hoy pueda suscitar.
I Habitualmente, nuestra mente no piensa nada en absoluto; solo contempla ensimismada imágenes del pasado que se proyectan en una pantalla en blanco. Son ilusiones sin contenido (3:2), porque «esos pensamientos no significan nada» (Lección 4). La mente se encuentra en un estado de estupefacción, absorbida en la contemplación de la historia que surge de un irrefrenable diálogo interno: la narrativa del ego construida en torno a miedos, deseos y carencias que vindican la idea que el ego tiene de sí mismo, la cual siempre está teñida de especialismo y grandiosidad. A eso le llamas «pensar», cuando en realidad no es otra cosa que ser testigo de la demencia del ego y asumirla como propia.
La mente es adicta a las historias que ella misma se cuenta porque, tal como se ha visto en el Texto, se siente culpable de haberse separado de Dios y tiene miedo de mirar dentro de sí misma y encontrar el pecado de haber atacado a Dios robándole una identidad exclusiva. Por eso mira siempre fuera de sí misma para encontrar el amor, la paz y la seguridad que cree haber perdido.
En realidad, como no hay nada fuera de sí misma, proyecta un espacio imaginario, lo llena con símbolos de sus miedos y sus deseos, y a eso lo llama «mundo». Esa «realidad» que ahora ve es una falsedad, y por eso necesita sustentarla mediante un incesante diálogo interno que tiene como propósito demostrar su veracidad y evitar que reconozca su verdadera identidad.
II La mente es abstracta, y como tal, solo se relaciona con cosas abstractas, es decir, con ideas. Lo que ocurre es que, a algunas de esas ideas, la mente las llama «cosas», por la sencilla razón de que el contenido de esa idea es ser una «cosa concreta». De esa manera, la mente se engaña a sí misma dos veces.
La primera es cuando concibe y proyecta una idea sin reconocer que eso es lo que ha hecho. La segunda es cuando confunde esa idea con su contenido, y así cree que se está relacionando con algo material y ajeno a ella misma. Ese es el mismo mecanismo que hace que los sueños nocturnos parezcan ser acontecimientos reales mientras dormimos.
El mundo que la mente cree conocer no existe fuera de la mente que lo concibe; las ideas no abandonan su fuente. Esa es la base del perdón: la razón por la que perdonamos es simplemente porque eso que creemos ver fuera no es real, no existe.
III A captar el presente tal como realmente es, este Curso lo llama experimentar el «instante santo», un momento intemporal de felicidad en el que se experimenta una gran paz, un amor profundo y la perfecta conciencia de la propia inocencia, así como la de todo lo que se percibe.
IV Anclada en la aparente realidad del espacio-tiempo, la mente egoica no puede entender nada; tan solo sueña sus propias proyecciones de anhelos y temores.
V Esta es una obviedad que se acostumbra a obviar: lo único presente en la mente cuando se encuentra ensimismada con pensamientos del pasado es un recuerdo distorsionado de aquello que se piensa que sucedió. Así, el presente se ha convertido en el recuerdo de una historia ficticia que te cuentas a ti mismo. Mientras tanto, desperdicias un presente impecable e inmaculado que se te escapa por dedicar tu mente a evocar un pasado que ya no existe.
Las preguntas que debes hacerte son: ¿no es ese un precio excesivo por una irrelevante gratificación en fantasías? ¿Cuál es el rendimiento de semejante inversión? ¿Te ha aportado eso alguna vez algún beneficio? ¿Eres consciente de lo que te estás perdiendo por hacer eso?
Es importantísimo darse cuenta de que todos los recuerdos aparecen en tu mente en el presente de manera totalmente voluntaria, es decir, porque tú quieres traerlos ahí. La razón de esa adicción a evocar eventos del pasado, especialmente los más dolorosos, se explica en la sección «Los obstáculos a la paz» (T-19.IV).
Nada del pasado puede atormentarte en el presente a menos que tú lo evoques y le concedas ese poder. Reconocer esto requiere una gran honestidad, pero la recompensa también es inmensa, porque te pone a ti, y solo a ti, como responsable de tus emociones y también de tu liberación.
VI Visualizar el pasado o prever el futuro es «imaginar», es decir, proyectar y contemplar imágenes en la pantalla de la conciencia. Es entretener la mente en una actividad estéril cuyo único propósito es satisfacer las exigencias del ego.
El guion de la «película» que el ego suscita en tu mente es previsible; de hecho, responde a los mismos patrones de las películas comerciales, en las que un héroe —el ego— se embarca en aventuras que reivindican simultáneamente su sentido de grandiosidad y su vulnerabilidad.
La falsa idea que tuviste de ti mismo en el pasado —tu ego— se sintió ofendida porque ocurrió algo que truncó sus expectativas, y ahora evocas esos eventos en el presente para torturarte y resarcirte de esas afrentas vengándote en fantasías.
VII Es decir, tu objetivo de hoy es simplemente «darte cuenta» de lo que está ocurriendo en tu santa mente a lo largo de la mayor parte del día. Ahora no se trata de cambiar nada; solo hay que tomar conciencia de lo que está ocurriendo. Tú no puedes realizar por ti mismo los cambios que se necesitan en tu mente para abandonar ese estado hipnótico.
VIII No estás viendo nada «real»; solo estás contemplando una ilusión de realidad, una especie de película.
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LECCIÓN 7
Solo veo el pasado.I
1. Esta idea es particularmente difícil de creer al principio.
2Pero es la razón fundamental de todas las anteriores.
3Es la razón por la que nada de lo que ves significa nada.
4Es la razón por la que has dado a todo lo que ves todo el significado que tiene para ti.
5Es la razón por la que no entiendes nada de lo que ves.
6Es la razón por la que tus pensamientos no significan nada, y son como todas las cosas que ves.
7Es la razón por la que nunca estás disgustado por la razón que crees.
8Y es la razón por la que estás disgustado porque ves algo que no está ahí.
2. Cambiar tu antigua noción del tiempo te resulta muy difícil, porque todo aquello que crees está arraigado en el tiempo, y conservarlo depende de que no aprendas estas nuevas ideas.
2Mas esa es precisamente la razón por la que necesitas nuevas ideas acerca del tiempo.
3Esta nueva idea no es realmente tan extraña como parece al principio.
3. Observa, por ejemplo, una taza.
2¿Estás realmente viendo esa taza, o simplemente estás revisando tus experiencias del pasado de levantar una taza, tener sed, beber de ella, sentir su borde en tus labios, desayunar y así sucesivamente? II
3¿Y no se basan también en experiencias pasadas tus sensaciones estéticas ante esa taza?
4¿De qué otra manera sabrías si este tipo de taza se romperá o no si se te cae?
5¿Qué sabes de esa taza excepto lo que aprendiste acerca de ella en el pasado?
6Si no fuera por el pasado, no tendrías ni idea de lo que es esa taza.
7Entonces, ¿realmente la estás viendo? III
4. Mira a tu alrededor.
2Esto es igualmente cierto para cualquier cosa que mires.
3Reconócelo aplicando la idea de hoy indistintamente a todo lo que te llame la atención.
4Por ejemplo:
5Solo veo el pasado en este lápiz.
6Solo veo el pasado en este zapato.
7Solo veo el pasado en esta mano.
8Solo veo el pasado en ese cuerpo.
9Solo veo el pasado en esa cara.
10No te entretengas en ninguna cosa en particular, pero recuerda no omitir nada deliberadamente.
11Echa una rápida mirada a cada objeto, y luego pasa al siguiente.
12Tres o cuatro periodos de práctica, de un minuto más o menos, serán suficientes.IV
I Solo ves el pasado porque el significado de todo lo que percibes se lo adjudicaste en el pasado, y porque, en verdad, tú no te relacionas con las cosas, sino con lo que estas significan para ti. Los significados de las cosas son como etiquetas que tú mismo les pusiste en el pasado. En esa etiqueta viene escrito lo que esa cosa es para ti, y eso no solo atañe a los objetos, sino también, e incluso más claramente, a las personas con las que te relacionas.
Cuando dices que conoces algo o a alguien, en realidad quieres decir que eso ya lo has juzgado en el pasado, y para emitir ese juicio en su día te basaste en lo que aprendiste en un pasado aún más antiguo.
Este Curso le da una enorme importancia a esta idea, no solo aquí, sino también en el Texto. Por ejemplo, tres secciones del Capítulo 13, desde «La función del tiempo» (T-13.IV) hasta «El presente eterno» (T-13.VI), se refieren a la noción del tiempo y al hecho de que «… para el ego el pasado es fundamental, pues en el fondo cree que es el ÚNICO aspecto significativo del tiempo» (T-13.IV.4:2).
Habla de las sombrías figuras del pasado, basadas en ilusiones, que impiden la visión de la realidad presente. Dice: «Nacer de nuevo es dejar ir el PASADO y CONTEMPLAR EL PRESENTE SIN CONDENA» (T-13.VI.3:5).
«…todo aquello que crees está arraigado en el tiempo, y conservarlo depende de que no aprendas estas nuevas ideas» (T-13.IV.2:1). Todo lo que hemos aprendido lo aprendimos del pasado, eso no puede discutirse. Por tanto, todo lo que pensamos que sabemos está basado en el pasado. Miramos al presente a través del filtro de nuestro aprendizaje anterior.
Para entrenar la mente en una nueva manera de contemplar la realidad, es indispensable deshacer antes lo que se ha aprendido y tomado como cierto en el pasado. Por eso, este Curso insiste tanto en no dejar que aquello que aprendiste en el pasado sea la luz que te guíe en el presente.
En lugar de ello, exhorta a dirigirse al Espíritu Santo en todo momento para pedirle que te enseñe Su visión del presente, porque el presente es la oportunidad de asignar nuevos significados a lo percibido. Y eso es precisamente lo que significa «nacer de nuevo» o «renacer».
II Esta misma intuición gnoseológica fue expresada poéticamente por Alfred, Lord Tennyson en su poema «The Ancient Sage», donde afirma que los sentidos no informan de la verdad, sino que reflejan lo que la mente está dispuesta a recibir.
El sabio antiguo
«Una vez, en una aldea solitaria, no había pasado ni un mes cuando oí hablar de un hombre, un Sabio, a quien todos alababan y a quien algunos creían el más sabio de los sabios; aunque otros decían que su verdadera sabiduría no era de este mundo y que vivía apartado, retirado de los hombres, en la montaña. Hacia allí dirigí mis pasos, yo, un joven que apenas había aprendido la fe de la razón, pero que seguía hambriento de algo que alimentara la mente y el corazón.
Lo encontré sentado sobre una roca que miraba hacia el oeste; las montañas ardían en rojo con el atardecer y el valle yacía oscuro abajo. Su semblante era sereno, sus ojos claros, y en su rostro habitaba una paz solemne. Le hablé y le pregunté qué pensaba de la vida y la muerte, de Dios y del destino humano.
No respondió de inmediato; contempló un momento el sol que se hundía y luego se volvió hacia mí y dijo: «Oh tú, que preguntas por tales cosas, aprende primero a conocerte. El mundo exterior no es sino la sombra del mundo interior. Las formas que contemplas son solo signos de algo más profundo que los sentidos no alcanzan.
Los hombres ven las apariencias y las llaman reales; pero lo que ven está modelado por lo que son. El ojo no transmite la verdad, sino aquello que la mente está dispuesta a recibir. El oído solo oye según el corazón que escucha. Así, cada cual fabrica un mundo a su imagen y habita dentro de los límites de su propia visión.
No busques a Dios entre las estrellas o los mares, ni en el trueno ni en el oleaje profundo. No está lejos: es más cercano que tu aliento, más próximo que tus manos y tus pies, más íntimo aún que el pensamiento. El alma que se vuelve hacia dentro lo encuentra ya allí, Vida de la vida.
Ese sentido de «yo» al que ahora te aferras, que dice «estoy separado», «estoy solo», no es más que una nube pasajera ante el sol. Cuando se disuelve, la luz permanece intacta, indivisible y plena.
No preguntes qué será de ti tras la muerte. La muerte es solo un cambio de estado, no el fin del ser. Así como despertaste del sueño, así despertarás de lo que los hombres llaman tumba. El miedo a la muerte nace de ignorar lo que eres.
El tiempo es un sueño que has aprendido a soñar; el espacio, una forma que el pensamiento dio a las cosas. En verdad no hay antes ni después, ni aquí ni allí; todo vive en el Ahora. La eternidad no es tiempo interminable, sino la Presencia profunda en la que el tiempo aparece.
Por tanto, permanece en silencio. Deja caer todo esfuerzo. Cesa el trabajo de la mente ansiosa. La Verdad no se alcanza por el razonamiento ni se apresa por la voluntad o el pensamiento sutil. Llega cuando estás vacío de ti mismo y se revela por sí sola, evidente y segura.
Vive de tal modo que, cuando se descorran los velos de los sentidos y se disuelvan todas las apariencias de la vida exterior, no lamentes la pérdida de lo que era falso, sino que te reconozcas uno con lo que Es».
Calló. El sol se había puesto; las estrellas aparecieron. Y en el silencio del aire de la montaña sentí una Presencia más honda que todas las palabras».
III Este párrafo es un razonamiento gnoseológico que cuestiona la naturaleza misma del hecho de conocer. Aquí se equipara «ver» a «asignar recuerdos», y la pregunta es: ¿es eso lícito? ¿Crees que eso es realmente conocer?
IV Esta línea aparece en la versión de la FIP, pero no está en el Urtext ni en la Notas de Helen.
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LECCIÓN 6
Estoy disgustado porque veo lo que no está ahí.
1. Los ejercicios que vas a hacer con esta idea son muy similares a los anteriores.
2También en este ejercicio es necesario que nombres muy específicamente tanto la forma que adopta la perturbación (enfado, miedo, preocupación, depresión, etc.) como la causa que crees que la ha provocado.
3Por ejemplo:
4Estoy enfadado con ____ porque veo lo que no está ahí. I
5Estoy preocupado por ____ porque veo lo que no está ahí.
2. Puedes aplicar la idea de hoy a cualquier cosa que parezca disgustarte, y puedes utilizarla con provecho a lo largo del día con ese fin.
2Sin embargo, los tres o cuatro periodos de práctica que hoy se requieren deben estar precedidos de más o menos un minuto de búsqueda mental, como en los ejercicios anteriores, y luego aplica la idea a todo pensamiento perturbador que descubras en esa búsqueda.
3. Otra vez, si te resistes a aplicar la idea a algunos pensamientos que te perturban más que a otros, vuelve a recordarte las dos advertencias que usaste en la lección anterior:
2No hay disgustos pequeños.
3Todos ellos perturban por igual mi paz mental.
Y luego di:
4No puedo conservar esta forma de disgusto y desprenderme de las otras.
5Para hacer bien este ejercicio consideraré que todas son iguales.
I Lo que te disgusta no está ahí fuera; está en tu mente. Es en tu mente donde se encuentran el malestar, su causa y también la idea de que todo ello está fuera de ti.
Efectivamente, lo que provoca tu disgusto no es algo que esté presente ante ti, pues, como ya has visto antes, lo que crees ver ahí fuera no tiene ningún significado en sí mismo. Tu enfado, en realidad, proviene de una historia que tú te has contado, de una determinada interpretación de la «realidad».
Lo que te disgusta no es lo que percibes, pues eso que ves en sí mismo no significa nada (L-1). Lo que te disgusta es la interpretación que tú haces de ello porque consideras que frustra tus expectativas, y ahora dices que eso está mal sin pararte a considerar que quizás tus expectativas eran inconvenientes. Una vez que te has erigido en juez de la realidad, es difícil tomar conciencia de la arrogancia que supone sentenciar lo que percibes desde tu exclusivo y peculiar sistema de referencia.
Ver esto con claridad no es una tarea trivial; requiere de una grandísima honestidad. En verdad, es una proeza tal que, cuando la logres, te aportará una enorme liberación y la capacidad de controlar tus estados de ánimo.
Este ejercicio es una invitación a reflexionar, y debes tenerlo en cuenta siempre que cualquier cosa o circunstancia parezca molestarte de cualquier manera. En realidad, lo que te hace sufrir solo es una ilusión de tu propia factura.
Pero estate prevenido, porque comprobarás que, justo en el momento en que cuestiones la causa de tu disgusto, el ego inmediatamente comenzará a proporcionarte de manera automática un sinnúmero de «razones» para justificar tu contrariedad. Los juicios de condena siempre están «justificados», y esa es precisamente la «voz del ego»: un ecosistema perfectamente consistente de «razones» demenciales que has asumido como verdaderas.
Aunque este es tan solo uno de los 365 ejercicios de este Libro de Ejercicios, puedes y debes usarlo a partir de ahora siempre que algo parezca perturbarte. Considera que hoy es el día en que aprendes que la causa de tus disgustos está en ti, y no ahí fuera. Tú eres el responsable de todos tus sufrimientos. Y aunque esa idea ciertamente es perturbadora, date cuenta de que también contiene la clave de tu liberación, pues deja en tus manos el control de todos tus estados mentales.
Tómate muy en serio estos ejercicios, pues son poderosísimas herramientas que te permitirán recuperar el control de tu mente. Lo habías perdido, y ni siquiera te habías dado cuenta de ello.
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LECCIÓN 5
Nunca estoy disgustado por la razón que creo.
1. Esta idea, al igual que la anterior, puede aplicarse a cualquier persona, situación o acontecimiento que creas que te está causando dolor.I
2Aplícala de manera específica a todo aquello que pienses que te causa malestar, y describe el sentimiento que experimentas como te parezca adecuado.
3El disgusto puede parecer miedo, preocupación, depresión, ansiedad, ira, odio, celos o cualquier otro sentimiento que tú percibes como diferentes formas de malestar.
4Mas no es cierto que sean diferentes.
5Sin embargo, hasta que no aprendas que la forma no importa, cada una de ellas es un tema apropiado para la práctica de hoy.II
6Aplicar la misma idea a cada una de estas formas de malestar por separado es el primer paso para llegar a reconocer finalmente que todas son lo mismo.
2. Cuando apliques la idea de hoy a la causa específica que crees que motiva tu disgusto, usa tanto el nombre de la forma en que ves la perturbación como la «causa» que le atribuyes.
2Por ejemplo:
3No estoy enfadado con ____ por la razón que creo.
4No tengo miedo de ____ por la razón que creo.
5Pero, de nuevo, esto no debe sustituir la práctica de buscar primero en tu mente aquello que crees que es la «causa» del malestar que experimentas y la forma en la que se expresa.III
3. En este ejercicio, más que en los anteriores, puede que te resulte difícil ser imparcial y no dar más importancia a unos temas que a otros.
2Quizás te ayude comenzar los ejercicios diciendo:
3No hay disgustos pequeños.
4Todos ellos perturban por igual mi paz mental.IV
5Luego, examina tu mente buscando cualquier cosa que te aflija, sin importar la medida en que creas que lo está haciendo.
4. También es posible que te sientas menos dispuesto a aplicar la idea de hoy a algunas causas de malestar que a otras.
2Si es así, piensa antes en esto:
3No puedo conservar esta forma de disgusto y desprenderme de las otras.
4Para hacer bien este ejercicio consideraré que todas son iguales.
5A continuación, escudriña tu mente durante un minuto más o menos, y trata de identificar las diferentes formas de malestar que te perturban, sin tener en cuenta la importancia relativa que les atribuyes.
6Aplica la idea de hoy a cada una de ellas poniéndole nombre a la causa del disgusto que percibes y al sentimiento que experimentas.
7Otros ejemplos serían:
8No me preocupa ____ por la razón que creo.
9No me deprime ____ por la razón que pienso.
5. Basta con que hagas esto hoy tres o cuatro veces.
I Esta Lección también es muy importante. Las emociones provienen de nuestros juicios. Sin un juicio previo, ninguna emoción es posible. Todo malestar o disgusto proviene de un juicio de condena, de algo que rechazamos porque quiebra nuestras expectativas. Tal como el dolor es una indicación de que algo anda mal en el cuerpo, el malestar emocional indica que algo anda mal en la mente.
Si sufrimos de alguna manera, es que estamos usando la mente mal, pues estamos pensando algo que no es verdad. En ese sentido, todo lo que no es verdad es lo mismo: una falsedad. Nuestros enfados son la respuesta emocional a una historia que nos hemos contado, según la cual la idea que tenemos acerca de nosotros mismos —nuestro ego— o nuestra idea de cómo debería ser la realidad —nuestro mundo ideal imaginado— han sido ultrajadas. Ambas ideas son falsas, arbitrarias y cambiantes.
II El mundo de las formas es el lenguaje simbólico que utiliza la percepción. Al igual que Sigmund Freud acertadamente describió las figuras de los sueños como símbolos de causas emocionales subyacentes, la percepción es el sueño del mundo, y también es un efecto de causas profundas. Por eso, las formas, por sí mismas, «no importan», porque solo son efectos.
III Es decir, no basta con declarar que no estás disgustado por una determinada razón. Tienes que buscar en tu mente la idea que te ha llevado a sentirte mal, el porqué de tu malestar.
IV Todo disgusto o malestar tiene una función positiva: es un recordatorio para instarte a recuperar la paz mental. Debemos tener en cuenta que nuestra paz ha sido perturbada por un pensamiento previo que, como indica la Lección anterior, «no significa nada», pero que nosotros hemos considerado verdadero e importante.
En cierta manera, el ego podría describirse como «aquel» que piensa que lo que imagina es verdadero e importante. Ese «ser» no existe; es tan solo una «posición» caprichosa de la mente.
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LECCIÓN 4
Estos pensamientos no significan nada.
1. Estos pensamientos no significan nada; son como las cosas que veo en esta habitación, en esta calle, desde esta ventana, en este lugar.I
2. A diferencia de los ejercicios anteriores, estos no comienzan con la idea del día.
2En las prácticas de hoy, empieza tomando nota de los pensamientos que cruzan por tu mente durante aproximadamente un minuto.
3Luego aplícales la idea.
4Si estás teniendo pensamientos infelices, úsalos con esta idea.
5Pero no selecciones únicamente los pensamientos que tú crees que son «malos».
6Si te adiestras en mirar tus pensamientos, descubrirás que representan una mezcla tal que, en cierto sentido, ninguno de ellos puede ser llamado en sí mismo «bueno» o «malo».
7Esa es la razón por la que no significan nada.
3. Al seleccionar los pensamientos para aplicarles la idea de hoy, es necesario ser muy específico, como siempre.
2No tengas miedo de usar tanto los pensamientos «buenos» como los «malos».
3Ninguno de ellos son tus verdaderos pensamientos, los cuales precisamente están siendo encubiertos por los que ahora crees que tienes.II
4Los «buenos» pensamientos de los que eres consciente no son más que sombras de lo que hay más allá, y las sombras siempre dificultan la visión.
5Por otra parte, los «malos» son obstáculos a la visión y la imposibilitan.
6Por eso tampoco los quieres.
4. Este es un ejercicio importante, y se repetirá de vez en cuando de forma algo diferente.III
2El objetivo de esta lección es entrenarte en los primeros pasos hacia la meta de separar lo que no significa nada de lo que sí es significativo.
3Es un primer intento en el objetivo a largo plazo de aprender a ver lo que no significa nada como algo externo a ti y a ver lo significativo en tu interior.IV
4También es la manera de comenzar a entrenar tu mente para reconocer lo que es igual y lo que es diferente.
5. Al usar tus pensamientos para aplicarles la idea de hoy, identifica cada uno de ellos por la figura central o el evento que contiene. Por ejemplo:
2Este pensamiento acerca de ____ no significa nada.
3Es como las cosas que veo en esta habitación (en esta calle, etc.).
6. También puedes usar la idea para un pensamiento en particular que reconozcas como dañino.
2Esta práctica es útil, pero no debe sustituir el procedimiento de elegir al azar, que es el que se debe seguir para los ejercicios.V
3Sin embargo, no examines tu mente por más de un minuto, más o menos.
4Todavía no tienes la experiencia suficiente para evitar tu tendencia a preocuparte inútilmente.
5Además, dado que estos ejercicios son los primeros de su tipo, es posible que te resulte particularmente difícil no juzgar tus propios pensamientos.
6No repitas estos ejercicios más de tres o cuatro veces al día.
7Los haremos de nuevo.
I Presta mucha atención a esta Lección, pues es una de las más liberadoras de este Libro de Ejercicios. Reconocer que tus propios pensamientos no significan nada es el epítome de la humildad y la más pura expresión de la verdad socrática: «Yo solo sé que no sé nada». La práctica sincera de esta Lección sana la mente de manera instantánea, pues evita que se adhiera a ideas que no son ciertas, sino arbitrarias.
Los pensamientos que aparecen en tu mente son la manifestación de dinámicas egoicas causadas por el miedo y el deseo, y la consecuencia inevitable de albergar una idea espuria sobre la propia identidad. Tus pensamientos son historias caprichosas construidas en torno a tus anhelos y temores.
Trata de darte cuenta de que eso que piensas no es nada «tuyo». Ciertamente tú eres «testigo» de esos pensamientos, mas no eres su causa. Fíjate en que tú no has «hecho» nada para pensar como piensas; no hay una participación volitiva tuya previa al «hecho» de pensar. Tus pensamientos ocurren en la mente, y tú los suscribes de manera descuidada y los llamas «tuyos».
Puedes llamar con todo derecho a esos pensamientos «la voz del ego», y puedes, y debes, desestimarlos con toda tranquilidad. De hecho, eso es lo que vas a aprender a hacer a lo largo de este entrenamiento mental que acabas de comenzar.
Procura comprender bien lo que sigue, pues de ello depende que entiendas lo que ocurre en tu mente cuando dices que «piensas». Lo que llamas «mis pensamientos» son narraciones: historias que te cuentas a ti mismo sobre cosas o circunstancias que tu mente considera tras fragmentar la Realidad en elementos separados.
Toma cualquier pensamiento que surja y verás que lo que estás considerando no es la cosa en sí, sino una descripción de ella que, además, das por verdadera. No conoces la cosa (ni la circunstancia); conoces su descripción. Confundes la cosa misma con la historia que has construido sobre ella. Es como si un niño, al oír a su padre decir que necesita un coche nuevo, intentara ayudarle entregándole un torpe dibujo de un coche recién pintado en una hoja de papel. Es una confusión infantil. La humanidad está en su infancia.
Confundir lo que algo es con su descripción es la tragedia de la humanidad, y se vuelve especialmente grave cuando se trata de lo que tú eres. Confundes lo que eres con lo que te dices sobre ti mismo. Confundes tu Ser con tus propias opiniones.
En verdad, bastaría reconocer que tus cambiantes opiniones sobre tu realidad no pueden ser ciertas precisamente por su mutabilidad. Pero esa arrogancia tan «humana» de creer continuamente que tienes «razón» te impide conocer tu verdadera Identidad.
No te preocupes: este Curso que comienzas está diseñado específicamente para sanar este funesto sesgo cognitivo. Tómalo muy en serio, pues tu felicidad depende de ello.
II Tus verdaderos pensamientos como Hijo de Dios —no como persona— son los que piensas con tu Padre y Creador. Esos Pensamientos son ilimitados, eternos, perfectamente abstractos e infinitamente amorosos; es decir, son reales, y en el Texto se les llama las Creaciones del Hijo de Dios. Son lo opuesto de los que ahora consideras tus pensamientos, que son limitados, fugaces, concretos, y, aun el más benévolo de ellos, no deja de albergar algún componente de miedo.
III Efectivamente, lo es. Tenlo presente en todo momento. Es una de las ideas más sanadoras que existen, y la repetirás en la Lección 10. Aceptar plenamente la falta de significado, pertinencia e importancia de eso que llamas «mis pensamientos» es crucial para conseguir disociarte de la idea egoica de una identidad independiente, separada, exclusiva y limitada.
IV Esta Lección, en cierto sentido, explica las precedentes. Lo que crees ver fuera de ti no significa nada porque, en realidad, son pensamientos tuyos proyectados que carecen de significado intrínseco. Las formas que ves fuera de ti mismo son proyecciones, efectos de causas subyacentes internas. Son como las figuras de los sueños nocturnos: símbolos que manifiestan miedos y deseos.
Sin embargo, tú eres real, tú no cambias, tú siempre eres tú. Tú sí eres «significativo», aun cuando todavía no sabes bien en qué consiste ese significado.
V Es decir, la norma para estos primeros ejercicios es aplicar la idea diaria a cualquier objeto o pensamiento. Esta Lección pone en evidencia que cualquier pensamiento que elijas pierde su carga emocional si dejas de darle importancia, precisamente por no ser significativo. Su significado es absolutamente personal y arbitrario, y la emoción que provoca el pensamiento proviene exclusivamente de la importancia que tú le concedes.
A estas alturas, después de haber estudiado bien el Texto, te habrás dado cuenta de que dejar de darle importancia a eso que tú llamas «mis pensamientos» es en lo que consiste el verdadero perdón que este Curso propugna. En este mundo, lo único que puedes y debes perdonar son «tus» propios pensamientos.
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LECCIÓN 3
No entiendo nada de lo que veo.
1. No entiendo nada de lo que veo en esta habitación, en esta calle, desde esta ventana, en este lugar.I
2. Aplica esta idea de la misma manera que en las lecciones anteriores, sin hacer distinciones de ningún tipo.
2Cualquier cosa que veas se convierte en un tema apropiado para su aplicación.
3Asegúrate de que no cuestionas si algo es adecuado o no para aplicarle la idea.
4Estos ejercicios no son para juzgar nada.II
5Cualquier cosa es adecuada solo por el hecho de verla.
6Puede que algunos de los objetos que veas tengan un significado emocional para ti.
7Trata de dejar de lado esos sentimientos y simplemente aplícales la idea exactamente como lo harías con cualquier otra cosa.
3. El objetivo de estos ejercicios es ayudarte a borrar de tu mente todas las asociaciones que estableciste en el pasado, a ver las cosas exactamente como aparecen ahora ante ti y a darte cuenta de lo poco que realmente las comprendes.III
2Por lo tanto, es esencial que mantengas una mente perfectamente abierta al seleccionar las cosas a las que se aplicará la idea del día, sin que se vea obstaculizada por tus opiniones.
3Para ello, cualquier cosa es semejante a otra; igualmente apropiada y, por lo tanto, igualmente útil.
I Digas lo que digas, en verdad y en sentido último, si eres absolutamente honesto contigo mismo, tienes que reconocer que no entiendes nada de lo que percibes, si bien te has convencido de lo contrario contándote historias que tú mismo has inventado, o que te han contado, sobre las cosas del mundo.
Date cuenta de hasta qué punto la idea que tienes de ti mismo condiciona cómo interpretas lo que percibes. Si eres músico, verás tus manos como instrumentos de tu arte, pero si eres médico, quizás te fijarás en su estado de salud. Puede que un biólogo considere su funcionamiento a nivel celular, y es probable que un físico piense en ellas como un agregado de átomos. Percibes el reflejo de la idea que tienes de tu propia identidad proyectada sobre un imaginario ámbito externo, lo cual, en definitiva, no es más que una historia que tú te cuentas a ti mismo.
Reconócelo: en verdad, no entiendes lo que percibes.
Quizás te resulte útil comprender que, en estas primeras Lecciones, estás aprendiendo a cuestionar los principios ontológicos y gnoseológicos de tu sistema de pensamiento, es decir, qué es para ti la realidad y cómo la conoces.
II No son ejercicios para que des tu opinión sobre nada. Aquí no se trata de lo que tú opinas, sino de qué está ocurriendo en tu mente cuando percibes algo.
III Más adelante se explicará por qué.
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LECCIÓN 2
Yo soy quien le ha dado significado a todo lo que veo.
1. Yo le he dado a todo lo que veo en esta habitación, en esta calle, desde esta ventana, en este lugar, todo el significado que tiene para mí.I
2. Los ejercicios a realizar con esta idea son iguales a los de la primera lección.
2Comienza con las cosas que están cerca de ti y aplica la idea a cualquier cosa en la que se pose tu mirada.
3Y luego amplía tu campo visual.
4Gira la cabeza para incluir lo que haya a cada lado.
5Si es posible, date la vuelta y aplica la idea a lo que hay detrás de ti.
6Sigue siendo lo más ecuánime posible al seleccionar los objetos.
7No te concentres en nada en particular y no intentes incluir todo lo que haya en una zona determinada, pues eso te causaría tensión.
3. Simplemente, echa una mirada rápida y relajada a tu alrededor, tratando de evitar seleccionar los objetos en función de su tamaño, brillo, color, material o por la importancia que tengan para ti.
2Practica con cualquier cosa que veas.
3Trata de aplicar el ejercicio con la misma facilidad a un cuerpo que a un botón, a una mosca o al suelo de la habitación, a un brazo o a una manzana.
4El único criterio para aplicar la idea a algo es simplemente que tus ojos se hayan fijado en ello.
5No intentes incluir ninguna cosa en particular, pero asegúrate de tampoco excluir nada deliberadamente.
I El único significado que tienen las cosas del mundo para ti se lo has dado tú, pues, en sí mismas, las cosas de este mundo no tienen ningún significado. La prueba de esto es que una misma cosa puede tener diferentes significados para distintos sujetos. Por ejemplo, esta silla significa algo completamente diferente para ti que para tu perro.
Si bien los pensamientos siempre son subjetivos, pues es un «sujeto» quien los concibe, la mente personal tiene una fortísima tendencia a «objetivar» sus propios pensamientos, a pensar que son ciertos y a creer que eso que piensa es verdad de manera universal. Obviamente, todo lo que la mente personal concibe es subjetivo, pero la propia mente lo olvida y lo eleva a la categoría de «hecho cierto».
Esta Lección te insta a que te des cuenta de que, en verdad, eres tú quien le ha dado significado a todo lo que contemplas, ya sea porque el mundo te lo ha enseñado o por tu propio criterio. En cualquier caso, en última instancia, eres tú quien ha sancionado ese juicio como verdadero.
Date cuenta también de que eso aplica tanto a aquello que dices conocer como a aquello que afirmas que desconoces. Pues aquello que denominas desconocido o incognoscible también lleva encima una etiqueta de tu propia factura, una etiqueta en la que pone: «Yo no sé lo que eso significa». Así es como «catalogas» incluso aquello que crees que no conoces.
Hoy debes aprender a tomar conciencia de que siempre te relacionas con todo lo que percibes en tus propios términos.
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INTRODUCCIÓN y LECCIÓN 1
1. Para que estos ejercicios tengan sentido se necesita la base teórica que presenta el Texto.I
2Mas es la práctica de los ejercicios lo que permitirá alcanzar el objetivo de este Curso.II
3Una mente no entrenada no puede lograr nada.
4El propósito de estos ejercicios es entrenar la mente a pensar de acuerdo con los principios que este curso propone.
2. Los ejercicios son muy sencillos.
2No requieren más que unos pocos minutos, y no importa dónde o cuándo los hagas.
3No necesitan preparación.
4Las lecciones están numeradas del 1 al 365.
5El periodo de formación es de un año.
6No hagas más de una lección al día.
3. El propósito de este libro de ejercicios es entrenar la mente para alcanzar una percepción diferente de todo lo que hay en el mundo.III
2Este libro de ejercicios está dividido en dos secciones.
3La primera es para deshacer lo que ahora ves.IV
4Y la segunda es para restaurar la visión.V
4. Se recomienda repetir cada ejercicio varias veces al día, preferiblemente en un lugar diferente cada vez, y, si es posible, en toda situación en la que pases bastante tiempo.
2El objetivo es entrenar la mente en generalizar las lecciones, a fin de que comprendas que cada una de ellas es tan aplicable a una situación como a otra.
3A menos que se indique lo contrario, los ejercicios deben hacerse con los ojos abiertos, pues el objetivo es aprender a ver.
4La única regla que debe seguirse en todo momento es practicar los ejercicios exactamente como se indica.
5Aplica la idea diaria a toda situación en la que te encuentres y a todo lo que veas en ella.
5. Estos ejercicios están diseñados en torno a una idea central.
2La práctica consiste en aplicar esa idea a tantas cosas concretas como sea posible.
3Asegúratede no decidir que hay algunas cosas a las que la idea del día no puede aplicarse.
4El objetivo de los ejercicios siempre será extender la aplicación de esa idea central a todo.
5Esto no requerirá ningún esfuerzo por tu parte.
6Los ejercicios en sí mismos reúnen las condiciones necesarias para este tipo de transferencia.VI
7Tan solo asegúrate de no hacer excepciones al aplicar la idea.
8Eso interferiría con la transferencia de lo que has aprendido.VII
9La transferencia de lo que aprendes en un estado de percepción verdadera no procede como la transferencia de lo que el mundo enseña.
10Si has alcanzado una percepción verdadera en relación con cualquier persona, situación o evento, es seguro que ocurrirá una transferencia total a todo el mundo y a todas las cosas.
11Por otro lado, si excluyes una sola cosa de la verdadera manera de percibir, no podrás transferir esa manera de ver a nada.
12La naturaleza misma de la percepción verdadera es que no tiene límites.
13Es lo opuesto a la manera en que ves ahora.
6. Algunas de las ideas expuestas te resultarán difíciles de creer, y otras te parecerán bastante sorprendentes.
2Eso no importa.
3Solo se te pide que las apliques a todo lo que ves.
4No se te pide que las juzgues, ni siquiera que creas en ellas.
5Se te pide simplemente que las utilices.
6Su uso es lo que hará que tengan sentido para ti y te demostrará que son verdaderas.
7. Recuerda solo esto:
2No es necesario que creas en las ideas que se te proponen.
3No es necesario que las aceptes.
4Y tampoco es necesario que las recibas de buen grado.
5Puede incluso que te opongas activamente a algunas de ellas.
6Nada de eso importa ni disminuye su eficacia.
7Pero no te permitas hacer ninguna excepción al aplicar las ideas que contienen estos ejercicios.
8Cualquiera que sea tu reacción ante esas ideas, utilízalas.
9No se requiere nada más que eso.
I El dictado del dictado del Texto comenzó el 21 octubre de 1965 y concluyo el 10 de octubre de 1968. El dictado del Libro de Ejercicios comenzó el 26 de mayo de 1969.
Con el Libro de Ejercicios comienzas una práctica estructurada y sistemática del nuevo sistema de pensamiento que se te ha propuesto en el Texto de Un Curso de Milagros. Ahí es donde se explican los fundamentos teóricos de esta nueva manera de usar la mente, es decir, los principios ontológicos (qué es real) y gnoseológicos (qué es conocer) de ese paradigma. Sin embargo, conocerlos y saber cuáles son no te servirá de nada a menos que se conviertan en tu nueva manera de usar la mente.
Quizás lo más importante de lo que has de ser consciente al comenzar esta práctica es que el proceso de invertir tu sistema de pensamiento no es un asunto trivial; es una proeza de tal magnitud que ahora eres incapaz siquiera de imaginar. Por eso, antes de intentarlo, has de comprender que, para conseguirlo, necesitarás toda la humildad, honestidad y perseverancia que seas capaz de encontrar dentro de ti, y que también tendrás que pedir ayuda todo el tiempo al Espíritu Santo y a Jesús. Mas no te preocupes. Si tu propósito es sincero, Su fortaleza y Su luz te acompañarán siempre. Esa es Su función; la tuya es simplemente seguirlos. La Voz de Dios y el Hermano que te ama son tan íntimos y tan próximos a ti que, si bien puedes no escucharlos, es imposible apartarlos verdaderamente de tu mente y de tu corazón. Cuenta con Ellos, porque Ellos confían en ti y cuentan contigo. Ellos saben perfectamente quién eres tú; Ellos saben que tú eres el Salvador del mundo.
También es fundamental que te esfuerces en seguir de manera precisa las instrucciones que las Lecciones te presentan. Recuerda que tienes todo el tiempo que necesites para hacer bien una Lección; si quieres, puedes tomarte varios días para ello, pero hazla bien, hazla de todo corazón. Presta especial atención a las Lecciones que te resulten más difíciles, pues son una indicación de los aspectos más enfermos de tu mente, los que requieren una mayor sanación. Esa dificultad se puede presentar como desagrado, incomodidad o simplemente olvido. Todo eso no son sino diferentes estrategias del ego para impedir que cambies.
Por último, ahora comienzas un periodo excepcional en tu vida de una duración limitada. Es una práctica que, si la haces bien, te va a poner en una condición mental de permanente dicha, paz y confianza. Es un entrenamiento que, cuando lo concluyas, se convertirá en la única manera gozosa de estar en este mundo, y ya nunca más tendrás que esforzarte por nada, salvo en no olvidar que eres el Hijo de Dios.
Ten la absoluta seguridad de que eres muy afortunado: estás a punto de embarcarte en una maravillosa aventura de amor y libertad.
II Estudiar la teoría solo es el comienzo del proceso de aprendizaje. Ahí es donde se te hacen una serie de propuestas sobre cómo usar bien la mente, pero es la puesta en práctica de esos planteamientos lo que hará que tu mente se consolide en este nuevo paradigma. Para que tu mente cambie no basta con conocer esas propuestas; es necesario que tomes la decisión de asumirlas y las apliques a tu vida diaria de manera consistente.
Este es un Curso sobre la voluntad: sobre la voluntad de cambiar tu antigua voluntad para adquirir una nueva, la de querer realidad en lugar de ilusiones. Y eso solo se consigue con el ejercicio de tu nuevo querer a través de la práctica de estas benditas Lecciones. En el Texto aprendes cuál es tu verdadera voluntad, y con la práctica del Libro de Ejercicios la ejerces.
III Pero para conseguir ver el mundo de manera diferente es imprescindible querer verlo así; la voluntad de adquirir una nueva visión es esencial. Por eso, solo alcanzarán esa experiencia quienes, totalmente desengañados de lo que el mundo les ha enseñado, se muestren abiertos y receptivos a usar sus mentes de una nueva manera. Aquellos que no estén fuertemente motivados a hacer ese cambio no alcanzarán ese objetivo.
IV La Primera Parte de este Libro de Ejercicios, desde la Lección 1 hasta la 220, se ocupa de desacreditar tu antiguo sistema de pensamiento, desmontando las falsas creencias que lo sustentan. Casi todas las primeras 30 Lecciones son claramente negativas, pero, a partir de ahí, se comienzan a introducir los fundamentos de una nueva manera de relacionarse con el mundo, mucho más luminosa. Los ejercicios que las acompañan son muy estrictos y se realizan con precisas indicaciones que hay que procurar cumplir con exactitud, pues uno de sus principales objetivos es disciplinar la mente.
V La Segunda Parte es muy diferente, pues trata más de aspiraciones que de propuestas concretas. La mente, ahora purificada y entrenada, se dedica a la búsqueda de la experiencia mística de unión con Dios por medio de la oración y la contemplación. Es el tiempo de recoger los frutos del trabajo previo y sentar las bases de una nueva manera de vivir en el mundo centrada en Dios.
VI A partir de esta línea y hasta el final del párrafo, es un texto que aparece en la versión de la FIP, pero que no está en el Urtext ni en las Notas de Helen.
VII En psicología, la transferencia del aprendizaje se refiere a la capacidad de aplicar algo que se aprendió originalmente en un contexto a otros contextos.
LECCIÓN 1
Nada de lo que veo significa nada.
1. Nada de lo que veo en esta habitación, en esta calle, desde esta ventana, en este lugar, significa nada.I
2. Ahora, mira lentamente a tu alrededor y aplica esta idea de manera muy específica a todo lo que veas:
2Esta mesa no significa nada.
3Esta silla no significa nada.
4Esta mano no significa nada.
5Este pie no significa nada.
6Este bolígrafo no significa nada.
3. Luego, mira un poco más lejos y aplica la idea a un rango de cosas más amplio:
2Esa puerta no significa nada.
3Ese cuerpo no significa nada.
4Esa lámpara no significa nada.
5Esa señal no significa nada.
6Esa sombra no significa nada.
4. Fíjate en que estas declaraciones no tienen ningún orden y no tienen en cuenta las diferencias en el tipo de cosas a las que se aplican.
2Ese es precisamente el propósito del ejercicio.
3La declaración simplemente se aplica a todo lo que ves.
4Cuando practiques la idea del día, hazlo de manera totalmente indiscriminada.
5No intentes aplicarla a todo lo que ves, porque estos ejercicios no deben convertirse en rituales.
6Tan solo asegúrate de no excluir específicamente nada de lo que ves.
7Una cosa es como cualquier otra en lo que respecta a la aplicación de la idea.
5. Ninguna de las tres primeras lecciones debe hacerse más de dos veces al día, preferiblemente por la mañana y por la noche.
2Tampoco se deben hacer durante más de un minuto, a menos que eso te parezca precipitado.
3Es esencial mantener una sensación de bienestar en todo momento.II
I En esta Lección declaras que las cosas de este mundo –eso que llamamos «la realidad»– en sí mismas no tienen ningún significado. En Lecciones posteriores verás por qué; ahora, eso tú no lo sabes. Aquí se te pide que mires cualquier cosa a tu alrededor y declares que eso no significa nada. Es muy importante que entiendas que no se te pide en absoluto que creas en lo que estás diciendo. Si lo creyeras, no tendrías necesidad de hacer esta práctica. Únicamente mira y declara que eso que contemplas no significa nada. Solo eso. Puedes y debes hacer este ejercicio en un estado de perfecta comodidad y libertad mental.
Jesús nunca, jamás, te exigirá nada y nunca, jamás, te culpará de nada. Él te conoce tan bien como se conoce a sí mismo, y por eso te ama. Él sabe que eres tan libre e inocente como él, porque eres su hermano, Hijo del Mismo Padre. Él solo quiere liberarte de una confusión que te ha hecho olvidar tu verdadera identidad y ha enfermado tu mente. Él ha recordado Quién es y quiere compartir ese feliz descubrimiento contigo.
«Eso que veo no significa nada» es una declaración que conlleva una honestidad de la que tú, por ahora, no eres capaz. No te preocupes. Esta práctica será lo que te llevará a alcanzarla.
Una vez más: no te fuerces a ti mismo a creer los postulados de, sobre todo, estas primeras Lecciones. Reconoce con honestidad que lo que aquí se dice es completamente ajeno y extraño a lo que tú crees ahora. No te impongas a la fuerza una nueva verdad. En lugar de eso, practica las Lecciones tal como se te pide y pregúntate: «¿Será eso verdad?» No intentes responder a esa pregunta; simplemente, déjala en tu mente como una oración que elevas a lo Alto y confía en que, en algún momento, la Verdad te responderá y se hará la Luz en tu mente. Y cuando eso ocurra, comprenderás que esa Verdad, esa Luz que andabas buscando, es precisamente lo que tú eres.
II Este párrafo no aparece en las Notas ni en el Urtext, pero sí en la versión Criswell/FIP. Es probable que provenga de un dictado posterior de Jesús a Helen en el momento de la edición.
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